martes, 18 de abril de 2017

LUNES SANTO LEGIONARIO

Por Ernesto Pérez Vera

Artículo de opinión en el Balcón del Estrecho de Onda Cero Algeciras (18 de abril de 2017). Puedes leerlo y oírlo: http://www.ivoox.com/balcon-ernesto-perez-vera-la-legion-audios-mp3_rf_18203870_1.html

¡Firmes…!

Una semana hace que la Legión pasó por Algeciras, pero aún resuenan los coordinados zapatazos del ‘paso lento’ y los aplausos vertidos por la ciudadanía a la marcha de los 160 pasos por minutos, que los legionarios de Ceuta nos regalaron el Lunes Santo. Ya van 3 años seguidos, por lo que esto tiene pinta de alcanzar pronto el grado de tradición, cosa que la gran mayoría de la población campogibraltareña agradecería.

En 2015, la primera vez que los legionarios vinieron a sembrar historia, ya le dediqué un Balcón al piquete de honores, a la Banda de Guerra, a la Escuadra de Gastadores y a la comisión representativa encabezada por el coronel del Tercio Duque de Alba. El segundo año, el pasado 2016, imponderables quirúrgicos me impidieron ver, oír y sentir nuestro ya Lunes Legionario. Pero la semana pasada pude volver a disfrutar de los hombres y de las mujeres que pasearon por las calles de Algeciras el orgullo de pertenecer a otra raza; a la raza de los que se entregan a obedecer sin rechistar, tanto en la guerra como en la paz; la raza de los que profesan la religión de la valentía.

Gran sorpresa la mía, esta vez, al descubrir que la sección primogénita se ha duplicado, mandando ya la formación un capitán, y no un teniente (lo que viene siendo una compañía reducida, vamos). La cosa crece hasta el punto de que este viaje han sido 2 las escuadras de gastadores que han deleitado a niños y a mayores, derrochando marcialidad, disciplina y sudor. Respecto a los acordes musicales, ¡sin novedad!: mis sentidos se estremecieron, como siempre, con la armoniosa sonoridad de las cornetas de caña larga típicas de la Legión y con los repiques y las resonancias de los tambores y los bombos acomodados, cómo no, al son del Novio de la Muerte que emitían, a pecho descubierto y con el corazón en la mano, las gargantas de 114 caballeros y damas legionarias; 114 novios y novias de la muerte.

Y aunque son tiempos complicados para quienes reconocemos el valor de quienes nos sirven con uniformes y armas, trátese de soldados o policías, yo ya estoy contando los días que quedan para volver a celebrar el Gran Lunes de Algeciras. Pero antes de finalizar, María, permíteme decir que esta centuria de legías estaba conformada por numerosos naturales de nuestra comarca, si bien a mi me enorgullece mentar a mi amigo, hermano y paisano Francisco David Caballero Álvarez, cabo primero caballero legionario, que lleva 8 trienios tirando de chapiri allá adonde lo destaquen.

¡Rompan filas…!

domingo, 9 de abril de 2017

LA ASIGNATURA PENDIENTE DE LOS QUE NO SABEN

Por Ernesto Pérez Vera

Alimentar la recámara de una pistola resulta una maniobra de rápida materialización, sobre todo si el arma ya está asida y desenfundada; porque si al tiempo que se invierte en introducir el cartucho se le suma el desenfunde, ya tenemos dos tiempos previos antes de poder estar en disposición de hacer fuego súbito. Tiempo, ya ves, lo que nunca sobra cuando en un tris la vida puede apagarse. Es de Perogrullo que si se está bien entrenado, el tiempo de respuesta puede verse recortado, algo que suele dirimir entre sangrar o no sangrar, hete aquí la cuestión.

Pero digan lo que digan quienes no saben, aunque digan y digan, y sigan diciendo, jamás es más rápido desenfundar, montar el arma y disparar; que desenfundar y disparar del tirón. Es tan falso como el rey Miguel, que ni era rey ni se llamaba Miguel. Y si no, que le pregunten al tendero de este vídeo, que aunque le da tiempo a buscar y empuñar su arma en el momento de verse atracado por un pistolero, recibe un tiro mientras está alimentando la recámara de su pistola, aun teniendo encañonado a su agresor durante el instante que consume en poner su arma en condición de disparó: VÍDEO https://www.youtube.com/watch?v=0FXHVjXPtJk&feature=youtu.be VÍDEO

jueves, 6 de abril de 2017

EL VALOR REAL DE LA POLICÍA LOCAL

BALCÓN DEL ESTRECHO. ONDA CERO ALGECIRAS (04/4/2017)

Por Ernesto Pérez Vera

Hola, María. Hace 4 o 5 meses me asomé a tu balcón radiofónico para hablar del blindaje contra el narcotráfico efectuado en la desembocadura del rio Guadarranque; obra de ingeniería aplaudida por todas las personas de bien. Pero ya dije, tanto en aquel momento como en otros muy anteriores, que siempre hay que estar ojo avizor porque los malos, en este caso los traficantes de drogas, suelen ir 1 o 2 pasos por delante de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Sí, he dicho fuerzas y cuerpos de seguridad, porque aunque normalmente se tira de la coletilla ‘del Estado’, no siempre son las 2 fuerzas estatales, o sea, la Guardia Civil y la Policía Nacional, quienes persiguen, atosigan y detienen a los malos. No obstante, no me quiero olvidar de Vigilancia Aduanera, cuyos miembros también combaten estos delitos, aun sin pertenecer a las fuerzas y cuerpos de seguridad. 

Es por ello que hoy traigo a estas ondas la intervención realizada por la Policía Local de San Roque hace pocas fechas en el citado curso de agua, sin que esta fuerza pertenezca al Estado, sino a una administración local. Me refiero a la ‘narcoembarcación’ intervenida por los funcionarios sanroqueños, junto a la cual fueron decomisados 3.500 litros de gasolina inseguramente almacenados. No es ninguna novedad que los municipales incauten drogas y detengan a quienes mercadean con ellas, como del mismo modo son muy frecuentes los decomisos de lanchas, remolques y vehículos destinados al traslado de todo lo anterior, como es el caso de los 4 todoterrenos de alta gama sustraídos y recuperados la semana pasada, también por agentes de San Roque. Dado que la cabra tira al monte y yo he sido policía local, hoy quiero poner en valor, con estos párrafos, la calidad profesional de quienes fueron mis más íntimos compañeros. Dicho esto, que nadie me llame corporativista, porque anda que no he puesto veces a parir a los míos, a los otros y a los de enfrente.

