La eterna polémica: ¿Sí o No al cartucho en recámara? ¿Conocemos realmente las virtudes de la doble acción?

Por, Ernesto Pérez Vera

Sin duda alguna, este es el debate que más horas consume entre los profesionales españoles de la instrucción policial y, en general, entre los profesionales de la seguridad pública y privada. La cuestión es: ¿cómo se debe portar el arma corta, con o sin cartucho en la recámara?

En nuestro país no portar cartucho en la recámara de las pistolas es un acto casi religioso. En principio porque históricamente las armas que han usado nuestros profesionales eran de simple acción, careciendo, además, de seguros automáticos, lo cual implicaba un riesgo extra. Tal riesgo nace de la propia filosofía del entrenamiento policial, que siempre ha sido paupérrimo en cuanto a interés y compromiso: muy alejado de la realidad del encuentro armado a pie de calle, recurriéndose en exceso a conocimientos de tiro deportivo, del todo contraproducentes fuera del campo de tiro. También hay de destacar que la visión que el policía español tenía —y aún tiene— del enfrentamiento armado era una visión distante del problema que supone verse ante la necesidad de defenderse de otro Homo sapiens a tiro limpio. Esta lejanía hacía creer al policía que jamás se vería envuelto en un tiroteo —qué demonios, sigue pasando lo mismo. No hemos evolucionado, solamente hemos dado tímidos pasitos hacia delante—.

Como ya deberían saber todos los usuarios de estas herramientas, las pistolas con mecanismos de doble acción o acción mixta —simple y doble acción a voluntad del usuario—, son aquellas que portando un cartucho alojado en la recámara requieren de una presión especial o extra sobre el disparador, a fin de que se produzca el disparo. La presión y el recorrido del gatillo es tal que difícilmente se van a producir disparos accidentales en doble acción (esta presión y recorrido son regulables). Para que el disparo se produzca en esta condición de porte, hay que apretar el disparador a conciencia, a veces muy a conciencia. Con verdadera intención. En ocasiones, según qué arma se esté empuñando y qué tamaño de mano y experiencia tenga el tirador, habrá que hacerlo con mucha conciencia (muchas personas con manos pequeñas, sobre todo mujeres, no logran disparar en doble acción). Cuando el disparador, también llamado gatillo por la Real Academia de la Lengua (para quienes dicen que no), es presionado en doble acción se activan los mecanismos internos de disparo que hacen que el martillo del arma, sea interno o externo, se vaya desplazando hasta su posición más retrasada para que finalmente, cuando alcance tal punto distal, caiga sobre la parte posterior de la aguja percutora. En ese instante, al ser golpeada la aguja, ésta se desplazará a través de su conducto hasta percutir el fulminante del cartucho alojado en la recámara.

Para producir un disparo en simple acción, sea el arma de acción mixta o solamente de simple acción, previamente habrá que trasladar el martillo hasta su posición más retrasada, aun cuando se porte la recámara alimentada. En simple acción es cuando realmente se pueden producir accidentes por descargas involuntarias (“tiros escapados”): la presión a ejercer sobre el disparador es mínima, así como su recorrido también es muy escueto.

Un poco de Historia
Las pistolas de doble acción existen desde hace mucho tiempo. No son cosa de épocas especialmente cercanas. La primera pistola fabricada en serie con mecanismos de doble y simple acción fue la germana Walther PP, allá por 1929. Un arma que alcanzó un éxito sobresaliente, que todavía hoy conserva. Poco tiempo después apareció en el mercado otro modelo, el PPK. Estas armas obtuvieron tanto prestigio que todavía hoy en día se siguen fabricando y vendiendo entre civiles y agentes de seguridad de todo el mundo.

Desde su nacimiento, la PP, y más tarde su hermana pequeña la PPK, fue usada por cuerpos policiales de todos los continentes. También muchos miembros de unidades militares, principalmente alemanas, usaron ambos modelos de forma institucional unas veces y a título personal otras. Ambas pistolas fueron muy utilizadas por la oficialidad militar y policial de la época, especialmente por los pilotos de la Lutwafen, la Fuerza Aérea  de Alemana en la era hitleriana. La Policía Secreta del Estado alemán nazi, la famosa, tétrica, mítica y temida Gestapo, participó en afamar estas armas.

Las dos míticas pistolas del III Reich
También fue un modelo alemán de la misma firma el que por primera vez fuese declarado reglamentario en un ejército. Hablamos ahora de otro mito, de la Walther P-38. Si bien ya existían armas con estos mecanismos (doble acción), la P-38 fue la pistola más extensamente usada por las tropas alemanas durante la II Guerra Mundial, tanto en las unidades convencionales como en las especiales. Hasta los EE.UU. y otros países del bloque Aliado llegaron infinidad de ejemplares de P-38. Esta pistola se convirtió en el más destacado fetiche entre los combatientes (la vieja Luger P-08 también era muy valorada, en este mismo sentido). Poco tiempo después de finalizar la contienda, fabricantes de armas de medio mundo iniciaron proyectos para lanzar al mercado pistolas dotadas con mecanismos de doble acción.

