ESTÁ PASANDO: Enfrentamientos Armados Made in Spain

Por: Ernesto Pérez Vera



Los que siguen mis artículos y sobretodo los que trabajan conmigo, saben que el enfrentamiento armado y aquello que lo circunda es, para mí, una prioridad que hay que analizar y estudiar. En casi todos los artículos he abordado este tema.

Tanto en mis trabajos escritos como en mis clases, cursos o incluso disertaciones, suelo sacar a colación casos reales de encuentros armados ocurridos en España, intentando siempre buscar casos cercanos en el tiempo. Considero que es muy importante que el funcionario policial vea el enfrentamiento armado como algo posible y cercano a él, no como algo poco probable y lejano. Hasta la fecha se viene inculcando todo lo contrario en algunas Academias.

En otros casos, y créanme que lo he vivido, ciertos instructores directamente dicen a sus alumnos que lo mejor que hay, para NO tener un encuentro armado, es eludir el compromiso. Esto es “ser un paga muerta”, como decimos en mi zona. Esos mismos profesores iletrados demuestran su incompetencia al acreditar su desconocimiento sobre la mayor de las verdades conocida en estos temas: “solamente el malo decide cómo y cuándo se va a iniciar el ataque…y nunca avisa de ello”.

Cuando un “malo” toma la decisión de atacar letalmente, NO lo hará necesariamente contra un agente comprometido contra el delito, sino que lo hará contra todo aquel que vista el uniforme que se encuentre a su paso, aunque se trate de un encuentro casual.

“España NO es Estados Unidos…”, eso me dicen muchos para evitar tener que entrenar tiro policial realista. Esos mimos dicen que la calle está mal, pero también sostienen que tampoco lo está tanto como para tener que entrenar “como en las películas”. Esas manifestaciones las realizan convencidos de que su entrenamiento de tiro deportivo y de diversión les será suficientemente útil. No se engañen, la mayoría de programas de entrenamiento de las FYCS no son más que ejercicios seudo deportivos, si bien algunos son divertidos, como es el caso de algunos recorridos.

Cuando además del entrenamiento se les habla de adecuar la mentalidad a la realidad de la dinámica de un encuentro armado, la cosa se pone peor. Directamente dicen que ellos podrán con casi cualquier cosa que se les presente. Esto lo dicen sin saber usar adecuadamente el arma, porque la mayoría no sabe ni como funcionan sus mecanismos.

Otras veces dicen esto otro: “…con trece balas que llevo y con los tiritos que a veces pego en la finca de mi cuñado…no tendré problemas para defenderme de cualquier ataque, por que además no suelo fallar disparando a las botellas vacías…”. Para muchos policías esos son sus únicos ejercicios de entrenamiento en tiro. ¡Patéticamente peligroso!
Muchos agentes policiales, por desgracia, siguen creyendo que con trece o quince cartuchos en el cargador tendrá bastante para salir vivos de todo encuentro armado. Se niegan a creer que los enfrentamientos armados se producen cuando menos son esperados, y además de modos y en circunstancias que jamás pudieron imaginar.

Algunos directamente dicen que llevan un arma de tal o cual marca, y además, por ejemplo, con linterna incorporada, obteniendo de ese conjunto toda la confianza de mundo y el convencimiento de que son invencibles. Pero a esos mismos policías les suelo preguntar sobre su entrenamiento, siendo la mejor de las repuestas que "hace un año, en una finca con unos colegas, no fallé ningún tiro a los trocos de unos árboles". Para muchos policías esos son sus únicos ejercicios de entrenamiento en tiro. ¡Patéticamente peligroso!

Señores. No confíen exclusivamente en el arma, sea un arma muy buena o sea otro arma mejor aún. No confíen exclusivamente en que sus armas llevan trece o quince cartuchos en el cargador. Lo más importante de todo es saber actuar, saber manejar el arma y saber sacar el máximo partido de ella. Pero sobre todo, lo que más inclinará la balanza en el enfrentamiento será la actitud ante el ataque, esto es: querer vivir y oponerse al agresor resueltamente rezumando instinto animal de supervivencia.

Conozco a policías que confían en que llegado el caso sus maravillosas armas, aún habiendo entrenando poco o nada con ellas, les harán salir airoso del trance. Ojalá descubran sus errores en los entrenamientos, en otro sitio sería un descubrimiento tardío y sangrante.

Un método muy pedagógico, al menos para mí, es el empleo de ejemplos reales. Como ya comenté al inicio de este artículo, en los trabajos que precedieron a este, ya usé, muy resumidamente, casos reales cercanos en el tiempo. Hoy también expongo casos “frescos”, otros no tan frescos, pero desde luego todos fueron sonados y ocurridos en la última década.

De la lectura y entendimiento de los tristes ejemplos que seguidamente voy a usar, podemos sacar conclusiones. Sobre todo veremos que a todos nosotros, cuando menos lo esperemos y a veces incluso esperándolo, nos puede acechar un criminal que ha resuelto en su mente asesinar a quien se ponga en su camino…

El 20 de septiembre de 2000, en Barcelona, un agente de la Policía Local (Guardia Urbana en esa ciudad) resultó muerto por dos disparos del calibre 9 m/m Parabellum, impactando uno de ellos en la cabeza y el otro en el vientre.

El guardia urbano estaba destinado a misiones de regulación de tráfico rodado en la Diagonal —importante vía de la ciudad—. Tras detectar la presencia de un vehículo aparentemente averiado, se aproximó a él. Una vez estuvo más cerca, advirtió que estaba siendo empujado en la calzada por dos hombres, por ello el agente trató de ayudar a quitar el coche del lugar. Una vez estuvo “encima” del vehículo…recibió los dos disparos.

Los dos criminales huyeron del lugar. Posteriormente se pudo averiguar que se trababa de dos perros asesinos de la banda terrorista eta, los cuales tenían intención de colocar un coche bomba en la ciudad.

Como pueden ver, algo tan sencillo y cotidiano como ayudar a un ciudadano que tiene el coche averiado, se puede convertir en una “emboscada”. En este caso NO fue un acto criminal deliberado, sino que se produjo un encuentro casual entre el “bueno” y los “malos”. Una vez más, como siempre, los “malos” no querían ser descubiertos. No olviden algo: los malos son los que deciden dónde, cómo y cuándo se va a producir el enfrentamiento.

Al guardia urbano no le dio tiempo de repeler el ataque, y es lógico. Él solamente se acercó a unos ciudadanos para ayudarlos, como hacemos todos nosotros mil veces al año en idénticas circunstancias. ¡Lo ven, cuando menos lo esperamos se produce lo inesperado!

El 12 de agosto de 2002 falleció en Madrid un inspector del C.N.P. El funcionario estaba acompañado de otros tres integrantes del mismo cuerpo y trataban de identificar, para posteriormente detener, a un ciudadano colombiano de 39 años que se hallaba implicado en la muerte de otro sudamericano.

Los policías del dispositivo eran de la Brigada Provincial de Homicidios. Todos los agentes intervinientes resultaron heridos por los disparos del colombiano. El encuentro se produjo en el portal de un edificio, en el cual los agentes le esperaban ocultos. Sólo uno de los agentes fue capaz de hacer fuego efectivo y herir de un disparo en el abdomen al criminal colombiano, pero también este policía resultó herido en la refriega.

Este triste episodio es significativo. Aún estando los agentes en situación de superioridad numérica y contando con el importante factor de la sorpresa, la cosa salió mal. ¿Qué pudo fallar aquí? Se supone que los agentes estaban armados y al acecho del malhechor, quizá podamos denominar la situación como de emboscada. Aún así, todo salió mal.

Me pregunto si algún agente portaba chaleco balístico. La lógica me dice que si se monta una operación para detener a un homicida, tendiéndole una emboscada, deberían ir no sólo 4 ó 5 funcionarios, sino que además deberían ir especialmente armados y protegidos. Descanse en Paz ese compañero y paisano de La Línea de la Concepción, del que todos dicen era una Policía ejemplar.

El 17 de diciembre de 2002, en Collado Villalba (Madrid), dos agentes de la Guardia Civil fueron recibidos con fuego de pistola al tratar de identificar a los ocupantes de un vehículo turismo, que estaba estacionado en el arcén de la carretera de La Coruña, con dirección Madrid.