Por cierto, muy pocos días después de haber ocurrido lo de la gasolina oculta en una casa (menudo peligro), un guardiacivil fue deliberadamente atropellado por un hijo de la gran perra que estaba intentando alijar chocolate por la playa del Rinconcillo, aquí en Algeciras. Nada de accidente, María, un homicidio en grado de tentativa por el que el agente de la Benemérita ha tenido que ser quirúrgicamente intervenido de graves lesiones en una pierna. Aprovecho este espacio para desearle una completa y pronta recuperación.

Óyelo aquí: http://www.ivoox.com/balcon-ernesto-perez-vera-abril-audios-mp3_rf_17949621_1.html

Muchas veces me pregunto si esta condena nos viene impuesta por la caprichosa localización geográfica que ocupamos en el mapamundi o si influyen, también, factores socio-culturales. Creo que se trata del maridaje de las 2 cosas, por lo que me temo que esto no es más que la pescadilla que se muerde la cola; un bucle del que nunca vamos a salir.

miércoles, 5 de abril de 2017

REFLEJO INTERLIMB: ¿somos dueños de nuestros movimientos bajo estrés?

Por Félix Carmona

Existen varios tipos de movimientos en el cuerpo humano. Unos son voluntarios, como el de las manos cuando escribimos. Otros son involuntarios, siendo uno de ellos el del corazón. Y otros más interesantes son los movimientos reflejos. Un ejemplo de ellos se da en la consulta del médico cuando nos golpea por debajo de la rodilla y, a consecuencia de esto, la pierna se mueve, queramos o no queramos (siempre el sistema nervioso no esté pachucho). En general, los movimientos del cuerpo se generan gracias a contracciones musculares. Éstas vienen dadas por una orden directa de nuestro cerebro y son el resultado de una decisión consciente.

Pero los músculos también pueden ser activados por señales llegadas desde otras partes del sistema nervioso. Por lo tanto, el movimiento creado sería una contracción muscular que no es el resultado de una decisión tomada por nosotros mismos, es decir, no es una decisión consciente. Esto suele pasar cuando el cuerpo ha de reaccionar rápidamente ante una situación inesperada o cuando está bajo una fuerte situación de estrés.

Existen situaciones en las que pueden aparecer movimientos de una gran contracción muscular:

1.    La pérdida del equilibrio corporal.

2.    Un sobresalto.

3.    Una contracción simpática (o refleja) entre miembros superiores.

En lo relativo al punto 1, cualquier persona que ha ido tranquilamente por la calle y ha resbalado inesperadamente, ha comenzado a realizar unos movimientos muy rápidos, tanto de piernas como de brazos, para evitar la caída y recuperar el equilibrio perdido para no caer. En el punto 2 sucede algo similar. Cuando oímos un ruido fuerte o nos asustamos por algo inesperado, el cuerpo reacciona de la misma manera. Se contraen los músculos y lo primero que hacemos es subir los hombros y encoger el cuello, como cuando vamos andando a la intemperie un día de lluvia, pero mucho más rápido. También las manos se cierran y los brazos se repliegan hacia el centro del cuerpo, haciendo que éste se aparte de la zona de donde proviene el supuesto peligro. Es como si quisiéramos hacernos más pequeños. Supongo que esto será porque, al agacharnos, el centro de gravedad baja y somos más estables y, de esta manera, podemos controlar mejor nuestra estabilidad.

El tipo de contracciones involuntarias que se producen en estas situaciones son rápidas y hacen que todo el cuerpo se contraiga. Si en ese momento nos estamos moviendo con un arma en la mano, llevando un dedo apoyado sobre el disparador, y nos resbalamos o sufrimos un sobresalto, los dedos de la mano podrían contraerse y producirse un disparo no intencionado.

El punto 3 es el que más nos interesa, pero no hay que perder de vista los anteriores, porque también son importantes. El término “contracción simpática” hace referencia una contracción involuntaria que podría darse en los músculos de un lado del cuerpo, cuando los mismos músculos del otro lado están haciendo una acción intencionada y enérgica. Esto puede pasar en las extremidades simétricas, como son los brazos y, por ende, en las manos o en los dedos. A esto se le conoce como reflejo interlimb. Lo de interlimb es debido a que está implicado en esto el “sistema límbico” del cerebro y la conexión que tienen ambos hemisferios o “limbos” entre sí. Este sistema está formado por varias estructuras cerebrales que permiten conectar sendos hemisferios. Esto hace que el movimiento de un lado pueda realizarse, por reflejo, en el otro lado, ya que este sistema se encarga de regular las respuestas del cuerpo a ciertos estímulos, sobre todo bajo condiciones estresantes.
                                 
¿Pero qué es el reflejo interlimb? Los movimientos que se producen en zonas del cuerpo que son simétricas, como las piernas, los ojos, los brazos o los dedos de las manos, producen un reflejo de movimiento en un lado a consecuencia del movimiento inicial del lado opuesto.

En el caso de los miembros superiores, los cuales son los que más nos interesan de cara al trabajo policial, este tipo de reflejos son contracciones involuntarias de los músculos de los dedos y de la mano del tirador, que pueden comenzar por la compresión de la otra mano, partiendo de la existencia de una situación de estrés muy intensa, como sería la de un enfrentamiento armado. Esto puede hacer que una mano realice el mismo movimiento que la otra sin ningún tipo de intención por parte del tirador, todo lo cual viene provocado por un reflejo. Un ejemplo de ello sería agarrar a un delincuente, abrir una puerta, cerrar el puño para golpear con la mano débil y, a consecuencia de este movimiento, provocar un reflejo que obligase a la mano fuerte a realizar la misma acción y presión.

Por lo tanto, bajo estrés, cuando una mano aprieta, la otra también aprieta; cuando los dedos de una mano se cierran, en la otra mano se cerrarán igualmente (y al contrario). Cuando estamos bajo una gran tensión, estresados, si una mano abre, también abrirá la otra.

Esto sucede porque los hemisferios cerebrales, que son los responsables de todo lo concerniente al aparato locomotor (del movimiento), están conectados entre sí por fibras cerebrales. Es por ello que no podemos aislar tales movimientos. Estos, los referidos movimientos, son difícilmente evitables, lo que podría desembocar en una descarga involuntaria, si mantenemos el dedo índice donde no debería estar. Este tipo de reflejo o contracción simpática, en los miembros superiores, se divide en dos partes:

a)              En la contracción de los dedos de una mano, cuando nuestra intención es mover unos dedos determinados.

b)              La tendencia de una mano (o la de sus dedos) a realizar movimientos similares, a pesar de que nuestra intención es hacerlo con una sola mano o únicamente con los dedos.