A España también llegaron algunas P-38. A través de la División Azul —voluntarios españoles que lucharon contra el comunismo insertos en el bando del Eje, encuadrados en el Ejército alemán— llegó a la península cierto número de ejemplares. Por desgracia, siguieron llegando años después en las pezuñas de los asesinos de la banda terrorista ETA. No son pocas las P-38 incautadas a estos asesinos, principalmente en las décadas de los años 1970 y 1980.

Se empiezan a ver en España
En la década de los años 1970 empezaron a verse aquí las primeras doble acción en manos de policías y militares. Muchos profesionales de las Fuerzas Armadas (FAS) y de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FYCS) las adquirían a modo particular. Pero hay que significar que algunos lo hacían sin llegar a sacar total partido a las ventajas tácticas y operativas que ofrecían sus nuevas armas. Es sabido que muchos de estos usuarios adquirieron estas pistolas más que por la ventaja de la doble acción, por la otra virtud que muchas de ellas ofrecían casi implícitamente: la doble capacidad de sus cargadores. Así pues, muchos querían llevar más de doce cartuchos en el cargador, aunque portasen la recámara vacía en un arma que les permitía llevarla alimentada con garantías suficientes de seguridad.

La primera pistola de doble acción made in Spain es la Astra Constable, un arma muy aceptada que alcanzó buenas cotas de ventas. Sigue siendo muy usada como segunda arma. Fue construida en los años sesenta, recamarándose para los calibres 9mm Corto, 7,65mm y .22 LR. Por cierto, en la Constable se advierte una clarísima inspiración en las PP y PPK de Walther. Usaba cargador monohilera, pero dos décadas después se produjo una versión de doble capacidad, la Astra-60. Otras pistolas usadas por nuestros agentes en los años setenta y ochenta fueron la CZ-75, de origen Checoslovaco (en aquella época), y las españolas Astra-80 y diversos modelos de la casa eibarresa Star. Estos últimos eran casi prototipos que dieron posterior origen a la saga PK, P, M, etc.
  
Dicho todo lo anterior, ya las modernas pistolas de doble acción iban ganando terreno en las FYCS y FAS españolas. Como ya se ha referido, esto comenzó en el mercado privado, pero en los años ochenta se empezaron a firmar los primeros contratos a nivel de los ministerios del Interior y de Defensa. Fue entonces cuando de modo oficial se empezaron a extender las pistolas de doble acción en el ámbito de las instituciones policiales y militares. Las FAS, sobre todo el Ejército de Tierra, adquirieron la pistola Llama M-82; la Guardia Civil la Star 30-M y la Policía Nacional, luego Cuerpo Nacional de Policía, la Star 28/30-PK. También hay que significar que en esa época se creó la Policía de la Comunidad Autónoma Vasca, la Ertzaintza, la cual desde el principio optó por armas de doble acción de la casa autóctona Star. Hay que destacar que algunas unidades operativas vascas usaron modelos germanos. Los cuerpos de Policía Local de todo el Estado también se sumaron a estos cambios, si bien todavía mantienen muchos revólveres en servicio (cada vez menos).

El primer gran paso al frente ya estaba dado: los policías españoles tenían armas mecánicamente modernas. Armas más operativas y seguras. Empezamos a dejar de lado las pistolas de simple acción, que además usaban cargadores capacidad simple.

Pero incluso habiendo dado hace años aquel decisivo paso, todavía hoy, en el siglo XXI, se tiene pendiente una importante asignatura. Desde el punto de vista de muchos instructores, el segundo avance evolutivo está todavía en camino: la instrucción seria y concienzuda en el uso de la doble acción, o sea portar cartucho en la recámara sin miedo a la Santa Inquisición. Llevar el arma alimentada, con el martillo en la posición de reposo, otorga más seguridad al portador. De este modo se consigue mayor eficacia en el disparo súbito ante un ataque inesperado. Esta es una importantísima asignatura pendiente en el grueso de nuestras FAS y FYCS.

