LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO: ¡Cantos de sirena!
Por, Ernesto Pérez Vera
Año tras año, promoción tras
promoción y plantilla tras plantilla el juego siempre es el mismo: destruir al
que demuestra que los demás no saben o no quieren. La historia se repite y no
siempre en el mismo cuerpo. Llega un novato con ganas de trabajar, demostrando
que sabe estar en el ruedo, y surgen detractores para destruir su imagen y enmascarar
sus propias miserias. Por desgracia, los primeros son minoría, pero los cómodos
y cobardes devaluadores son mayoría. ¡El pez grande se come al chico! La vida
misma. Cadena trófica. ¿Supervivencia natural, tal vez? Hablo del sector
profesional que ocupa mi vida, el policial, pero la cosa se siente, se huele y
se extiende a todos los órdenes de la vida y demás oficios y profesiones.
Año tras año, promoción tras
promoción y plantilla tras plantilla el juego siempre es el mismo: destruir al
que demuestra que los demás no saben o no quieren. La historia se repite y no
siempre en el mismo cuerpo. Llega un novato con ganas de trabajar, demostrando
que sabe estar en el ruedo, y surgen detractores para destruir su imagen y enmascarar
sus propias miserias. Por desgracia, los primeros son minoría, pero los cómodos
y cobardes devaluadores son mayoría. ¡El pez grande se come al chico! La vida
misma. Cadena trófica. ¿Supervivencia natural, tal vez? Hablo del sector
profesional que ocupa mi vida, el policial, pero la cosa se siente, se huele y
se extiende a todos los órdenes de la vida y demás oficios y profesiones.
Volvió a ocurrir hace unos días
con un amigo y compañero. Gracias a su olfato e interés profesional, detectó un
suculento y atractivo ilícito al que hincar sus garras de policía de raza, pero
le truncaron el servicio. No era la primera vez. Cuando este hombre ve lo que
los demás ni tan siquiera conocen y lo participa a sus mandos y compañeros, estos
sacan a pasear el argumento de siempre: “Este no para de
meternos en marrones. Se cree que va a salvar al mundo y no deja de traer
trabajo a los demás”. Todos
a una, como en Fuenteovejuna, cuando esto ocurre. Sacan punta a todo, que si “esto no está claro, tal vez el chaval del pasamontañas
solamente pretende darle una broma al cajero del banco y, además, solo queda media
hora para acabar el turno… hombre”. En fin, una mierda. Cantos
de sirena. La cuestión es echar balones fuera.
Se esté dónde se esté encuadrado dentro
de la comunidad policial, no hay nada como minar la imagen pública y
profesional de aquel que quiere hacer lo que debe, que además coincide, ¡qué
casualidad!, con lo que otros jamás quieren hacer. Es así de claro, duro y
tristemente cierto. Cuanto antes se ensucien las actuaciones de fulano, antes perderá apoyos y antes se lo
crujirán y lo quitarán de en medio. ¡Viento fresco! Si se consigue el
propósito, a vivir otra vez de la renta, sin los incordiantes compañeros que tienden
a hacer siempre aquello deben hacer. Demasiados viven de la mentira, pero casi
siempre de terceros. ¡Parásitos! Con estas estudiadas y programadas actitudes,
unos ganan estatus, algunos lo mantienen y otros, los que de verdad se
implican, pierden el que poseen.
Como ya expuse en un artículo de línea
similar, están los que van al trabajo
y los que van a trabajar. Ah, entiéndase por trabajar el producir, no el estar
sentado viendo pasar el tiempo. La diferencia es grande, ¿no creen? Aquellos que van
a trabajar (producir) son los que creen en lo que hacen y los que hacen
aquello en lo que creen. Insisto, producen.
Son los que detienen cuando tienen que hacerlo, porque saben cuándo deben y
pueden hacerlo. Son los que investigan e indagan para detectar la presencia de
indeseables vendedores de drogas o portadores de armas. Son aquellos a los que los
tóxicos tratarán siempre de poner trabas y dejar en entredicho. Estos, los que
deberían recibir elogios, felicitaciones y apoyos jerárquicos, serán los bolos
en el juego del derribo. Son chinas en los zapatos de muchos.
Entre quienes derriban a los
compañeros comprometidos y competentes están, muchas veces, mandos intermedios e
incluso superiores. Ni que decir tiene que también iguales en el empleo. En
ocasiones hasta algún político mete su zarpa en la movida, para cubrir con su
manto a algún protegido.
Los competentes son esos de los
que se suele decir que acabarán mal,
porque se meten donde no los llaman. Si perseguir a infractores
administrativos y penales es meterse donde no se debe, ¡pues sí, lo hacen! Los
que tanto se llenan la boca de frases de este corte suelen olvidar —quizás desconozcan— que dejar de perseguir ilícitos
o promover su persecución es un grave delito que solamente los policías podemos
cometer, amén de otro tipo de profesionales. ¿Tan difícil resulta creer que hay
gente que cree en lo que representa?