Este segundo apartado es el que más encaja en la descripción de reflejo interlimb. Existe más probabilidad de que suceda en condiciones de estrés, si las manos se mantienen muy próximas entre sí. Estas contracciones no son controladas por el cerebro, sino por la meninge, lo que provoca que el componente de “intencionalidad” desaparezca. Lo que hace ésta es liberar una enzima que bloquea algunas funciones cerebrales (bloquea el sistema parasimpático), dejando así que trabaje el sistema simpático del cuerpo. Este sistema forma parte de lo que conocemos como “cerebro primitivo” y no podemos controlarlo. Un caso que se podría dar es que si tenemos un linterna o una carpeta en una mano y en la otra el arma, no podríamos soltar el objeto para poder montar la pistola. Esto me lleva a recomendarle a los compañeros que trabajen con cartucho en la recámara.

Antecedentes y análisis sobre el tema hay unos pocos. Ya en 1991, en el Centro de Entrenamiento del FBI (Quantico, Virginia), se hizo un estudio en el cual se demostró que la mano era capaz de contraerse, de manera repentina e involuntaria, con un máximo de 25 libras de presión (más de 11 kg) a causa de un sobresalto. Presiones parecidas se pueden dar, también, por culpa de un tropiezo o al intentar recuperar el equilibrio.

Existen 2 estudios médicos publicados en el “US National Library of Medicine National Institutes of Health”, que tratan el riesgo de disparos involuntarios con armas de fuego (The Risk of Involuntary Firearms Discharge), realizados con una pistola que tenía instalados sensores para registrar la presión realizada por la mano, amén de la ejercida sobre el disparador. En el primer estudio, 34 policías fueron elegidos, de forma aleatoria, para que reaccionaran ante situaciones predeterminadas, utilizando la pistola preparada al efecto.

El resultado fue que los policías podrían, en ciertas situaciones, no solo tener contacto con el disparador, sino que este contacto podría incluso pasar inadvertido. 7 de los 34 participantes (el 20,6 %) apoyaron el dedo sobre el gatillo en algún momento durante las pruebas, infringiendo así el protocolo de seguridad de mantener el dedo fuera del disparador en todo momento, hasta que se tome una decisión consciente de realizar el disparo.

En el segundo estudio, 25 participantes (12 hombres y 13 mujeres, de entre 21 y 39 años de edad) realizaron 13 tareas que requerían el uso de diferentes extremidades, pero se trataba de movimientos específicos de un solo limb o hemisferio cerebral, mientras sujetaban la pistola que registraba la fuerza sobre ella ejercida. Los resultados que demostró este estudio indicaban que la actividad motora realizada por las extremidades en otros limbs o hemisferios conduce a un aumento significativo en la fuerza de agarre que ejercemos sobre un arma de fuego; y que la presión resultante sobre el disparador, por culpa de las contracciones musculares involuntarias, puede ser suficiente para vencer la presión del disparador de la mayoría de las armas policiales.

Estas pruebas proporcionaron la evidencia científica de que es posible que un policía, bajo un fuerte estrés donde esté en juego su vida, pueda realizar un disparo involuntario o no deseado, por culpa de la presión ejercida con la mano contraria a la que porta el arma. En resumen, durante una contracción muscular involuntaria, a causa del estrés, lo que hace una mano, lo hará la otra (las 2 agarrarán, soltarán, etc.). Por lo tanto, cualquier cosa que hagas con una mano, podrá causar un “reacción simpática” y propiciar el reflejo interlimb (abrir una puerta, agarrar a alguien por la ropa, sujetarte a algún sitio al caer o resbalar, pulsar el botón de la linterna, etc.).

Este es el motivo por el que tienes que entrenar transiciones a la funda antes de “llegar a las manos” con un sospechoso. Lo que nos lleva a pensar que hay que usar una funda que permita introducir fácilmente el arma y que ésta quede retenida. Por supuesto, las típicas fundas de cuero no permiten nada de esto muy bien. Deberíamos decantarnos por fundas de nivel II o III, de polímero.

Una cosa a tener en cuenta son los hechos que narran los policías que han estado en un enfrentamiento armado, los cuales describen que existe un gran deterioro de casi la mayoría de las habilidades más rudimentarias con el arma. Uno de los desafíos es, para los instructores de tiro, que la gente tenga un entrenamiento adecuado para enfrentarse a los efectos del estrés que aparecen en un enfrentamiento armado.

Una fórmula fácil de recordar para que no se produzca un disparo involuntario sería “fuera blanco, fuera gatillo”. Es una frase sencilla y que nos puede ayudar en momentos de estrés con el arma. Por eso hay que tener siempre fuera el dedo del disparador y apoyado en el armazón, no el guardamonte, ya que éste podría resbalar e introducirse dentro, con fatales consecuencias.

Pero está claro que un entrenamiento frecuente de situaciones lo más realistas posibles, es la mejor herramienta que tenemos. Aunque este entrenamiento no bloqueará por completo los efectos del estrés, puede servir para disminuir la pérdida de las habilidades, gracias a haber entrenado respuestas motrices para que éstas nos salgan de manera natural. Nada que no hayamos entrenado con anterioridad nos saldrá por primera vez bajo estrés. Lo que puedas hacer será el resultado de tu entrenamiento. Si tu entrenamiento es bueno, lo que saldrá será bueno, pero si tu entrenamiento es nulo o pasas de formarte, no esperes un milagro.

Y si en tu cuerpo no encuentras la formación adecuada, no vale como excusa. Fórmate por tu cuenta. Si algún día te sucede algo, lo agradecerás. En tu mano está la solución.

viernes, 24 de marzo de 2017

DESDE LEPANTO HASTA LAS CALLES DE TU CIUDAD

Por Ernesto Pérez Vera

Fragmento de En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados (Tecnos 2014), el libro que narra y analiza 22 casos reales de policías españoles que se enfrentaron a la muerte a tiro limpio; a cara de perro. El o tú o yo de 30 servidores públicos, resumido en un puñado de párrafos. Experiencias vitales expuestas a pulmón y corazón abierto. Angustia, sangre, sufrimiento, sudor, cobardía, ansiedad, miedo, desconocimiento, valor, lágrimas, incomprensión y soledad. Supervivencia. La vida misma, a pie de calle: «Aunque realizó los disparos con el arma relativamente cerca de su cuerpo y rostro, no recuerda haber visto los fogonazos en la boca de fuego (era de noche), ni oído sus propias detonaciones. […] Aunque mi pistola tenía instalados unos elementos de puntería de Tritio, para poder ser enfocados y enrasados en la oscuridad, no fui capaz de pensar en ello. No me acordé, cuando se desató el tiroteo. Tampoco recuerdo haber intentado apuntar, me limité a levantar el arma a la altura de la cara y disparar hacia donde veía que estaba aquella gente con sus escopetas. […] Aquello era muy grave. Debimos disparar al aire, lo sé, pero yo ni me acordaba de que llevaba un arma de fuego en la cintura. Me ocurrió algo extraño en el momento álgido, de pronto yo no era una persona... solo era un cerebro que pensaba y deseaba que todo terminase cuanto antes».

