Otra perspectiva sobre el maltrato “doméstico”

Superado el ecuador del calendario anual, en España ya son más de medio centenar de mujeres las que han fallecido a manos de compañeros sentimentales o análogos. El problema no deja de serlo.

Como ser humano, ciudadano y como Policía, este tema me preocupa mucho. Los malos tratos infringidos en el ámbito doméstico son unas de las causas que más actuaciones policiales producen anualmente. Unas veces acaban con detenciones por denuncia previa, otras con detenciones sin denuncia y por actuación de oficio, y otras veces finalizan con diligencias a prevención y sin detenciones ni denuncias de las víctimas

Este tema, desde mi personal punto de vista, no es tomado muy en serio por algunos sectores profesionales que están íntimamente ligados al asunto. Demasiados Policías, y lo digo con triste y vergonzoso conocimiento de causa, no saben o no quieren actuar ante estos supuestos, y no me refiero a cuando hay fallecimientos, sino a los que propician el funesto final. Cuando la Policía acude a una llamada de posibles malos tratos, como norma general, y vean lo que vean y oigan lo que oigan los funcionarios, sino no media denuncia formal por escrito…la actuación es exigua o simbólica.

A veces, aún oyendo el agente amenazas de muerte contra la víctima, y detectadas lesiones leves e indicios de violencia en la escena, no actúa con la contundencia que se requiere por no ser presentada, por escrito, la denuncia. Creo que eso debe cambiar. Hay que actualizar a los funcionarios policiales, se deben exponer las situaciones que requieren de actuación policial de oficio, incluso cuando tal actuación conlleve detención.
Ese es el punto de vista de un Policía, pero hoy van a poder leer, en exclusiva para este espacio, el punto de vista de un Criminólogo y Detective Privado. Seguidamente podrán disfrutar del artículo redactado por mi amigo Pedro Pablo, no tiene desperdicio. P. Pablo es un entusiasta de su trabajo y un incansable estudioso del crimen.

Otra perspectiva sobre el maltrato “doméstico”
Por: Pedro Pablo Domínguez Prieto, Criminólogo
En la actualidad uno de los fenómenos criminógenos más importantes, o al menos uno de los que reciben mayor atención por parte del público en general y de los profesionales de las instancias de control (juristas, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, etc.) es la violencia doméstica o maltrato. En 1997 se produjeron 75 homicidios relacionados con este tipo criminal, además de 19000 denuncias. En 1998 las denuncias pasaron a 22000, y en el año 2000 pasaron la barrera de las 30000. Hoy en día solo en Andalucía se producen más de 30000 denuncias según el Instituto Andaluz de la Mujer. Este altísimo número de comunicaciones se explica en base a que muchas de estas se refieren a conductas de poca importancia como insultos, amenazas y agresiones sin lesiones, pero que entran dentro del concepto de maltrato.

También se explica si tenemos en cuenta que, contrariamente a lo que se cree, el hogar no es un reducto protector, sino uno de los entornos más violentos que existen, si exceptuamos el ámbito de las intervenciones policiales y el ámbito militar (Gelles y Strauss, 1979). Ruidíaz (1996) afirma por su parte que “el hogar es el lugar donde se produce más violencia en nuestra sociedad”. De hecho, si en vez de limitarnos a las agresiones de marido a mujer, incluimos las realizadas a ancianos y niños, y los abusos y agresiones sexuales a menores, la tasa de victimización aumenta espectacularmente. Por ejemplo, según Cáritas España, más de 40000 menores sufren malos tratos físicos anualmente. Según Verdú (1988), más de 1 millón y medio de menores viven en hogares de riesgo, en los que se practica habitualmente la violencia, y unos 500000 niños sufrirían de modo habitual violencia física, además de otros 800000 que serían objeto de agresiones psicológicas. Respecto a los abusos y agresiones sexuales, se calcula que el 22% de las mujeres y el 11% de los hombres los sufren en la minoría de edad, siendo los más comunes los tocamientos. En algunos estudios en Estados Unidos, se han llegado a establecer tasas de victimización por abusos para las mujeres de hasta el 40%.

Tras estudiar estadísticas acerca de violencia en el ámbito doméstico en todos los países del mundo (Universidad de Valencia), se calcula que el 25% de las mujeres en el mundo viven en un entorno violento. En concreto y centrándonos en Estados Unidos, encontramos que:

El 25% de las mujeres han sido maltratadas por sus parejas en la vida adulta.

El 14% de las mujeres en este país han sido violadas por sus maridos al menos una vez.

Estas cifras se duplican en la franja de edad menor de 30 años y en personas con un nivel menor de ingresos.

Un 4.3% de las víctimas eran ancianas.

En las mujeres de mayor edad, la violencia suele ser verbal más que física.
El 5.8% de las parejas habían experimentado un episodio de violencia doméstica el año anterior al sondeo.

Un 6% de los hombres frente a un 57% de las mujeres mayores de 55 años habían resultado heridos a consecuencia de la violencia de la pareja. Por tanto, desde el punto de vista cuantitativo, si podemos afirmar que la violencia en el ámbito del hogar es un problema importante.

Este fenómeno no se comenzó a estudiar en profundidad hasta finales del Siglo XIX, con la aparición de entidades especializadas en la asistencia a la familia. Se detectó que las clases más bajas, integradas mayoritariamente por inmigrantes, presentaban unas condiciones deficientes en cuanto a salud general y salubridad, consumo de alcohol e incidencia de enfermedades mentales. Este enfoque ha propiciado que con el tiempo se mantengan dos ideas estereotipadas: la del maltratador como un ser diferente, perteneciente a una clase inferior, casi desde un punto de vista positivista, y la de una víctima “provocadora” o “tan culpable”. De ahí que la idea de hogar violento se limitara a los de las clases desfavorecidas, y se creyera que los de las clases medias eran “pacíficos”.

Esta tendencia se mantiene hasta los años 60, en que Kempe y colaboradores describen el “síndrome del niño apaleado”. En los años 70 aparecen los primeros casos documentados de mujeres maltratadas, y a finales de los 80 los primeros informes sobre maltrato contra ancianos (Conner, 1992).

Por tanto, observamos que por una parte el fenómeno no es nuevo, que alcanza a toda la unidad familiar, y que en ningún estudio se hace referencia a la motivación “machista”, lo que es muy importante para este informe. En realidad, sí que se han formulado teorías acerca de la génesis de este problema, aunque ninguna parece haber ofrecido una explicación válida a la cuestión, al menos no han podido aportar ninguna solución eficaz. Las más importantes son:

-Teorías biológicas:
La teoría médica de Kempe: este investigador propuso la teoría de que la violencia que lleva al maltrato se basa en enfermedades de diverso tipo: infecciones bacterianas o víricas, traumas orgánicos, y deficiencias de origen genético. A excepción de que consideremos que la psicopatía tiene fundamento genético, la teoría de Kempe no es válida ya que no hay ninguna enfermedad que por sí sola produzca una conducta violenta recurrente en quien la padece. Sí se cree que niños nacidos con deficiencias son más proclives a convertirse en víctimas por el rechazo de los padres, pero no al revés.

Rosenbaum y colaboradores por su parte creen que las alteraciones neurológicas si que pueden ocasionar alteraciones en el control de los impulsos, distorsionar el juicio, causar dificultades de comunicación y crear hipersensibilidad al alcohol, lo que asociado a otros factores resultarían en el comportamiento agresivo. Mas adelante, Warmken, Rosenbaum, Fletcher, Hoge y Adelman (1994), afirmaron que los hombres con lesiones cerebrales no son necesariamente más violentos que el resto.

Otra aproximación desde el punto de vista biológico-médico es el explicar el maltrato como un comportamiento adaptativo según el modelo Neo-Darwiniano, cuyo objetivo sería garantizar la transmisión genética. En la actualidad estas teorías no son aceptables al no tener soporte empírico, y además no se pueden incorporar a los programas de tratamiento.

-Teorías psicológicas:
Desde el punto de vista psicológico, se puede entender que el agresor sufra deficiencias en sus procesos internos de pensamiento y estados emocionales que le hacen incapaz de manejar situaciones de tensión o frustración. Asimismo, se referiría a características de personalidad de las posibles víctimas que las hacen más vulnerables al maltrato. De hecho, niños con retraso intelectual, deficiencias en el aprendizaje o no deseados por los padres son más proclives a sufrir maltrato. Un dato adicional es que en este tipo de familias se generan conductas disfuncionales, como ultra dependencia o ultra independencia entre sus miembros.

Leonore Walker (1989), una de las primeras estudiosas del problema desde la vertiente psicológica, aportó la teoría de las tres etapas de la violencia. En la primera, (de generación de la tensión), se avanza gradualmente en la escalada de la violencia. En la segunda (incidente violento), las iniciativas de la mujer fracasan y ella misma precipita la explosión de violencia para controlar donde y cuando ocurre la misma, tomando precauciones para limitar los efectos de la agresión. En la última etapa, o de “luna de miel”, el agresor se muestra arrepentido y su pareja lo cree, iniciándose de nuevo la espiral. A partir de ahí, el ciclo vuelve a repetirse.

Según esta teoría, la mujer está atrapada en una dinámica condicionada por su percepción de la situación.

Otro grupo de teorías serían las del aprendizaje social, que consideran al individuo como un conjunto cumulativo de las experiencias de aprendizaje que se integran a lo largo del tiempo para conformar su personalidad. Esta teoría presta gran atención a como los adultos fueron tratados durante niños, y cómo esa experiencia condiciona su comportamiento posterior. Un niño que crece en un ambiente de malos tratos, tenderá a reproducirlos cuando sea mayor, esta es la que se conoce como teoría intergeneracional de la violencia (Gelles y Strauss 1988).

Pagelow desarrolló esta teoría estudiando la forma en que las respuestas de las instituciones influyen en las decisiones que toman las mujeres a la hora de abandonar o no a sus parejas. Las implicaciones prácticas de esto es que las mujeres que sienten poseer más recursos (dinero, autoestima, creencias sobre los roles de género), será más fácil que abandone a su marido. También depende de los recursos externos que ofrezca la administración. Por tanto, la explicación de por qué las mujeres siguen o no en sus hogares es más compleja que un simple “masoquismo”. Algunos razonamientos aplicables son el deseo y esperanza de que el agresor cambie, el amor que aún le profesa la mujer, el miedo a su reacción, la dificultad para vivir de forma independiente y la presión del entorno.

Esta teoría se ha demostrado no adecuada, ya que por ejemplo mujeres que han observado violencia en la infancia no desarrollan este comportamiento en la edad adulta. Otra investigación de Widow en 1992 sobre delincuentes juveniles arrojó el resultado de que estos eran más proclives a la violencia pero que este no era el factor determinante, sino que habría de combinarse con otros aspectos.

-Teorías sociológicas:
Estas investigaciones han sido muy útiles para establecer los mecanismos de interacción entre hombre y mujer a la hora de producirse un episodio de maltrato. Estas teorías se enfrentaron a las feministas, ya que equiparaban las posiciones de hombres y mujeres.

Las más importantes son:
Teoría general de sistemas: la familia sería un entorno cerrado e independiente que reacciona a los estímulos exteriores de determinada forma. La violencia sería una forma particular de reacción asimilada.

Teoría del intercambio social: en general, los individuos tenderían a negociar emociones por otras emociones. Desde la perspectiva del costo y beneficio, el maltratador utiliza la violencia mientras cree que le reporta más beneficios que no utilizarla. En la obra de Nye “Family relationships: Rewards and costs, Lewis y Spanier proponen una escala que relaciona la calidad y estabilidad dentro de la pareja:

*Asociación con los costes y recompensas percibidos tanto internos (pareja) como externos (entorno).
*Relación positiva entre la satisfacción marital y las recompensas en la relación diádica (atracción, fortalecimiento de los vínculos de apego existentes), y negativa entre esta y los costes de la relación (tensiones y conflictos).
*Dependencia de la estabilidad marital de los costes externos percibidos asociados con la ruptura del matrimonio (presiones sociales, barreras que impiden la disolución de estas uniones) o de las recompensas externas percibidas asociadas a dicha disolución (existencia de una pareja alternativa).

De esta teoría se deriva una tipología que clasificaría la mayoría de las relaciones de pareja: alta calidad y estabilidad, alta calidad y baja estabilidad, baja calidad y alta estabilidad, y baja calidad y estabilidad.

Según Sabatelli y Stehan (1993), esta tipología permite explicar por qué se toleran situaciones que vistas desde fuera paracerían una desventaja e incluso suponer un peligro para la integridad de la persona, como por ejemplo la violencia marital. Una mujer víctima de agresiones por parte de su esposo se encuadraría en la tipología “baja calidad-alta estabilidad”, y su permanencia en la relación podría fácilmente explicarse por las presiones sociales para el mantenimiento de la relación (o barreras que impidan su disolución) y/o la ausencia de alternativas de recompensa.

Teorías estructurales (feministas): según Dobash y Dobash (1992), la sociedad fomenta actitudes machistas en las que la mujer ocupa una posición de inferioridad y sumisión respecto al hombre. Las mujeres no abandonarían a sus maridos por estar sometidas a un proceso de coacción y violencia, a la que contribuyen las estructuras sociales. Esta es la perspectiva imperante en los medios de comunicación españoles actuales, la seguida por los políticos, y la base de la ley de violencia de género.

Las teorías feministas se basan sobre todo en la diferente socialización que se imparte a chicos y chicas, que se considera una forma primaria de representar las relaciones de poder (Gracia y Musitu, 2000).

Se entiende por socialización el proceso mediante el cual se desarrolla la estructura de la personalidad y se transmite la cultura de una generación a otra. Por otra parte, la estructura de personalidad es el sistema de expectativas, objetivos y acciones que han persistido a través del tiempo y que pertenecen a esa persona. Por su parte, la socialización en base al género es el proceso de aculturación (adiestramiento impidiendo su propio rumbo) en valores, actitudes y destrezas, de forma discriminada que se da en nuestra sociedad en base al género y es a través de este proceso de socialización donde se van a configurar los roles sociales en función al sexo. En general existen una serie de valores y estereotipos en torno a los cuales se socializa a los chicos y chicas diferenciadamente, entre los cuales los más relacionados con la violencia doméstica serían la agresión, el manejo del dinero, las relaciones sexuales y el tratamiento de la dependencia implícita en el vínculo de pareja.

Las teorías vigentes actualmente normalmente son unidimensionales y se centran en grupos culturales concretos, no siendo válidos para otros (Barnes, 1999), o factores culturales específicos que pueden afectar de manera adversa a la resistencia de la mujer ante los abusos de sus compañeros sentimentales varones (Wyatt, 1994). Por consiguiente, la aplicación de estas teorías para explicar el surgimiento, curso y mantenimiento de la violencia doméstica en otras etnias, por ejemplo la de color, no es adecuada (Barnes 1999, Hampton y Gelles 1994, Wyatt, 1994).

Es más, las teorías que hacen énfasis en la dominación masculina y la jerarquía de género (excluyendo otros factores de índole social e individual), no es capaz de explicar por qué algunos hombres maltratan y agreden sexualmente a las mujeres mientras que otros no lo hacen, cuando todos están expuestos a mensajes culturales en torno a la superioridad masculina y al derecho “legítimo” de los hombres a controlar el comportamiento femenino. Tampoco explica otras formas de violencia familiar, como el abuso a niños (Featherstone, 1997) o el maltrato en parejas homosexuales (Coleman, 1994; Dutton, 1994; Letellier, 1994).

La dominación masculina, si bien es el fundamento de la teoría realista sobre la violencia, no es adecuada como factor único, es necesaria una perspectiva ecológica que la complete. Los modelos ecológicos explican la violencia desde un punto de vista que combina los factores personales, situacionales y socioculturales. Recientemente, los investigadores han reconocido la necesidad de abandonar las teorías unilaterales y pasar a aproximaciones que abarquen los distintos factores que operan a distintos niveles (Crowell y Burgues, 1996, Millar 1994). El acercamiento multidimensional de la violencia contra la mujer surgió en el ámbito del abuso infantil (Belsky 1980), para a finales de los años 80 y principios de los 90 pasar al problema del maltrato doméstico.

Las teorías ecológicas recogen varios modelos:
Modelo ecológico de Corsi (1995): pretende apreciar los diversos factores y niveles que permiten la reproducción y el mantenimiento de la violencia y, por tanto, los factores sobre los que hay que intervenir. Esto serían:

*Macrosistema: se incluye toda la organización social, sistemas de creencias y valores culturales sobre la familia y el papel de cada uno de sus miembros. Sus estilos de vida y la concepción de poder y la obediencia en la familia, así como las actitudes hacia el uso de la fuerza como estrategia legítima de resolución de problemas. También las definiciones acerca de los roles familiares y los derechos y obligaciones de sus miembros integrantes. En este factor se incluyen aspectos como la cultura patriarcal y su impacto en la violencia, la violencia estructural, las deficiencias del control social y del sistema legal para sancionar la violencia intrafamiliar.

*Exosistema: sería el entorno social inmediato de la familia, instituciones educativas, religiosas, judiciales, laborales, etc. Estas entidades en ocasiones emiten mensajes legitimadores de la violencia, siendo un factor importante en la presencia o disminución de esta. También se incluirían los medios de comunicación de masas, que producen un efecto amplificador (como veremos más adelante) y de modelado. Otros factores serían los situacionales, como aislamiento social, paro, hacinamiento, variables del contexto económico y laboral (estrés económico y laboral, o desempleo) y los factores de tipo legal (tipo de legislación sobre el problema, impunidad de los perpetradores, funcionamiento del sistema judicial) que influyen en la victimización secundaria.

*Microsistema: son los elementos estructurales de las familias que viven violencia, la interacción familiar y las historias personales de los miembros del grupo familiar (violencia en la familia de origen, aprendizaje de formas violentas para la resolución de conflictos, aislamiento). En este nivel se hace palpable la idea del patriarcado como elemento que impone relaciones de subordinación dentro de la sociedad y de la familia en concreto, siendo la mujer y los hijos los que adoptan el rol de subordinación.

*Nivel individual: en este Corsi incluye 4 dimensiones psicológicas, la dimensión cognitiva, conductual, psicodinámica e interaccional involucradas en el maltrato. Según Bustos (2000), estos factores se dan tanto en el hombre como en la mujer.

Modelo de Heise (1998): según este, el maltrato aparece por una combinación de los siguientes factores:

*Factores del marco sociocultural y del medio económico y social: las normas que legitiman el control de los hombres sobre el comportamiento de las mujeres, aceptación de la violencia como estrategia para la resolución de conflictos, los roles rígidos basados en el género, y la vinculación de la masculinidad con valores instrumentales (agresión, honor y autoridad).

*Factores del marco comunitario: instituciones o estructuras sociales formales e informales, pobreza, desempleo, marginación, falta de apoyo social.

*Factores del contexto inmediato en el que tiene lugar la agresión: conflictos de pareja, asimetría del poder (reparto desigual del poder, control masculino de los bienes y de la toma de decisiones)
*Características individuales del perpetrador que influyen en su comportamiento: ser hombre, haber presenciado episodios violentos durante su infancia (familia de origen), haber sido abusado sexualmente o consumir alcohol.

Según esta teoría, hay una relación directa entre el número de factores presentes y la aparición del maltrato, cuantas más se presenten, mayores posibilidades.
● Modelo de Echeburúa y Fernández-Montalvo: para estos, la violencia sería el resultado de la interacción entre:

*Un estado emocional intenso (ira).
*Una actitud de hostilidad (influencia de estereotipos culturales que legitiman las formas de reacción violentas, los celos patológicos, la indefensión de la víctima).
*Un repertorio pobre de conducta (déficit de habilidades sociales y de comunicación, falta de estrategias para la solución pacífica de problemas, baja autoestima).
*Factores precipitantes (abuso de alcohol o drogas, estrés, frustración).
*Vulnerabilidad percibida de la víctima (se tiene la certeza de que esta no responderá al ataque).

El resultado de la combinación de estas variables es la conducta violenta, por lo tanto el maltrato, el cual ha conseguido inicialmente:

*Refuerzo de conductas violentas anteriores, a través de las cuales el agresor ha conseguido sus objetivos en el pasado.
*Refuerzo de la conducta sumisa de la víctima, a través de la cual se ha conseguido, temporalmente, el cese de la agresión.

De todas las explicaciones vistas hasta ahora, se deduce que ninguna de ellas se centra exclusivamente en el machismo o el sexismo como motivo de la agresión, sino que existen multitud de factores biológicos, psicológicos, educacionales, etc. que deben combinarse para obtener una explicación válida del maltrato. Como veremos más adelante, la agresión se compone de una combinación de factores que predisponen, oportunidad, accesibilidad de la víctima y falta de capacidad de defensa de la misma.

Ahora bien, aunque aceptamos que existe un fenómeno de violencia que aparece en el ámbito familiar, hemos de distinguirlo de un concepto imperante hoy en día según el cual en multitud de hogares se da la existencia de un hombre machista, que odia, desprecia y veja a las mujeres en general y a su pareja en particular, y una víctima totalmente inocente que sufre las agresiones.

Mi teoría es que el fenómeno conocido como violencia machista, violencia de género, maltrato, etc. es un constructo creado por periodistas sensacionalistas y grupos afines a ellos. Su público mayoritario son mujeres que se identifican con las víctimas de este delito, y que acaban confundiendo una discusión con una agresión.

La gran repercusión mediática (programas como AR, todos los informativos, el diario de Patricia, Sálvame, etc.), hace que el problema parezca más grave de lo que es en realidad. Al aparecer cada día los casos clasificados como maltrato, habiendo hincapié en la violencia ejercida, y sin poder ofrecer una explicación válida a la misma (lo que me parece inaudito dada la cantidad de teorías existentes), el resultado es una enorme alarma social.

En estos programas se hace un seguimiento pormenorizado de cada caso y producen el resultado de que parezca más grave, cuando si la gravedad se basa en número de víctimas mortales, hay otros problemas mucho más importantes. Por ejemplo, el alcohol y el tabaco causan 20000 muertos anuales, las drogas tóxicas 500, los accidentes laborales 1300 y los accidentes de tráfico 2700. Frente a esto, la violencia doméstica causó 89 víctimas en 2007. Es cierto que se producen gran cantidad de denuncias, pero como en todos los tipos delictivos, muchas de ellas son infundadas o tienen otras motivaciones, aunque en la mayoría de los casos no es posible estudiarlas una por una. Respecto a esto sería interesante la clasificación victimológica según la tipología de Mendelsohn. Esta nace de la victimodogmática, y aunque muchos critican este enfoque como utilitarista, lo cierto es que es muy útil desde el punto de vista criminológico. Sería una herramienta para el estudio de los casos, con vistas a eliminar el concepto unidireccional del maltrato, en muchos casos discriminatorio, como se ha denunciado en muchas ocasiones.

La sobreinformación en los medios de comunicación tiene mucha influencia en la audiencia, que demanda soluciones. Los propios periodistas y colaboradores teorizan sobre el problema, hacen conceptualizaciones y proponen soluciones, sin tener la mínima preparación teórica o práctica para abordar el tema. Ni tan siquiera se comentan las teorías existentes que vimos con anterioridad, la mayoría de las veces se centran en lo inexplicable de la violencia, el dramatismo del caso, y en todo caso, mencionan las teorías “feministas”.

La cuestión es que en este proceso no participan expertos en la materia. No he visto a un solo Criminólogo o penalista en las tertulias de televisión, solo periodistas y políticos., o lo que es más grave, “colaboradores” (personas sin ninguna formación académica como Belén Esteban, Rosa de Benito, ex concursantes de Gran Hermano, etc.). Estos mismos colaboradores son en ocasiones (o creen ser) víctimas de “maltrato” y añaden su testimonio a la tertulia, lo que deriva en una espiral de dramatismo y de radicalización de la perspectiva feminista. Esta es asumida por la mayoría de la audiencia de estos programas.
Los políticos se ven obligados a reaccionar a las demandas de la audiencia, que pide prácticamente una reducción a 0 de las víctimas. Como sabemos, nunca en la historia se ha logrado reducir un delito a un índice 0, con ningún tipo de medida legislativa o punitiva. A pesar de ello los políticos se empeñan en garantizar este tipo de objetivos. Al no poder cumplir las promesas, la imagen final es de incapacidad para afrontar el problema, y la alarma social crece. Este hecho lo podemos constatar en cualquier alocución de los líderes políticos respecto al tema, sobre todo en época de elecciones.

Sobre todo, es imposible dar una solución a la violencia doméstica porque la primera premisa de un programa es acotar el problema. La definición de maltrato es muy amplia: todas acciones violentas físicas o psicológicas con el único requisito de tener lugar en el hogar o sobre alguien con quien se tenga relación afectiva en un periodo determinado de tiempo. La lista de conductas es enorme: abandono, amenazas, lesiones, abusos y agresiones sexuales, injurias y calumnias, hasta homicidio y asesinato. Se pueden dar en multitud de situaciones y supuestos, el tipo solo pide que la víctima tenga o haya tenido relación afectiva con el agresor, por lo que incluye a novios y ex novios, maridos y ex maridos.

Asimismo el aspecto psicológico es muy subjetivo, es muy difícil de cuantificar qué tipo de agresión y su efecto en la víctima. Lo ideal sería disponer de un peritaje psicológico, labor que no se suele acometer salvo en casos muy graves. Para que un dictamen sea válido ante un tribunal, este ha de ser completo y riguroso, lo que es imposible por falta de medios.

Por otra parte, el requisito temporal no se solicita a la hora de denunciar, aunque con el tiempo se pueda demostrar la habitualidad al acumularse las denuncias, se suele aceptar que una sola agresión ya constituye “maltrato”. Es más, la ley de maltrato considera la falta en este ámbito como delito, en general se da un agravamiento de cualquier tipo penal solo por esta circunstancia.
Además, se insiste en dar una explicación del fenómeno en base a actitudes machistas o sexistas (enfoque feminista). En mi opinión el primer punto es eliminar la definición de maltrato o violencia machista por la de violencia doméstica, es decir violencia desarrollada en el hogar.
Las agresiones y asesinatos en mi opinión no tienen nada que ver con el machismo o el odio a las mujeres, y si este se da es en una minoría de casos. La violencia causa del maltrato se encuentra en:

-Consumo de alcohol, que actúa como causa o catalizador de la conducta violenta.
-Consumo de drogas, con el mismo efecto que el anterior.
-Psicopatologías y trastornos de la personalidad de todo tipo, estos pueden aparecer como consecuencia del consumo de sustancias.

Este sería el primer grupo de maltratadores, no obstante entre las medidas propuestas por las distintas entidades implicadas nunca figuran programas contra el alcohol o las drogas, ni siquiera se mencionan. Tampoco se señalan los casos de perturbados mentales.

Un segundo grupo a destacar sería el de agresores “culturales”, ciudadanos de otros países donde existe una cultura más permisiva con la violencia, donde es más común y aceptada socialmente la agresión. Entre estos aparecen sudamericanos, africanos , árabes y ciudadanos de Europa del este. El único colectivo al que se ha señalado por este motivo en alguna ocasión ha sido el árabe, recordemos los líderes religiosos que aconsejan sobre como pegar a las mujeres, o la cuestión de la mutilación genital Sin embargo, no se adoptan medidas específicas contra estos, ni se critica este aspecto en las tertulias, quizás por miedo a aparecer como racistas. Este colectivo “aprende” el comportamiento violento como vimos en la primera parte del presente artículo por los distintos mecanismos de aprendizaje social, sería posiblemente el más cercano a la teoría del agresor “machista”. No obstante no es el más numeroso.

El tercer grupo, y quizás el más importante desde el punto de vista criminológico, es el de personas aparentemente normales pero que sufren grados variables de estrés y ansiedad por motivos laborales, económicos, familiares, de salud, etc. La sociedad actual propone unas altas metas que no todos pueden o tienen oportunidad de alcanzar, y muchas personas se lamentan por no haber alcanzado el éxito profesional, laboral o económico. Esto es fuente de frecuentes discusiones en el hogar, y de que se mantenga un nivel de tensión notable, que en situaciones puntuales puede provocar un estallido de violencia.

Respecto a esta teoría podemos explicar 2 tipos de casos de maltrato:
1º sería el continuado, con múltiples agresiones, denuncias, etc. Este caso es conocido por familiares y vecinos, y el día que se produce el homicidio existen gran cantidad de antecedentes. Este tipo de maltratador es alcohólico /drogadicto, loco o cultural. (en la imagen: el profesor Agnew).

El segundo grupo es el de casos aparentemente inexplicables, no hay antecedentes ni denuncias. Los vecinos dicen que nunca habían tenido problemas y se describe al agresor como una persona trabajadora, normal…

Este tipo de maltratador es el que llamo “estresado”. En realidad podía tener problemas de cualquier tipo, y o bien los mantenía dentro de la esfera del hogar, o gracias a diversos grados de autocontrol, había mantenido el problema dentro de sí hasta que un día se produce el estallido de violencia. En las teorías subculturalistas de la delincuencia se habla del impulso a delinquir de los jóvenes que no pueden acceder a ciertos bienes o cierto estatus. La teoría de Agnew comenta 3 posibles fuentes de tensión: la imposibilidad de alcanzar objetivos sociales positivos (fines económicos), la privación de aquellas gratificaciones que un individuo ya posee o espera poseer, y el verse sometido a situaciones negativas o aversivas de las cuales no puede escapar. Estas 3 situaciones llevan a un estado de disgusto, depresión, miedo e ira (que energiza la acción), y finalmente se produciría la agresión (la conducta delictiva en la teoría de Agnew). La capacidad de autocontrol del sujeto sería la que determinaría la aparición o no de la agresión/es.

Este tipo de maltratadores suelen ser de mayor edad, y se suicidan tras la agresión mortal a su pareja o se entregan inmediatamente después.

Ante estos casos, en los medios de comunicación suelen echarse las manos a la cabeza y no son capaces de ofrecer una explicación criminológica, y mucho menos una solución. Esto es sorprendente teniendo en cuenta la multitud de teorías existentes, como hemos visto.

● Conclusiones:
-Se ha de reconocer que el problema de la violencia doméstica tiene múltiples causas y que se ha de recurrir a la ayuda de Criminólogos para su estudio y tratamiento.

La violencia doméstica es un problema complejo que no se puede combatir con 1 solo programa o ley, sino con múltiples acciones según el origen de la violencia.

-Se debe aceptar que no es posible lograr una reducción a 0 de los casos, siempre existirá un porcentaje mínimo y afirmar lo contrario solo contribuirá a una sensación de fracaso cuando no se cumplan las expectativas.

-La mayoría de los casos de maltrato no se pueden atribuir a una causa definida (machismo), y el alcohol es un factor de gran influencia y que no se considera suficientemente. El enfoque “feminista” de la violencia es muy atractivo para determinados sectores, que hoy en día tienen un peso mayoritario dentro de la opinión pública. Sin embargo, hay que tender a aplicar modelos multifactoriales de los utilizados dentro de la Criminología para obtener soluciones eficaces.

Comentarios

  1. Todo está muy bien. ¿Pero quien castiga a las autoras al casi 90% de denuncias falasas?¿quién va a resarcir de la detención de un hombre sin presunción de inocencia, sin testigos y sin pruebas?. Estoy convencidísimo que dentro de 20 o 30 años es Estado español deberá pagar idemnizaciones millonarias a las víctimas de detenciones indiscriminadas promovidas por "maltratadas".-

    ResponderEliminar
  2. Hola MUNIFEX, como siempre te doy las gracias por tus aportaciones. Personalmente he vivido casos como los que planteas: MUJERES QUE FALSAMENTE DENUNCIAN, POR MALOS TRATOS, A SUS COMPAÑEROS SENTIMENTALES.

    El tema es delicado y peligroso y de moda. Sería un buen tema a tratar en otro artículo. En este trabajo, nuestro amigo P. Pablo ha tratado de dar un punto de vista no judicial, ni siquiera policial.

    ResponderEliminar
  3. Hola a todos,muy interesante este articulo,soy futuro vigilante de seguridad,y mi humilde opinion es que esta nuestra sociedad aparte del amplio abanico que nos muestra,creo que parte del problema biene de muy atras,falta de valores morales,falta de respeto a los mayores,falta de una educacion responsable de trasmitir a las generaciones benideras los valores eticos,morales y de conducta adecuados,los jovenes de hoy confunden con frecuencia libertad con libertinaje,actualmente vivimos en una sociedad demasiado garantista que se preocupa mas de los derechos de los delincuentes que de los derechos de los ciudadanos decentes que pagamos nuestros impuestos,humildemente pienso que la humanidad esta devulucionando en vez de evulucionar,lamentablemente pienso que es asi,un saludo y buen servicio.

    ResponderEliminar
  4. Hola, soy Pedro Pablo. Todo tiene una razón, hoy la gente de la calle demanda penas más graves, cuando hace apenas 35 años de pedía todo lo contrario. Hace un siglo aún existían penas corporales brutales, condiciones de reclusión pésimas y ejecuciones en las plazas de los pueblos. Al final, el pueblo terminaba poniéndose del lado del reo (imagen que hemos visto en muchas películas de Hollywood, como braveheart, pero que ocurría en realidad).
    Creo que si nos dieran voz a los Criminólogos, podríamos obtener unos sistemas punitivos más acertados, pero en cambio estamos abocados al paro o a opositar, y las leyes las sigue haciendo Belén Esteban.

    ResponderEliminar
  5. Por cierto, no es tan complicado estudiar una denuncia falsa, pero los Jueces tienen miedo de que se les cuele una Mariluz, y que les "corten la cabeza". Así que de momento nos quedaremos como estamos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

MIS ÚLTIMOS 10 MINUTOS CON VICTITO (QEPD)

CUANDO LAS RATAS PRESUMEN DE PLACA, SIN SABER QUÉ ES SER POLICÍA