PROYECTILES DE USO POLICIAL Y SUS COMPORTAMIENTOS

Por, Ernesto Pérez Vera

La munición que generalmente usan las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FYCS) en España consiste, para servicios ordinarios, en cartuchos que montan proyectiles de plomo, semiblindados o blindados/encamisados. Estos tres tipos son los más comúnmente utilizados en el quehacer diario de nuestros agentes de policía, aunque también se usan por parte del personal de seguridad privada (licencia de armas tipo C) y demás personas con licencia de armas para seguridad y defensa (licencia B, para civiles, y licencia A, por ejemplo y al igual que los policías, para el personal de Vigilancia Aduanera dependiente de la Agencia Tributaria). Todos los proyectiles referenciados poseen algo en común: llevan plomo como componente de sí mismos; en unos casos como núcleo y en otros como base total del cuerpo del propio proyectil.

La bala blindada o encamisada, también llamada FMJ (Full Metal Jacket), posee un alto poder de penetración y un bajo perfil de deformación al impactar en un cuerpo humano o incluso en casi cualquier objeto del entorno urbano cotidiano. Esta propiedad perforadora, conocida por todos, se la facilita la envuelta o camisa de metal que recubre el núcleo de plomo, que a veces  puede ser de otros materiales/metales (estaño, menos contaminante). Este recubrimiento o envuelta suele ser de latón. 

Dicha penetración provoca, en muchísimas ocasiones, la temida sobrepenetración, es decir que después de alcanzar a su objetivo el proyectil todavía posee energía bastante para atravesarlo y continuar hasta otro punto de impacto, esta vez sin el deseo del tirador y pudiendo provocar un daño colateral. O sea, que esa punta acabará donde el tirador no quería que acabara. Dicho de otro modo: si un proyectil no impacta donde queríamos impactar, impactará donde no queríamos que impactara.

Plomo y semiblindada, mejor que FMJ para uso policial


Muchos, con la idea de evitar la sobrepenetración, recurren al uso de otros proyectiles. La alternativa más frecuente en España es el plomo macizo mezclado con antimonio y la bala semiblindada. Esta última es aquella que exteriormente posee en sus paredes, y banda de rotación (zona que entra en contacto directo con el estriado del ánima del cañón), una envuelta metálica generalmente de latón, pero que sin embargo en el extremo superior permiten asomar una porción de plomo desnudo, que unas veces será mayor que otras (punta suave o SP, de soft point, cuando el plomo se divisa escuetamente).

Los que acuden al empleo de las puntas de plomo y semiblindadas lo hacen con la convicción de que dichos proyectiles se van a deformar al impactar en el cuerpo o blanco alcanzado y que, además, dicha deformación propiciará una mayor transferencia de energía sobre los órganos humanos que se vean afectados por el impacto. Con ello se pretende alcanzar, en el objetivo, un rápido fuera de combate. Si eso ocurriera sería una gran ventaja, pero rara vez se da tal circunstancia. Esta clase de proyectiles no suelen deformarse, del modo deseado, contra cuerpos blandos (cuerpo humano). Es más, casi nunca se deforman. Como ya es sabido, las balas que no alteran su forma tras el impacto suelen conservar energía suficiente (si se dan las condiciones oportunas) como para atravesar el objetivo y continuar un arriesgado y errático vuelo, pudiendo finalizar, éste, al alcanzar a otro cuerpo. A tal exceso de perforación/penetración se le denomina sobrepenetración.


Pues bien, la creencia de que los proyectiles de plomo y semiblindados aportan esas ventajas a los usuarios de armas de defensa y seguridad, no es más que un mito. Lo que sí es cierto, y hay que admitirlo, es que en cierto grado —ínfimo— se reduce el riesgo de rebote, pero no anula o elimina este riesgo. Según el órgano del cuerpo humano que sea tocado, se podrá producir cierta deformación, pero esto nunca está garantizado. En cualquier caso, tampoco el tirador que se defiende de un ataque grave podrá colocar sus disparos, con seguridad, donde determinó en el justo instante de disparar. Un inciso: cuando se diferencia entre portar armas para seguridad y defensa, la distinción se basa en que, aunque ambos usuarios podrían disparar para defenderse, unos llevarán consigo el arma con motivo de un cargo que lo impone legalmente, caso de los agentes de seguridad tanto pública como privada y otros únicamente estarán armados para defenderse asimismos o a sus familias, sin que exista obligación legal en ellos de encontrarse dotados de armas.