Miguel de Cervantes Saavedra, el Manco de Lepanto, aquel que para unos fue infante de marina mientras que para otros solo fue un soldado de tierra que combatió embarcado, ya debía saber algo sobre todo esto cuando en 1605 publicó El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, una de las más universales obras literarias, la más en lengua española. «El miedo que tienes —dijo don Quijote— te hace, Sancho, que ni veas ni oigas a derechas, porque uno de los efectos del miedo es turbar los sentidos, y hacer que las cosas no parezcan lo que son» (extraído del capítulo decimoctavo de la primera parte de la novela).

Y esto debe ser así porque hasta la Neurociencia del siglo XXI avala lo manifestado al rechoncho Sancho Panza, pese a que demasiados instructores y mandos de las fuerzas policiales modernas, anquilosados e iletrados ellos, se emperren en decir lo contrario, viciando peligrosamente los programas de formación del personal armado. Mentiras que alimentan la ignorancia; embustes que matan policías.

lunes, 20 de marzo de 2017

CRÓNICA DE UN TIRO ANUNCIADO

Por Ernesto Pérez Vera

Mira que llevo tiempo diciéndolo, pues nada, ya ha ocurrido: un policía local de La Línea de la Concepción se ha pegado un tiro él solito, por maridar una mala y escasa formación en el manejo de su arma y la funda Automatic Holster, aquella conocida como AH, la que permite alimentar la recámara de las pistolas, aun cuando no se produzca el desenfunde. He despotricado tanto durante tanto tiempo de la AH, que quienes están detrás del prostituido negocio de vender mentiras, me usan como blanco de sus improperios cada vez que se acuerdan de mí. Hasta cierto punto es lógico que me llamen mamón entrometido de los cojones y ‘tocahuevos’, pues no me callo y escupo cada vez que piden mi opinión sobre este asqueroso engendro.

Ahora se ha tratado de una descarga involuntaria, o sea, de un tiro escapado durante una nefasta manipulación del arma. Un accidente. Pero ojo, la pistola requirió de una manipulación porque la fundita automática no cumplió su palabra de otorgar seguridad. Todo lo contrario, el trasto en cuestión mostró su verdadera cara, la cara que algunos instructores ya le conocemos desde hace años. La inseguridad que ofrece este aparato es tal, que llega a cargar las pistolas incluso sin la intervención manual, directa y voluntaria de su portador. Sí, esto es lo que le sucedió al agente antes referido, como por otra parte también a otros usuarios de la susodicha AH, si bien hasta este momento y gracias a Dios no se había derramado sangre.

Y es que el maldito armatoste de marras puede llegar a producir la alimentación simpática de la pistola, a poco que sobre su empuñadura se ejerza algo de presión hacia abajo, incluso cuando se permanezca sentado en el asiento del coche, como es el caso del funcionario linense, que empujó sin querer el arma contra el respaldo del asiento al sentarse. A unos cuantos policías diestros que yo conozco les ha sucedido lo mismo al descender del vehículo y presionar (roce enérgico) la empuñadura contra el volante, en el instante justo de girarse los agentes para bajar del coche por el lado del conductor. Esto es muy pero que muy peligroso, porque los usuarios no siempre se percatan a tiempo de la incidencia. Pero lo peor de todo es que la pistola en estos casos queda dispuesta con los mecanismos de disparo en simple acción (SA) y, por consiguiente, con un cartucho alojado en la recámara. A esto se le llama, sí o sí, siembra de accidentes.

Estas cosas van siendo silenciadas a la par que van sucediendo. Hay intereses en juego, amén de demasiado desinterés. Percances de la misma naturaleza están padeciendo no pocos policías que trabajan con la pistola en condición de tiro de doble acción (DA). Solo que en estos casos, además de ver como las pistolas quedan igualmente mecanizadas en SA, los agentes comprueban, estupefactos, como sale eyectado el cartucho que ellos mismos habían depositado previamente en la recámara. Un despropósito, vamos.

Espero que este excompañero de plantilla se recupere pronto y totalmente de sus dolencias, las cuales consisten en una herida por arma de fuego con orificio de entrada en la parte superior de la rótula (cabeza del cuádriceps) y orificio de salida por el gemelo del mismo miembro; siendo la trayectoria trazada por el proyectil claramente descendente. Supongo que damnificado le exigirá explicaciones y responsabilidades al jefe del cuerpo que en su momento firmó la adquisición de la ‘truñomátic’ esta. También tendrá algo que decir al respecto el fabricante y diseñador del producto, quien a buen seguro negará la mayor.

Lo positivo es, si acaso existe algo bueno en todo esto, que la bala que atravesó la pierna no hirió a ninguno de los presentes en la escena, pese a que rebotó en el suelo tras abandonar la extremidad (sobrepenetración), siendo finalmente recuperada incrustada en la pared de la estancia policial en la que se produjo el incidente. El cartucho en cuestión montaba una punta blindada, pero igualmente se hubiese producido el exceso de penetración, así como el rebote, de haber montado un proyectil semiblindado o de plomo.

Pero créanme, esto todavía no ha acabado: los accidentes siguen sobrevolando a baja cota, al acecho del próximo sobresalto. A ver qué pasa cuando un usuario de AH se vea atrapado por el distrés emocional propio de la metamorfosis psicofisiológica que apadrinan los eventos que sugieren riesgos vitales. Hablo de esas situaciones, siempre muy rápidas y violentísimas, que se producen de modo súbito e inesperado cuando alguien quiere quitar de en medio a alguien. Ya veremos, porque esta funda es completamente antagónica a la propia naturaleza de la supervivencia.

Por cierto, algunas personas aducen a favor de este bodrio que la extracción de la pistola es la más rápida del mundo, incluso cuando para sacarla alimentada haya que realizar extraños y antinaturales movimientos manuales. Pero es falso, no se lo crean, es una milonga muy gorda, perfectamente diseñada para embaucar a quienes no saben nada o solamente saben lo justo (demasiados). Quienes manifiestan semejante bobada sostienen que el desenfunde se ejecuta con mayor celeridad y seguridad que si se lleva a cabo con otra funda moderna, hasta si el arma se saca ya presta para disparar en DA. Solamente los ignorantes pueden aseverar esto, a no ser que para cronometrar la comparativa se le entregue la AH a una persona expresamente entrenada y la otra pistolera se le endiñe a un mandril manco con párkinson.   

 En diciembre de 2015 me pronuncié sobre lo mismo, en estos términos:

CUANDO EL RÍO SUENA...

CUANDO EL RÍO SUENA...