Asignatura pendiente: la correcta instrucción
Sin lugar a dudas, en los centros de formación de todos los cuerpos policiales y en las academias de los cuerpos y armas de los ejércitos se estudia la diferencia entre los mecanismos de simple y doble acción. Pero, ¿se instruye seriamente en el uso de la doble acción? ¿Confían realmente en la doble acción los profesores e instructores de tiro de tales academias? ¿Realmente todos los docentes dominan las técnicas de tiro en doble acción? Muchos instructores se muestran díscolos y rebeldes con los adiestramientos progresistas. Y ojo, avanzar en esto del entrenamiento realista no supone hacer piruetas y cabriolas pistola en mano; y tampoco disfrazarse de los Hombre de Harrelson. Lo anterior solo puede recibir un calificativo, fantasmeo. Insisto: no todos los profesores conocen las verdaderas ventajas y virtudes tácticas de esta segura forma de disparo.

Nota especial del autor: Soy consciente de lo arriesgado que es dar una opinión tan negativa y tajante como la vertida en el párrafo anterior, pero la doy basándome en lo que veo y en las informaciones directas que recibo de agentes de todos los cuerpos policiales y militares. Lo palmo, lo respiro y lo sufro. Pero sobre todo la baso en mi experiencia personal en la instrucción de profesionales de todos los estamentos referidos. La inmensa mayoría de mis compañeros y amigos, sea cual sea la promoción y el cuerpo de procedencia, me transmiten su falta de autoconfianza cuando se encuentran con el arma en la mano, más aún cuando se les propone el uso de la doble acción.

Las frases que suelen pronunciar quienes se muestran contrarios al uso de la doble acción son las de siempre, las que se oyen año tras año. Palabras estridentes y chirriantes para mis cansados oídos. Desde que era niño vengo oyendo lo mismo: “¡El cartucho en la recámara no se puede llevar porque es peligroso!”. “¡El arma se dispara sola!”. “Llevar el cartucho en recámara es de locos y de pistoleros”. Palabrería no razonada que se repite y repite tras mucha bastarda y gratuita inoculación. Existen instructores que quieren hacer que una mentira mil veces dicha se transforme en verdad. Los hay, digo que si los hay.

Otras frases que retumban entre las taquillas de los vestuarios de los cuarteles y de las comisarías son, esta vez erróneamente argumentadas: “Si te quitan el arma te pegarán un tiro”. “Yo soy tan rápido montando el arma en la galería, que no necesito llevarla con un cartucho en la recámara”. “Para las veces que voy a necesitar disparar a alguien, mejor no la llevo alimentada”. Todas estas manifestaciones pueden ser replicadas de modo serio, razonado e incluso empírico.

Cualquier profesional que se manifieste en los términos señalados en el párrafo anterior está instalado en un error mayúsculo. A este error, marcado a fuego en la psique, se llega por la pésima formación que se imparte en los centros de instrucción de las administraciones. Esta mala instrucción llega viciada desde la base. Lamentablemente, muchos docentes del ramo no están cualificados, pese a estar administrativamente titulados y reconocidos. En otros casos, los profesores, aun sabiendo que el programa de formación que están impartiendo es un despropósito, se ven obligados, por la superioridad, a llevarlo a término incluso habiendo razonado técnica y tácticamente dónde radicaban los errores y las mentiras de sus lecciones.

Responsables del Estancamiento
Opinión recalcada del autor: A la Administración, y quizá también a los propios mandos policiales, no le interesa que los agentes estén perfectamente instruidos en tiro. Les es más cómodo y rentable económicamente que los funcionarios a su cargo sigan siendo adiestrados de modo básico, de modo no real. Por ello se siguen llevando a cabo programas de formación descaradamente simples y escasos. Insulsos. De mentirijilla. Lo escueto del adiestramiento hace creer a los alumnos que con esa formación ya están listos para el encuentro armado real en las calles; descubriendo demasiado tarde que fueron engañados. Muchos policías descubren que su formación es deficiente, cuando viven una situación límite en la que comprueban, in situ y en su pellejo, que no pueden actuar como ellos creían que lo harían, que no es ni más ni menos que como les habían enseñado.

Si la Administración aprobara nuevos y adecuados programas de formación, basados en los criterios, conocimientos y estudios empíricos y científicos modernos sobre los enfrentamientos armados, habría que aumentar las horas de prácticas de tiro; pero no solamente en las academias sino también en las unidades de destino. Por tanto, se tendrían que efectuar ejercicios de instrucción y reciclaje con mayor frecuencia que en la actualidad, y aumentar los consumos de cartuchería por cada tirador. Esto supondría un incremento de los presupuestos económicos anuales de cada institución armada, amén de un aumento de horas de instrucción por agente. Todo ello implicaría satisfacer las horas de instrucción con horas libres de servicio o bien retirar durante más horas del servicio habitual a los funcionarios, para que pasaran por la galería de tiro el tiempo suficiente. ¡Interés e implicación!, así de sencillo. Pero no caerá esa breva.