¿Pero que subyace detrás de todo
esto? ¿Por qué tanto esfuerzo en menoscabar la imagen pública y profesional del
que está comprometido, entregado e implicado? Son muchas las posibles
respuestas, pero tufa a que existen demasiados policías VACAcionales y no tantos VOCAcionales.
Querer ser policía no implica tener vocación. No nos equivoquemos. Algunos de
los mejores policías que conozco entraron aquí porque buscaban un trabajo fijo,
sin embargo se engancharon con fuerza. Otros únicamente tienen vocación por el
sueldo y la placa, no por sudar el sueldo. La falta de formación profesional y
general, al margen de lo anterior, es parte del problema. Claro ejemplo: muchos
policías no conocen el nombre correcto del tipo penal más habitual en el que
suelen intervenir, pero siempre sabrán dónde tomar café gratis y dónde encontrar
una suculenta camarera.
Por más que algunos luchemos
contra este sistema vilipendiador, todo seguirá igual. Esto es algo inherente
al propio ser humano. Cuando el factor humano entra en juego, en cualquier campo,
el factor profesional queda aparcado. Eso sí, mientras algunos sigamos creyendo
en lo que hacemos y representamos y queramos aquello que hacemos y no hagamos lo que queramos, algo de color relucirá por
encima del mediocre gris que nos envuelve tan frecuentemente. No sé si los de
siempre dejarán alguna vez de cacarear en contra de quienes unas veces incautan
poco y otras veces mucho, toda vez que ellos nunca jamás pillan nada de nada… ni ganas de hacerlo.■


Compañero Ernesto acabas de decir el EVangelio (como decian "Los Morancos"), para nuestra desgracia una vez mas das en el clavo del asunto.
ResponderEliminarPasa en muchas plantillas, la incompetencia de muchos mandos hay que taparla echando por tierra el trabajo de los policias de calle , no sea que se nos note que los que estan abajo trabajan y nosotros en los despachos pues ......
Pero bueno, que sepas compañero que eso es el pan nuestro de cada dia (aunque me temo que tu lo sabes bien y con creces).
En el otro extremo tenemos a los "compañeros" por llamarlos de alguna manera, los cuales la inmensa mayoria salvo raras excepciones se encargan de recordarte que mas te valdria no complicarte la vida "por que te van a pagar lo mismo" que al que como tu dices solo va al trabajo para estar, no para trabajar.
Estos "compañeros" cuando llegan al turno que sea, hacen la siguiente pregunta: Que vamos a almorzar hoy, añadele merendar o cenar segun lo que toque ( y esa sera su maxima preocupacion durante el servicio).
Pero como decia otro compañero en uno de sus articulos "ESTO ES LO QUE HAY".
Un saludo.
CARLOS:
Gracias por el comentario Carlos.
ResponderEliminarEstas cosas las vivimos y sufrimos muchos. No somos pocos, por desgracia.
Ernesto
Muy bueno. Real como la vida misma, y tan extendido, que da miedo. Lo peor de todo, que la sociedad no es consciente de ello.
ResponderEliminarHay demasiados profesionales que se tienen que poner las pilas todos los días para salir a trabajar y a cumplir con su deber frente a esta pandemia de ineptos, incompetentes y vividores que se refugian en su calidad de funcionario o de cualquier otro palo, que haberlos "hailos" en todas las ramas laborales de nuestra sociedad. Lo peor, lo que cuesta cargar esas pilas y sus repercusiones, psicológicas, en el entorno familiar, profesional, social -por aquello de la verguenza ajena....
Buen texto.
Gracias por el comentario Mc.
ResponderEliminarErnesto
Hola a todos,estoy totalmente de acuerdo con MC.ESTO NO SE ARREGLA NI QUE BAJE CRISTO CON LOS CLAVOS DE LA CRUZ EN LA BOCA.
ResponderEliminarUn Saludo y Buen Servicio
TRAITI.
Josma, gracias por tan acertado y extenso comentario.
ResponderEliminarErnesto
sufro ese acoso todos los días, es repugnante!!
ResponderEliminarLo sé amigo, lo sé: ¡va por tí!
ResponderEliminarERNESTO
Buenas frases, seguro que uso (paráfrasis) alguna de ellas pronto...
ResponderEliminarErnesto.
contu permiso las apunto, son grandes frases!!
ResponderEliminargracias!!!
¡¡¡y sin mi permiso también!!!
ResponderEliminarErnesto
!!!!vaya que si es verdad!!!!Parece que estas hablando de !Jumilla!.Un cordial saludo a aquellos que se sientan y se comporten como aúntenticos profesionales
ResponderEliminarGracias por el comentario, amigo anónimo.
ResponderEliminarErnesto Pérez Vera
En todos los cuerpos de seguridad se cuecen habas. Yo creí que era solo en la mío, pero ya veo que es igual en todo el mundo. Será un vicio de la mayoría de los humanos o será una nueva modalidad de los tiempos en que vivimos?
ResponderEliminarSaludos
Mario
Hola, Mario.
EliminarGracias por tu comentario. Creo que es cosa general del ser humano y de su salud metal.
Ernesto.