(A partir del minuto 44)

CUANDO EL RÍO SUENA, el programa que dirige Joaquín Ferrá en Radio Copla Cultural. A partir del minuto 44 vadeo las corrientes del río de las ondas y, como era de esperar, lo hago mojándome todo lo que hace falta, hablando de todo lo que me preguntan. ¿Se puede vadear un curso de agua dando mandobles a izquierda y a derecha? Se puede. Entra en este enlace y oye desde el minuto 44: http://www.ivoox.com/cuando-rio-suena-programa-5-audios-mp3_rf_17611255_1.html?v=3&utm_expid=113438436-34.-j5ptGSdQpiNZ-ev9csBdw.3&utm_referrer=http%3A%2F%2Fm.facebook.com%2F 

EL ORZOWEI DE LA COSTA DEL SOL

Por Ernesto Pérez Vera

El padre cree, como padre que es, que los malos son los policías. Seguramente sea normal creer que tu hijo enfermo tiene derecho a matar policías, por estar enfermo, y que los policías tienen la obligación de dejarse matar por los enfermos. Qué duro debe ser para un padre vivir con un hijo así de enfermo. Y que duro debe ser para un padre tener un hijo policía al que algunos creen poder matar, con la ley en la mano, si el que mata es un enfermo.


Y sobre que los agentes dispararon hacia el pataje y no dieron en él, me lo creo. En cualquier caso, esto es comprobable con un detector de metales en la escena de los disparos: si efectivamente se tiró a la piernas, en el barro habrá (todo ocurre en el campo) proyectiles que describan trayectorias descendentes compatibles con las posiciones ocupadas por los actores en el propio escenario. De todos modos, los disparos dirigidos a las mal llamadas "zonas no vitales" no son de cumplimiento si el peligro es grave e inminente, sea el homicida un enfermo mental o un hijo de puta mentalmente sano.

No quiero parecer insensible, pero esos protocolos de los que hablan estarán hechos por los que trabajan sobre la moqueta y solo los conocerán ellos. En cualquier caso, hay un protocolo natural y legal que permite, impulsa y obliga a sobrevivir, te esté intentando matar quien sea, con lo que sea.

POLICÍAS Y POLÍTICOS

Por Fernando Pérez Pacho

Ayer hablaba con un amigo policía local que se encuentra de baja. Es un  policía de raza,  de esos que adoran su trabajo y que siempre están dispuestos a echar una mano. Le conozco desde hace tiempo y he podido seguir su trayectoria. Como otros muchos policías implicados, ello le ha valido no pocos encontronazos con los responsables políticos. Tampoco es una novedad para nadie que este tipo de situaciones suelen acabar  como lo hacen; con el policía reprendido, desmotivado y comiéndose la cabeza.

Los cuerpos de Policía Local suelen encontrarse bajo el mando de responsables políticos que saben más bien poco o nada de lo que hace un policía, algo que suele tener consecuencias bastante  negativas en la gestión del trabajo policial.  Este desconocimiento puede ser tan básico que termina fomentando situaciones rocambolescas. Todo sabemos que poner una multa, por ejemplo puede ser, o algo muy sencillo o terminar como el rosario de la aurora, con el ciudadano esposado y en comisaría. El alcalde o concejal de turno, desconocedor de lo complicadas que llegan a ser en ocasiones las interacciones con los ciudadanos, puede pensar que está en un restaurante y que el cliente (ciudadano) siempre tiene razón. Conclusión: como apuntaba antes, puede que el reprendido sea el agente y no el ciudadano, que ve feliz cómo su multa descansa en la carpeta del olvido. Casi todos los ejemplos que podría citar aquí tienen un final similar: un policía cuestionado, ninguneado y, en el peor de los casos, expedientado por cumplir con su obligación.

La ignorancia política sobre el trabajo policial puede tener consecuencias muy peligrosas. Un caso paradigmático lo encontramos  en todo lo que se refiere al porte y empleo del arma reglamentaria. Muchos responsables políticos parecen venir  de serie con una carga genética que les hace horrorizarse, no solo ante el hecho de que los agentes porten armas de fuego, sino ante la posibilidad remota de que puedan hacer uso de las mismas durante su trabajo.   ¿Razones para esta actitud? Que aquí no pasa nunca nada, que esas cosas sólo pasan en las grandes ciudades, que no es un buen ejemplo para los niños y la ciudadanía, que puede haber accidentes…

Por desgracia, todos los datos de que disponemos en la actualidad, nos dicen que el peligro de amenaza a la integridad física del policía  puede presentarse en cualquier lugar. También nos dice que es poco probable que el policía emplee su arma  a lo largo de su carrera profesional, pero que si la necesita y no la tiene, o vive bajo el temor  de ser sancionado por un uso inadecuado de la misma, esto le puede costar la vida. Pero no. Es mejor permanecer en la ignorancia, fomentando conductas de “buenismo” social y dando la espalda a lo que ocurre realmente en nuestras calles.

Estos mismos responsables políticos, ignorantes de que un policía local, en este caso, debe ser un policía preparado, motivado y efectivo, se preocupan más del ciudadano que monta un pollo por una multa que no de la ilegalidad cometida o de la adecuada intervención del agente. Estas actitudes políticas tienen un gran peso en la desmotivación del agente. Pero esto parece no importarle a nadie.

Cuando escucho las declaraciones de algunos políticos en relación al  trabajo policial, no puedo por menos que enrojecer  de vergüenza ajena. Sale muy barato cargar contra el colectivo policial. Les pedimos que mantengan la seguridad, pero  a base de carantoñas y con el mínimo empleo de la fuerza, más preocupados por la imagen pública que de la seguridad en las calles. Las ciencias policiales, la psicología aplicada al trabajo policial, los estudios sobre fisiología aplicados a la intervención policial, etc., nos están ofreciendo mucha y muy importante información. Demasiado importante como para ser ignorada y olvidada en un cajón. Un concejal de Gobernación, de Policía, de Seguridad Ciudadana, o como se llame en ese Ayuntamiento en concreto, ¿no debería tener la obligación de adquirir  unos mínimos conocimientos al respecto? Al menos, los mínimos para no decir payasadas y jugar con cosas de mayores.

Llevo casi 30 años atendiendo psicológicamente a policías de distintos cuerpos, además de estudiar y profundizar sobre los factores emocionales y psicológicos implicados en el “ser policía”. Después de este tiempo, me ofende que todavía  se estén cuestionando determinadas cosas, como que se vea el arma reglamentaria como algo innecesario, que no se preste a la formación la importancia que tiene, que muchos mandos sean escogidos por la afinidad con quien gobierna y no por sus habilidades de gestión y liderazgo, que la profesionalidad del policía se ponga en entredicho cuando su actuación pueda soliviantar a ciudadanos votantes o que nadie se preocupe del desgaste emocional y personal que implica el trabajo policial. Y hay más.