Uno de los agentes, de 27 años de edad, falleció tras recibir dos impactos del calibre 9 m/m Parabellum, mientras se aproximaba al vehículo. Este agente consiguió abrir fuego de réplica con su arma, alcanzando a uno de los dos ocupantes del vehículo. Los atacantes resultaron ser perros asesinos de la banda criminal eta. El otro agente fue alcanzado por el fuego, pero resultando herido leve.

El asesino herido fue detenido en el lugar de los hechos, el otro huyó en otro coche robado, si bien horas después también fue detenido en otro municipio.

Aquí, como en otros casos, se produce el encuentro armado en una situación de aparente poco riesgo. En este caso una identificación de ciudadanos que previamente no habían dado muestras de sospecha alguna, pero todo acabó funestamente. Por ello siempre digo lo mismo: no se confíen por muy rutinaria que parezca una actuación, piensen siempre que se puede convertir en un fiasco. Tomen toda actuación como de potencial riesgo.

El día 1 de marzo de 2003, un agente de P.L. de Marbella (Málaga) resultó herido grave al recibir en su torso un impacto de bala. Los hechos se produjeron cuando el agente, que patrullaba sólo en ese instante, trató de identificar a dos sujetos que conducían un vehículo sustraído. El agente sospechó que los ocupantes del vehículo pudieran haber participado, minutos antes, en un tiroteo.

Uno de los delincuentes resultó herido pero de menos gravedad que el agente, en cualquier caso no fue detenido. Los delincuentes portaban chalecos antibalas, pero este extremo se supo cuando días después fueron hallados, con varios impactos, en un vertedero. Se contabilizaron hasta 30 vainas en la escena del suceso. Se da la circunstancia de que el agente herido es el Instructor de Tiro de la P.L. de Marbella y ya ha tenido dos enfrentamientos similares. El impactó que alcanzó al agente salió, según el propio funcionario, de un revólver.

En este caso el agente herido no portaba chaleco de protección balística, si bien es sabido que este funcionario lo portaba con asiduidad en esas fechas, pero ese día lo dejó en la taquilla. Según parece, el agente, aún estando herido, vació sobre los delincuentes los dos cargadores que portaba para su Walter P-99 de 9 m/m Parabellum.

El agente, en mi opinión, lo hizo bien. Cumplió la primera premisa: llegó vivo a casa, eso sí gravemente herido. Además impactó a sus atacantes, cosa complicada cuando la “diana” se mueve y dispara —ya no es el cartón de la galería de tiro—, lo penoso es que los malhechores iban protegidos contra las balas.

El 29 de diciembre de 2004 dos agentes del C.N.P., de la Unidad de Motos se Sevilla, se adentraron en un edificio de la barriada de las “Tres Mil Viviendas”. En el bloque de viviendas se trapicheaba con pequeñas dosis de droga y los agentes, una vez dentro del mismo, llamaron a la puerta entornada de una casa en la que sabían que a veces se traficaba con papelinas de cocaína y heroína.

Los agentes iban solos, sin apoyo de otras unidades, y se disponían a realizar un servicio que para cualquier agente comprometido es rutinario y habitual. Una vez los moradores de la vivienda advirtieron la presencia policial, en el umbral de la casa, sin mediar palabras abrieron fuego con escopetas de caza. Los agentes repelieron el fuego con sus armas cortas de dotación.

El resultado final del encuentro armado derivó en la muerte uno de los traficantes. Otros tres delincuentes resultaron heridos. Los dos agentes resultaron también con heridas, uno de ellos por golpes severos en la cabeza, con una barra de acero, y el otro por disparos de escopeta en las piernas.

En esta ocasión, nuevamente los policías cumplieron con la primera de sus misiones: llegar vivos a casa con sus familias. Para mayor suerte, supieron y pudieron usar sus armas de modo eficaz y proporcionado.

Este caso hace pensar que los agentes, en sus mentes, podrían tener muy presentes que en cualquier momento se podría iniciar un enfrentamiento, toda vez que se adentraron en una barriada y edificio en el que les constaba que el delito “flotaba” por las esquinas. De todos modos, este mismo tipo de enfrentamientos se pueden presentar incluso cuando un agente acude a una vivienda “normal” para, por ejemplo, entregar una citación o mediar en una disputa doméstica.

A colación de lo último que he dicho en el párrafo anterior, quiero reseñar un caso reciente que he conocido. Unos agentes acudieron a una vivienda para comunicar una resolución administrativa referida a la tutela de un menor. Mientras los moradores de la vivienda atendieron a los agentes, con la puerta entreabierta, desde ahí los funcionaros advirtieron, sobre una mesa, cierta cantidad de drogas y varias armas cortas.

Finalmente se detuvo a los que allí se encontraban y se retiraron de la “circulación” varias pistolas Glock, algún revólver y una importante cantidad de cocaína. En esta ocasión la cosa salió bien desde el principio, pero siendo una casa “normal” y nada sospechosa, en ella había más peligro que en otras de peor aspecto.

El 6 de abril de 2006 un agente de la G.C., destinado en la Comandancia de Segovia, resultó gravemente herido por arma de fuego durante la realización de una identificación a los ocupantes de un vehículo. Los autores de los disparos resultaron ser delincuentes habituales que huyeron del lugar en un vehículo.

Pese a que la prensa desde el principio dijo que el incidente se produjo en un Dispositivo Estático de Control al Tráfico (Control de Tráfico), parece que es más cierto que el hecho fue mucho más sencillo, o al menos muy cotidiano. Todo se produjo, como tantas veces, al acercarse los agentes a un vehículo sospecho para identificar a sus ocupantes.

Parece casi una constante, y de hecho lo es. La inmensa mayoría de los tiroteos se producen a distancias muy cortas, entre 0 y 3 metros. Esa es la distancia típica y lógica que mantiene un policía durante un cacheo o identificación de una persona, o sea la distancia del: “¡Hola…¿me deja ver su documentación por favor?!”

Mi consejo es que siempre piensen en lo impensable. Si llevan eso en la mente tendrán “los deberes” casi realizados. Así pues, si en algo tan cotidiano como una identificación se produce un ataque letal, su cerebro dará con mayor velocidad las órdenes oportunas al resto del cuerpo, o sea tendrá previstas respuestas de defensa y se habrá ganado tiempo de reacción.

El 29 de mayo de 2006, en la ciudad madrileña de Parla, un agente de la P.L. de Getafe que se hallaba franco de servicio, fue víctima de un robo con violencia e intimidación a la salida de un banco. El policía acababa de realizar gestiones particulares y no vestía uniforme.

El funcionario fue agarrado por el cuello y derribado. Los asaltantes fueron tres personas armadas con armas punzantes. El asaltado fue herido varias veces mientras golpeaban su cabeza contra el suelo. Uno de los atracadores, de gran corpulencia y capacidad física, le provocó lesiones graves en la columna vertebral, teniendo por ello que ser quirúrgicamente intervenido. Por suerte este agente iba armado con una pistola particular —no de dotación reglamentaria—, y cuando tuvo ocasión y aún estando herido, consiguió impactar con su arma a dos de los asaltantes.

Uno de los delincuentes falleció prácticamente en el acto por las lesiones producidas en la cabeza. Otro de los atracadores recibió un impacto en el hombro, aún así consiguió huir del lugar. El tercero de los delincuentes alcanzó la fuga sin ser herido. Se da la circunstancia de que este agente es Instructor de Tiro Policial Reactivo, y además con cierto nivel de maestría. Nuevamente estamos ante otro agente que cumplió eficazmente la misión: llegó vivo a casa, eso sí previo pasó por el hospital…pero “tocó” a su enemigo.

Portaba una pistola marca Glock del calibre .40 SW, y como era de suponer en un profesional de su talla y maestría, con cartucho en recámara. Por cierto, también portaba munición de punta hueca de la marca Fiocchi. Justamente a los dos años de suceso se inició el juicio por estos hechos y como era de esperar, cuando las cosas se hacen bien, el agente NO ha recibido reproche judicial alguno. Es más, la fiscalía jamás acusó al agente, sino que fue la acusación particular quien trató, inútilmente, de conseguir una condena para el agente. Por otra parte, los dos acusados que sobrevivieron han sido condenados a penas de prisión.

