Enfrentamientos con acento gringo

Por, Ernesto Pérez Vera



De todos es sabido que las autoridades judiciales norteamericanas, e incluso la propia sociedad estadounidense, están muy comprometidas con todo lo que supone mantener la seguridad ciudadana y, por ende, también la seguridad de sus agentes de la autoridad. Por ello, bajo la directa dependencia del Departamento de Justicia Norteamericano, la Federal Bureau of Investigation (FBI) es la agencia federal encargada de recopilar múltiples datos sobre los delitos en general. Esta información, una vez desmenuzada y analizada, o sea tratada, es volcada en un complejo sistema informático de estadísticas. Para estudiar todo lo concerniente a las muertes violentas de los oficiales de policía de la nación, el FBI emplea el programa Law Enforcement Officers Killed and Assaulted (Leoka). Cabe recordar que un oficial de policía es a los anglosajones, lo que un agente de policía a los españoles.


Desde 2005, toda esta información se hace pública exclusivamente en formato web. Anteriormente al empleo de la vía on-line, los datos se publicaban de modo impreso en dosieres. Las ventajas que ofrece el nuevo método son obvias.


Hagamos un poco de historia. En 1937, hace ya casi ochenta años, una comisión compuesta por funcionarios del Departamento de Justicia comenzó, muy comprometidamente, la singladura por el mundo del análisis estadístico policial. Cabe destacar que desde el principio se dieron anualmente a conocer las cifras de los agentes fallecidos en el cumplimiento del deber. 


En 1960 las estadísticas se ampliaron en cuanto a parámetros. Ahora ya no solamente se empezó a publicar sobre las circunstancias relativas a los policías que perdían la vida, sino que también se daban a conocer aquellos casos asociados a las agresiones que no necesariamente desembocaban en fallecimientos.

En junio de 1971 la Confederación de Aplicación de Ley solicitó al FBI una mayor implicación en la investigación y prevención de las muertes de los agentes de policía. Los federales, naturalmente, aceptaron el reto y se inmiscuyeron más a fondo. La primera medida que adoptaron fue la de aumentar, informáticamente, el número de ítems y patrones de las agresiones. Entre 1972 y 1982 se emitieron dos informes anuales. Fueron años con muchas bajas.


En septiembre de 2001, como consecuencia del brutal ataque terrorista sufrido por los EE.UU., el maldito 11-S, perecieron en el ejercicio de sus funciones setentaiún policías. En el informe Leoka 2002, correspondiente al ejercicio anterior, no fueron incluidas estas víctimas. Las singulares circunstancias del caso así lo aconsejaron. Este incidente marcó un antes y un después en la forma de entender la seguridad nacional, y también la internacional o global.


Gracias a lo detallado y afinado de los actuales programas informáticos se pueden conocer datos tales como la raza o la etnia de los agentes asesinados, el estado y la localidad donde se produjeron los hechos, así como los calibres y tipos de armas empleadas por los agresores. Incluso se puede saber el número de funcionarios portadores de chaleco de protección balística que fueron objeto de acciones homicidas. Cifras relativas a los ataques sufridos con otro tipo de armas, como blancas, contundentes, o circunstanciales, son publicadas también en estos dosieres digitales catalogados en tablas de lectura.


Las franjas horarias en las que se produjeron los atentados, así como las estaciones o meses del año, son también analizadas y dadas a conocer al público. Muy revelador y fundamental en el estudio es el dato que relaciona el tipo de servicio ejercido por los agentes asesinados y las distancias a las que fueron acometidos. Este punto es fundamental. Con tan crucial información se pueden sacar conclusiones serias y de aplicación eficaz en la prevención de nuevos ataques. Esto es imprescindible para diseñar ejercicios de entrenamiento realista. 


Como ya comenté al inicio de estos párrafos, en este mismo blog se han publicado artículos sobre los enfrentamientos armados ocurridos en USA en 2007 y 2008. Todos los años, en otoño, se emiten públicamente las investigaciones que atañen al periodo anual anterior. Toca, por tanto, esperar para conocer qué ha pasado durante 2009.


Pese a que los informes del FBI son los que más pábulo y reconocimiento reciben mundialmente, siendo muy respetados por la comunidad policial internacional, pueden existir estudios realizados por otras agencias o cuerpos policiales. Por ello hay que ser cauteloso a la hora de comparar estadísticas. En cualquier caso, seguro que de todos ellos se obtienen reveladores indicios de cómo se producen las cosas ahí fuera.


Una muestra: variado popurrí de cifras


Durante 2008 fallecieron un total de cuarenta y un (41) agentes de todo tipo de agencias de seguridad pública. Cuatro (4) eran mujeres. La media de edad de los fallecidos era 39 años y la de antigüedad de servicio en sus respectivas organizaciones de 10 años.