En España, el caso más sonado de exceso de penetración de los últimos años se vivió, muy tristemente, en la Academia de la Guardia Civil de Baeza. En diciembre de 2006, durante una clase teórica de tiro, en aula, un profesor sufrió un accidente mientras manipulaba su pistola: descarga involuntaria. El arma estaba cargada con munición blindada (FMJ) del calibre 9 mm Parabellum/Luger (la blindada es la reglamentaria en el Cuerpo). Como resultado del fatal accidente, un profesor —no el que empuñaba el arma— fue alcanzado por un proyectil que penetró su tórax. La bala no se detuvo ahí: abandonó el cuerpo del docente y acabó en el pecho de otro agente, en este caso un alumno. Una bala y dos personas afectadas, una de ellas muerta en el acto (la segunda impactada). No acabó la cosa ahí, al oficial instructor se le volvió a escapar otro disparo, pero en esta ocasión solamente provocó lesiones de menor importancia a una alumna.

Otra solución, quizá la mejor: la punta hueca

Los proyectiles de punta hueca, que no de carga hueca (estos son militares y cargados con explosivo que actúa por explosión y expansión térmica contra protecciones blindadas: carros/tanques), son aquellos que poseen una oquedad en su extremo superior, estando destinado dicho hueco a facilitar la deformación/expansión del proyectil en el instante del impacto. Podrían definirse genéricamente, por su diseño, como proyectiles expansivos (algunos creen leer o entender explosivo, quizá porque lo leen en inglés).

Dos son las ventajas que más se pueden destacar en este tipo de cartuchos, frente a los usados de modo tradicional en nuestros cuerpos de policía. El más ventajoso de los factores es el de la mayor transferencia de energía al cuerpo impactado. Se entiende por transferencia de energía: la capacidad que tiene un proyectil, una vez disparado, para transferir al objetivo toda la energía con la que impacta (durante el vuelo va perdiendo velocidad y energía). A mayor transferencia, mayor deformación sufrirá el proyectil (variación de su forma). Y a más deformación de la punta, más masa será destruida en el cuerpo impactado y mayor será la herida provocada en el impacto y durante la penetración.


Es un error muy común creer que la punta hueca es perjudicial para el trabajo policial. De ese error nacen los comentarios que a veces se oyen en prensa y que vienen a decir eso de que “la punta hueca mata más”. Si se emplea una punta expansiva (hay una enorme variedad de pesos y diseños) en un caso de legítima defensa amparada por el ordenamiento jurídico, siempre que ese o esos disparos se coloquen en la zona del cuerpo deseada (no siempre es posible), es más que probable que con pocos disparos se alcance el fuera de combate del agresor. Quizá con uno o dos impactos se pueda lograr el cao. Sin embargo, con los proyectiles de plomo, blindados y semiblindados, situando los tiros en la misma zona del cuerpo, es muy probable que el sujeto mantenga su intención lesiva. Esto implicaría continuar disparando contra él: un mayor número de disparos supone un mayor número de heridas probables, que siempre habrá que saber justificar. Incluso a mayor cantidad de disparos efectuados, más posibilidades existen de errar los tiros y que esas puntas acaben en puntos no deseados.

Por ello, a veces, para neutralizar una agresión se deben hacer demasiados disparos contra el atacante, mientras que en la mayoría de ocasiones en que se usó un buen proyectil expansivo, con pocos disparos se pudo neutralizar el avance lesivo del sujeto hostil. Como muestra de ello, este ejemplo real: los siete impactos que un atracador recibió en un enfrentamiento con la Policía Local de Petrer (Alicante), en noviembre de 2008. El encuentro fue filmado por camarógrafos aficionados. Los cartuchos usados no eran de punta hueca sino semiblindados y siete son muchos disparos, aunque fueron necesarios y proporcionados. Solo dos impactos produjeron lesiones de entidad mayor, el resto no se colocaron en la zona adecuada (difícil en un enfrentamiento), ni produjeron heridas importantes.