Cuando un responsable político está cuestionando la necesidad del porte del arma reglamentaria, sólo cabe llamarle ignorante e ideólogo  de tres al cuarto. Nuestros policías mueren  en pueblos pequeños y en ciudades grandes a manos de indeseables a los que les da igual ideologías y derechos. Aplauden cuando ven a un agente indefenso, o más preocupado por las consecuencias legales de abrir fuego con su arma que del daño que pueda sufrir su propia vida. El mundo al revés.

La realidad es que, para muchos Ayuntamientos, sus policías son más una molestia que otra cosa. Profesionales a los que no se visualiza muchas veces como “auténticos” policías, sino como funcionarios auxiliares a quienes hay que atar corto para que no solivianten al personal. No hay interés en dignificar la profesión, sino en mantenerla en modo subsistencia. Luego, de vez en cuando, pasa algo y… todos nos echamos las manos a la cabeza.

viernes, 17 de marzo de 2017

LA SOMBRA DE LA VERDAD ES ALARGADA

Por Ernesto Pérez Vera

Nadie está en posesión de la verdad. Yo, desde luego, no la llevo en un bolsillo. Pero quienes se visten por los pies tienen que intentar conocer la realidad de lo que hablan (o escriben). Y ahí sí que está este humilde servidor tratando de despiojar las mentiras, en aras de llegar al punto más cercano al núcleo de la verdad. No es una tarea fácil porque demasiados se han dejado fecundar, infectándose de liendres.   

No sé cuántas veces he expresado ya mi convicción, total y absoluta, de que en España las personas pueden defenderse cuando se ven próximas a sufrir lesiones. Ni qué decir tiene que si tales lesiones pueden llegar a ser incompatibles con la vida, existe más razón legal, aún, para ejecutar una acción defensiva. Es más, defiendo el derecho a la defensa cuando la agresión no se ha materializado todavía, pero se intuye inminente. ¡Ah! Quiero recalcar, sobre todo para los puristas que a diario balbucean que ni siquiera los policías pueden hacer uso de sus armas de fuego para salvar el pellejo, que todo tiene un límite y que ante una bofetada o ante un “¡ahora te vas a enterar, que tengo una escopeta en la casa de mi abuela!”, no cabe pegarle un tiro a nadie.

Dicho todo lo anterior, no soy el más listo de la clase, lo cual no pocas veces también he manifestado en público. Pero resulta que cada punto gruesamente antes referido está avalado por la jurisprudencia, digan los sembradores de falacias lo que digan cada vez que abonan con su aliento halitósico las seseras de sus compañeros o subordinados. Anda que no abundan los analfabetos de lo policial en el seno de todas las fuerzas de seguridad. Decir que hay muchísimos es quedarse corto y pecar de generoso. Algunos soplamos en dirección a puerto seguro, tratando de que nuestros congéneres sepan qué pueden y deben hacer para no solo salvarse ellos, o al menos intentarlo, sino para que igualmente puedan hacer lo propio con terceras personas, ya se trate de civiles o de otros policías. Pero nada, hijo, algunos malnacidos inundan las mentes de quienes los rodean con absurdas mentiras sobre remar en galeras, en caso de ejercer la defensa.

Estos días está dando vueltas por ahí la sentencia 1053/2002 del Tribunal Supremo (TS), la cual no es mala del todo para los miembros de la comunidad uniformada y armada, dado que absuelve a un policía nacional que disparó con su pistola en una pierna a quien lo acometió con un cuchillo al grito de “¡te voy a matar!”. El agente, por suerte, no resultó herido. Así las cosas, el TS considera en dicha resolución que la porra, la más técnicamente llamada defensa, no era un medio adecuado para defenderse de quien, a corta distancia, estaba a punto de lograr aquello con lo que amenazaba. Pero hay quien en las filas policiales se queda con este detalle, literalmente extraído de la sentencia, grabado a fuego en la psique: “Debe tenerse en cuenta que la aplicación de la eximente completa se realiza porque el disparo se hizo sobre una zona no vital ya que, si se hubiera hecho contra una zona vital, como la cabeza, el pecho o el abdomen por ejemplo, nos encontraríamos ante un caso de eximente incompleta de legítima defensa”.

Después de leer la advertencia del tribunal, podría resultar muy ‘shungo’ no darle en un miembro al Homo sapiens que te quiere eliminar con un cuchillo. Pero volviendo al caso concreto, ¿podría haberse disparado al torso, con amparo legal, si tras darle en una pierna al sujeto éste hubiese persistido en sus intenciones? Mi respuesta es que sí, solo que en la sentencia no se conjetura tal extremo, ya que el agresor cesó su avance homicida al recibir un tiro en un muslo (fractura de fémur). Por cierto, el susodicho dictamen es de la era 2000, pero los hechos datan de 1993. Hoy los policías sabemos una pizca más sobre la dinámica de los enfrentamientos armados; una pizca más, solo una pizca más. Pero también sus señorías los de las togas negras están un pelín más al loro sobre todas estas circunstancias; un pelín más, solo un pelín más. Aun así, existen sentencias del Supremo fechadas en las décadas de los años setenta, ochenta y noventa que defienden magistralmente la eximente completa, frente a eventos idénticos al aquí analizado.

Sigo. ¿Y si el policía hubiese dirigido desde el principio su tiro al torso y no al tren inferior, qué hubiera sucedido judicialmente? Todavía no me ha llegado la bola de cristal, por lo que carezco de una respuesta firme. No sé qué hubiese sucedido en 1993 ante tal eventualidad. Tampoco en 2002. Pero sí sé cómo se ha pronunciado innumerables veces el TS respecto a situaciones calcadas a estas. Hay resoluciones en este orden para dar, tomar y regalar, tanto emanadas del Alto Tribunal en el siglo XXI como en el anterior. Hay tela de jurisprudencia a la que acudir para nutrirse, aunque los legañosos de siempre no quieran abrir los ojos mientras entonan aquello de ‘cartucho que no te escucho’.

Ya bajara del Cielo el mismísimo San Pedro y se hiciese acompañar por el presidente del Consejo General del Poder Judicial, los tuercebotas de toda la vida se negarían a creer que tienen derecho a defenderse con sus armadas privadas o de dotación, aunque San Pedro y el jurista lo juraran por Dios. Los hay tarugos, muy tarugos; pero también los hay muy hijos de puta, mucho. A veces no sé si se trata de cobardía inducida o de esa patología denominada síndrome del canguelo calado hasta los huesos. En ocasiones tiendo a pensar que es cosa de la vagancia y del descreimiento. Del pasotismo en su máxima expresión. Pero otras veces no puedo dejar de pensar que se trata de una fea amalgama de todo ello, amén del predominio y vuelo a baja cota de ciertos niveles de atrofiamiento intelectual. ¡Por qué me meteré yo en estos berenjenales! Que cada cual haga con su vida y su pellejo lo que le dé la gana, lo que sepa o lo que pueda. Si no te quieres defender o no sabes aun cuando te hayan enseñado, allá tú.

A la mente me viene con frecuencia, en mis habituales disertaciones, la absolución del policía autonómico catalán que en mayo de 2010 fue exonerado de la muerte que causó tres años antes, cuando disparó seis u ocho veces contra quien puso en riesgo la vida del propio agente y la de otras personas, acometiéndolos a todos ellos con un pico de cavar. Las balas dieron, según consta en el pronunciamiento judicial definitivo, en el abdomen, en el tórax y en las extremidades. Y ojito, que en este caso no fue el Supremo quien absolvió, sino la primera instancia juzgadora, la Audiencia Provincial, la de Barcelona en concreto. Aquí, una vez más, la propia Fiscalía no acusaba: pedía primero el archivo de la causa y luego, en la sala de vistas, la libre absolución del funcionario. ¿Por qué se llegó entonces a juicio? Muy sencillo, mamarrachos ajenos al rigor y a la verdad, porque esto es España, donde se puede ejercer la acusación particular, un derecho al que se acogió la familia del finado. Y si hay acusación, se tira hacia adelante. Es la ley. Vivimos en un estado democrático de derecho, con todas sus virtudes y con todos sus defectos. En Somalia, seguramente, nadie exigiría explicaciones por incidentes de esta naturaleza. 

La resolución 1053/2002 también recoge, como otras tantísimas más, por no decir todas, que “en estos supuestos de legítima defensa no es necesario que haya homogeneidad entre el medio utilizado para defenderse en relación a aquel que usó el agresor en su ataque. Se permite usar el que se tenga a la propia disposición, aunque sea más vulnerante”. Pero les digo yo, ya, que pasado mañana aparecerá el baboso de turno diciendo que ante un garrotazo con capacidad para hundir un cráneo, es legalmente inviable quemar pólvora. Y como suelo decir: cuando tienes que defender tu vida, qué más da con qué te la quieran quitar, si lo que hay que evitar es que te la quiten ya sea a trompazos, con un vaso de cristal, con un tiro o con un planchazo en toda la jeta. Ahora bien, si algunos tienen más miedo a defenderse que a morirse, allá ellos y sus parentelas. Que cada perro se lama su cipote, que ya somos mayorcitos. Lo triste y más lamentable de todo esto es que quienes tienen claro que no se defenderían ante determinados ataques, tampoco van a defender a sus compañeros. Así que ya sabéis, amigos míos que pateáis las calles, mirad bien con quién salís hoy de servicio, porque os pueden dejar tirados como a un sarnoso.

domingo, 12 de marzo de 2017

NO A LA INFAMIA: NO A LA FUNDA AH

Por Ernesto Pérez Vera

La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio (Cicerón).

Hasta la fecha, creo no haber escrito nunca en abierto el nombre de la marca de fundas de pistola Automatic Holster (AH), aquella que permite alimentar la recámara del arma presionando la empuñadura hacia abajo o hacia adentro de su ubicación, mientras la pistola se encuentra aún enfundada. Me refiero a la fundita que se está suministrando a muchos agentes de la autoridad, amparándose en la falsa y peligrosa publicidad de que es más seguro, rápido y eficaz trabajar con la recámara vacía que alimentada, máxime si la carga se hace con esta funda que ya permite extraer el hierro en simple acción (caso de tratarse de armas de acción mixta, como las Beretta y HK que emplean los cuerpos estatales españoles). Todo un riesgo de descarga involuntaria, cuando se está inmerso en una situación altamente estresante.

Tampoco he nombrado jamás al policía que está detrás del legañoso negocio que supone promover la enseñanza de arcaicas teorías de tiro. Pero sí es verdad que sin mentar públicamente por escrito ni a la cosa ni a la persona, he rajado tela de ambos. Muchísimo. Porque miren una cosa, yo no vivo de mercadería alguna. Esto es algo que solamente saben con certeza los que me conocen bien, amén de aquellos fabricantes, de por ejemplo pistoleras, que me remiten productos para evaluarlos sin contraprestación económica alguna. Productores de fundas que, como recientemente ha ocurrido, han recibido críticas mías buenas y no tan buenas, así como sugerencias para  mejorar sus artículos de consumo final.

Y verán, amigos, siempre he tenido algo muy clarito desde que me dio por escribir sobre estos temas: mi compromiso está con la seguridad y con la eficacia de los productos que gastan los que fueron mis compañeros de trabajo, los policías y demás profesionales de placa y porra. Mentir sobre las capacidades y propiedades de un proyectil, de un chaleco de protección balística, de un arma o de una funda, para ganar dinero, no ha estado nunca dentro de mis planes. Todo lo contrario: me he negado a ello y por tal motivo he visto pasar de largo los billetes, más de una vez. A quienes han solicitado mi asesoramiento sobre qué modelo de proyectil considero más oportuno adquirir para sus plantillas, siempre les he dado varias opciones procedentes de marcas y distribuidores diferentes. ¡Que levante la mano quien haya sido viciado por mí en estos asuntos!

Sobre la susodicha funda hay mucho que decir, pero pienso que poco o nada es bueno. Todo lo que no sea entrenar y mentalizar a los policías para que no teman llevar sus armas prestas para el disparo súbito, es una aberración. Un paso atrás, que suma en negativo. Un sucio atentado contra el compromiso. Una manifiesta y delatora falta de interés por avanzar. Hay que evolucionar en aras de que nuestros agentes sepan y puedan desenfundar con una mano, con premura y, sobre todo y principalmente, sin tener que realizar movimientos antinaturales y antagónicos a nuestra propia neuro-psico-fisiología y biomecánica. Esto es, ni más ni menos, todo lo contrario de lo que pretenden los promotores de la referida pistolera automática. Ellos, como bien se encargan de decir pública y privadamente siempre que tienen ocasión, quieren que los agentes atacados sorpresivamente a distancias cortas, como por otra parte suelen darse la infinita mayoría de las agresiones con armas blancas y de fuego, realicen una serie de maniobras totalmente alejadas del acervo del sentido común de la naturaleza humana.

A lo largo del ancestral periodo evolutivo que nuestra especie ha ido experimentando, nos hemos autoincorporado hábitos en todas las ramas de la supervivencia, que no por casualidad es nuestra función básica y primaria. Sumamos, para bien, a tenor del sistema de aprendizaje acierto-error. Este milenario bagaje, aunque algunos no lo quieran ver, ha ido creando en nuestra psique animal la idea de que cuando las cosas se complican ante un rival que nos quiere llevar por delante, lo mejor es emplear medios defensivos simples y sencillos. Esto debería ser tan fácil de comprender que solo un primate básico con pelusa por cerebro se negaría a reconocerlo.