El 10 de febrero de 2008 un agente de la P.L. de Granada fue herido por arma de fuego durante la identificación del conductor de un vehículo que iba a ser denunciado administrativamente por conducción negligente.

El disparo alojó un proyectil del calibre .22 L.R. cerca de la base del pene del agente. Parece que el disparo se produjo desde un edificio próximo al lugar en el que policía realizaba la identificación.

Otra vez la constante, pero esta vez en otra “versión”. Aunque se encontraba a distancia “de brazo” del sujeto objeto de la identificación, el disparo le alcanzó, según todos los indicios, desde mayor distancia y por persona ajena a la intervención policial del momento.

No obstante tenemos otra circunstancia común en casi todos los casos: la cosa se pone fea cuando menos lo imaginamos, el ataque nos suele sorprender. En este caso el ataque se produce desde un punto distinto al de la intervención.

El día 23 de marzo del 2008 un agente del C.N.P., que patrullaba en unión de otro compañero, recibió durante la madrugada un disparo a corta distancia. Todo ocurrió durante la identificación de dos sospechosos. Los hechos se produjeron en un barrio marginal de la ciudad de Benidorm (Alicante). El agente herido recibió un disparo en el pecho que le provocó gravísimas heridas. Los autores de los disparos no fueron ni heridos ni detenidos. Los policías no fueron capaces de hacer un acertado uso de sus armas.

Otra vez la constante. Suena a pesado, lo sé, pero hay que repetirlo e insistir en ello. Con ello espero que la gente se mentalice y se conciencie sobre la dura realidad del enfrentamiento.

Nuevamente se produce un letal ataque a la distancia del: “¡Hola, documentación por favor¡”. Para este y para otros casos —para todos—, el acondicionamiento mental, la funda adecuada, el entrenamiento de tiro y el entrenamiento de desenfunde/enfunde, más el uso de cartucho en recámara, hubieran ayudado a repeler el ataque. Quizá incluso se hubiera alcanzado al delincuente mientras este dirigía el arma contra el agente, y antes de que aquel disparara.

Por favor, entrenen de modo realista. Piensen en estos casos que están leyendo. Muchas de estas circunstancias están presentes en casi todos los enfrentamientos. Entrenen en base a sus propias conclusiones.

El 12 de agosto de 2008, en Setenil (Cádiz), un agente de la Guardia Civil de la USECI de Cádiz resultó herido en el rostro por de arma fuego, concretamente fue disparado con una escopeta de caza.

Los hechos se produjeron de madrugada en un Dispositivo Estático de Control al tráfico rodado. El dispositivo policial tenía por misión principal la localización de una banda de atracadores, que días antes, en la misma zona geográfica, había asesinado a una mujer y herido a un varón. En ambos casos se empleó una escopeta de caza y se cometió robo en casa habitada.

En el instante en el que los agentes dieron el ALTO POLICIAL al vehículo, uno de los cuatro ocupantes del turismo asomó una escopeta por una ventanilla y sin reparo alguno abrió fuego contra los guardias.

Días más tarde, concretamente el 25 de agosto, agentes del mismo cuerpo y unidad volvieron a tener una refriega en la misma zona y con la misma banda de delincuentes. Tras el primer incidente, la GC y en CNP se unieron para en las investigaciones, llegando, con la suma de informaciones, a identificar a toda la organización criminal. Una vez identificados, fueron sigilosamente seguidos y vigilados, por ello en la segunda ocasión resultó más eficaz establecer el Dispositivo de Control para “cazarlos”.

En este segundo control los malhechores volvieron a abrir fuego contra los funcionarios. Un agente resultó gravemente herido por atropello, pero NO por arma de fuego. Los delincuentes huyeron a pie por la autovía mientras abrían fuego. Un vehículo que circulaba en el otro sentido de la marcha, y ajeno a lo que estaba pasando, arrolló a un agente de la GC que en ese instante cambiaba por el arcén en dirección a los fugados.

