domingo, 2 de octubre de 2011

JUSTA SENTENCIA: Lo que muchos desconocen y otros esconden

Por, Ernesto Pérez Vera


Hoy doy a conocer una sentencia del Tribunal Supremo (TS) que debería ser conocida y recordada por miembros de la judicatura, jefes policiales, políticos y periodistas. La sentencia STS 6011/1994 emitida por la Sala de lo Penal del alto tribunal, magistrado ponente Excmo. Sr. don Justo Carrero Ramos, es para chuparse los dedos, como decimos en mi pueblo. La resolución me llega de la mano de José Moreno, amigo y compañero del Cuerpo Nacional de Policía (CNP), persona experimentada y comprometida. Gracias, Pepe. ¡Ah!,  lo sé; esto es más de lo mismo, pero así debe ser hasta que todos los actores tengan las cosas claras.

Los hechos objeto del recurso de casación se remontan a la madrugada del 4 de enero de 1988. Ha llovido mucho, también lo sé. Pero los policías somos hoy de la misma especie animal que en aquel momento y el concepto de legítima defensa no ha variado pese a las numerosas modificaciones sufridas por el Código Penal en este lapso. La resolución es del 24 de septiembre de 1994.

Según consta, un juzgado de instrucción de Alicante instruyó el sumario y posteriormente lo remitió a la Audiencia Provincial (AP), quien en marzo de 1993 dictó la sentencia que don Justo corrigió un año más tarde. ¡¿Que qué pasó?! Pues pasó esto, según la primera resolución judicial:


Un agente del CNP, fuera de servicio, caminaba de madrugada por una vía pública de la ciudad antes referida. En un momento dado advirtió una serie de gritos y sonidos propios de quien está siendo violentado. Con ánimo de ayudar, como obliga su condición de funcionario de policía, localizó un vehículo estacionado en cuyo interior comprobó que se encontraban dos personas: varón el conductor y mujer la acompañante, siendo ella quien emitía los sospechosos sollozos.

Así las cosas, el policía se acercó a la ventanilla de la acompañante y le preguntó a la mujer por su situación, manifestando ésta que se encontraba bien y que se marchara del lugar. Como quiera que el funcionario no tenía claro lo que estaba ocurriendo allí, insistió varias veces más. Tras esto, el conductor del vehículo, que era el novio de la fémina, descendió del coche blandiendo en una de sus manos una barra metálica (típica bloqueadora del volante, para evitar la sustracción del vehículo). Con claro ánimo de agresión y mostrando un elevado estado de alteración —consta así en la sentencia de la AP—, el sujeto se acercó al policía de forma violenta, momento en el que éste, a viva voz, identificó su condición de policía. No sirvió de nada. Con la identificación policial no consiguió que el varón depusiese su violenta actitud. Fue entonces cuando el agente desenfundó una pistola Astra del calibre .22 LR, de su propiedad, y efectuó un disparo al aire. Esto tampoco amedrentó al hombre, que prosiguió hacia el policía blandiendo el instrumento que porta en una mano.


Alcanzados ya los dos metros de distancia entre ambas personas y creyendo el funcionario que finalmente iba a ser agredido con la barra —riesgo potencialmente inminente—, efectuó un segundo disparo, pero ahora ya contra el torso de su atacante. El impacto alcanzó el costado derecho y penetró en el hígado, deteniéndose cerca de las vértebras lumbares. El proyectil no abandonó el cuerpo. El disparo consiguió su fin: acabar con la amenaza real que suponía el violento armado con la barra de metal. El tipo cayó al suelo siendo asistido por el propio policía, quien además pidió apoyo desde una cabina de teléfono. Llamó a la Sala del 091, de su propio cuerpo. Tras meses de recuperación el herido sobrevivió y, según la sentencia, contrajo matrimonio con la chica que era su novia el día de autos.

Pues bien, con todo lo conocido, la AP condenó al policía a pena de prisión, inhabilitación y a otra menor. Homicidio en grado de frustración fue el tipo penal de cuya mano llegó la condena (jurídicamente no existe hoy la frustración, tal como en aquel entonces). No conforme con el fallo, el policía recurrió ante el TS. Muy bien que hizo.


Don Justo, el magistrado de TS, lo fue, fue justo cual Justiniano (padre del Derecho Romano). El fallo final de tan alto tribunal consideró que había existido legítima defensa por parte del policía y lo argumentó sobresalientemente en su sentencia. El agente fue absuelto.