La segunda virtud de la punta hueca es su menor posibilidad de sobrepenetración, como ya hemos expuesto antes.

Las puntas huecas, dada su mayor facilidad para deformarse al impactar y durante la transferencia de energía, no suelen abandonar el cuerpo alcanzado, quedando normalmente alojadas en algún órgano del sujeto herido. En los casos en que las puntas sí abandonan el cuerpo, suelen hacerlo con poca capacidad lesiva, evitándose así daños colaterales o lesiones importantes a terceros (hablamos de cartuchería para arma corta).

No solamente los cartuchos montados con puntas huecas se comportan de modo óptimo, existen otras opciones. Sin ser proyectiles que presenten huecos en sus extremos superiores, otras balas se comportan de modo muy similar, cuando no idéntico o superior. Esos proyectiles, por tanto, deben ser considerados y denominados proyectiles expansivos. También existe una buena variedad de ellos. Algunos, realmente, sí que poseen un hueco en su cuerpo, solo que no lo presentan o dejan visible. En esos casos la oquedad queda tapada, u oculta, por una caperuza o esfera plástica que le da aspecto romo u ojival. Con ello se facilita la introducción del cartucho en la recámara de las pistolas durante la mecanización (también en otro tipo de armas semiautomáticas y automáticas). Las rampas de acceso a determinadas recámaras pueden producir fallos de alimentación si la bala no presenta forma convexa/roma, ante la rampa de tipo cóncavo. En Europa se comercializan muy buenos proyectiles de este tipo.

Prueba de Laboratorio, en la que el autor ha intervenido

En pruebas en las que este autor ha participado se emplearon, como cuerpos sobre los que impactar, dos bloques de Gelatina 250-A rebajada al 10% cuya temperatura se mantuvo a 4ºC. Siguiendo el protocolo de elaboración de la gelatina, se consigue una textura muy similar a la de un cuerpo humano vivo. La gelatina, o gel balístico, debidamente preparada proporciona una densidad media muy similar a la de músculos, huesos, piel, vísceras y otros órganos humanos. Así lo han determinado especialistas y científicos de los laboratorios del Federal Bureau of Investigation (FBI).

Tras obtener los dos bloques de gelatina mencionados se colocaron uno junto al otro, de tal modo que ambos simularon ser dos cuerpos humanos puestos hombro contra hombro. Detrás del gel se colocó una tabla de poliespan, para que sirviera de testigo en caso de que los proyectiles atravesaran “ambos cuerpos gelatinosos” y continuaran camino hacia el fondo parabalas.


Una vez acabado este trámite se efectuaron varias pruebas balísticas realizando disparos contra la gelatina. Los tiros siempre se efectuaron con mucha precisión, para evitar que las trayectorias o cavidades permanentes de los primeros impactos, fuesen cruzadas por los proyectiles de las posteriores descargas. De ocurrir tal cosa, el trabajo podría quedar parcialmente desvirtuado en sus conclusiones definitivas. Se disparó desde la misma distancia en todos los casos, así como con la misma pistola y calibre: Glock 17 y 9 mm Parabellum.

Pues bien, los proyectiles empleados en el test fueron los siguientes: Blindado Geco, Semiblindado SP Remington, Plomo Fiocchi, Frangible Remington, Golden Saber Remington (punta hueca), Hydra Shock Federal (punta hueca), Glaser Slug, SeCa Ruag, QD-2 MEN, Silvertip Winchester (punta hueca), THV y alguno más.