Los delincuentes eran cuatro, todos españoles y de etnia gitana. Uno resultó muerto en el acto como consecuencia del intercambio de disparos con los funcionarios. Otro resultó herido por las armas de los agentes de la benemérita y otro solamente presentó magulladuras y otras heridas leves, todas ellas producidas en su intento de fuga campo través. El cuarto atracador se entregó sin oponer resistencia alguna.

En este caso todo salió bien, al menos en lo relativo a disparos contra la fuerza actuante. Ningún agente recibió impactos de los malhechores, aunque por desgracia otro agente resultó herido grave por accidente de tráfico.

El 31 octubre de 2008, en Sevilla, un inspector jefe del C.N.P., franco de servicio, fue herido de gravedad por el disparo de un atracador. El funcionario, que se encontraba en compañía de su esposa, advirtió la perpetración de un atraco con arma de fuego en el mismo comercio en el que él se encontraba como cliente. Como quiera que los policías estamos obligados a actuar, aún NO estando de servicio, éste funcionario, con acierto, valor y pericia…lo hizo.




El atraco lo estaban cometiendo dos personas, pero una fue la que entró en el establecimiento, mientras que el otro, con un vehículo, esperaba fuera. El inspector jefe al ver lo que estaba pasando a escasos metros de él —distancia de brazo— y aún viendo una pistola en la mano del malhechor, se identificó como funcionario policial. Se produjo un forcejeo con el delincuente.

El resultado final fue que el funcionario recibió un disparo del calibre 9 m/m Parabellum en el vientre, si bien fue dos veces disparado, no alcanzándolo uno de los proyectiles. El delincuente falleció al ser dos veces impactado por el revólver del calibre .38 Especial que el inspector jefe portaba consiguió. Según parece el mando policial trató de detener, fuera del establecimiento y aún sintiéndose ya herido, al atracador que esperaba fuera y que huyó tan pronto sonaron los disparos.

En este caso además de felicitarse por una acción con resultado final satisfactorio, cual es que un agente sobrevive a un enfrentamiento, hay que aplaudir la siempre difícil y arriesga acción de actuar sin estar de servicio. Aprovecho este momento para felicitar públicamente al ahora comisario don Jesús Gómez Palacios.

El 28 de noviembre de 2008 en la ciudad alicantina de Petrer se produjo un tiroteo entre los dos atracadores de una entidad bancaria y agentes de la P.L. y del C.N.P. Como resultado de la refriega dos agentes del C.N.P. resultaron heridos por los disparos.

Uno de los policías recibió tres impactos, de los cuales uno impactó en la mandíbula. Los atracadores también recibieron varios disparos. Uno de los delincuentes acabó herido por impactos en sus brazos y el otro falleció tras recibir dos impactos en el pecho —uno de ellos en el corazón— y otro en la muñeca que portaba el arma de fuego. El atracador que recibió los tres impactos, aún herido en diversas zonas de su anatomía, seguía esgrimiendo su revólver en dirección a los agentes policiales. Además de los impactos directos, en su cuerpo fueron hallados “rozadoras” de otros proyectiles que acabaron en “algún sitio”, pero que al atracador no produjeron heridas de consideración.

Lamentablemente dos agentes fueron heridos en este servicio, pero por suerte sobrevivieron. Afortunadamente los atracadores fueron alcanzados por los disparos policiales. Destaca en este enfrentamiento la ineficacia de los proyectiles convencionales, toda vez que el sujeto que falleció seguía disparando después de haber recibido varios impactos.

La munición empleada por los policías era del calibre 9 m/m Parabellum, estando montados los cartuchos con proyectiles semiblindados. Una vez más se demuestra que estos proyectiles no son los idóneos para transferir la máxima energía al cuerpo impactado. Menos apropiados son los blindados, que también son ampliamente usados en las FYCS de España, en espacial por la Guardia Civil. Al margen de los proyectiles que de lleno entraron en los cuerpos de los atracadores, otros tantos no se detuvieron en ellos, ¿adónde fueron a detenerse…?

El 13 de febrero de 2009 un agente de la Policía Municipal de Madrid resultó herido por arma blanca en una mano y por disparo de arma de fuego en un píe. En la misma actuación un agente del CNP recibió una cuchillada en un hombro.