Textualmente, dice la sentencia:
Consta en éstos que el agresor, presa de excitación, se dirigió rápidamente al hoy procesado (el policía) blandiendo amenazadoramente la barra de hierro de sujeción antirrobo del volante, en actitud de "franca agresión que podía poner en peligro su vida o su integridad física".

Asimismo, ni la repetida advertencia por el agredido de que era policía, ni la exhibición de su arma, ni un disparo al aire fueron suficientes para disuadir al agresor que, por el contrario, siguió aproximándose en su mismo afán agresivo para subir a la acera en que se encontraba aquél, hallándose ya a menos de 2 metros.

Tal era la situación que el policía, retrocediendo, hizo su segundo disparo, y ya dirigido al cuerpo de su antagonista, produciendo la herida que ha motivado la condena por homicidio frustrado. Así los hechos, para evaluar esa necesidad legal de racionalidad del medio defensivo empleado, hay que atender a los siguientes factores:


1º) Proporcionalidad de medios agresivos y defensivo. No existe, por principio, desproporción por el uso del arma de fuego frente a una barra rígida de hierro blandida decididamente por un hombre de 33 años, excitado y con afán agresivo.

2º) Agotamiento prudencial de acciones disuasivas posibles, como se desprende inequívocamente del relato (Nota del autor del artículo: el agente dio el ‘alto Policía’, mostró su arma e incluso disparó al aire).

3º) Necesidad residual consecuente de uso directo del arma para frenar al agresor, ante ineficacia patente de aquellos recursos (Nota del autor del artículo: queda patente que los demás intentos no funcionaron).

4º) No exigibilidad del recurso a la fuga y menos aún al tratarse el agredido de un policía que ya había exteriorizado su condición de tal (Nota del autor del artículo: a un policía no se le puede exigir que huya para evitar disparar. Hizo lo que tenía que hacer por imperativo legal, actuar y no mirar a otro lado).

5º) Capacidad de reflexión o raciocinio para ponderar el uso más mesurado aconsejable del medio o arma con que cuenta el sujeto que se defiende. Este es el punto más delicado de calificar, porque el juzgador no puede plantearse la situación en términos de absoluta y fría objetividad, sino que tiene que procurar empatizar con el decidente en su propia situación objetiva: una emergencia, pero valorada subjetivamente desde su perspectiva y contando con escasos segundos para su opción.


Es sobre este factor sobre el que el juzgador de instancia (el juez que condenó en la AP) se ha pronunciado en su sentencia, modélica por otra parte, por su extensa y excelente motivación para afirmar que el acusado se excedió porque debió dirigir su puntería a un miembro (pierna o brazo) en vez de al tronco, porque al tirar al cuerpo tenía que admitir peligro letal para el agresor y hubiera bastado para detener su amenaza disparar a una pierna o brazo, por ejemplo (Nota del autor del artículo: esto es lo que pensaba el juez que condenó al policía).

Nota del autor del artículo: Qué iluso fue su señoría. Pero la culpa no fue de él. Alguien le dijo mil veces —quizá un jefe de policía— que ellos, los polis, son máquinas muy entrenadas y que nunca un impacto en una pierna acaba con la vida humana. ¡Ignorantes! En cualquier caso, ¿acaso un disparo dirigido a una pierna o brazo garantiza que se impacte allí? No y mil veces no. Si eso fuese así de fácil todos seríamos campeones olímpicos en tiro: solo habría que apuntar siempre al ‘10’… y ya está.

Sigamos con la sentencia. Tal razonamiento (el del juez condenador) no toma en cuenta la realidad de urgencia por peligro inminente para la propia integridad, ni las circunstancias de visibilidad (03,30 horas de la madrugada de enero), de movimiento del blanco, de nerviosismo y de la inseguridad de acertar sobre objetivos de limitadas dimensiones. La alternativa en caso de fallo, o insuficiencia del impacto, es la inevitabilidad del golpe del adversario.


Y todo eso no es racionalmente exigible al amenazado, como no es tampoco afirmable tan rotundamente que un policía tenga que estar en esas circunstancias tan seguro de su puntería, ni tan rápido en elegir su opción y pasar a la acción decidida con resultado a la vez eficaz y moderado. Tal vez sea mucho pedir al sometido a esa prueba, por los ajenos a la situación concreta. No se reflexiona lo mismo en frío que en tensión y con el natural temor de sufrir la contundencia agresora, en caso de error. Ni pueden valorarse los hechos dejándose llevar por consideraciones basadas en los resultados físicos o económicos ocasionados al sujeto agresor inicial.

