LA REALIDAD DEL ENTRENAMIENTO DEL TIRO POLICIAL EN ESPAÑA

Por: Ernesto Pérez Vera 


Este es un tema del que cada día se habla más en los círculos profesionales. La necesidad de mejorar los sistemas de entrenamiento, y la filosofía de los mismos, es algo que urge en la mayor parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (F.Y.C.S.) de nuestro país. Esto ocurre incluso en unidades a las que se les supone una formación casi exquisita. Pero por más que se hable del tema, nadie termina de meter mano en el asunto a nivel oficial.

Desde la Asociación Española de Instructores de Tiro Policial (A.E.I.T.P.) se está luchando para que se sienten bases serias y eficaces, es más, desde la A.E.I.T.P. ya se están sentando criterios eficaces en los cuales muchos Cuerpos de Policía Local se están basando para la correcta instrucción de sus plantillas. También se pretende desde esa asociación unificar criterios y modernizar las técnicas y tácticas. El objetivo final es hacer de los agentes, personas más seguras y eficaces en el empleo de sus armas. Pero para ello antes hay que reciclar, seguramente, a muchos instructores.

Pero no es suficiente. Que unas cuantas plantillas de policía tengan una ordenada y correcta filosofía del entrenamiento y que otras muchas plantillas de las F.Y.C.S. del país aún sigan con arcaicas instrucciones de tiro, con posiciones o técnicas de tiro imposibles de realizar en situación real de enfrentamiento, y que solamente son asimilables y eficaces en la galería de tiro y a distancias que no se aproximan a las de los enfrentamientos reales, no es serio ni eficaz. Hay casos peores: cuerpos carentes de todo tipo de entrenamiento. Existen, créanlo… existen.

Hay que desterrar viejos miedos, mitos y leyendas que rodean a la inmensa mayoría de instructores de tiro policial de este país. Esos mitos y leyendas urbanas se transmiten de promoción en promoción, de maestro a alumno, y se vienen dando como hechos ciertos por la única razón de que “fulano de tal” así lo manifestó en un curso o ejercicio de tiro La verdad es que casi siempre el “fulano de tal” que dijo aquello, no era más que otro al que habían engañado durante años. Al final se constata que ninguno intentó comprobar “si eso o aquello” que le contaron era cierto o falso.

En otras ocasiones los mitos y leyendas urbanas llegan de la mano de compañeros que por el hecho de haber estado algún tiempo en una determinada unidad, y manifestar tal o cual cosa, ya son esas manifestaciones tomadas como “dogmas de fe”.


Técnicas y posiciones de tiro

Un entrenamiento moderno, serio y eficaz debe desterrar la enseñanza de muchas posiciones o técnicas de tiro, las cuales no guardan, las unas con las otras, la más mínima similitud de asimilación. Esto provoca que el alumno-agente tenga que aprender varios nombres de técnicas, distintas formas de empuñar el arma, de colocar los pies, las manos, los codos, los hombros, etc. Eso NO funciona en los peores momentos…

Es en la galería de tiro, sin tiempo límite de ejecución del ejercicio, sin presión y sin estrés, y los alumnos no siempre consiguen adoptar correctamente la posición ordenada. Pero cuando están comprendiendo el modo de colocar el pie, la mano, el codo, la otra mano… les ordenan que sigan tirando con la técnica “x”, cuyo método o dinámica es totalmente diferente a la anterior. Eso no lleva más que a que cuando el tirador se vea en situación de estrés en un enfrentamiento real, haga algo distinto a todo lo que aprendió. Hará algo natural, algo que sólo su afán de sobrevivir le indicará cómo y qué hacer. Pero eso en algunos casos, pues en la mayoría de las ocasiones seguramente no podrá reaccionar de ningún modo efectivo: se produce con frecuencia un bloqueo mental.

Para evitar tanta confusión de nombres, de formas de poner el codo izquierdo, codo derecho, pie derecho, pie izquierdo, etc., etc., hay que abogar por técnicas sencillas, por técnicas que se adapten a situaciones diferentes y que sean, además, de natural adopción y de fácil y natural transición de una a otra —según la distancia del agresor, entorno, etcétera—.

Así pues, y por ejemplo, la posición Isósceles Moderna guarda una casi total “morfología” y filosofía de uso con la técnica Jordan, siendo sumamente fácil pasar de una técnica a otra, según la distancia del sujeto agresor. Estas modalidades permiten, de modo natural, el uso del arma con una sola mano, ya que ambas técnicas son simétricas, y llegado el caso de tener que dejar el arma en una mano y usar la débil para empujar, golpear, apartar —o lo que se presente—, el arma quedaría bien situada frente a la cara del agente o centrada a la altura del pecho o abdomen del mismo. Los disparos irían, de este modo, a zonas importantes del cuerpo del agresor.