Las conclusiones fueron asombrosas para muchos de los presentes. Otros ya esperaban un resultado muy parecido al finalmente arrojado. Así pues, se puede aseverar que los proyectiles blindados, de plomo, semiblindados y frangibles, se comportaron exactamente igual en cuerpos blandos (gel en este caso): atravesaron el primer bloque de gelatina y provocaron sobrepenetración. Estos cuatro proyectiles llegaron a atravesar completamente el segundo bloque, continuando su camino hacia el parabalas de la galería de tiro. Por cierto, las puntas frangibles están construidas y diseñadas para que se desintegren, convirtiéndose en polvo, tras el impacto en cuerpos muy duros. Todo el cuerpo suele ser una mezcla de partículas de polímeros compactadas, mezcladas con otras de cobre, tungsteno, nylon u otros materiales sintéticos. En cuerpos blandos, como se acaba de reseñar, actúan como proyectiles convencionales. Solo se desintegran completamente si impactan en ángulo de noventa grados, o cercano, contra superficies especialmente duras. De otro modo, fragmentos del proyectil pueden rebotar con capacidad lesiva.

Del resto de proyectiles empleados en la prueba se sacaron conclusiones diversas. Por ejemplo, la bala francesa THV (Très Haute Vitesse), que sale del cañón a una velocidad inicial (V0) de algo menos de 600 m/s, podemos decir que tuvo un escaso poder de penetración. La THV no llegó a penetrar ni hasta la mitad del primer bloque de gelatina. Fue recuperado con nula deformación. Por consiguiente, no transfirió energía suficiente como para provocar lesiones relevantes que, a su vez, hubiesen podido provocar la parada o detención del agresor.


El proyectil SeCa (SEcurity CArtridges), del grupo empresarial suizo RUAG, se comportó de un modo muy acertado, como además se esperaba de él. Atravesó totalmente el primer bloque de gelatina y se deformó completamente. Por lo tanto, transfirió al blanco toda la energía que aún conservaba cuando lo alcanzó. Al atravesar el primer bloque salió del mismo y golpeó el segundo. En ese segundo bloque no provocó perforación alguna, cayendo el proyectil al suelo (el gel balístico se sostenía sobre una mesa). No hubiese producido lesiones en caso de tratarse de un cuerpo humano, si acaso en un globo ocular. Hubiese gustado más que se hubiera detenido en el primer bloque.

De las puntas huecas usadas, Golden Saber, Hydra Shock y Silvertip, la que mejor se comportó fue la Hidra Shock. Este proyectil penetró solamente el primer bloque y alcanzó su total y completa deformación (expansión). Se detuvo aproximadamente a 28 centímetros del orificio de entrada. El Golden Saber llegó a sobrepenetrar en el segundo cuerpo, si bien fueron pocos centímetros. También se expandió totalmente, transfiriendo toda la energía que conservaba en el momento del impacto. El proyectil Silvertip se abrió por completo trasfiriendo, también, toda su energía. Fue recuperado totalmente deformado a menos de los 28 centímetros deseados, como seguidamente explicaremos.  La expansión de las tres puntas fue homogénea.


Según estudios científicos del FBI norteamericano, un proyectil de defensa debería contar con capacidad para penetrar, en un cuerpo humano, entre 28 y 35 centímetros. Hay que tener en cuenta que durante los enfrentamientos no siempre se recibirán los impactos de modo frontal, como sí ocurre con las siluetas en los campos de tiro. Tenemos que contemplar la posibilidad de que los proyectiles disparados puedan entrar en ángulos muy dispares, por ejemplo de modo lateral y de forma que las balas entren por los hombros o brazos, teniendo entonces que atravesar tales zonas del cuerpo antes de penetrar en el torso por la zona costal. En esos casos el proyectil tendría que cruzar, muy posiblemente, una extremidad superior y todavía tendría que conservar energía bastante para ingresar en el tronco con capacidad para lesionar órganos vitales.

Proyectiles especiales para casos muy concretos

Existen otros proyectiles dentro del amplio mercado destinado al ámbito policial y militar, estos son los que se emplean para misiones muy concretas y específicas, son los denominados proyectiles especiales. En este segmento encontramos puntas perforantes, trazadoras, explosivas e incendiarias.