En cualquier caso, la Administración (las tres) no está dispuesta a desprenderse ni del dinero que cuesta aumentar el consumo de munición ni aumentar las horas de menor presencia policial en las calles, aunque esto suponga reforzar la formación. Se conforma con mantener programas conservadores vendibles públicamente como sobrados y suficientes. A veces hasta se ofrece una falsa imagen de excelencia ante las cámaras de televisión, algo que a la postre se torna contraproducente. ¡Traed mentiras, más mentiras. Es la guerra!, que diría mi admirado Groucho Marx. Y las plataformas sindicales qué, dirán ustedes. Pues casi más de lo mismo: conozco zonas del país donde un sindicato promueve cursos de calidad o de buenísima calidad en cuanto a manejo de armas; mientras que las mismas siglas contratan en la provincia de al lado a un payaso vestido de lagarterana que hace como que sabe, porque sabe que quienes están enfrente de él saben tan poco que se quedan boquiabiertos y anonadados, sin realmente darse cuenta de que están siendo piramidalmente estafados a nivel intelectual y monetario.

Lo más preocupante de todo este desaguisado es que ni tan siquiera los programas escuetos y excesivamente básicos se cumplen al cien por cien. Y en los casos en que sí se completan, se suele dar por bueno casi cualquier resultado obtenido en la línea de blancos. A demasiados instructores únicamente les interesa poder dar por cubierto el expediente. En muchas instituciones los ejercicios de tiro se tratan como un mero trámite de obligado cumplimiento, que ocasionan mareos y problemas logísticos. Es aquello del ladrillo o la maría, que dirían los estudiantes universitarios.  

De decidirse las administraciones a cambiar su visión sobre la mayor y mejor instrucción en materia de tiro, deberían incluir en los programas docentes el uso forzoso del cartucho en la recámara, abandonando viejos mitos y huyendo de leyendas urbanas. Naturalmente, si esto ocurriera todos los agentes tendrían que ser obligados a portar sus armas de este modo o al menos se debería permitir que todo aquel policía que quisiera hacerlo lo hiciera libremente y sin subterfugios. Fuera complejos de una vez. Pero volvemos a lo mismo: si los poderes públicos permiten u obligan a portar el cartucho en la recámara, tendrán que invertir tiempo y dinero en la debida instrucción. Pero como esto es una ilusión, cosa que todos sabemos de antemano, pues o bien se impide que determinados agentes porten cartucho en la recámara (como es el caso de un cuerpo estatal en el cual dicha condición de porte está prohibida por norma interna, al igual que en algunas fuerzas locales) o bien desde las academias se desaconseja dicha posibilidad. Así nacen los tabúes, los mitos y las leyendas urbanas, que hacen creer al alumno, y al público en general, que es una locura y una temeridad trabajar con cartucho en la recámara en las armas de doble acción.

El contrasentido
Los mismos poderes que de un modo u otro se niegan a avanzar hacia la correcta formación o al menos hacia una formación más cercana a la realidad del enfrentamiento; la misma Administración que prohíbe el uso del cartucho en la recámara o al menos pone trabas mediante la obligatoriedad de cumplir con una formación deficiente y fomentadora de mitos; es la misma Administración que va a permitir u obligar a los agentes a desenfundar y montar sus pistolas cuando se hallen en situaciones peligrosamente comprometidas, muchas veces en situaciones extremas. O sea que cuando mayor nivel de estrés existe, con todo lo que ello conlleva, y cuando menos capacidad cognitiva va a tener el funcionario, es cuando se le va a obligar a realizar una manipulación peligrosa con el arma, cual es la de introducir un cartucho en la recámara. En tal caso, y según el arma en cuestión, la pistola quedaría presta en simple acción (en simple acción es más probable que se produzca una descarga involuntaria, debido a la menor tensión y recorrido del sistema de disparo) en un escenario en el que seguramente existirán personas físicamente próximas y, a la vez, ajenas al enfrentamiento. Todo esto genera un alto riesgo de disparo no deseado, algo que siempre puede provocar indeseables daños colaterales.

Poniéndonos por un momento del lado de aquellos que consideran que un arma siempre es peligrosa, debemos dejar claro lo siguiente: un arma en situación de disparo en simple acción es más peligrosa que si está en situación de disparo en doble acción, sobre todo en manos de una persona estresada, inexperta, asustada, o herida; o todo junto a la vez. Precisamente es así como cualquier ser humano mentalmente sano se sentirá en los instantes previos al enfrentamiento, y también durante y después del mismo.