Las heridas de arma blanca de ambos agentes la produjo un ciudadano de Ghana que se mostró agresivo y violento cuando era identificado; mientras que la herida de arma de fuego en el píe del Policía Municipal, la provocó un disparo del agente del CNP. Finalmente el ciudadano de Ghana fue detenido tras recibir un disparo en una pierna, aunque con el impacto en la extremidad consiguió huir, a la carrera, varios cientos de metros desde el lugar de los hechos.

De esta actuación se pueden sacar varias conclusiones. La primera es que nunca hay que subestimar el poder lesivo de un arma blanca, la cual a distancias cortas o muy cortas suele provocar lesiones muy graves. Una persona no entrenada ni en manejo de armas de fuego ni en manejo de cuchillos, siempre será más eficaz y peligroso con el arma blanca. Es cosa de instinto.

Según parece el disparo que el agente del CNP efectuó sobre el pie del agente local, se produjo cuando a muy corta distancia todos trataban de reducir al africano, con las armas en las manos. Posiblemente la nula o escasa formación en técnicas de tiro defensivo-reactivo a corta distancia, sea la causa de este triste accidente.

El 21 de febrero de 2009, en Baracaldo (Vizcaya), falleció una agente de la Ertzaintza —Policía Autónoma Vasca—. El fallecimiento se produjo cuando el funcionario fue atropellado, deliberadamente, en un Control de Alcoholemia. Tras producirse el arrollamiento, el agente quedó atrapado y sin defensa alguna en los bajos del vehículo homicida, el cual era una furgoneta sustraída días antes.

Los ocupantes de la furgoneta eran dos personas jóvenes, siendo un varón el conductor y mujer la acompañante. Además de conducir un vehículo sustraído, el conductor carecía del Permiso de Conducción.

Se inició, por parte del resto del dispositivo, una persecución tras los delincuentes, los cuales huían con el funcionario policial atrapado bajo el vehículo. Tras 300 metros de persecución y varios disparos efectuados por los agentes perseguidores, el furgón detuvo la huída. Como consecuencia de los disparos policiales, el conductor resultó herido en una pierna y en el tórax la mujer acompañante.

En esta ocasión la situación hostil no llegó con un arma de fuego, ni tan siquiera con un arma blanca. En este caso fue un arma más peligrosa, al menos por peso y tamaño: un coche, mejor dicho, una furgoneta. Aprovecho para sacar a colación el tema de accidentes de tráfico. Los incidentes/accidentes con vehículos a motor son, en España, los causantes de “infinitas” muertes. Muchas más que las producidas por accidentes con armas de fuego.

En este caso, al igual que en otros similares, se demuestra que el “malo” atacará como pueda y con lo que pueda, por ello no deben subestimar ninguna opción de ataque contra ustedes. Todo es posible cuando un ser humano decide no dejarse detener.

El 4 de octubre de 2009, en Madrid, varias unidades del C.N.P. fueron comisionadas para verificar el comunicado de una llamada ciudadana que denunciaba que en un parque se encontraban sujeto sospechoso de portar armas de fuego. Al parecer una vecina del lugar advirtió como un varón muy corpulento, portaba armas cortas entre sus ropas.

Cuando los agentes se personaron en el lugar de los hechos, de inmediato detectaron a una persona que poseía las características físicas del sospechoso. Tan pronto los agentes se aproximaron al sujeto, éste los recibió con el fuego de dos armas cortas que extrajo de los bolsillos del pantalón. El sujeto disparaba simultáneamente, o sea con un arma en cada mano y a la par.

Los policías respondieron al fuego, consiguiendo alcanzar con sus disparos al corpulento hombre de 208 kilogramos de peso. El sujeto fue impactado del siguiente modo: 4 impactos en las extremidades inferiores, 1 impacto en el glúteo y otro impacto en el vientre. El hombre quedó herido y pudo ser detenido, siendo atendido in situ por los servicios médicos.

Las heridas no revistieron gravedad pese a ser seis los impactos que recibió en el cuerpo, y además muy repartidas. Tras acabar la confrontación se verificó que las armas que esgrimió y disparó el detenido…eran de fogueo/detonadora.