Son proyectiles perforantes aquellos que tienen el núcleo macizo, normalmente de acero, tungsteno, o bronce, materiales estos sumamente duros, que no se deforman con facilidad. Los núcleos suelen estar recubiertos por una micro capa de algún material metálico maleable, para que de este modo sea la envuelta quien sufra la fricción en el ánima durante su discurrir por él, para así reducir el desgaste y la fatiga del tubo-cañón.


Estos proyectiles pueden atravesar fácilmente paquetes balísticos. Hablamos, evidentemente, de cartuchos de armas cortas, pues montados en cartuchos de fusilería podrían penetrar incluso chalecos de alto nivel de protección. El más común de los proyectiles perforantes para arma corta es el KTW. Las tres letras que bautizan a esta bala son las iniciales de los nombres de los especialistas médicos y policiales, de origen norteamericano, que lo diseñaron: el doctor Paul Kopsch (médico forense), el sargento Daniel Turcos (policía) y Donald Ward, investigador y colaborador de Kopsch. Esta punta recubre su núcleo de bronce con una capa de silicona de color verde agua. Lejos de lo que cuenta el extendido bulo, el teflón no es el material otorgante de poderes perforantes sino que esta función le corresponde al bronce, siendo el teflón únicamente un ayudante, gracias a su bajo coeficiente de fricción. En calibre 9mm Parabellum, el KTW, disparado con pistola, atraviesa la cara anterior y posterior de un paquete balístico de nivel de protección IIIA, estando ambas hojas tocándose la una con la otra (el proyectil se recupera con una única alteración: la que le crean las estrías). 

Los proyectiles trazadores están diseñados para orientar o guiar al tirador, sobre la zona en la que sus proyectiles están impactando, especialmente en condiciones de baja o nula luminosidad (también se pueden usar, y de hecho se usan, a plena luz). Durante su trayectoria, desde la boca de fuego al punto de impacto, estas puntas dejan en el aire una traza de color llamativo que delata su posición en el espacio. En determinadas circunstancias (principalmente en la oscuridad), el tirador podrá ir focalizando la dirección de sus disparos para hacer las correcciones que estime oportunas, aun sin emplear necesariamente los elementos de puntería del arma. Su uso más frecuente se da en el ámbito militar y más concretamente en las ametralladoras. En estos casos, en las cintas o cargadores de alimentación se intercala un cartucho trazador cada cuatro o cinco ordinarios. 

La capacidad trazadora la aporta una mezcla de productos químicos que se aloja en el culo o base del proyectil que, para tal fin, se encuentra hueco durante el proceso de fabricación. Así pues, en dicha oquedad se deposita magnesio y fósforo, materiales que al producirse el disparo y al estar en contacto directo la pólvora quemada con la base del proyectil, hace que estas sustancias se enciendan y provoquen una incandescencia. Será esta incandescencia la que deje ver, desde fuera, el recorrido o traza que describe el proyectil en su vuelo hacia el objetivo.

Algo similar, a lo antes descrito, ocurre con los proyectiles incendiarios y explosivos, siendo en estos casos otros los productos químicos que se alojan dentro del proyectil. El uso de estas balas está más limitado aún. Su empleo se circunscribe exclusivamente al ámbito militar.

Concluyendo

Podríamos decir que los proyectiles blindados, semiblindados y de plomo deberían ser usados, exclusivamente, para el adiestramiento policial en la galería de tiro, dejando los frangibles para su empleo en lugares cerrados con suelos, paredes y techos especialmente duros, como por ejemplo buques o factorías. En esos espacios los frangibles sí que podrían cumplir correctamente su cometido, que no es otro que, en superficies especialmente duras, provocar su propia destrucción durante el impacto, si es que este se produce en un ángulo cerrado.

Lo ideal sería consumir proyectiles que expandieran al impactar en el cuerpo, de ese modo se garantizaría una mayor transferencia de energía y destrucción de tejidos. Así pues, los de punta hueca y los SeCa son los más interesantes de cuantos fueron usados en las pruebas aquí plasmadas. José Antonio Sánchez Mirabete, inspector del Cuerpo Nacional de Policía, realizó en 2009 un fantástico análisis sobre estos temas. Muchos de los proyectiles referidos en este texto fueron probados también por él y su conclusión fue, tras efectuar un test similar al reflejado aquí, que el Action 5 y SeCa, ambos de RUAG, son los idóneos para empleo urbano policial. Por suerte, contó con un participante exótico, el 5,7 x 28 mm, que también demostró sobresalientes cualidades a nivel de penetración: era capaz de atravesar un chaleco de protección, pero no un cuerpo humano desprotegido (gel balístico).


Con algunos de estos proyectiles expansivos podría provocarse la neutralización del agresor con un número menor de disparos que si se usarán, para el mismo fin, los proyectiles blindados, de plomo y semiblindados. No obstante, no se debe sobredimensionar las posibilidades de estas puntas, por muy bien que se comporten en las pruebas balísticas con gel. Para que actúen como se desea, y como se espera de ellos, se deben dar ciertos factores favorables que no dependen del usuario inmerso en un tiroteo.

Tampoco se le debe escapar a nadie que los bloques de gelatina balística no son la panacea. Como es sabido, el cuerpo humano ante un enfrentamiento o situación de riesgo experimenta, de modo automático, una serie de cambios psicofisiológicos que modificarán cualquier conclusión o estudio de laboratorio, teniendo que estar a cada caso real concreto. Lo que un ser humano no soportó, otro lo podría soportar de modo casi sobrenatural. La Gelatina no deja de ser un buen cuerpo inanimado carente de sentimientos, pero por ahora parece que es lo mejor que tenemos para seguir experimentando.

Comentarios

  1. ¿Hay mucha diferencia desde el punto de vista económico (precio de una caja) entre los cartuchos de punta blindada que usamos normalmente las FFCCS y los de punta hueca?

    Un saludo.

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  2. Hola amigo. Antes que nada, gracias por la visita y por la lectura.

    Respondiendo a tu consulta, sí, hay diferencia de precio. Verás, la munición FMJ es, quizás, las más barata, junto a las de plomo desnudo. Áún así, incluso entre las Blindadas/FMJ, hay diferencias de precios, según marcas, pero en general, podemos afirmar que son las más económicas.

    Dentro de la cartuchería que monta Punta Hueca, podemos distinguir variedad de precios, desde las muy caras a las menos caras, pero incluso la menos cara, lo es más que la FMJ. Existen otros proyectiles de buena o muy buena aceptación profesional, por ejemplo: los SeCa y Actión, estos últimos en sus diferentes versiones. Ambos tipos se fabrican en bajo en "manto" del Grupo suizo RUAG, y sin ser extrictamente Punta Hueca, si que se comportan de modo similar, al menos en sus resultados finales.

    Un saludo.

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  3. Felicidades por su articulo Ernesto.

    A colación del mismo le diria que yo en mi arma particular si uso munición de punta hueca por todas sus propiedades de sobra conocidas y muy bien expuestas en su artículo. El problema es que, como usted bien sabe, los funcionarios pertenecientes a Cuerpos Estatales (desconozco P.Locales) tienen que emplear de servicio la municion que se les facilita, y de emplear otra seria bajo consentimiento de su superior (que nadie se pilla los dedos), o atenerse a las consecuencias de su uso. De ahí el desconocimiento de la gente, las leyendas sobre la punta hueca etc, etc.
    Lo que le quiero decir, y me imagino que usted compartirá, es que a veces, aunque sea triste, hay que resolver alguna intervención con siete tiros (noviembre de 2008), pudiendo resolverla con dos o tres.
    Un afectuoso saludo.

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  4. Hola Vila. Antes de nada, gracias por tus visitas y comentarios.

    Los agentes de los Cuerpos de PL, al igual que el resto de funcionarios policiales del país, estamos obligados a usar, en horas de trabajo, el material de dotación que recibimos, entre ellos, la munición que recibimos con el arma. Así pues, todos debemos usar la munición que tenemos asignada, y no la que queramos adquirir de modo privado. Son más, cada día, los Cuerpos de PL que en España, adquieren de modo OFICIAL y REGLAMENTARIO, munición de Punta Hueca para dotar a sus agentes, así pues, quien de ese modo reciba Punta Hueca de la Administración, la recibirá legalmente para el servicio. Hace algo más de un año, fue la PL de Alcázar de San Juan en Ciudad Real, la que adquirió munición Remintong Golden Saber, y como este Cuerpo de PL, otros muchos.