Pero no acaban aquí los riesgos. Estamos hablando de los agentes que no están ni táctica ni mentalmente entrenados en el uso del arma con cartucho en la recámara, y menos todavía para afrontar situaciones críticas. Pues bien, una vez acabada la situación delicada —la sugerida en el párrafo anterior—, se haya o no disparado el policía seguirá con el cartucho en recámara, lo que implicará tener que extraerlo realizando las manipulaciones correspondientes. Algunos funcionarios lo harán, por cosa de los nervios, incluso en la propia escena del enfrentamiento, nuevamente rodeado de terceros, quizá sanitarios y ciudadanos curiosos. Otros lo harán en el coche patrulla, de regreso a la unidad; y otros tal vez no recuerden que su arma sigue alimentada. En cualquiera de los supuestos presentados, el riesgo está servido en bandeja. Mediten sobre ello, pero háganlo con sinceridad profunda.

Si se tienen en cuenta el sentido común y las estadísticas, un policía recurrirá al empleo de su arma cuando ya esté siendo atacado, probablemente cuando ya esté herido. Por consiguiente, surgen nuevas preguntas: ¿podrá un policía herido responder a un ataque mortal, teniendo que alimentar el arma por no llevarla previamente alimentada? Incluso estando bien instruida una persona en tiro de doble acción, no siempre tendrá tiempo y ocasión para llevar a cabo una reacción defensiva. Imaginemos entonces si no se porta el arma presta para su uso inmediato. Por cierto, hay gente que pierde gran parte del control cognitivo ante momentos de tanta adversidad, llegando a alimentar la recámara cuando ya estaba alimentada; activando el seguro, cuando realmente esto no ara preciso; o directamente olvidando meter un cartucho en la recámara, obstinándose en apretar el gatillo vacíamente.  

Muchos de los ataques sufridos por los policías se producen a cortas o muy cortas distancias, lo que se hace evidente la ventaja que ofrece portar el arma con cartucho en la recámara. Naturalmente, todo usuario de un arma de defensa, máxime si la porta con la recámara alimentada, siempre ha de estar debidamente instruido en técnicas reactivas. Hay que defender el uso del cartucho en la recámara en las pistolas de doble acción, más aún si estas poseen seguros automáticos. Pero también es lógico abogar por la debida y adecuada instrucción en el tiro desde tal condición de disparo. De no obtenerse el adiestramiento correcto en el seno de la institución policial, los funcionarios se verán obligados a buscarlo en el sector privado, como de hecho y ciertamente ya está ocurriendo, lo que implicará un desembolso económico que casi siempre estará bien invertido.

Se puede dar otra circunstancia, negativa en este caso. Si la Policía no satisface la necesidad formativa, y un agente no sabe o no puede recurrir a los servicios privados de instrucción, este funcionario se verá casi obligado a investigar por su cuenta y riesgo. Esto obligaría al policía a realizar manipulaciones indagatorias por su cuenta y sin supervisión. Un peligro, ¿verdad? Estos manipuleos los podría culminar en solitario o en unión de otros compañeros, dando origen este tipo de maniobras, muchas veces,  a luctuosos accidentes por disparos no deseados. Se conocen muchos casos; muchísimos. Dice el saber popular que la curiosidad mató al gato.


Concluyendo
La condición de porte en doble acción es la condición más segura desde todos los puntos de vista. Es más segura para los agentes que deben hacer uso inmediato del arma ante ataques súbitos, a distancias cortas o muy cortas. Estas agresiones se producen, en su mayor parte, a distancias de entre cero y cinco metros. Si en estos rangos no se porta cartucho en la recámara, aun siendo un tirador bien instruido son escasas las opciones de repeler con eficacia el ataque. Siendo totalmente sincero: incluso si el arma va alimentada será difícil alcanzar la máxima eficacia, pues a esas distancias se requiere de un entrenamiento táctico y mental muy elevado, precisamente algo que no abunda entre los policías que patrullan nuestras calles. Cuanto menos se invierta en instrucción, más habrá que invertir en suerte.

Hay que desoír a los detractores de la doble acción. ¡No les hagan caso! La mayoría de las personas que opinan de estos temas no son profesionales, suelen ser aficionados. Algunos solo son pintorescos imitadores. Abundan los farsantes. En el caso de los detractores que surgen en el seno de la comunidad profesional, suelen ser personas con experiencia, si es que la tienen, únicamente en tiro deportivo, bien de precisión o de recorrido IPSC; pero de nula relación con los enfrentamientos reales, incluso cuando ostenten el diploma de instructor de Tiro Policial. Otros muchos, la mayoría, serán veteranos o novatos que nunca se han planteado nada de lo expuesto en este texto, pero que aun así opinarán intentando sentar cátedra. Perros ladradores, como el del hortelano, que ni come ni deja comer.