No olvidemos que el ser humano ataca y se defiende de modo natural cuando está ante un agresor, buscando quedar en paralelo y “frente a frente” con el adversario. Lo expuesto anteriormente es norma general, pero evidentemente existen situaciones en las que un ataque o defensa precisan hacer fuego, a veces, en condiciones imposibles de imaginar en los entrenamientos.


Recargas

También sobre las técnicas de recarga se han escrito y desarrollado muchas modalidades o formas de ejecutarlas, pero en mi opinión hay que ir a lo más sencillo y natural. Hay que ir a lo que en situaciones de máximo estrés pueda salir con más facilidad, incluso cuando el agente esté entrenado de modo básico.

Siempre se dice que durante la recarga no hay que desviar o apartar la vista y atención de la zona de riesgo, de la zona donde está el agresor… y es cierto. Sería un contrasentido tener localizado el punto en que está el “malo” y cuando realizamos la recarga del arma, miramos el arma y perdemos la atención de la zona de riesgo durante unos segundos… Esos segundos pueden ser bastantes para que el adversario cambie de posición. Podría ser él quien ahora nos estuviera apuntando desde una posición de superioridad. Por ello desaconsejo recargas a la altura del cinto, aunque algunos defiendan la teoría de que así nuestros ojos tienen más campo de visión al tener las manos fuera del la zona de nuestra cara. Pero la realidad es que al final, y por el estrés del momento, no encontraremos el brocal del cargador sin dirigir una “miradita” hacia abajo. En el campo de tiro todo sale bien sin mirar, pero cuando de verdad te están disparando o vas a tener que disparar a una persona… no sale casi nada.

Por ello es aconsejable realizar el cambio de cargador de modo que no tengamos la necesidad de desviar la atención de nuestro agresor o zona de riesgo, porque por muy rápidos y eficaces que seamos en las recargas durante los entrenamientos en “seco”, o en la galería, cuando estamos en un enfrentamiento real se pierde toda capacidad cognitiva y habilidad dactilar. Nos desconcentraremos y acabaremos mirando el arma y el cargador.

Para evitar esto, es aconsejable hacer la recarga elevando el arma a la altura de la cara. Así podremos seguir mirando la zona de riesgo mientras recargamos y vemos como con la mano débil estamos manipulando el cargador para introducirlo en el arma. De ese modo tenemos control visual de la recarga y de la zona en la que está nuestra amenaza.


Filosofía del entrenamiento

También me muestro contrario a la instrucción basada únicamente en recorridos de tiro, es más, creo que la mayor parte de recorridos que se “montan” en las galerías policiales son contrarios a la verdadera fisiología y filosofía del enfrentamiento, siendo demasiadas veces similares a los recorridos de tiro deportivo.

En ocasiones uno encuentra cuerpos o unidades que tienen presupuestos como para realizar ejercicios de tiro con mucha frecuencia a lo largo del año, es poco frecuente verlo pero a veces ocurre. Lo triste es que después se descubre que acuden a tirar seis veces al año, cincuenta cartuchos por sesión, lo cual está muy bien, pero usan técnicas y filosofías de tiro policial anticuadas, deportivas y no reales. Pero bueno, al menos esos agentes practican y eso ya es mucho en un país como España, donde esta materia está muy abandonada, marginada e incluso desprestigiados los que dentro de las F.Y.C.S. defienden la formación continua y moderna en tiro táctico y policial.

Quizá lo que más me llama la atención cuando conozco y analizo los programas de entrenamiento de uno u otro cuerpo policial, es la nula atención que se presta a la teoría del tiro, cartuchería, balística, etc.

Así pues, cuando acuden los agentes a las prácticas de tiro, casi siempre se limitan a obedecer las órdenes de los instructores de tiro, sin que los instructores expliquen el propósito de tal o cual ejercicio, el supuesto ante el cual usar un método u otro de tiro y sin que sepan los agentes que sus municiones son, casi siempre, poco eficaces. Por desgracia en nuestro país casi todas los cartuchos usados por las F.Y.C.S. poseen un excesivo poder perforante, con los riesgos que comportan las sobrepenetraciones de blancos.

Quizá se deberían concienciar los profesores de tiro y empezar a hablar más entre ejercicio y ejercicio. Es preciso analizar esos ejercicios en base a las materias antes expuestas y corregir los errores detectados en los tiradores, y no limitarse únicamente a tomar nota de la puntuación en base a los resultados obtenidos en la silueta de cartón-papel.

Para que pueda producirse una transformación general en la formación de tiro policial en nuestro país, primeramente hace falta que los responsables de la materia, en cada uno de los cuerpos policiales, estén concienciados de que la realidad del enfrentamiento armado es la que es, y que no hay parecido alguno con lo que se entrena, salvo contadas excepciones.

Cuando los responsables de tiro de los distintos cuerpos policiales estén concienciados, deberán convencer a sus jefes policiales y estos a su vez a los responsables políticos. A veces a los políticos —la mayoría de las veces me atrevería a decir con conocimiento de causa— solamente buscan imagen, y precisamente con estos temas del tiro y armas creen que no sacarán el beneficio suficiente para su imagen y/o partido, sino todo lo contrario. Creen que es mala prensa el “vender” como positivo que los policías que de ellos dependen, tienen habilidad y destreza con armas de fuego. Es más, seguro que muchos políticos, si las leyes se lo permitiesen, retirarían las armas a los policías para así intentar sacar un beneficio para su imagen pública ante determinados sectores sociales (votantes).

Mientras esto siga siendo así, la cosa no va a cambiar a mejor para los profesionales de las F.Y.C.S., de las armas y de la seguridad en general.


Actitud del profesor o instructor

Un buen monitor o instructor de tiro policial, que para mí son la misma cosa — conozco a muchos aficionados y autodidactas que están más cualificados que muchos “profesionales” de la instrucción—, debe convencer e inspirar confianza a sus alumnos, aunque estos sean sus amigos y compañeros de trabajo diario durante años. Esto no es siempre lo más común, pues existen instructores que no llegan a inspirar esa confianza. El instructor se limita, casi siempre, a dar órdenes de tiro y a la anotación de puntuaciones en el listado de tiradores. Otras veces ante alguna pregunta técnica, bien no responde o lo hace limitándose a decir que esa pregunta está fuera de contexto o fuera de temario. Créanme, eso pasa y a mí me ha pasado en muchas ocasiones.

El profesor debe razonar el por qué de todo lo que explica o enseña. Poner ejemplos reales es una buena forma de que el alumno comprenda, asimile y se mentalice de lo necesario de la instrucción que está recibiendo. Es fácil encontrar casos reales de agentes heridos o fallecidos, tiroteos, accidentes por mala o negligente manipulación, etc. Esos casos son, bien comentados y analizados, una buena lección para usar como ejemplo.

Durante las clases teóricas no deben limitarse los instructores de tiro a leer, leer y leer el temario. Deben leer y comentar cada explicación dada y proponer preguntas relacionadas con el objetivo de tema del día —si no necesita leer mejor—. Para esto el profesor debe poseer experiencia y conocimientos suficientemente amplios sobre tiro, armas, cartuchería, fisiología del enfrentamiento, etc. De ese modo se podrá dar una clase magistral o al menos eficaz y amena para el alumno.

Por propia experiencia, y por lo que me trasladan agentes de otras plantillas y cuerpos, en las clases de tiro o en los ejercicios periódicos de instrucción, se suelen dar más explicaciones (sin razonar debidamente) de lo que NO hay que hacer, que de lo que SÍ hay que hacer. Esto ocurre cuando se habla de entrenamientos y cuando se tratan casos reales de defensa de la vida con el uso del arma. Lamentable.


Cartucho en recámara: ¿Sí o No a la Doble Acción?

De tal modo y manera: se suele decir “NO usen nunca cartucho en recámara”, es más, en algunos cuerpos incluso está prohibido por norma interna. En mi opinión esa prohibición, ese tabú y ese miedo al cartucho en recámara, no es más que un grave peligro y son varias razones las que me llevan a creer eso:

1ª.- Si la Administración obliga a un agente a NO portar cartucho en recámara, le estará obligando a que lo introduzca en el momento de máximo riesgo, o sea en el momento de máximo estrés y presión, que es cuando se está en riesgo al sentirse atacado.  Así pues, cuando es más fácil cometer un accidente (por esos nervios y miedo), es cuando se obliga a realizar manipulaciones de riesgo. Pero si la vida del agente está en inminente peligro… ¿le dará tiempo a desenfundar, montar y disparar eficazmente…? Normalmente, NO.

2ª.- Si el agente no porta nunca cartucho en recámara, el día que lo introduzca en la recámara y dispare —y aunque finalmente no dispare—, el funcionario estará en una situación incómoda para él. Al estar obligado a extraerlo, por norma interna de su cuerpo o por miedo e inseguridad, estará sometido a otra situación de riesgo al no estar habituado a esa manipulación de vaciado de la recámara; y porque aún estándolo tratará de hacerlo lo antes posible: en el coche patrulla de camino a la base, en el mismo escenario de la acción, etc. En cualquier caso, estará estresado, rodeado de personas y no entrenado ni mentalizado para esa situación y manipulación. El accidente está servido casi en bandeja.

3ª.- Suele pasar que policías a los que les prohíben portar cartucho en recámara, les doten de armas de doble acción o de acción mixta —también otros sistemas— para su quehacer cotidiano, y que a esos mismos agentes se les vete la instrucción y el manejo del arma en tal condición de porte. Ello desemboca en que el agente, por su cuenta y riesgo y por sí solo, trate de aprender más del manejo del arma. Cuando ocurre eso, el agente suele estar en su casa, en un coche patrulla y otras veces en una dependencia de su unidad, pero siempre rodeado de personas. Si eso ocurre, y todos sabemos que ocurre, el riesgo de accidente por disparo involuntario es muy alto. Todos recordamos algún accidente en esas circunstancias. Yo mismo tengo casos cercanos en mi zona de trabajo, casos con civiles y agentes fallecidos y otros con sólo un enorme susto. Por cierto, conozco un caso de cada uno de los expuestos y en tres cuerpos policiales distintos de mi ciudad.