    Respecto al incidente que refiere en noviembre de 2008, lo conozco. Le sugiero la lectura del artículo que con mi firma, aparece en este blog, y que por título lleva: Conclusiones Extraídas del Análisis de los Enfrentamientos Armados, al final del texto, se comentan casos reales de enfrentamientos, y este, el del atraco en Petrer, es uno de ellos.

    Un saludo y nuevamente, gracias.

    Ernesto.

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  5. Enhorabuena y gracias por este blog, Ernesto:

    Respecto a lo que se ha comentado sobre el comportamiento de la munición, quisiera hacer dos preguntas:

    ¿Es cierto que la munición de "punta hueca" no está permitida para uso particular?

    En EEUU es común el uso policial del .45 ACP. Tengo entendido que la velocidad del proyectil es menor comparada con el 9 mm. Parabellum. Por tanto debo intuir que se trata de munición que tiene más poder de parada y sobreprenetra menos, disminuyendo la posibilidad de rebote.

    Entonces... ¿Por qué no se usa en Europa para funciones policiales o de autodefensa? ¿Tiene más penetración que el .38 Special?

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  6. Hola Shaft:

    Tus preguntas son de interés, y tienen respuesta, pero extensa. Te ruego me contactes por email para poder explayarme como mereces.

    Gracias.

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  7. Excelente explicación, era una duda profesional que siempre tuve dudas sobre el calibre que se usa en las FCSE y me ha quedado muy claro con vuestra prueba de campo, un saludo y gracias por compartir los conocimientos.

    ResponderEliminar
  8. Hola Ernesto, enhorabuena por el artículo, porque lo encuentro muy constructivo. Tengo una duda que te quería comentar, llevo idea de cogerme una HK P2000SK para defensa y tenía intención del calibre 40SW, por el poder de parada, pero un compañero de armamento que entiende bastante me.dice que para esa pistola es demasiado, y que me la coja del 9mmPB, por lo que entiendo tras leer tu artículo que sería conveniente la punta hueca del 9mm, para conseguir ese mayor poder de parada que la munición que nos dan de dotación,no?
    Muchas gracias y un saludo.

    Jorge Cao

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    Respuestas
    1. Hola, Jorge Cao.

      Gracias por leer este espacio. Mira, si la legislación de tu país te permite usar punta hueca… úsala. Siempre dará mejor resultado que la munición FMJ y demás convencionales. Si estás en España, no podrás usar legalmente esa munición en tu arma privada. ¿Te dan de dotación punta hueca —en cualquier caso no será del .40, por lo que veo—? Respecto al calibre, el .40 SW posee más energía que el 9 m/m Luger, no hay duda, pero no tanta como para que la Hk-2000-SK no responda bien. Notarás una matada mayor en la mano con el .40, pero es perfectamente controlable. ¿Sabes si ese compañero de armamento ha disparado con un .40 alguna vez…? Sé de gente que habla de cosas que no ha visto y que no sabe ni como se escribe. Mira que cosa: el .45ACP es más potente que el .40SW, y sin embargo es más agradable en la mano cuando se dispara.

      Un compañero se ha comprado una Glock del .40 tras años usando y disparando mucho con 9m/m Parabellum, y aunque nota el cambio en la mano a la hora de disparar, controla todos sus disparos en una pistola subcompacta, del tamaño de la que te quieres comprar. Él también me pidió consejo. Dicho esto, ¿vas a poder comprar económica y fácilmente munición del .40? Si no es así, quédate en el 9 m/m, pues intuyo que además de serte fácil conseguir pequeñas partidas gratis (regalo), podrás comprar en cualquier club de tiro o armería (al menos en España. No sé desde qué país me escribes).

      Si tienes interés por algo más, escríbeme a: epr05@hotmail.es

      Saludos.
      Ernesto.

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