Es más, con todo lo que ahora están leyendo, y que espero sepan poner en práctica de la mano de instructores cualificados, reten a los detractores a que les demuestren que el uso del cartucho en la recámara, en armas de doble acción, es un atraso. Ellos no podrán convencer a nadie que tenga la cabeza bien amueblada, téngalo por seguro. Ustedes, sin embargo, sí podrán convencer usando buenos argumentos, porque de ustedes ya se espera que crean en las virtudes de la doble acción, de lo contrario no habrían llegado tan lejos en la lectura de este artículo. El mejor argumento que se puede esgrimir para convencer es exponer casos cercanos y reales, en los que compañeros de algún cuerpo policial tuvieran que hacer uso de sus armas para defender sus vidas, o la de terceras personas. Van a encontrar casos de policías que fueron asesinados o heridos graves, sin que pudieran hacer uso de sus pistolas por hallarse no alimentadas. Y encontrarán otros tantos casos de agentes que, ante ataques criminales, pudieron hacer uso de sus armas y alcanzar a sus atacantes, incluyo hallándose ya heridos. Los protagonistas del segundo supuesto supieron obtener sabiamente, en su momento, el adiestramiento oportuno.
Los detractores sacarán del armario alguna noticia sobre algún policía desarmado y herido con su pistola. Es verdad, existen casos de esta naturaleza. Realmente esto ha pasado alguna vez, pero muy pocas. Empíricamente no podemos extendernos mucho en este punto, al menos no a nivel patrio. Los sucesos más conocidos en España son incidentes en los que los criminales montaron las pistolas de los agentes tras arrebatárselas: iban, casi siempre, sin cartucho en la recámara, pero pese a ello los funcionarios fueron asesinados o heridos. Pero si seguimos cabalgando a lomos de la ciencia empírica, encontraremos infinitos casos de agentes que por llevar alimentada la recámara salieron más o menos airosos de sus encuentros con la muerte. Ganan por goleada los incidentes del segundo supuesto.

Hay que admitir que los ejercicios de tiro estático a distancias superiores a veinte metros y en precisión con una sola mano, que se usaron durante muchas décadas como única formación y práctica de reciclaje, han pasado a la historia en casi todas las instituciones armadas. Hoy son los recorridos de tiro los que imperan como entrenamiento periódico en muchos cuerpos y plantillas. Pero no nos engañemos, los programas de entrenamiento basados única y exclusivamente en recorridos, no suelen guardar similitud alguna con las verdades cantadas por ese barquero llamado calle. Las conclusiones extraíbles de los análisis de los enfrentamientos armados casi nunca son recreadas en los recorridos de tiro, aunque estos se apelliden “recorridos policiales”. La mayoría de estos ejercicios dinámicos tienden a recibir excesiva influencia deportiva. Lo divertido no necesariamente es efectivo, por espectacular que resulte.

Comentarios

  1. otro gran articulo de la saga.... sigue asi.

    Abel.

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  2. Gracias Abel.

    Desde el próximo lunes, día 3 de agosto, se podrá leer ese artículo en el periódico ARMAS.ES, tengo entendido que el lunes se inicia el reparto de los ejemplares de esa publicación, espero te hagas con uno.

    Ernesto Pérez Vera.

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  3. Excelente artículo que comparto al 100%. Soy miembro de ese Cuerpo que tiene prohibido expresamente portar cartucho en recámara, una prohibición que reconozco incumplo deliberadamente desde que me adjudicaron la nueva pistola Beretta 92FS, de DA, pues opino que esa pistola está diseñada precisamente para ser portada con cartucho en recámara.

    Creo que debería impulsarse entre los miembros de las FCSE una corriente de opinión que favoreciera el cambio de mentalidad en la administración, para que adaptaran los métodos de adiestramiento de tiro policial a los nuevos tiempos.

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  4. Respecto a la beretta recuerdo la cara de asombro de algunos compañeros al ver que se podían quedar sin arma al montar.

    Ernesto , como siempre en tui linea
    un abrazo

    jacarmo

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  5. Gracias Jacarmo, espero que sigas visitando el Blog.

    Un abrazo. Ernesto.

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  6. Cada uno que haga lo que le venga en gana, yo soy partidario que el pleno conocimiedo e instrucción continua te lleva a mantener una rutina que servirá para hacer bien las cosas. Aunque hacerlo bien o mal al final no depende de ti depende de muchas cosas.

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  7. Opino que el gran error es centrarse en los mecanismos del arma, en lugar de en el entrenamiento del tirador. Las armas de doble acción pueden ser más seguras por el mayor recorrido y fuerza del primer disparo, pero una vez efectuado este, el arma se convierte en simple acción, y si el tirador no está entrenado, seguirá metiendo el dedo en el disparador y sufrirá una descarga negligente.
    Además,creo que entrenar a un tirador en función del arma es un error, ya que mañana se la cambiarán y el entrenamiento no servirá para nada (ej: pasar de Beretta a Glock).
    Algo que si considero necesario enseñar cuando se va a trabajar con pistolas DA/SA, es la técnica de control del gatillo para evitar la transición: en lugar de apoyar la yema del dedo, hay que utilizar la unión entre las falanges, ya que de esta forma no habrá que modificar la posición del dedo, y la tracción será más fácil. Así, no se verá afectada la precisión en el primer disparo.

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  8. Pienso que es muy aconsejable el tener el arma preparada para reaccionar. Por rexperiencia propia lo digo, fui funcionario de la policia de investigación y en una oportunidad junto a dos compañeros más, nos disponíamos a detener a un sujeto muy peligroso que tenía en su haber homicidios, robos, violaciones, enfrentamientos con la policía, y recuerdo que al momento de abordarlo súbitamente, logré poner mi arma sobre un costado suyo para neutralizarlo, y el sujeto, inmediatamente realizó unos pasos atras y desenfundó un glock calibre .45ACP y abrío fuego contra nosotros, utilizando a un hermano suyo como escudo mientras continuaba disparando contra nosotros, en resumen, de no haber tenido cartucho en la recámara de nuestras armas, hubieramos sido impactados por este delincuente, quien cayó abatido y al ser revisado el bolso que portaba, allí habían cinco armas más y 500 catuchos de diferentes calibres. El cartucho en la recámara puede significar la vida en un determinado momento, para ello, es necesario ejercitarnos en cuanto a no introducir el dedo en el disparador para evitar disparon involuntarios.

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  9. Estimado anónimo: te agradezco el comentario y te felicito por salir vivo de aquel encuentro armado. Yo pasé por lo mismo, y el cartucho en la recámara me ayudó a estar hoy aquí.

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  10. Como siempre en el clavo. Dejaré un pregunta por si alguien puede responderla ¿quién de vosotros, de los asiduos a este blog, se ha visto en un enfrentamiento en el que los malos se han parado previamente delante del agente a "montar" su arma? No se, pero tengo la impresión de que el malo siempre lleva el arma lista para abrir fuego nada más extraerla. Únicamente hay que observar los imnumerables vídeos de enfrentamientos con agentes en las que el agresor en ningún momento manipula el arma, simplemente abre fuego directamente. Saludos Ernesto, excelente artículo.

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  11. Estimado amigo anónimo: MUCHAS GRACIAS POR TU COMENTARIO.

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  12. Sr. Ernesto, saludos de nuevo, he visto muchos videos en donde han muerto funcionarios policiales, debido a la poca experiencia en cuanto a situaciones de enfrentamiento se refiere. Seguramente Ud; ha visto uno que se sucedió en Brasil (ví muchos más), en donde un delincuente quisó robar la moto a un policía vestido de civil, luego que el delincuente dió la espalda, el policía saco su arma y apuntó en la espalda a su agresor, pero este último se movió rapidamente, pues tenía el arma aún en la mano y le efectuó tres disparos, cayendo en la calle el mismo, para después morir desangrado. Esto revela un factor importante que a los policías del mundo siempre se les enseña, el cual es: someter al delincuente, colocandole el arma pegada a su cuerpo, entes que disparar; así, creo, que también le sucedió al funcionario que narró en este artículo una situación semejante. En conclusión, si se ha sido amenazado con un arma por un delincuente y el funcionario logra sacar la suya, se debe tener la convicción de disparar, de lo contrario, "seras hombre muerto". Sr. Ernesto, hay otro factor que entra en juego a la hora de un enfrentamiento, el cual es el jurídico, pues si disparas primero, antes de la reacción del "malo", se te podría acusar de asesinato. Quisiera tu impresión a mi exposición. Gracias

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  13. Hola Hola Adelkader: agradezco su consideración al preguntarme. Si quieres contáctame por email, es más rápido y fluido el contacto.

    Sí, conozco el video eso y es muy duro. Ver como muere uno de buenos, es muy duro pero además se ve que muere un valiente. En ese vídeo la rapidez de movimiento del malo es fundamental: salió de la línea de tiro del policía y además disparando. Fundamental.

    Otra cosa, el poli era el bueno y no disparo a las primeras de cambio, esa es otra diferencia: los malos disparan cuando quieren y pueden, ellos no respetan las leyes, el policía, por respetarla, no disparo antes.

    Sobre la legalidad de esos asuntos…cada país es diferente. Cada ordenamiento jurídico es distinto al del país vecino. En España esas cosas son muy tenidas en cuanta. Aquí, entre los policías, existe miedo incluso a extraer el arma de la funda: un error. Nos han comido la cabeza con que sacar el arma es malo, y pasa lo que pasa, que muchos polis tienen miedo de ellos mismos, de la Justicia y de la poca formación que se da a nivel oficial.