Con respecto a la doble acción y el cartucho en recámara, no quiero entrar en consideraciones puramente tácticas, eso debe tratarse en un artículo aparte y exclusivo del asunto. He tocado únicamente los puntos relativos a la seguridad y a los accidentes.


Cargadores de repuesto

Otro aspecto que yo considero sensible y que no es tomado en consideración por todos, o al menos no es tomado como debiera, es el uso de uno o dos cargadores de repuesto además del que porte nuestra arma.

He oído decir a muchos agentes, y no todos de un mismo cuerpo, que en la Academia le comentaron que el uso/porte del cargador de repuesto era de uso obligatorio por las normas internas de uniformidad y reglamentación de material, pero que el instructor de tiro también les dijo: “Si con las 5 o 6 primeras balas NO has resuelto la situación... date por muerto, ya te sobran los demás cartuchos y el otro cargador…”.

Estoy completamente seguro de que todos los que ahora están leyendo estas líneas, han oído esa frase muchas veces en sus puestos de trabajo, bien a compañeros, a instructores o a mandos, ¿verdad que sí? Pues es un error no sólo decirlo, sino creerlo y aún más el llevar a término la frase y dejar el otro cargador en la taquilla o en el armero.

Se podrían dar mil razones para demostrar que esa manida frase es una de las muchas leyendas urbanas y mentiras que nos han “metido” durante años.

Quizá nos la “colaron” sin mala fe, pero seguro que sí por la nula formación del que la transmitió; o nula percepción de la realidad y de lo que es el trabajo en la calle y el enfrentamiento policial.

La primera razón que se me ocurre es que ningún enfrentamiento es igual a otro, aunque el agente protagonista haya estado en las dos situaciones que pretendemos comparar. Así pues, algunos agentes han hecho uso de su arma y han efectuado solamente uno o dos disparos, teniendo la suerte de resolver la situación con tan escasos tiros. De hecho es verdad que la mayoría de los enfrentamientos policiales se suelen resolver con no más de 5 disparos. Pero, ¿cuándo sabremos qué situación nos vamos a encontrar…? NUNCA, nunca lo sabemos. Es el “malo” el que lo sabe, por eso es el malo.

Sin irme muy lejos en el tiempo, recordemos el enfrentamiento del atracador apodado policialmente “El Solitario”. En uno de sus atracos mantuvo un abierto enfrentamiento, con agentes de la Policía Local de la ciudad en la que acababa de cometer un robo con intimidación en una sucursal bancaria. Allí murió un agente de ese cuerpo policial.  Según parece, el enfrentamiento duró el tiempo suficiente como para que se agotaran los cartuchos de los cargadores de las pistolas de los agentes, lo que obligó a continuar la acción con cambio de cargadores.

Más “fresco” aún: a primeros de octubre de 2011 se produjo un atraco en Alicante, y en él se emplearon armas automáticas de guerra, amén de escopetas. Los agentes del Cuerpo Nacional de Policía (C.N.P.) que actuaron fueron rociados de proyectiles que salían de un Ak-47. Un atracador murió y ningún agente fue herido (sí hubo civiles heridos). Pues bien, quizá no sea conocido el dato de que un policía sufrió varias interrupciones en su pistola durante el enfrentamiento. Según cual fuese el motivo de la traba, un cargador nuevo podría haber ayudado.

Y en el otro extremo cuento con otro ejemplo cercano a mi persona. Tengo un compañero que en una situación policial tuvo que abrir fuego contra una persona y con solamente un disparo consiguió poner fuera de combate a su agresor. Son ejemplos de casos “extremos” los que he referido. Hay otros muchos casos dignos de estudio y análisis en este mismo sentido. Pero insisto, nunca sabemos lo que nos vamos a encontrar.

Pero no son esas las únicas excusas o motivos del necesario uso/porte de más de un cargador. El cargador introducido en el arma se puede perder durante alguna intervención policial. Hay armas más proclives para ello, pero todas son susceptibles de extravío durante un forcejeo, caída del arma, caída del propio agente durante una persecución a pie, saltos de muros, trepas o escaladas violentas. Si eso ocurre, deberíamos introducir otro de los que debemos llevar en el equipo de cinto, de no ser así… tenemos un serio problema. No es imposible la pérdida del cargador principal.

No digamos ya en el caso de aquellos agentes que portan armas con seguro de cargador, o sea armas que aún teniendo un cartucho en la recámara, no dispararían si a la vez no tienen alojado un cargador, vacío o con munición, pero un cargador introducido. En este caso el agente no podría usar ni tan siquiera su “último cartucho”, me refiero al que va en la recámara (en caso de llevarlo, claro).