La mitad de los policías se encontraban solos durante sus funestos encuentros. La mayoría de ellos trabajaban uniformados (27). Otros tantos ejercían de paisano y tres (3) se hallaban francos de servicio, pero como consecuencia de detectar acciones delictivas cumplieron con su obligación legal y ética, y actuaron. Si cabe, estos últimos merecen un especial respeto por parte de todos. Incluso admiración extra. Aunque en España pueda parecer casi una ilusión, existen personas que hacen de la Policía un estilo de vida..., e incluso un estilo de muerte.


Con respecto al armamento, lamentablemente cuatro (4) funcionarios fueron asesinados con sus propias armas (un revólver del calibre .38 Especial y tres pistolas del .40 S.W.). A la mayoría no le dio tiempo a usar sus armas. Solamente once (11) pudieron responder contra sus atacantes antes de fallecer. Otros cuatro (4) lo intentaron y desenfundaron sin disparar, pero los demás no llegaron ni a tocar sus fundas. La mitad de los finados fueron atacados con armas de fuego a muy corta distancia, a no más dos (2) metros. Algunos, muy pocos, perdieron la vida como consecuencia de las lesiones producidas por deliberados atropellos realizados a la hora de identificar a sospechosos.



El chaleco antibalas estaba presente en la mayor parte de los casos que estamos conociendo, que son cuarentaiuno (41). Un total de treintaiocho (38) policías portaba chaleco de protección balística. Veintinueve (29) de ellos fueron asesinados con armas de fuego. A veinte (20) no les ayudó el chaleco antibalas, pues recibieron disparos en diversas zonas de la cabeza, incluyendo el cuello. Otros nueve (9) fueron impactados en distintas áreas del cuerpo: parte alta del torso, espalda alta y vientre bajo, o sea zonas desprotegidas por los chalecos de uso interior (bajo la ropa).


Solamente en un caso un proyectil atravesó la coraza balística (chalecos de nivel IIIA de protección), y esto fue por la evidente capacidad perforante de la munición empleada: la propia de un fusil de asalto Ak-47, un arma de guerra. En ocho (8) casos los proyectiles entraron por huecos producidos entre el cuerpo del portador y su chaleco, por ejemplo, los hombros, las axilas y las clavículas. Por los paneles laterales de velcro que cierran la armadura parece que también se coló una bala.


Desde 1987 existe un club que aglutina a varios miles de personas de todo el mundo que, desde esa fecha, han salvado la vida gracias al chaleco de protección balística. Hablamos del Kevlar Survivors Club (KSC). Son más de tres mil cien (3.100) personas las que lo conforman. Desde enero de 2004, hasta la fecha, unos cuatrocientos (400) agentes norteamericanos se han unido al Club. Quien sobrevive a un encuentro o a un accidente gracias a su chaleco, de modo voluntario y tras acreditarlo con medios documentales oficiales podrá pasar a engrosar las filas de esta peculiar asociación. Al ser algo voluntario, no es de extrañar que muchas personas no pertenezcan al KSC aun poseyendo los requisitos. Ergo, seguro que existen muchos supervivientes no cuantificados.



Para confeccionar el Leoka/2009, el FBI recabó información de las 11.451 agencias policiales del país. Estas fuerzas se conformaban por 556.155 funcionarios. Un total de 57.268 agentes fueron víctima de agresiones o asaltos, lo que jurídicamente llamamos en España ‘atentado contra agente de la autoridad’. Esto supone que el 10,3% fue agredido de algún modo en el ejercicio de sus funciones. Lesiones, unas más graves que otras, o incluso la muerte, solamente sufrieron el 26,2% de los acometidos. En ese tanto por ciento se encuentran los cuarentaiocho (48) policías que fueron asesinados aquel año (siete más que el anterior). Los fallecidos cayeron en treinta y cinco (35) incidentes  independientes, lo que significa que en algún suceso murió más de un funcionario.


El 27,6% de los heridos presentaron lesiones ocasionadas por puñetazos y patadas.  El 13,3% llegó a ser alcanzado por armas blancas y el 8,8% por armas de fuego de todo tipo. Dato significativo: incluso en Estados Unidos se produjeron más agresiones ‘sangrantes’ con armas de filo que de fuego. El resto fue dañado con objetos peligrosos variados sin determinar (cualquier objeto se convierte en un arma).



En resumidas cuentas: del total de agentes atacados, independientemente de si fueron o no heridos o incluso asesinados, el 81,4% fue agredido a mano desnuda (patadas y puñetazos). El 3,5% fue acometido con el plomo de las armas de fuego y el 1,5% vio el brillo del frío acero de las armas blancas. El resto (15,1%) se enfrentó a otro tipo de instrumentos peligrosos, no necesariamente armas convencionales (cualquier objeto puede ser empleado para golpear).


¡Atención! Tomen nota, seguro que después de caer en la cuenta de este dato nadie subestimará las navajas, machetes y demás armas blancas. El 3,5% recibió el ataque de las balas y el 1,5% de cuchillos. Sin embargo del total de los que acabaron sangrando, el 13,3% lo fue por cuchilladas y el 8,8% por impacto de armas de fuego. Moraleja: el navajazo es más letal que el tiro, por propia naturaleza. Las cifras no mienten. Los malos fallaron sus disparos en más ocasiones que cuando lanzaron mandobles de cuchillos. Eso sí, hay que admitir que los cuarenta y ocho funcionarios que acabaron perdiendo la vida fueron abatidos por disparos. Casi todos fueron impactados en la cabeza y el 100% portaba chalecos antibalas.


Pese a que los informes del FBI son los más respetados y reconocidos, pueden existir estudios firmados por otras agencias o cuerpos. Por ello hay que ser cauteloso a la hora de comparar estadísticas. En cualquier caso, seguro que siempre se obtienen reveladores indicios de qué y cómo ocurren las cosas ahí fuera.

Comentarios

  1. interesante articulo para un conocedor de la POLICEMEMORABILIA, o sea un estudioso de la cultura policial

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  2. Polinsignia, te agradezco la entrada en este sitio, y también tu comentario. Espero seguir "viéndote" por aquí.

    Veritas Vincit

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  3. Buen artículo.

    ¿Se realizan investigaciones similares en nuestro país?

    Un abrazo y sigue así Ernesto.

    Mc.

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  4. Hola Mc. Antes de nada, gracias por la lectura y la visita, también por tu comentario e inquietud.

    Mira, a tu pregunta, debo decirte que NO, en España no se hacen estudios o análisis de este tipo. Hace un mes, aproximadamente, en un artículo mío sobre temas similares, un lector preguntó lo mismo que tú preguntas ahora. La respuesta que le di a él, es la misma que tengo que darte a ti, por ello, la copio, íntegramente, en este comentario.

    Un anónimo, en noviembre y en otro artículo de mi firma, dijo:
    Oye ¿sabes que hay estadísticas en España de este tipo? Podías ponerlas que siempre serán más acordes con nuestra idiosincrasia.

    Mi respuesta fue:
    Estimado señor anónimo. Debo pedirle disculpas por la tardanza en responder, pero hasta hoy no me he dado cuenta de que tenía su comentario en el blog.

    Verá, lo que repropone es muy interesante. Eso de que yo haga público, en mi blog, los datos estadísticos sobre enfrentamientos armados en España, sería estupendo, pero no tengo esos datos, y dudo mucho que nadie pueda tenerlos. En España no se cuantifican, estadísticamente, los enfrentamientos armados.

    Sería muy deseable y positivo, que algún órgano del Ministerio de Interior o del Ministerio de Justicia contabilizara y estudiara todos los encuentros armados en los que agentes de todos los cuerpos policiales intervinieran. De esos análisis, tanto si hay agentes o asaltantes muertos, como si solo son heridos, se podrían obtener datos muy importantes, pero seguro que una vez se llegue a las conclusiones, veríamos un gran paralelismo con los datos de EEUU.

    En los datos que el FBI ofrece, la diferencia más importante con España o con cualquier otro país de Europa es que allí, en USA, son más frecuentes los enfrentamientos; en USA existe un mayor volumen de tiroteos. Pero al final, tanto en USA, como en España, como en Francia, por ejemplo, las circunstancias que rodean un enfrentamiento son las mismas: identificaciones de personas (peatones), identificación de conductores y demás ocupantes de vehículos, cacheos, etc. Por tanto, los datos relativos a distancias de ataque/defensa, datos posiblemente más importante, son iguales aquí y allí. Quédese, de esos datos, con los que son, por lógica, “paralelos” a ambos situaciones geográficas.

    Un agente de policía norteamericano y uno español, sea cual sea su nivel de destreza y su arma, se va a tratar de defender del mismo modo cuando es atacado con letales intenciones. Allí, en EEUU, no todos son como en las películas, también los hay poco cualificados, como aquí, donde tenemos de todo también. Tanto los americanos como el españoles, son seres humanos, por ello, ante el enfrentamiento, tendrá miedo y su cuerpo y mente reaccionaran igual: en unos casos bien y en otros mal, pero nada tendrá que ver el idioma o pasaporte del agente.

    No me consta que el CNP y la GC tengan datos, obtenidos del estudio pormenorizado, sobre los encuentros armados de agentes de cada cuerpo. Según parece, a nivel interno, la GC posee datos relativos a accidentes con armas de fuego en el seno de la institución, y como dice un amigo mío: mejor que sigan siendo datos NO públicos.

    Creo que en Madrid, la Policía Local, durante un tiempo, estuvo computando y analizando incidentes relacionados con el desarme de agentes de ese Cuerpo durante el servicio, así como incidencias de desarme involuntario, por pérdida del arma, durante forcejeos, carreras, etc. En cualquier caso, no poseo tampoco esos datos.

    Gracias por leer artículos en este blog.

    Un saludo.

    Veritas Vincit

    Enlace a ese artículo de referencia y de asunto simlar: http://tirodefensivocampodegibraltar.blogspot.com/2009/11/estudio-realizado-por-el-fbi-encuentros.html#comments

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