En conclusión, dados los hechos recogidos en el relato probado, aparece justificada la necesidad de disparar para detener eficazmente la amenaza inminente y grave del agresor. Por ello, se aprecia la concurrencia de todos los requisitos para estimar la eximente completa de legítima defensa y, consecuentemente, del motivo (Nota del autor del artículo: fin de lo textualmente extraído de la sentencia).

Amigos, este juez no solamente usó el Derecho sino que también consumió lógica y sentido común. Esta resolución debería estar enmarcada y colgada en todas las galerías de tiro de los cuerpos de seguridad de todo el país. Ya está bien de meter miedo. Eso sí, lo que don Justo ve tan claro, porque de hecho lo es, puede demostrarse científicamente por médicos y técnicamente por instructores de tiro bien formados. ¡Invitemos a jueces y fiscales a ver la verdad en nuestros campos de tiro! He dicho la verdad, no lo que jefes y políticos quieren vender.

17 comentarios:

  1. Interesante artículo,una vez más.....
    Gracias por tús incesables conocimientos de la materia y él queso curado... y dos huevos duros!!!

    ResponderEliminar
  2. Te conozco: de nada te sirve firmar como anónimo.

    Gracias.
    Ernesto.

    ¡Pero, pero…pero…qué es esto leches!
    ¡Perro…pero qué digo…perro…!

    ResponderEliminar
  3. Muy buen aporte como siempre y muy buena sentencia. Enhorabuena Ernesto y Moreno, habéis tocado uno de los temas que más me interesa en el tiro policial.


    Creo que jugamos con desventaja: si hay tanta diferencia de criterio de unos jueces a otros, ¿como vamos a tener seguridad jurídica en nuestras intervenciones? Desconocer las consecuencias jurídicas de nuestros actos nos producirá más estrés, justo en el momento en que más estresados estemos, cuando defendamos nuestras vidas o las de otros.

    Hasta que no exista una jurisprudencia CLARA no podremos intervenir correctamente, pero por motivos que desconozco (pero me imagino) hay interés en que esto no suceda nunca.

    Me imagino la sentencia si el tipo de la barra de hierro hubiera sido por ejemplo un Presidente Autonómico que pierde los papeles un día que se emborracha.

    Porque la cosa no me cuadra si la realidad del enfrentamiento armado se pude demostrar científicamente por médicos y técnicamente por avezados instructores de tiro (expresión del artículo que comparto al 100 %) ¿porque distan tanto unas sentencias de otras?

    Es cierto que la mayoría de sentencias de uso del arma reglamentaria son favorables al policía, pero el tema jurídico sigue siendo muy difuso incluso para los propios Jueces y Fiscales.

    ResponderEliminar
  4. Estimado SACROS, gracias por tu comentario.

    Te respondo a la pregunta que formulas… ¿porque distan tanto unas sentencias de otras?: porque no conocen la realidad, sencillamente así de claro. Pero no solo ellos, tampoco nosotros, los policías… ¡y que se salve el que pueda! Algunos de los que “predicamos” estas cosas somos visto como lunáticos, tanto por compañeros como por jefes, jueces y políticos.

    Cambiar las cosas que están ancladas desde hace décadas…no es fácil, y menos cuando de estas cosas se trata: falta valor, amén de conocimiento general.

    Sobre lo anteriormente comentado, estoy acabando un trabajo.

    Ernesto.

    ResponderEliminar
  5. Una vez más un buen artículo. Completamente de acuerdo en que el enemigo no hay que buscarlo fuera, lo tenemos infiltrado dentro de nuestras organizaciones.
    Es responsabilidad de todos, cada uno dentro de nuestra parcela empezar a cambiar las cosas , aunque de momento tengas que ponerte una coraza para que no hagan mucha mella las hostias.
    Tú sigue con tu blog que es un muy buen referente.
    Un saludo compañero

    ResponderEliminar
  6. Gracias Joseromel.

    Ernesto.

    ResponderEliminar
  7. Arturo M.R., "nube negra"3 de octubre de 2011, 20:40

    Personalmente pienso que la corrección de D. Justo es más que acertada y está cargada de una lógica aplastante. A lo largo de mi vida militar simpre me han estado explicando que la proporcionalidad en la respuesta consiste en que sólo disparas cuando eres agredido con un arma de fuego. Sí, es así de sencillo. Pero nunca me explicaron cuál era la dimensión reglamentaria de la barra de metal o del palo de madera "de ordenanza" con el cual debía responder a la agresión equitativa con esos medios.

    Pero un compañero del CNP que conocí en mi primer destino como Suboficial en Cartagena me lo clarificó bastante (afortunadamente). Y desde entonces lo explico así. La proporcionalidad es la percepción con la que uno percibe una amenaza. Según esto, un Agente no emplea una barra de hierro para defenderse porque no pertenece a su dotación, ni una navaja. Emplea un arma de fuego que se ha entregado, pero debe saber cuándo emplearla. Y esa frontera es la que marca la proporcionalidad.

    Si mis dimensiones son 1'73 mts por 72 Kg y soy amenazado por una persona desarmada pero visiblemente "ofuscada" que no me supera en envergadura probablemente no lo interprete como una amenaza y procure reducirlo aplicando cualquier técnica de control. Pero si viniera blandiendo un palo, una navaja, un hacha, etc., inmediatamente lo voy a identificar como una amenaza serie en potencia; lo mismo que ocurriría si sus dimensiones se asemejan a las de un armario ropero.

    Establezco un protocolo de actuación en forma de escalera de respuesta a un nivel de amenaza, que es mi nivel de amenaza. Ese nivel de amenaza es propio de cada persona: hay cosas que son una amenaza para mi que para otra persona no lo son. Y este nivel comienza con la manifestación de la autoridad que proporciona la presencia de un Agente debidamente uniformado y “bien plantado” ante un nivel mínimo de amenaza, pasará por el uso de técnicas no letales ante amenazas leves y terminará con el empleo de una fuerza letal, empleando el arma contra una amenaza muy grave.

    Estoy convencido que un Juez (con el respeto que le pueda tener), fiscal, abogado, etc., no es quien para establecer mi necesidad de emplear un arma de fuego como medio de respuesta ante una amenaza ya que soy precisamente yo quien está sometido a ese nivel de estrés. Quizás no emplee mi arma contra una persona que me amenaza con un palo yendo sólo a las 02:00 horas de una noche oscura y lluviosa y sí la emplee una tarde soleada y cálida de verano estando acompañado de mi familia. La proporcionalidad entre medios y la necesidad del empleo de un arma (como medio de defensa) es muy difícil de equilibrar.

    Vigila y cuidaros donde os halléis. Un saludo

    ResponderEliminar
  8. Gracias por tu amplio comentario Nube Negra.

    Yo uso mucho esta cita y explicación:

    “El defensor debe elegir de entre varias clases de defensas posibles, aquella que cause el mínimo daño al agresor —naturalmente, elegirá entre los medios de que dispone en ese preciso instante—, pero NO por ello tiene que aceptar la posibilidad de daños a su propiedad o lesiones en su propio cuerpo —no necesariamente debe haber sido herido para defenderse—, sino que ESTÁ LEGITIMADO para emplear, como medios defensivos, los medios objetivamente eficaces que permitan esperar, con seguridad, la eliminación del peligro —medio que garantiza la eficacia—"

    En el caso de la defensa con el arma de fuego, pero también con cualquier otro medio, siempre digo que el disparo no se puede efectuar ni antes de que la acción hostil se produzca ni tampoco después. El disparo ha de efectuarse coetáneamente con la acción ofensiva grave, justo en ese instante, como dije antes…ni antes ni después de que desaparezca el motivo. Pero lógicamente si la agresión mantiene la entidad de grave.

    Ernesto Pérez Vera

    ResponderEliminar
  9. Arturo M.R., "nube negra"3 de octubre de 2011, 22:25

    Totalmente acertado. Me la anoto, quien sabe....

    ResponderEliminar
  10. PERFECTO!!!, sentencia para enmarcar no sólo en las galerías de tiro sino también en las Audiencias Provinciales ya que no todos tenemos presente que actuamos en cumplimiento de un deber y por supuesto no todos los jueces empatizan y dictan sentencias tan justas.

    ResponderEliminar
  11. Gracias por tu comentario Frank.

    Ernesto

    ResponderEliminar
  12. Que diferencia habria si la distancia hubiera sido mayor y el agresor en lugar de acercarse andando lo hiciera corriendo? Seria diferente con un arma de fuego? Supongo que dependera del alcance lesivo (en distacia) que tenga el arma del agresor. Y para acabar, seria proporcional utilizar, contra una barra de metal, la union de los grilletes a la cuerda de la defensa y el uso de esa union, como si se tratara de la antigua arma compuesta por una bola de pinchos unida por un extremo a un palo mediante una cadena? Se que es un poco sadico, pero en una situacion asi o contra una multitud de agresores, pienso que seria muy efectivo incluso como medio disuasorio. Creo que eso lo desorientaria bastante, como explicas en el giro OODA. Muchas gracias por todo lo que compartis, COMPAÑEROS.

    ResponderEliminar
  13. Hola amigo anónimo del 10 de agosto/12.

    Empiezo por tu final. Efectivamente, desorientar siempre es positivo para el defensor: mientras el malo se vuelve a orientar… tú puedes estar poniendo distancia entre ambos, disparando, o huyendo. Que por cierto, no sería de cobarde sino de superviviente.

    En lo otro, lo de la mayor distancia entre ambos… Pues no sé. Vamos a ver. Si ese tipo está en vez de a 2 metros, a 40 metros pero viene a la carrera hacía nosotros, quizá no sea proporcionado disparar cuando los 40 metros se hayan convertido en 38… Pero si arranca su aproximación a 40 metros, y tratas de irte, parapetarte, poner más distancia entre ambos, y finalmente sigue, sigue, y sigue, llegará a los dos metros otra vez.

    Con el arma contunden que refieres, la barra de hierro, no veo diferencia con un cuchillo, pala, pico, garrote de madera o piedra de “tamaño lesivo”. En Cataluña un policía autónomo disparó y mató a un tipo (enfermo mental), que lo persiguió y acorraló con un pico. Cuando la distancia era entre ambos fue escasa, y además el agente había caído al piso, tuvo que disparar. Fue absuelto. En este caso, además de más agentes testigos, estaba presente la dotación sanitaria de una ambulancia (fueron ellos los primeros agredidos, y quienes llamaron a la Policía).

    Saludos.
    Ernesto PV

    ResponderEliminar
  14. Amigo anonimo del 10/a14 de agosto de 2012, 17:08

    Gracias Ernesto por tu respuesta, de la que estraigo que sera proporcional el uso del arma, siempre y cuando ya sea inevitable para salvar la vida o una lesion grave y no segundos antes, aun sabiendo que el resultado que se va a producir,sino respondes es mortal de necesidad, sin tener que llegar a poner tu vida en peligro. Me explico: En el caso referenciado sobre el compañero de Cataluña, entiendo que el motivo esencial de su absolucion fue que al estar en el suelo y a punto de ser acometido con un objeto contundente violentamente, y con un posible, pero claro, resultado lesivo incluso mortal, estaba capacitado para salvar su vida a toda costa. Mi pregunta es si se tuvo en cuenta que el compañero retrocedio e incluso intento escapar de su agresor sin finalmente coseguirlo o hubiese sido igual la sentensia si simplemente lo hubiera esperado "encañonandolo" y le hubiese disparado a una sistancia de 10 metros aprox. previo disparo al aire. No entiendo, porque un policia tiene que retroceder ante una persona que acomete contra el con un palo, barra, pico.... cuando anticipandose a la accion y usando su arma de fuego a una distancia segura (unos 10-15 metros, si los tiene) puede cumplir con los requisitos de la legitima defensa. Acaso el policia debe huir, o debe esperar que el agresor que corre hacia el, a falta de 7 metros va a tropezar no llegando a agredirlo. Lo normal es que no tropiece y mientras tu corres intentes apuntar a una zona no vital, el resultado....claro, tu cabeza abierta de un palazo.Hay realmente que llegar a un duelo en el que el agresor y el agredido esten en tanta desigualdad cuando segundos antes se podria haber evitado?
    Soy "el amigo anonimo del 10 de agosto" creo que me quedare con ese nick, me ha gustado. Un saludo

    ResponderEliminar
  15. Yo opino como tú: el policía no debe abandonar, eludir o esquivar una intervención, por el hecho de que pueda entrañar riesgo de uso del arma de fuego. Es más, si por evitar disparar decide irse… podría incurrir en responsabilidad penal: omisión del deber de perseguir delitos. Pero más todavía, si por dudar y tratar de esquivar la obligación resulta alguien herido, más de lo mismo. Muy posiblemente habría que pedirle responsabilidades.

    Creo que el sentido común, amén de lo que la jurisprudencia nos indica, hay que evitar disparar si nuestra vida o integridad física, o de terceros, no está en inminente peligro. Como digo en algunos artículos: no disparar ni antes ni después del momento justo. El disparo tuyo debe ser, como aquel que dice, coetáneo con el momento culmen de la agresión recibida. Si esta cesa, nunca dispares.

    Un saludo “amigo del 10 de agosto”.

    Ernesto.

    ResponderEliminar
  16. Interesante articulo y muy bien expuesto, aunque no soy policia , me alegra ver como has evolucionado y ampliado conocimientos de lo que es tu pasión. Sin que sea algo que me fascine, me gusta leer lo que escribes y me alegra que al final consiguieras dedicarte a tu verdadera vocación. Un abrazo, amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por el comentario, amigo anónimo.

      Un saludo

      Eliminar