Interrupciones y trabas en la pistola: porque no siempre son “encasquillamientos”

Por, Ernesto Pérez Vera

Una interrupción o traba del arma de fuego durante un enfrentamiento es, seguramente, la pesadilla de más de un profesional de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Incluso para quienes están altamente cualificados siempre será un motivo extra de tensión. Durante el entrenamiento en la galería, un tirador se podrá permitir una resolución más o menos hábil y rápida de la traba, pero en el curso de un encuentro real debe efectuarse de modo súbito y con total eficacia y garantía de seguridad. No siempre será fácil.

Son varias las modalidades de interrupción que una pistola puede sufrir durante una sesión de tiro, y también pueden ser varios los motivos que las originan, tanto en un entrenamiento como en un tiroteo real. Existen, por tanto, diversas formas de solventar las trabas para devolver al arma a la situación de fuego.

Las trabas se pueden estudiar según el origen de las mismas. Principalmente se deben a fallos mecánicos del arma, a fallos de alimentación y a fallos de la munición; si bien algunos de estos problemas pueden ser causados directamente por una acción involuntaria del propio tirador. Cuando la interrupción se produce a causa de una avería, es muy difícil alcanzar una rápida resolución, incluso cuando se produzca durante una práctica. No obstante, con un buen entrenamiento guiado profesionalmente, cualquier traba podrá ser solucionada con cierta diligencia, aunque no tanto la tara o rotura mecánica.

Las averías no se producen con frecuencia durante las balaceras, expresión sudamericana usada como sinónimo de tiroteo. Pero cuando ocurren suelen ser debidas a problemas en el sistema de percusión, extracción o expulsión. La subsanación de una de estas averías es muy complicada de llevar a cabo de modo inmediato. Suele ser precisa la intervención de un mecánico armero o de un manitas.

Las interrupciones casi siempre vienen provocadas por la munición: por una mala alimentación del arma (a veces, como ya se dijo antes, propiciada por el tirador) o por una mala expulsión de la vaina, causada, generalmente, por problemas en el cartucho. En este mismo texto veremos, por separado, las deformaciones o alteraciones que se producen en la cartuchería cuando los usuarios ejecutan malas praxis.

Acerrojamiento incompleto
La interrupción más sencilla de solucionar puede ser la que llamaremos acerrojamiento incompleto. Este mal acerrojamiento, u obturación incompleta, se produce casi siempre que el tirador acompaña la corredera (carro en algunos países) en su recorrido de avance al tiempo de alimentar la recámara. Los instructores, en evitación de esto, suelen hacer hincapié en que la corredera se debe dejar avanzar con toda la fuerza que proporciona el muelle recuperador. En este caso, el mecanismo que interviene es el interruptor o desconector de disparo. Al hallarse parcialmente abierta la corredera (mal obstruida) este mecanismo impide que se pueda producir el disparo. Un débil empuñamiento durante el tiro también favorece este mal.

El consumo de munición en mal estado o con poca fuerza (escasa de carga de proyección) también puede dar origen a este tipo de interrupciones. Cuando el cartucho disparado carece de potencia, éste, mediante la vaina, no empuja hacia atrás la corredera con energía bastante como para que esta alcance su posición más retrasada. Es por lo que no regresará a la posición de cierre desde la más atrasada. La corredera, sin este completo recorrido, no se cierra y, por tanto, no obtura sus mecanismos.
 
Cuando esta traba se produce, la recámara queda entreabierta dejando ver levemente, por la ventana de expulsión, la parte trasera del cartucho allí alojado. Por tanto, la recámara queda incompletamente alimentada. Para dejar el arma presta en condiciones óptimas de disparo, basta con dar un seco y brusco golpe sobre la parte trasera de la corredera. Si el arma cuenta con martillo externo, es mejor golpear la zona más alta del carro (cerca del alza). Así se consigue que la corredera avance unos milímetros y complete el cierre y sellado de la recámara. En cualquier caso, este golpe se debe aplicar con la palma de la mano de apoyo, también llamada débil, en dirección “alza a punto de mira”.

Seguramente huelga decir que para ejecutar esta maniobra, como para realizar cualquiera de las otras que vamos a conocer y analizar aquí, lo primero que hay que hacer es extraer el dedo del interior del arco guardamonte, o sea, que nada debe estar en contacto con el disparador. Esto no solamente debe aplicarse en estos casos, sino en todas aquellas manipulaciones en las que no exista intención inmediata de disparar.

Si tras dos intentos (dos golpes secos con la mano) no se consigue obturar el arma, se recomienda lo siguiente: extraer el cargador, tirar de la corredera para sacar el cartucho o la vaina que quedó mal alojada en la recámara (tirar dos o tres veces para garantizar la operación), volver a introducir otro cargador o el mismo que se extrajo si es que aún contiene munición, y montar la pistola. ¡Voila! Ya estaríamos en disposición de disparar.

Fallo de disparo
Durante algunos entrenamientos se produce, por cosa de las prisas y los nervios, una mala introducción del cargador en su alojamiento, o sea, en el brocal del cargador. De producirse esto, la corredera no podría arrastrar el primer cartucho del cargador hasta la recámara, al avanzar para alcanzar la obturación. Por ello, tras cerrarse la corredera y presionarse el disparador, no se produciría disparo alguno. La recámara se hallaría vacía, porque ningún cartucho pudo ser depositado en ella. ¡Ah! No hay estrés superior al de una situación real en la que peligra vida, por muy progresista que sea el programa de adiestramiento.
 
Otra incidencia muy similar a la anterior puede ser aquella en la que estando correctamente introducido el cargador, éste se libera mediante la presión accidental de su retén. Presentada tal incidencia, el cargador se descolgaría unos milímetros por la zona de carga. Cuando esto se produce, no siempre es detectado con celeridad. La situación es, desde ese instante, idéntica a la que vimos anteriormente. En el primer caso el cargador no estaba bien insertado, y aunque en el otro supuesto sí estaba correctamente alojado…, quedó involuntariamente desactivado.

La incompleta introducción del cargador a veces es detectable a simple golpe de vista, pues puede quedar excesivamente asomado por la empuñadura del arma. En ocasiones solamente se desprende hacia abajo unos milímetros (es lo más frecuente), los cueles son más que suficientes para apadrinar el fiasco. Esta modalidad de fallo de disparo lo es por mala alimentación. Más bien nula alimentación. Es de muy fácil solución: solo hay que golpear el cargador con energía hacia el interior del arma, tras lo cual nada más que restaría volver a montar la pistola. Si el arma contase con seguro de cargador, mecanismo no recomendable en armas destinadas a tareas de seguridad y defensa, el cartucho alojado en la recámara no podría ser disparado debido a la incompleta introducción del propio depósito de munición.

Otra modalidad podría ser aquella en la que se presiona el disparador y, aun ocupando un cartucho la recámara y el cargador su brocal, no se produce el tiro. En estos casos el problema puede provenir de defectos en la munición o de una avería en el sistema mecánico de percusión. Si estamos ante la opción mencionada en segundo lugar, la resolución será muy complicada in situ, pues casi siempre se requerirá de las manos de un armero, amén de precisarse, normalmente, de piezas nuevas de recambio. Si por el contrario nos encontramos con un problema del cartucho, salvar la traba sería cosa sencilla. En tal caso, bastará con tirar hacia atrás de la corredera y dejarla avanzar por sí sola. De este modo se consigue extraer el cartucho defectuoso que ocupaba la recámara, mientras que a la par se vuelve a alimentar con el cartucho que ocupaba el primer lugar en el cargador.

Fallo de expulsión
Este fallo aparece, casi siempre, por el mal estado de la carga de proyección del cartucho o por insuficiencia en la propia carga propelente. Cuando tal caso se produce, la vaina suele quedarse en el interior de la recámara, aun cuando el proyectil haya sido expulsado por la boca de fuego. Cabe la posibilidad de que la munición se encuentre en perfecto estado, pero que el mecanismo de expulsión y/o extracción del arma estén averiados o hayan fallado.

También puede darse el caso de que la recámara esté ocupada por un cartucho entero y    percutido, el cual, por fallo de la cápsula de ignición (o de la pólvora), no ha desembocado en el deseado disparo. Esta traba fue analizada, párrafos atrás, en los supuestos de fallo de percusión, pero vuelvo a incluirla en este punto por compartir el mismo método de resolución. Puede ocurrir incluso que la vaina quede atrapada, ya tras el disparo, entre la corredera y la parte anterior del cañón, o pillada en la propia ventana de expulsión sin permitir el cierre del arma. En este caso se puede comprobar muy rápidamente, con un vistazo, que la pistola está interrumpida por el casquillo incompletamente expulsado: efecto chimenea. Suele dar mucho cante.
 
Solventar una de estas interrupciones es una tarea rápida y fácil de llevar término. Una vez detectado el problema, solamente hay que girar el arma hacia el lado de la ventana de expulsión para facilitar, posteriormente, la caída de la vaina hasta el suelo (por efecto de la gravedad). A la vez que se practica el giro antedicho, hay que tirar hacia atrás de la corredera. La vaina, con esta última maniobra, queda desprendida. Tras ello, al avanzar nuevamente el carro hacia delante, se introduce un nuevo cartucho en la recámara (siempre que todavía quede al menos uno en el cargador). Ni que decir tiene que esta maniobra, como cualquier otra, hay que efectuarla dirigiendo la boca de fuego hacia una zona de no riesgo. En caso de tener que solventar la traba en el transcurso de un enfrentamiento, el cañón debe quedar dirigido hacia el agresor. Si se produjera una descarga involuntaria, un tiro escapado que decimos en el argot, la bala volaría en dirección al enemigo, con lo que, con suerte, se reduciría el riesgo de lesionar a inocentes.

Los agarres débiles, suaves o flojos, a nivel de la empuñadura, también provocan muchísimos contratiempos de alimentación. En tales supuestos, tras disparar con la mano-muñeca floja, la vaina del cartucho disparado podría quedar en modo chimenea o similar, interrumpiendo el avance de la corredera. Por consiguiente, la nueva alimentación no se podría culminar.

Doble Alimentación
Este supuesto es, con total seguridad, el que presenta más complejidad a la hora de lograr su resolución. La doble alimentación se produce cuando un cartucho queda alojado en la recámara durante la secuencia de tiro mientras otro, a la par, trata de acceder a la misma (a la recámara), sin que ello pueda ser posible por hallarse ya ocupada. Esto provoca la inutilización momentánea del arma. Un caos temporal, pero que puede resultar definitivo.

También podría producirse el disparo y que la vaina, durante el retroceso (buscando la expulsión), se desenganchara de la uña extractora quedando nuevamente alojada en la recámara. Esto supondría un grave inconveniente, porque mientras esto estuviese sucediendo… otro cartucho estaría intentado ocupar también la recámara. Otras veces será el tirador quien, por no tirar completamente de la corredera hacia atrás al extraer el cartucho, dejará la bala alojada mientras que en el avance incompleto de la corredera otra (bala) esté tratando de llegar al mismo sitio, o sea, también a la recámara.

Es frecuente ver que cuando se detecta una interrupción de acerrojamiento incompleto, principalmente por acompañamiento del carro, el tirador trata de solventarla tirando de la corredera en vez de golpearla hacia delante. Esto puede dar pie, también, a una doble alimentación.

La maniobra que devuelve el arma a situación de tiro es la más laboriosa de cuantas se han analizado aquí, hasta el momento, máxime si hay que ejecutarla bajo fuego hostil. Una vez detectada la traba: con la mano de apoyo tenemos que extraer el cargador (con energía, con un tirón). Tras ello hay que tirar enérgicamente de la corredera (dos veces, para garantizar la extracción del cuerpo alojado en la boca de carga). A la par que se hace lo anteriormente descrito, hay que girar el arma lateralmente hacia el lado de la ventana de expulsión. Incluso se podría tener que volcar la pistola, por la ventana, en dirección al suelo (esto dependerá del tamaño del hueco de expulsión).

Finalizada la maniobra, el cartucho o la vaina que ocupaba la recámara debería haber caído ya al suelo, pudiendo insertarse nuevamente el cargador. Únicamente restaría montar de nuevo el arma, para que el primer cartucho que asoma por sus labios del cargador se introduzca en la boca de carga, por acción del arrastre de la corredera en su recorrido de avance.
                                                                                                                   
Con el adiestramiento adecuado se puede practicar un truco que ayuda, a veces mucho, a garantizar el fuego. Se trata de rozar o golpear el cargador contra el muslo, por la zona de los labios, una vez es arrancando del brocal. Con ello se consigue que el díscolo cartucho que ocupa el primer lugar caiga al suelo. Esta bala suele sobresalir excesivamente por los labios del cargador, lo que podría dar pie a una nueva interrupción. Con el truco de marras se elimina el riesgo.

Si el cargador extraído posee ya pocos cartuchos, recomiendo dejarlo caer al suelo e introducir otro con más munición. Este abandono solo es recomendable en caso de estar ante una recarga de emergencia. Una vez resuelta la interrupción, casi siempre precisaremos suficiente potencia de fuego para afrontar una posible nueva defensa. Así las cosas, mejor no tener que efectuar un cambio de cargador tras la incómoda y estresante maniobra de la doble alimentación.

Algunos instructores instan a desechar el cargador extraído, proponiendo usar siempre uno nuevo. La verdad es que esta recomendación se traduce en una más rápida solución, pero solamente es válida para quienes portan suficientes cargadores y, además, los lleven colocados en el lugar adecuado del cinturón, cosa muy pero que muy poco frecuente. Si el cargador que se pretende reponer está a trasmano y desperdigado sin sentido por el contorno del cinto, la maniobra no se podría ejecutar con la celeridad deseada y necesaria. Los cargadores de repuesto deben estar, como todo el equipo, estratégicamente localizados en la cintura o en el chaleco táctico. No, no y no, todo no vale en cualquier sitio. Por cierto, si se presta servicio en unidades de calle, recomiendo ir provisto de dos cargadores de refuerzo, y si se trabaja en otros destinos, también. Nunca se sabe, pero eso sí, tampoco hay que caer en la paranoia.

Todas estas manipulaciones pueden realizarse con bastante rapidez, pero requieren de entrenamiento guiado por instructores avezados. En una situación real de confrontación armada todo resulta bastante más dificultoso que en la galería. Lo que en el campo de tiro resulta fácil y cómodo, en el momento crucial del “a vida o muerte” puede convertirse en una tarea imposible de llevar a término.

El Tap-Rack-Bang (TRB)
De nombre onomatopéyico, esta técnica ofrece la posibilidad de devolver el arma, con garantía y seguridad, a la situación de fuego. Permite solventar, rápida y eficazmente, casi todas las modalidades de interrupciones estudiadas en los párrafos precedentes. Las dos únicas trabas que no pueden ser resueltas con el TRB son la de la doble alimentación y la de acerrojamiento incompleto.

Es cierto que cada tipo de interrupción tiene una manera directa de subsanación, pero ello requiere que el tirador advierta, suficientemente, ante cuál de las modalidades de traba se encuentra. Para discernir esto con suficiente claridad habría que consumir cierto tiempo en observar el arma, pensar y decidir cuál de las técnicas conocidas se va a usar, y luego ejecutarla. Todo esto puede hacerse durante un entrenamiento (invertir el lapso), pero es un lujo del que no siempre se disfruta en una acción real. Además, ¿acaso en el curso de una confrontación seria se puede conservar capacidad cognitiva bastante como para poder discernir eficazmente, sin meter la pata? ¿Se mantiene bastante habilidad digital como para materializar velozmente tantas manipulaciones? No, rotundamente no. Ante tales situaciones hay que simplificar. No conviene olvidar la ley de Hick sobre operaciones sencillas (Hick y Hyman, 1951): el tiempo de respuesta es mayor cuando existen más estímulos donde elegir. Pues eso.

El nombre de la técnica TRB nace del sonido que provocan las siguientes maniobras:

- Golpe a la base del cargador: Tap

- Tirar de la corredera hacia atrás para expulsar una vaina o un cartucho alojado en la recámara, o incluso un casquillo atrapado en la ventana de expulsión, y liberar el carro para alimentar nuevamente la recámara con otro cartucho: Rack

- Finalmente, el sonido del disparo que la traba impedía: Bang

La filosofía de esta técnica consiste en que en el momento que se accioné el disparador y no se produzca el disparo, el tirador haga uso de la TRB sin demora de tiempo, aun cuando no sepa la causa concreta de la interrupción, descartada previamente la doble alimentación y el acerrojamiento incompleto. O sea:

1º.- Golpear el cargador hacia dentro, por si se trata de una mala alimentación por alojamiento incompleto del cargador.

2º.- Arrastrar la corredera y posteriormente liberarla por si hubiera una vaina o un cartucho alojado en recámara (extraería el cuerpo allí instalado). Sirve también cuando un casquillo asoma por la ventana de expulsión a modo de chimenea. El arma, tras esto, quedaría nuevamente cargada. Puede que la pistola esté incluso sin alimentar por error u olvido, pero tras las manipulaciones descritas quedaría presta para el fuego.

3º.- Finalmente, siempre que no se esté ante una doble alimentación o un acerrojamiento incompleto, y si aún existen cartuchos en el cargador, ya se podría producir el bang, que es el resultado pretendido: el disparo.

Todos los supuestos expresados son fácilmente reproducibles durante los entrenamientos. Se pueden simular encasquillamientos en las sesiones de tiro en seco y en las de fuego real. Para ello se deben emplear cartuchos dummys o aliviapercutores, los cuales, debidamente mezclados en el cargador con cartuchos reales, provocarán trabas en la secuencia de tiro. Igualmente producirán interrupciones los cartuchos débilmente recargados, pero estos también pueden propiciar accidentes: proyectiles encajados en el interior del tubo-cañón.

Circunstancia poco estudiada
Durante las prácticas de tiro de los policías no son pocas las ocasiones en que se detectan problemas de alimentación en las pistolas, estando motivadas, en este caso, por defectos físicos de la munición. Los cartuchos que suelen producir estos fallos son, casi siempre, el primero o el segundo de los situados en la parrilla de salida del cargador.

Quienes trabajan con cartucho en la recámara, cosa aconsejable si se está bien adiestrado y debidamente concienciado y mentalizado, suelen meterle diariamente uno de los que se encuentra en el cargador. Casi siempre se hace montando el arma de modo natural, o sea, dejando avanzar la corredera. A la larga, tras muchas repeticiones, si estas balas no son permutadas por otras nuevas, la maniobra termina provocando alteraciones físicas en los cartuchos que día tras día son sometidos a tal fatiga.

Dos son las posibles modificaciones que los cartuchos pueden sufrir por esta causa: la elongación y el acortamiento. La primera modalidad aumenta la longitud total del cartucho. La otra forma es totalmente contraria: acorta la longitud total del cartucho, por la inserción forzada del proyectil hacia el interior de la vaina. Por culpa de ambas malformaciones pueden sufrirse muy serias y peligrosas interrupciones durante la secuencia de tiro.

De repetirse diariamente la maniobra de alimentación del arma y su posterior vaciado para nuevamente proceder a la carga, dependiendo de qué tipo de rampa de alimentación posea la pistola, se producirá a la larga una u otra deformación en la cartuchería. Esto ocurrirá si frecuente y prolongadamente en el tiempo se realizan tales operaciones. Estas manipulaciones suelen ejecutarse durante las prácticas de tiro o ante la necesidad diaria de alimentar y vaciar el arma cuando se inicia y finaliza el turno de servicio.

El mero hecho de que los cartuchos permanezcan un excesivo espacio de tiempo en los cargadores y en la recámara, y a la vez en sus fundas, ya es motivo de desgaste. La inercia a la que está sometido el cartucho ubicado en la recámara puede favorecer, a la larga, el alargamiento por deslizamiento del proyectil (efecto de la gravedad). Carreras, saltos, caídas, movimientos bruscos, etc., también ayudarán a ello. La continua exposición al sol, al frío, a la humedad, a la lluvia y, en general, a las inclemencias del tiempo, afectará negativamente al mantenimiento general de la munición. Las armas y los cargadores de los profesionales de la policía,  de la milicia o del sector privado de la seguridad, están expuestos durante años a todos estos cambios y circunstancias.

El acortamiento de la longitud del cartucho se produce por el continuo choque del proyectil contra la rampa de alimentación de la recámara. Esto será más frecuente en según qué tipo de armas. Tampoco hay que despreocupar la limpieza y el mantenimiento del arma y la buena conservación y calidad de la propia cartuchería.

Para evitar estas alteraciones métricas existen varios remedios básicos y generales:
 
a) Cambiar con cierta frecuencia la munición de los cargadores, sea o no sea utilizada en maniobras de manipuleo.

b) Para practicar la alimentación del arma o la resolución de interrupciones, siempre deben emplearse cartuchos inertes o aliviapercutores. De este modo se anula la posibilidad de una descarga involuntaria y se evita fatiga innecesaria a los cartuchos cargados.

Para acabar, no me quiero sustraerme al impulso de recordar que el cuerpo humano experimenta una serie de cambios biológicos y neuro-psicofisiológicos autónomos que afectan positiva y negativamente al comportamiento del organismo, cuando se perciben acciones hostiles graves. Algunos de los puntos más negativos son la pérdida de capacidad cognitiva y de habilidad motora digital. Meditar sobre qué tipo de maniobra hay que realizar, para luego llevarla a término, será algo muy complicado en tales condiciones de descontrol emocional.

Comentarios

  1. Magnifico artículo con no menos interesantes fotografías...
    Me permito hacer unas pequeñas aportaciones:
    -Incluiría como motivo de las interrupciones la suciedad en todas sus modalidades.
    -Además de las técnicas de resolución de trabas que Ernesto presenta, habría que considerar la posibilidad de que tras sucesivos TRBs el arma siga sin funcionar correctamente. Antes esto, la solución es lo que se denomina "recarga New York", esto es: tirarle el arma inservible a la cara al malo y desenfundar la de back up (si tenemos la suerte de llevarla). En mi opinión, el back up es fundamental (véase asesinato de Guardias Civiles en Francia), si no puede ser una pistola, una navaja táctica puede servir.
    -Los revólveres también pueden sufrir interrupciones, peor aún, porque son mucho más difíciles de solucionar (precisamente por esto los agentes del NYPD inventaron la recarga que describi en el párrafo anterior). Por citar alguna, encontramos daños en el arma por mal uso: algunos tiradores hacen lo que se denomina "recarga Humphrey Bogart", introducir los cartuchos en el tambor y cerrarlo por inercia, haciendo un movimiento violento con la muñeca que lo empuña. Esto doblará la varilla del extractor, impidiendo el giro del mismo.
    En los revólveres ultraligeros, se ha observado que las puntas de los cartuchos se "salen" de la vaina al transmitirse más el retroceso que en los revólveres tradicionales, hasta el punto de impedir el giro del cilindro.
    Ante una interrupción con un revólver, prácticamente solo nos queda desecharlo y desenfundar el back up.

    Perico

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  2. Magníficos apuntes Perico, gracias.

    Al respecto de los revólveres, en mi artículo: Revólver VS Pistola, la eterna polémica, ya apunto eso de que la interrupción, en el revólver, suele ser muy “dura” en su resolución inmediata; pero solo lo apunto, no entro a describir las posibilidades.

    Ernesto.

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  3. Un articulo cojonudo que ha resuelto muchas de mis dudas.
    Queria comentar que con algunas pistolas como la Beretta, hay que tener la precaucion de no activar el seguro cuando arrastramos la corredera por primera vez en la secuencia de tiro, ya que esto se traduciria a una muerte segura en un enfrentamiento armado. Esto suele pasar a menudo en los ejercicios de tiro, y es una de las razones por la que no estamos muy satisfechos con esta arma, aunque segun creo, es bastante fiable (es el arma de cinto mas comun en el ejercito de los EEUU).
    Por cierto, esto de la "recarga New York" es un puntazo ¿no?.
    Un saludo Ernesto.

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  4. Enhorabuena por el artículo, que abarca todo el abanico de posibles interrupciones; y enhorabuena también por el de "salvar el mundo", que razón tienes. Un saludo.

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  5. Hola Pablo: gracias.

    El tal Don Gonzalo, que firma la columna de "salvadores del mundo", parece que ha acertado con sus palabras.

    Ernesto.

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  6. Hola Mario. Gracias por estar ahí. Me alegra haberte ayudado a disipar dudas.

    Lo que cuentas de la Beretta 92, de dotación en la GC, es verdad. Muchos se quejan de esa activación accidental del seguro manual. Hay formas de evitarla, y la primera es la de llevar alimentada la recámara. De todos modos, el tema se toca en otros artículos firmados por mi, y el tema merece un debate aparte.

    Lo del cambio de cargador a la neoyorkina es puro instinto de sobrevivir, me alegro que lo entiendas y que te guste.

    Ernesto Veritas Vincit

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  7. Un articulo muy completo si señor, enhorabuera compañero.

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  8. Gracias FMAM, espero sigas leyendo aquí y poniendo en práctica lo leído, solo así se comprueba si se dice verdad o se vende humo, cosa que tanto está de moda.

    Por cierto, ¿tienes nombre de turrón...?

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  9. Buenas a todos, pese a que leí el artículo en su día en la página de armas.es, de la cual también me reconozco un aférrimo seguidor, pero con otro nick ;), he tenido el placer de volver a leerla, y como no, su lectura y la lectura de los comentarios como Perico son harto interesantes y prácticos para nuestra supervivencia en un Estado al que hemos decidido servir y proteger, y que no sólo nos lo pone muy, pero que muy complicado en el mundo de las armas, si no que encima pretende que seamos condescendientes para con el delincuente.
    Bueno, me ceñiré al artículo. Como el resto, deseo expresar mi agradecimiento a Ernesto y a todos los que me enseñaron a solucionar las interrupciones y expongo mi propia experiencia.
    La más reciente que recuerdo, es que realizando el desenfunde, hice el empuñamiento “algo alto” con respecto al recibidor (poseo G17 con Safariland) y al realizar el primer disparo, se produjo un acerrojamiento incompleto puesto que al querer desplazarse la corredera hacia delante, rozó con el empeine de mi mano y la frenó. Pese a querer solucionarlo como se debería, al segundo golpetazo que le metí y no hacía nada, miré por la ventana expulsora y vi que el cartucho que quería “subir” se había quedado trabado, oblicuo a la rampa de admisión y encajado, de forma que tuve que solucionarlo como si de una doble alimentación se tratara. Cosas de la vida.
    En cuanto a la doble alimentación, yo tengo mi "librillo", como cada "maestrillo". Si explicas de forma magistral que el cartucho que se encontraba a la salida del cargador, podría estar, y de hecho lo está, casi fuera de su lugar y te vales de un golpe para devolverlo a su posición original y así evitar otra interrupción, te puedo decir que, pese a que esté casi fuera, si cuando tiramos del cargador trabado tras esa interrupción para liberar la corredera, y cuando esta vuelva hacia delante, dejas de tirar del cargador, es decir, no lo sacas del todo del alojamiento del recibidor ni lo tiras al suelo, puesto que no va a caer al pulsar la retenida del cargador, y cuando notes que la corredera golpea tras recuperarse el muelle, vuelves a introducirlo inmediatamente dentro con un golpe seco, como si cambiaras de cargador, tiras de la corredera y ¡Tachán! interrupción solucionada en algunas décimas menos, que no es poco.
    Bueno, me despido hasta más pronto ;)

    “Ante ferit quam flamma micet”
    Hiere antes de que se vea la llama.

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  10. Hola Josma: te agradezco mucho tu interés por este espacio, su contenido, por mi persona y por mis colaboradores.

    Debo decir, que sí, que es cierto lo que dices. Se pueden solventar las trabas, casi cualquiera de ellas, de otros modos o formas distintas a las que propongo. Yo, he tratado de dar soluciones seguras, y creo que mis propuestas, sin ser las únicas alternativas, son, para mí,las que mejor aseguran la resolución de la interrupción.

    Hace unos días, en el campo de tiro, se produjo un acerrojamiento incompleto en el arma de un compañero, y éste, sin instrucción previa en este asunto, la quiso solventar tirando de la corredera, de hecho, así lo hizo. No se produjo doble alimentación, que era lo que yo esperaba. Sin embargo, con otro compañero, el mismo día, pasó igual: su arma se acerrojó incompletamente. El compañero, sin previa instrucción pero si advertido de que no siempre era eficaz el método empleado antes por el otro compañero, repitió la misma maniobra, y ¡voila! esta vez, se produjo una DOBLE ALIMENTACIÓN. Como ves, a una misma interrupción y empleando el mismo método de resolución, en un caso fue eficaz y en otro NO. Por ello, prefiero ir a lo seguro y no arriesgar a aumentar tiempos de resolución. Esto, además, aumenta la pérdida de nervios, ya, de por sí muy "tocados" si te pasan esas cosas.

    Con la Doble Alimentación, el método que propones es válido, pero ¿lo será siempre? creo que NO. He probado lo que dices y unas veces sale OK y otras NO, por tanto, las veces que NO sale bien...se ralentiza más la resolución. En el campo de tiro, quizás, digo solo quizás, me arriesgaría a lo que dices, pero no creo que actuara así en un caso real. Es más, y siendo muy sincero, no creo que un caso real, y ante una acción puramente reactiva, me dira tiempo a usar ningún método, puede que ni me acuerde de quien soy, jajajajaj. He pasado por algo similar en un caso real.

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  11. Estoy contigo Ernesto, pero el Jueves haré como unas 10, 20 o 30 prácticas de lo expresado en cuanto a la "Double Feet" y ya te comentaré algo.
    De todas formas estoy contigo en lo de la situación real, pues haciendo memoria, en un curso de "Alto Nivel" y voltaje ;) creo recordar... no, no, lo recuerdo perfectamente, que tire del cargador con todas mis fuerzas y lo lance como 20 metros a mi izquierda para poner otro nuevo (llevo doble cargador Safari al cinto) sin pensármelo dos veces, ni siquiera vi de que interrupción se trataba, pero hice "click" en una serie y tras el TRB el Instructor me dijo que me había pasado y no supe contestarle, pero no me quede viendo las moscas pasar ;)

    "Ante ferit quam flamma micet"
    Hiere antes de que se vea la llama

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  12. Yo, como todos, preparo las interrupciones en la galería y paso a explicarlas. De todos modos, en la galería y durante el fuego real, si el tirador que sufre una interrupción no es muy experto, y no la solventa súbitamente, mando alto el fuego. Una vez detenido el fuego, "en caliente" estudiamos la interrupción en cuestión. A veces, esas reales y verdaderas trabas -no preparadas- se solventan del modo que te comenté antes: unas del modo enseñado y manifestado en el artículo, y otras, idénticas, de otro modo que, en teoría, no debería ser eficaz.

    Las trabas preparadas, casi siempre, son idénticas a las reales, pero la verdad, algunas veces, en fuego real, algunas modalidades de trabas se prestan a otro tipo de "mecánica resolutiva".

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  13. Buenas a todos. Como ya os dije, el jueves hice las prácticas de la interrupción de doble alimentación, y el resultado ha sido el siguiente:
    Lo primero que he de decir, es que le doy, de nuevo, la razón a Ernesto, en que una traba en un práctica, dentro de la galería, en un entorno controlado, para nada es igual que en una situación real.
    Y lo segundo, es que entrenamos de un modo “erróneo” dicha traba, si una vez que se nos da o la creamos, no buscamos parapeto o abrigo en algo del entorno que nos rodea, imaginándonos que es un coche, una esquina o un portal de una vivienda.
    Pues bien, siendo sincero y honesto, yo lo he hecho “mal” y en parado, pero sólo por el hecho de comprobar si mi “método” es más rápido que sacar el cargador entero y darle un golpecito para que el primer cartucho vuelva a su sitio; y sí, de 25 trabas creadas “artificialmente” el 100% de los casos funcionó y se solucionó dicha interrupción, sacando la mitad o un tercio del cargador, para volver a introducirlo rápidamente y proceder con el TRB.
    Insisto, es una forma, y además sin peligro ni estrés ninguno, por lo que no se cómo actuaría en una situación real, pero estoy al 90% seguro de que dejaría caer el cargador para insertar uno nuevo.
    Un saludo.
    --
    "Ante ferit quam flamma micet"
    Hiere antes de que se vea la llama

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  14. Hola Josma, agradezco que hayas compartido, en este blog, tu "experimento". Tus comentarios son muy acertados, me refiero a lo de buscar parapeto y a al estrés extra, y extremo, que se vive en situación real de confrontación.

    Ernesto.

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  15. Hola Ernesto, felicidades por el blog y también por el artículo, que es muy bueno desde luego. Sólo una apreciación si me lo permites: en la doble alimentación, en ocasiones, al tirar para atrás de la corredera no sale el cargador pues está firmeménte trabado por la punta (bala) del cartucho primero de éste que está medio fuera del cargador haciendo presión sobre el cartucho alojado en la recámara, entonces, lo que hay que hacer es 'atrapar' la corredera con su retenida y -ahora sí- desalojar el cargador y seguir el proceso que tú explicas para la doble alimentación. Saludos.

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  16. Hola, amigo Sancho, que decía el viejo y soñador Quijote, jajajaja.

    Gracias por tu apreciación. Estoy seguro de que es correcto lo que dices, por descontado que no lo dudo, pero lo cierto es que nunca me ha ocurrido tal cosa, que por descontado es probable que ocurra. Me lo anoto, agradecido. Por cierto, creo que nunca le ha pasado con una pistola mía, digo la doble alimentación, pero sí muchas veces con una 28PK de un compañero del CNP (el arma provocaba este fallo cada pocos disparos). Le cambiamos varias piezas y los cargadores, y nada. Por cierto, los cambios se hicieron a nivel privado, porque el armero de la unidad de mi colega le dijo que "agua y ajo", que esperara a que le dieran la nueva HK.

    Un saludo.
    Ernesto

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  17. Buenas. Lo felicito por su contribución en la educación sobre tan importante tema de las armas de fuego. Mi pregunta es la siguiente. Tengo a mi disposición una pistola taurus calibre 380 pt 58 plus, la cual presenta el siguiente problema: ella hace su disparo normalmente, bota el cartucho, carga la otra bala, pero el martillo no se monta, para disparar de nuevo debo montarlo manualmente y así sucesivamente. Que pudiese estar ocurriendo. Seria tan amable de orientarme al respecto, antes de llevarla a un armero. Gracias

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    1. Hola, Hecmar. Gracias por sus palabras. No soy mecánico de armas, pero sin duda debe buscar un armero que le eche un vistazo urgente a esa Taurus. Si ese arma la usa para su defensa, NO SE DEMORE NI UN DÍA MÁS EN IR A UN ARMERO.

      Un saludo y feliz 2015.

      Ernesto.

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    2. Gracias por su consejo. Así lo haré. Feliz año nuevo.

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  18. Tengo el mecanismo para que una pistola no se trate, porque una marca por buena que sea tiende a encasquillarse

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    1. Estimado amigo, no soy capaz de comprender lo que dices.

      Saludos.

      Ernesto.

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  19. Disculpa amigo tengo una cz83 cal.9mm browning y se me trabo por completo la corredera no da para tras ni para delante de echo la desarme y no pude deslizar la correders

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  20. Agradable lectura e interesante articulo.

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