Personalmente he vivido casos con armas que de forma muy frecuente hacían perder el cargador a su portador. Una de esas armas es la Llama M-82, de reglamento en las Fuerzas Armadas de nuestro país. He visto muchas veces como el cargador de este arma se iba saliendo durante entrenamientos de carreras con uniforme de combate y funda reglamentaria a la cintura. Durante los entrenamientos de las Patrullas de Tiro en el Ejército, lo veía diariamente en las carreras de 10-12 Kms. de entrenamiento. Personalmente era yo quien advertía ese “incidente”, y se lo transmitía al oficial que portaba la Llama. Lo solucionábamos todas las mañanas pasando por el Botiquín y poniendo esparadrapo desde la base del cargador hasta la empuñadura.

Y otro caso más cercano en el tiempo es el de la pistola Sig-Sauer P-2022 y la funda Radar 3D (funda que yo he usado “retocada” para trabajar durante varios, años con mi HK-USP-C), la combinación de ese arma y esa funda provocan la extracción accidental y continua del cargador. Para solventar dicho problema se han cambiado las fundas por otros modelos. En algunos casos se han retocado artesanalmente las pistoleras, para que el extractor del cargador no roce continuamente con una determinada zona de la funda.


Conocimientos básicos de cartuchería y balística

Un tema que es también de vital importancia para los agentes y demás usuarios de armas de defensa/seguridad, es el conocimiento básico de balística y cartuchería.

Por desgracia es frecuente ver, en las galerías de tiro y armerías, a policías tratando de adquirir munición para sus armas, sin saber a ciencia cierta qué calibre es el que admiten sus “herramientas”. Es triste y vergonzoso ver y oír a un funcionario de las F.Y.C.S. decir que la munición que le están vendiendo no sirve para su arma, porque en vez de leerse en el envase la leyenda 9 m/m Parabellum, lo que leen es 9 m/m Luger, y que por tal motivo su arma no puede disparar dicho cartucho. A veces incluso alegando que el ofrecido y marcado como Luger es de mayor potencia, y de uso exclusivo en armas largas o militares. Yo he vivido esa experiencia más de una vez. Pero vamos, así se han expresado los propios vendedores, muchas veces.

Personalmente he visto algo que pasa de lo vergonzoso y triste a lo cómico. He visto a un agente de policía, que por cierto no se dejó en su día aconsejar ni instruir un poco por encima de lo básico, introducir cartuchos del .38 Especial “Wacutter” en los cargadores de 9 m/m Parabellum de una HK-USP-C. Lo peor: después introdujo a la fuerza el cargador en el arma, y naturalmente atoró todo.

Sería muy acertado que los profesores de tiro e instructores, en las clases tanto prácticas como teóricas, hablaran de la cartuchería y de su nomenclatura. No hace falta que se hable de todo lo que existe en el mercado. No se pretende hacer expertos. Pero al menos se debería referir algo de los cinco o seis calibres de uso más común en nuestro país (9 m/m Parabellum, 9 m/m Corto, .38 Especial, .357 Magnum, .22 L.R. y .45 A.C.P.). Sería muy deseable que un agente no dijera que su revólver es del calibre 38 m/m, y que supiera la diferencia entre los calibres de denominación anglosajona y europea (Sistema Imperial y Métrico Decimal).

Hace unos años, un instructor de Tiro Policial y tirador deportivo con más de 25 años en la policía, me dijo que había detenido a un sujeto por Delito de Tenencia Ilícita de Armas, concretamente por portar ilícitamente una pistola Llama del calibre 45 m/m. Traté de hacerle entender que sería del .45 A.C.P., pero el hombre insistió en que no, que claramente era de 45 m/m porque el calibre que yo decía era de uso exclusivo en Norteamérica. Vaya locura y atrevimiento el de ese compañero.

Totalmente relacionado con lo anterior es la balística. Un profesional de la policía debe conocer las capacidades o propiedades de sus municiones: capacidad perforante y capacidad de transferir energía al objetivo. Debe saber distinguir cartuchos de punta blindada, semiblindada, hueca y plomo, y conocer las ventajas e inconvenientes que teórica y prácticamente posee cada tipo de punta referida.

Debe saber también que eso que vemos en las películas de televisión no es cierto, que muy raramente un único impacto en el cuerpo humano provoca la incapacidad, y sobre todo que aunque ésta llegue… no es inmediata.


Tiro en bajas condiciones de luminosidad

Con casi total seguridad, los que ahora están leyendo este texto son, con mayor o menor experiencia, profesionales de la seguridad. Cada cual tiene la experiencia que el devenir de las circunstancias le ha propiciado. Seguramente todos se han visto ya implicados en llamadas de emergen­cia por robos, agresiones, incendios y posiblemente hasta en enfrentamientos armados. Todos esos supuestos, al margen de los más diarios y cotidianos como cacheos, identificaciones, etc., son ejecutados tanto en horarios diurnos como nocturnos. Aún así, se encuentre el operativo en la franja horaria que sea, un gran componente auxiliar del equipo básico de trabajo es siempre la linterna.

En cualquier parte del mundo, la actividad delic­tiva aumenta al anochecer. La razón es muy sencilla: a los delincuentes les gusta actuar bajo el manto “protector” de la oscuridad. Pero ya lo hemos visto antes, incluso durante el día el interior de un edi­ficio ofrece ambientes poco iluminados. En estas circunstancias no solamente el agente verá menos o peor, sino que esa situación será aprovechada por el contrario (la mayor parte de la información sensorial enviada al cerebro llega mediante la visión). Las estadísticas revelan datos que avalan estas palabras: la mayor parte de ataques graves a funcionarios policiales se producen en horarios nocturnos.  Los delitos en general crecen en esas franjas horarias. No obstante, hay que distinguir entre situaciones de baja luminosidad y de nula luminosidad. Ambas situaciones podrán darse durante las 24 horas de un día.

Cuando se habla de oscuridad o baja luminosidad, todos se acuerdan del uso del arma en tales condiciones, pero hay más acciones que apreciar. En este “oscuro” campo no siempre hay que hacer un uso combinado del arma de fuego y la linterna. Por suerte no todos los días tenemos que disparar, pero lamentablemente sí es muy frecuente que se realicen requisas en inmuebles objeto de incendios, robos o allanamientos.

No hay que desechar la idea de usar la linterna como medio de comunicación casi en cualquier caso, pero especialmente en episodios de catástrofes para señalizar zonas o identificar la propia ubicación.

Cierto es que en los coches policiales suelen portarse linternas, como poco una. Pero en los casos en que ciertamente se porte una o más linternas en los vehículos, dicha herramienta será, casi siempre, de peso y tamaño no agradables; así pues, casi ningún agente descenderá del patrullero con la linterna en la mano. Se suele regresar al coche a por la linterna cuando la necesidad y circunstancia obliga. El problema es que en esas situaciones el coche patrulla no suele quedar cerca del lugar donde se precisa la luz auxiliar, y volver a por la herramienta es cosa de segundos que no siempre podrán ser derrochados.

En los párrafos anteriores se ha pretendido inculcar, en el lector, la idea de necesidad de “luz siempre a mano”. Pero por la claridad del objetivo del tema, vamos a centrar la mirada en el uso combinado de arma de fuego y la linterna. Ya sabemos que no hay que confundir el tiro nocturno con el tiro en condiciones de baja luminosidad, aunque seguramente ambas situaciones compartan las mismas soluciones y técnicas a desarrollar. Se esté adscrito a la unidad policial que se esté, llevar una potente y pequeña linterna en el cinturón se hace imprescindible, si se quiere ser eficaz y resolutivo. El mercado está plagado de marcas y modelos, la mayoría con las prestaciones que un agente puede precisar en casi cualquier intervención.

Muy someramente se referirán algunas características de estas útiles y necesarias herramientas. Las hay con reguladores de potencia que pueden hacer reducir la intensidad del haz de luz, a la par que economizan el consumo de batería. Sobre la batería y forma de carga, también hay una amplia variedad: de baterías en serie o “pilas normales”, hasta las de litio de larga duración y gran potencia. Otras son recargables, tanto a la red (enchufe de conexión a la red eléctrica) como a la conexión del mechero del coche u otro sistema adicional montado al efecto. Incluso algunos modelos poseen la doble facultad de recargarse, y de usarse, con baterías extraíbles convencionales o de litio.

Las hay con lámparas alógenas, Xenon o de Led, estas últimas cada día más extendidas. Casi todas se sirven con magníficas fundas que, incluso a veces, permiten portar baterías de repuesto, y todo asido al cinturón del agente. También las hay acopladas en una defensa extensible, como es el caso de la marca ASP, la cual podrá ser usada tanto acoplada al bastón, como de modo individual o independiente.

Algunos modelos son compatibles con acoples para poder  ser usadas en armas, bien fijadas directamente a ellas mediante raíles —casi todas las armas modernas incorporan raíles en el armazón— o bien mediante la fijación, en módulos ajustables, en algún lugar del armazón del arma, como el guardamontes, cargador o empuñadura.

La ubicación del interruptor en el cuerpo de la linterna también ha de ser tenido en cuanta. De la localización del mecanismo de encendido/apagado puede derivarse el uso y forma de emplear la linterna, lo cual aconsejará la utilización de determinadas técnicas. Hay modelos cuyos mecanismos de activación se encuentran en la parte trasera y otros en la delantera. Pero unos se activan por presión y otros por desplazamiento, lo cual puede, como antes se ha dicho, influir en el uso táctico de la herramienta.

No hay que desechar otro útil elemento de apoyo para estas situaciones: los elementos de puntería de Tritio.

El Tritio es un material radioactivo, concretamente un isótopo del Hidrógeno. Su estado es gaseoso y se produce en la naturaleza, pero también en el laboratorio. El ser humano está en contacto con cierta cantidad de Tritio a lo largo de su vida, pues la propia naturaleza, como ya hemos comentado, lo produce al entrar en contacto los rayos cósmicos con los gases atmosféricos. Aunque ingerido es radiotóxico, la emisión radioactiva que produce es baja: la llamada emisión beta de baja energía.


Debidamente tratado, el Tritio puede ser de gran ayuda a nivel táctico policial y militar. Los elementos de puntería compuestos de Tritio, ofrecen una gran ventaja ante situaciones de baja o nula luminosidad. La combinación de nuevas tecnologías permite que los tiradores puedan alinear perfectamente sus elementos de puntería (alza y punto de mira), incluso en supuestos de total oscuridad. Este material es lumínico y fácilmente visible sin necesidad de que le sea “descargado” previamente, sobre él, un haz de luz. Incluso permaneciendo años sin ver la luz, los alzas y puntos de mira de Tritio podrán “reflectar” su luminiscencia. Tienen una vida útil de algo más de 10 años.

Otro material empleado, para dotar de mejor capacidad de enfoque y enrase de los elementos de puntería en oscuras situaciones, es la fibra óptica. Este material no es radioactivo, pero permite la transmisión de energía lumínica aún en ausencia de luz. La desventaja frente el Tritio es digna de ser reseñada: ante la prolongada falta de luz sobre los elementos de puntería (estar el arma dentro de una funda integral, armero, cajón, etc.), estos deben ser “recargados” con un “chorro” de luz sobre ellos. En tales casos, un linternazo sobre los elementos de puntería, o una modesta exposición a una fuente de luz, podrían salvar la circunstancia. Eso sí, si se debe hacer un uso inmediato del arma, ese lógico consumo de tiempo implicaría que ya no se está ante un elemento útil de emergencia. Ante emergencias no se puede despilfarrar el tiempo de reacción.

Quienes emplean fibra en sus elementos de puntería, suelen “descargar” un linternazo sobre el arma al inicio del servicio: la luz incidida será conservada temporalmente en la fibra.

Son varias las marcas comerciales que suministran al consumidor final este tipo de elementos, y sus precios no son elevados si se tiene en cuenta la gran ventaja táctica que puede suponer portar un arma dotada de este modo. Algunas marcas incluso experimentan con la combinación de Tritio y fibra óptica. En estos casos se juega a intercalar diversos colores, como el verde y el amarillo, siendo unos más favorables que otros para el empleo combinado en situaciones de luz normal u oscuridad.

Técnica Neck Index/ajuste al cuello. Mi básica preferida. Esta técnica permite una adopción muy rápida e instintiva. Puede ser usada con el arma en la mano fuerte o simplemente para aproximación a sospechosos o lugares de requisa, aún sin desenfundar el arma. Al ir la linterna a la altura de la cara/cuello y en contacto con dicha zona, la luz irá dirigida, con total naturalidad e instinto, al lugar donde el operativo esté mirando en cada momento, incluso al girar la cabeza.

Del mismo modo, al desenfundar el arma y elevarla con la mano fuerte a la altura de la cara, el haz de luz de la linterna no sólo iluminará al blanco que se esté mirando, sino que a la misma altura habrá quedado el arma. Los elementos de puntería quedarán iluminados por la propia luz de la linterna. En situación real de enfrentamiento, y por el propio y natural estrés ―además de por la premura―, NO dará tiempo de enrasar el punto de mira en el alza; pero al menos sí que proporcionará una localización muy rápida del conjunto arma-mano, y por ello un enfoque del conjunto total: arma-mano-blanco.

En la mayor parte de las situaciones que requieran de un tiro de emergencia, no será posible usar las dos manos para disparar, por ello esta técnica y la FBI está más próxima a las técnicas de tiro reactivo convencionales. Ambas técnicas son de sencilla y similar asimilación, siendo la transición de la una a la otra muy positiva en muchas ocasiones.

PUBLICADO EN DOS PARTES POR LA REVISTA: WAR HEAT INTERNACIONAL, 1ª PARTE Nº76 - 2ª PARTE 77

Comentarios

  1. Excelente blog!! Si vieras lo que son nuestra "semana de reentrenamiento anual" te largas a llorar!! Este año no me toco practica de tiro porque no habia municiones....
    Un saludo grande y gracias por compartir tus conocimientos.
    SicK_GirL
    (Oficial de Policia de la Provincia de Buenos Aires, Argentina)

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  2. GRACIAS por su comentario, espero que siga usted visitando este blog. Poco a poco, iré descolgando en él, nuevos textos que están en "recámara".

    Ernesto.

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  3. Me ha encantado el artículo Ernesto, ya que aparte de la temática técnica, tocas otras fibras, que actualmente son un auténtica traba para que la metodología de formación y entrenamiento cambien... actitud, seriedad, eficacia, sentido común y ánimo de evolucionar... por no hablar del condicionante estrella, el estrés... conozco instructores de tiro que saben del significado de esa palabra, por su definición en el diccionario... sin experiencias reales ¿como va a tenerlo en cuenta??? ... no quieren ver que hay un mundo muy diferente fuera del campo de tiro y están muy cómodos en su situación.

    Esperemos que los obsoletos e irreales métodos de entrenamiento táctico-técnico policiales, impartidos en la gran mayoría de nuestras academias tengan una amplia reconversión de conceptos... este artículo es un grano de arena más, para conseguirlo.

    Un saludo compañero!!

    ENHORABUENA por el blog.

    Mustelus - Livecop

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  4. Gracias Mustelus, espero que los agentes, al menos a nivel personal, vayan abriendo los ojos y descubran las grandes mentiras que se nos han contado durante años, y que siguen siendo, a día de hoy, contadas en casi todos los estamentos, a nivel oficial.

    Ernesto.

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  5. Saludos compañeros
    Aca en la Policia de PUERTO RICO solo nos dan 3 practicas con pistola por año y una de ellas es tiro nocturno, luego tiras las armas largas en otra fecha durante el año. Antes de ser policia ya era tirador y gracias a que por mi propia cuenta practico todos los fines de semana y compito en IPSC mantengo un nivel optimo en esas destrezas; por otra parte he comenzado con mis muchachos en el cuartel a fomentarle para que saquen licencia de armas y puedan ellos practicar por su cuenta en algun club y no esperen a que la agencia los envie al polígono. A veces nos cuesta mucho creer que hay compañeros que les molesta cargar un arma 8 horas y no muestran ningun interes al la hora de calificar en las practicas de la policia.

    Nosotros pedimos que el agente apruebe con un 70% de los disparos en la tarjeta o sea 35 de 50 pero no se han puesto a pensar en algo?; Que todo el que pasa siempre con el minimo de destreza, por que no le interesa mucho el tiro, en una situacion de stress real ese 70% va bajar considerablemente y les aseguro que no podra repeler la agresion por su falta de interes al momento que va a las practicas de la policia; la diferencia estriba en que una persona que se mantiene en un 90% o mas en sus practicas al momento de surgir un enfrentamiento igual le bajara el rendimiento pero su nivel sera mucho mas optimo y con mas posibilidades de salir airoso de la situacion. Es por eso compañeros que como decimos "la salvacion es individual" depende de cada uno de nosotros practicar por nuestra cuenta aunque sea una caja de balas al mes, porque cuando salimos a trabajar y dejamos nuestras familias ellos esperan que nosotros regresemos sanos y salvos. Un saludo muy cordial desde Puerto Rico
    SGTO PEDRO FLORES

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    1. Estimado Pedro:

      Lo importante de los entrenamientos es que estén bien diseñados, pero incluso si no son buenos ejercicios y con la filosofía acertada, que por lo menos se cumplan al 100%. En España hay tres tipos de cuerpos de policía: dependientes del Gobierno del país, dependientes del Gobierno la comunidad autónoma (casi como si fuesen los estados que integran USA) y los dependientes de los ayuntamientos, los cuerpos locales (metropolitanos). Son dos los cuerpos nacionales existentes, la Guardia Civil (GC) y el Cuerpo Nacional de Policía (CNP). Cuerpos dependientes de las comunidades autónomas hay 4 (Policía de Cataluña, País Vasco, Navarra y Canarias), aunque comunidades existen 17. Y Cuerpo de Policía Local dependientes de los ayuntamientos hay miles (no sabría decir cuántos).

      Cada cuerpo posee su propio sistema anual de entrenamiento y normas internas, si bien todos a otros niveles están regulados por una misma ley orgánica de aplicación nacional. El tema del tiro forma parte personal de cada cuerpo de seguridad: cada uno hace lo que cree y como cree más oportuno. Ejemplo: el CNP y la GC entrenan anualmente, respectivamente, tres veces y dos veces (en ambos casos con pocos disparos en cada llamamiento). ¿Es poco o mucho? Creo que poco, pero sobre todo falso. Verás, eso marcan los reglamentos y órdenes firmadas en papeles, pero la realidad es que no se cumple al 100%. Los cuerpos locales, como el mío, tienen sus propios programas. Mira, llevo 12 años en la Policía y JAMÁS ME HAN LLEVADO OFICIALMENTE A ENTRENAR. Nadie puede acreditar que he sido llevado y qué resultados he obtenido. Siempre he entrenado por mi cuenta. Algunos compañeros sí han ido a “jugar” con las pistolas, pues lo que hacía era un entretenimiento y NO un entrenamiento. Eso sí, han ido una o dos veces en muchos años. Otros, como yo, jamás han ido.

      Tenemos cuerpos locales con entrenamiento de lujo, tanto por la cantidad de veces que van al campo de tiro como por el número de cartuchos que se consumen, y el diseño de los propios ejercicios.

      Esto es un caos y la crisis económica no es el problema, sino la mentalidad de jefes, sindicalistas y los propios policías.

      Saludos.
      Ernesto

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