La doble moral en el “juego” de la droga

Después de tantos kilómetros recorridos por las calles de la realidad, no sé como todavía me sorprenden determinados pensamientos y acciones de mis semejantes. Que gente de mal vivir y hábitos insalubres —también ilícitos— me diga que le gustan los porros y la cocaína, y que cada cual es libre de hacer lo que le venga en gana, es normal. Oigo eso, y cosas peores, todos los días del año. Lo que ya no es tan normal, aunque también los veo y están detectados e identificados, es que profesionales cualificados, doctorados y colegiados me digan lo mismo, aunque con la “boca chica”. Quizá sí sea normal, porque por desgracia es algo cada vez más extendido. Estos, a mí, me repugnan más que los otros. Odio y repudio más al que se esconde tras su buen aspecto físico, marcas de vestir o títulos profesionales, que al que a cara descubierta va desprendiendo mal olor y espeluznante imagen.

Recientemente, y por segunda vez en pocos días, entro en la dinámica de la conversación del NO A LA DROGA. Que el hachís o la marihuana no sean las sustancias estupefacientes prohibidas que mayor perjuicio causen a la salud, no es motivo y obstáculo para que sean socialmente mal vista y legalmente perseguidas. Pero claro, peligrosamente estas sustancias son cada vez más consumidas en todos los estratos sociales y por todos los roles profesionales. ¡Ahí está el peligro!

El asunto, que no es baladí por más que una cada vez más extensa mayoría así se lo haya propuesto, no debe seguir siendo banalizando y venializando. El manido argumento de “hay cosas peores” no me vale. No nos debe valer. Naturalmente que hay cosas peores. Es peor que haya suelto un criminal que viola y mata niños, que un criminal que solamente los viola, pero no por ello se va a despreocupar la persecución del segundo. De un rol delincuencial al otro solamente hay un paso, pero de peso. Con esto de las drogas es igual señores. Que la cocaína y la heroína sean sustancias que deterioran más y peor el organismo humano, no debe ser óbice para reprimir legal y socialmente a quienes trafican y consumen “yerba”. Eso sí, con el vigente ordenamiento jurídico en la mano solo se podría reprender el consumo, así como la tenencia en cantidad objetivamente estimada para consumo personal por tiempo escueto, si esto se detecta en vías, lugares, establecimientos o transportes públicos.

Señores, por más que pueda parecer “chic” en determinados escenarios sociales o profesionales, a la larga será malo por propia naturaleza. Creo que nadie ha podido acreditar que por muy alejado que esté el porro del tirito de coca, que lo primero es beneficioso para la salud. Ambas cosas son negativas para el organismo humano. Las dos. Más aún, ambas sustancias, cada una de un modo, modifica conductas y capacidades cognitivas en quienes se encuentran bajo los efectos de ambas sustancias —amén de otras no mencionadas—. Esto, se quiera o no reconocer, puede acabar perjudicando bienes jurídicos protegidos. A veces produciendo, según modalidades delictivas, pérdidas de vidas humanas o lesiones.

¡Qué sí, qué sí! que lo sé, el alcohol es también una droga, por más que en principio se pueda consumir legalmente (excepto por aquellos que estén al volante de vehículos a motor, o sin motor. En un caso podría ser delito y en el otro exclusivamente infracción administrativa, independientemente de la tasa arrojada en la debida prueba). Eso sí, el ordenamiento jurídico permite su consumo y tráfico, me refiero al “liquido de fuego”. Es lícito el tráfico o mercadeo, pero con ciertos controles administrativos (impuestos al Estado, como ocurre con el tabaco). Esto de comparar lo uno con lo otro, la droga (coca, hachís, etc.) con el alcohol, es una banalización muy arriesgada de la que muchos, a la postre, se van a arrepentir. Algunos que de este modo se expresaban en los “guai” años 80, se están arrepintiendo al ver a hijos y hermanos pequeños totalmente enganchados.

Que todo el que consume porros acaba en lo otro no es cierto y no se puede decir, pero seguro que el 90% de los que acabaron en lo otro empezaron viendo el porrito como algo nimio y venal. De todos modos, aunque mantengamos a nuestros menores alejados de influencias de esa naturaleza, la vida misma se encargará de intentar captarlos hacia ese lado oscuro y sucio de la sociedad. Pululan indeseables en todas las esquinas, a veces camuflados bajo ilustres nombres y etiquetadas imágenes. Pongamos el mayor número posible de barreras y digamos NO, NUNCA.

Como policía no perdono jamás una infracción de drogas, sea de índole administrativa o judicial. ¡Faltaría más! Pero si disfruto especialmente cuando incauto drogas y procedo a levantar acta —diligencias de remisión judicial en según qué caso—, es cuando el infractor tiene aspecto de señor y no de miserable, y entiéndase por miserable aquella persona que carece de posibles para una subsistencia humanamente digna. Me encanta cuando me dicen “agente, yo no soy de tal o cual etnia, ni tengo mal aspecto…voy bien vestido…métase con otro”. ¡Me encanta! