EL CINE ESPAÑOL Y LAS PISTOLAS MARCA 'ACME'

Por,  Ernesto Pérez Vera


No sé si será por la edad, por mi natural carácter agrio (aunque yo creo que soy un ‘cashondo’), o qué, pero tengo que volver a despotricar contra nuestro cine patrio. Solo soy un simple aficionado. Para nada me considero cinéfilo. Ojalá supiera del séptimo arte tanto como algunos amigos que me rodean, pero es que siempre que veo una película española en la que aparecen policías, militares y/o armas, me guste o no la trama y las interpretaciones, detecto errores imperdonables. Tomaduras de pelo. Fantasías que la peña traga, rumia y luego pone en circulación como si de hechos ciertos y reales se trataran. Si pasa con lo que viene desde la otra parte del charco, cómo no iba a suceder con lo autóctono.

Sí, lo sé, los fallos que a continuación voy a mencionar son indetectables por la inmensísima mayoría de espectadores. Me consta que la gente paga una butaca para otras cosas, yo también, pero es que tengo la manía de reparar en estos detalles. También sé que esto no es Hollywood, donde los presupuestos de maquillaje de una sola peli superan los costes totales de tres de las nuestras; pero con solamente cien pavitos podrían disimularse muchas cositas.


Hoy ha sido “Fuego” (2014), dirigida por Luis Marías y protagonizada por José Coronado, Aida Folch y Leire Berrocal, entre otros. Que conste que el novelesco guión me ha encantado. También los exteriores me han parecido fantásticos y me han recordado a mi amigo de Bilbao, recientemente desaparecido, Tomás Carrillo, con quien paseé, en unión otros dos compañeros, por zonas vizcaínas muy similares a las vistas en este largometraje. Pero joder, al único arma que sale en toda película, un revólver, se le ve en una escena un claro fresado en el cañón, lo que sin duda lo convierte en un arma inutilizada. Pienso que se puede tratar de un Colt Python, un maravilloso hierro con el que tuve la suerte de disparar bastantes cartuchos en los años ochenta, pero que desde entonces no he vuelto a catar.

Un poquito de por favor, hombre, que si esto iba de policías y de ETA… que menos que las armas (una en realidad) no pareciesen de la marca Acme, que es la que emplean en el universo de los dibujitos animados.

Para los pocos planos en los que el arma hace acto de presencia podrían haber comprado, o incluso pedido prestado, un revólver de juguete de esos que disparan bolitas de plástico. Un instrumento de estos hubiese causado mejor impresión, porque el lamentable estado de conservación de la pieza daba asquito y no cuela que un policía retirado, poseedor de la licencia de armas tipo B, se pasee con un trasto así.

Pero no queda ahí la cosa. Al final, ya para terminar, aparecen dos miembros de la policía autonómica vasca. En pantalla, hasta ese momento, únicamente habían aparecido de uniforme tres extras vestidos casi como agentes del Cuerpo Nacional de Policía. Y digo casi porque dado que se supone que están en la actualidad, y que esto se estrenó en 2014, qué menos que hubiesen lucido un uniforme no descatalogado. Pero vuelvo a lo de los agentes autonómicos, quienes precisamente se encontraban realizando una detención: sus fundas pistoleras estaban tan vacías, que al verlo he sangrado por los ojos. Aquí no puedo valorar lo de sus uniformes, porque no los tengo controlados.


Insisto, la película me ha gustado.

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