Cagarse por las patas abajo ante la muerte no permite, por lo general, la realización de demasiadas tareas mentales y físicas, por lo que la razón busca maniobras procedimentalmente sencillas, si es que la razón no se ha esfumado frente a la parca (deterioro de la capacidad cognitiva). Porque ante vicisitudes de esta magnitud, lo simple y sencillo es lo que más rápidamente puede gestionarse, con eficacia, tanto manual como mentalmente. Cuando la complicación se asome inesperadamente por la esquina, simplifica tu respuesta.

Llevamos nada más que sobre 500 años quemando pólvora y tirando plomo. Tal vez una pizca más. Pero se trata, en cualquier caso, de un tiempo insignificante dentro de nuestro amplísimo periodo de miles de millones de años de existencia y desarrollo. Aun así, cuando hace millones de años llevábamos una bolsa de pellejo colgada del hombro con un cuchillo en su interior, la lógica nos dictaba que para sacarlo solamente había que tirar de él hacia arriba, tras abrir la prehistórica mochila. Y así ha sido, a través del paso de los siglos y milenios, hasta que aparecieron las pistolas y los revólveres depositados en bolsas pendidas de la cintura (fundas pistoleras). Pero no, ahora resulta que hay quien defiende la realización de maniobras completamente contrarias, o sea, la ejecución de procesos mentales absurdos y confrontados al sentido común: empujar el cuchillo hacia el fondo de la bolsa, perdiendo así un tiempo valiosísimo, para luego extraerlo hacia arriba si es que todavía late el corazón. Va a ser que no es la mejor forma de ayudar a la gente en apuros. Qué falta de seriedad y vergüenza.

El colmo de los colmos ha sido descubrir que ante una encuesta realizada por una importante página web española especializada en armas y tiro, quienes están detrás de este tráfico de inseguridad han pedido a todos sus amigos, parientes, vecinos y repartidores de piza de cabecera, que digan en el sondeo que son convencidos usuarios de la funda AH, aunque no sea verdad. Unos han votado envenenadamente por carecer de pudor; otros por amistad; algunos porque todo le importa un carajo; y muchos lo han hecho por tener la voluntad hipotecada, a cambio de un descuento o de una camiseta con el logo de la marca. Cuánto miserable anda suelto por ahí, Dios mío. Y es que hay fabricantes que se limpian el culo con el rigor. Pretenden, o pretendían porque la marca ha sido expulsada de la encuesta, ganar ranquin mediante el sabotaje y el soborno emocional y pesetero. Hay pruebas irrefutables de ello, no les quepa duda.

Ante mis continuas críticas, siempre razonadas y basadas en lo que acreditan las ciencias empírica y humana, mucho han tardado en usar mi nombre como blanco de sus improperios y como objetivo a destruir, inventando historias altamente ofensivas, cuando no también delictivas. Los señores que se esconden detrás la cortina están siendo traicionados por alguien cercano, puesto que todo lo que exponen a estos respectos en grupos privados de wasap…, acaba llegando a infinidad de personas ajenas a tan enfangados y oscuros círculos. Es así como he comprobado que me llaman, por ejemplo, “tocahuevos”, que por cierto es exactamente lo mismo que cientos de guarros decían de mí cuando les incautaba drogas y otros efectos ilegales, en La Línea de la Concepción.

Entre los que ladran hay quien espeta que yo, Ernesto Pérez Vera, soy un inútil que siempre ha estado escondido en la Policía (palabras literales). ¡Eureka! Manda cojones que quienes jamás me han visto la cara digan lo contrario que quienes han estado con un servidor patrullando la puta calle y pegando tiros desde los 14 años de edad. Ahora bien, si cierto es que he detenido a muchos cientos de personas por los más variados tipos penales, muchas veces mediando violencia de por medio y decomisado ingentes cantidades de cocaína, heroína, hachís, tabaco de contrabando, etcétera, también es verdad que soy un lerdo en otras muchas facetas. Qué quieren que les diga, lo admito, no se me da nada bien el bricolaje: ayer mismo se me resistió activamente un cuelga fácil, cuando trataba de colgar un cuadro.

Tampoco llevo bien eso de hacerme amigo de la gentuza que practica cosas execrables y que repudio. Nunca lo he hecho. Y mentir por dinero, aunque no me ingresasen la nómina de funcionario a primero de mes, por quiebra de la Administración, no me hizo en su momento cambiar de forma de pensar. ¡Oye, tú!, léelo bien: yo también he soportado durísimos impagos consistoriales, así que no te parapetes tras esa sucia escusa para ganar dinero deshonesto. 

Pero ojo, piratas a los que dirijo estos párrafos, tratar de menospreciar el libro escrito por el psicólogo Fernando Pérez Pacho y por mí, editado por el Grupo Anaya (editorial Tecnos), puede saliros muy caro. Podría resultar el entierro comercial prematuro de más de uno de vosotros, embusteros. Hablar por ahí de copia-pega, en un ensayo literario en el que 30 policías españoles derramaron sus vidas y las de otras personas, puede acarrearos serios problemas con los dolidos protagonistas. Como del mismo modo suena a enfermizo delirio de tontito con papeles o de gatito rabioso panza arriba, manifestar que lo que sufrió el protagonista del capítulo 12 fue un mero revolcón, como los que todos los policías han sufrido alguna vez (literal). Mucho ojo, patosos de mierda, mucho ojo. Por suerte no todos los policías se han comido 5 o 6 intervenciones quirúrgicas por lo que tan a la ligera llamáis revolcón. Por otra parte, tampoco sale gratis pegarle 2 tiros a bocajarro a un hijoputa, como tuvo que hacer el policía al que maldecís, que soy yo. Con esto también os habéis retratado, cerdos.  

La cabra tira para el monte y los puercos para la pocilga.
        
Atención, aquel hijoputa del capítulo decimosegundo quiso matar a un policía (a un servidor), cumpliendo perfectamente su asumido rol de malo. Pero otros podéis estar poniendo en el precipicio a vuestros propios compañeros, al venderles ideas fantasiosas, solamente experimentadas en video juegos y en actividades deportivas. No todos los instructores saben instruir, algunos solo saben destruir, como con evidencias estoy comprobando. El todo por la pasta no va con todo el mundo, afiliados al despropósito.

A ver en qué plantilla se produce el primer accidente con sangre, por obra y desgracia de esta endiablada funda, porque incidencias menos lamentables se cuentan ya por cientos.