En este caso los agentes respondieron al fuego y acertaron con un buen número de disparos. De todos modos no podemos saber, por suerte, si en vez de haber sido de fogueo el arma del agresor hubiera sido real, si hubiera alcanzado a algún agente.

Esta intervención demuestra que aquel que porta armas al margen de la Ley, acabará usándolas tarde o temprano. Quien ha decidido atacar y tiene los medios para ello, lo hará, siendo el resultado de su ataque eficaz o no en virtud de otros motivos.

El 2 de diciembre de 2009, en Málaga, un agente del CNP destinado en radiopatrullas del 091, fue herido de gravedad por un disparo de escopeta. El funcionario herido y su compañero fueron alertados, por la Sala de Transmisiones, sobre la presencia de un sujeto violento y armado en las cercanías de la vivienda de su familia, a la cual había atacado y amenazado de muerte.

La patrulla policial, tras personase en la zona, localizó al sujeto violento, el cual huía del lugar en un vehículo turismo. Tras una persecución los funcionarios consiguen cerrarle el paso. Un agente, al aproximarse al vehículo, vio como un arma larga (escopeta) se dirigía hacia él. El agente pudo extraer su arma y montarla, pero fue alcanzado. Aún herido de gravedad, el policía abatió al escopetero y lo mató.

En este caso el policía herido tuvo que montar, trabajaba en la denominada Condición 3 de porte. ¿Hubiera sido más rápido en su respuesta de fuego de haber portado su arma en Condición 2?

Para acabar quiero expresar mi reconocimiento a todos los agentes que protagonizaron los enfrentamientos usados como ejemplos en este artículo. Como cristiano creyente que soy, espero que los fallecidos estén donde yo sé que están los buenos que se “marchan”. Al mismo tiempo deseo que todos los que resultaron heridos, ya estén totalmente recuperados de sus lesiones.

También quiero pensar que tanto los fallecidos como los heridos, recibieron el reconocimiento profesional y el trato justo que merecen. No olviden una cosa, les pasó a ellos por la sencilla y noble razón de que todos ellos estaban ahí. Estaban cumpliendo con un sagrado deber, y así y ahí es donde pasan estas cosas.

Todo lo que antecede no es siempre entendido y reconocido por quienes se esconden detrás de una mesa y se sientan en cómodos sillones.


Publicado en Revista War Heat Internacional del mes de mayo y junio de 2010 (números 89 y 90)

Comentarios

  1. Felicidades como siempre por la currada del artículo.

    Haría falta que todo el mundo lo leyera y se diera cuenta de que en cualquier momento puedes tener un tiroteo.

    Felicitar también a los COMPAÑEROS que se han jugado su físico e incluso la vida para evitar que estos HDP siguieran en la calle

    HEROES.

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  2. Hola Azulito. Gracias por la visita y por el comentario. Espero seguir viéndote por estos lares.

    Recientemente, he conocido al agente protagonista de uno de estos enfrentamientos, todo un profesional de las armas, por eso lo conocí, de lo contrario, y con el cariz que tenía su caso...hubiera sido baja perpétua.

    Hasta la vista.

    Ernesto Veritas Vincit.

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  3. Gracias por este hermoso relato de la verdad de la calle, estoy cansado de que me digan que me tomo mi trabajo demasiado en serio pero es así y tal claro como lo has hecho tu; suerte y Sigue así.
    Joseoa Oficial de Policía Local de El Ejido
    Grupo Eco.

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  4. Hola José.

    Gracias por leerme y por tus palabras. Eso que te ocurre, y que me cuentas, con tus compañeros, es algo frecuente. No les hagas caso y sigue así. Yo estoy vivo por no doblegarme ante esos comentarios, que por cierto, que esas manifestaciones suelen nacer de parásitos sociales.

    Un saludo.

    Ernesto Veritas Vincit

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  5. Gracias por tomar el tiempo, crear el blog y compartir la información con los demas. Porque algunos siguen viviendo en "shalalandia".
    Como dicen, Solo hay dos tipos de pelea: por tu Ego o por tu vida.

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