    Sobre el tema jurídico, referido a España, tengo un artículo escrito: http://tirodefensivocampodegibraltar.blogspot.com/2010/06/una-vez-mas-polemizar-la.html Tengo más artículos relacionados con ese tema.

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  14. Gracias, por su explicación y sinceridad en cuanto a este asunto.

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  15. Roger Mauricio Vinces Plaza6 de julio de 2011, 5:13

    Sobre el cartucho en recámara, es muy discutible por parte de personas que no han tenido un enfrentamiento real, en el cual hayan tenido que usar fuerza letal para repeler la acción. En mi país es muy común que los cuerpos armados tanto públicos como privados, tengan en sus pistolas de reglamento el cartucho en recámara por obvias razones de orden público. En Israel sucede todo lo contrario, el uso del cartucho en recámara no es usual y sólo es aplicable al uso de fuerza en caso extremo de combate. Debo decir que he tenido una muy buena experiencia con el uso de la Beretta 92F, sus sistemas de seguridad son confiables y de fácil uso; así como de la Jericho israelí, que a pesar de que en algunos modelos no baja el martillo cuando se activa el seguro, es un arma de combate confiable y precisa. Por desgracia la Policía Nacional de mi país está aún en transición del uso del revolver a la pistola: la SIG PRO P226. Un lote de estas pistolas llegó a las manos del cuerpo armado con un desperfecto de fábrica: se sale el proveedor o cacerina con el más mínimo toque o vibración. Aunque el fabricante se encargó de arreglar el desperfecto, si les hizo un dolor de cabeza a los pobres patrulleros que les tocaba pagar la pérdida del proveedor. Un saludo desde Colombia.

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  16. Gracias por su comentario Roger:

    Lo de Israel es sencillo de explicar y comprender. En es país muchísimos civiles, durante años, han portado armas de fuego aún sin estar llamados a filas del ejército, por tanto es arriesgado decirles que porten cartucho en la recámara: miles de ciudadanos con el arma lista para disparar, y con la formación justita, equivale a accidentes. Así pues se les instruye, y se les marca a fuego en la mente, que siempre hay que ir a recámara vacía. De todos modos, cuando esto se empezó a poner en práctica con la población, las armas usadas eran de exclusiva simple acción.

    Cuando las armas de doble acción irrumpieron en el mercado abiertamente, siguieron con el mismo método. Si dio resultado lo primero… ¡por qué cambiarlo!

    Otra cosa es la de los profesionales. No me imagino a los operativos policiales y militares de ese país trabajando a recámara vacía. Eso sí, en los cursos que proceden de Israel se enseña lo primero: es lo que han vendido y aprendido la mayoría, por eso es lo que venden.

    Por cierto, gran marca la que usan en su país los policías, Sig Sauer. De todos modos, creo que hay un error. O es Sig Pro, en cualquier de sus modelos “pro”, o es P226. Son dos modelos diferentes.

    Saludos amigo.
    Ernesto.

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  17. Roger Mauricio Vinces25 de julio de 2011, 23:17

    Hola Ernesto:

    "Mea culpa" por lo de la Sig Sauer. En una fé de erratas cometí el horror de escribir "Pro" en una línea de armas que ya es muy reconocida y utilizada hasta por los Navy Seal's norteamericanos, quienes lo han hecho su arma de reglamento reemplazando la Pietro Beretta 92F, puesto que superó sus "estándares de fuego continuo" de más de 5.000 cartuchos sin presentar ningún tipo de mal funcionamiento. Un saludo y mis disculpas por el "desfase". Aunque sin querer armar una polémica, me quedo con Beretta. Su cañon de casi 5 pulgadas (4.9 para ser exacto) logra un buen alcance métrico, "en el caso de"...

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  18. Hola, yo soy partidario de llevar la pistola con cartucho en recámara y en doble acción, pero me entra la duda con pistolas como la S&W M&P 9mm que solo dispone de simple acción. ¿es seguro llevar el arma con cartucho en recámara en este tipo de pistolas?

    Gracias un saludo

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    Respuestas
    1. Hola, estimado lector.

      La SW MP9 no tiene simple acción por sistema de tiro, como tampoco tiene doble acción. El sistema de disparo es similar al se Glock, o sea de aguja lanzada. Pero sé a qué se refiere y le digo que sí, que es seguro el sistema. El seguro interno o automático es eficaz y puede perder el temor al disparo "autónomo".

      Un saludo y feliz Navidad y próspero 2015.

      Ernesto

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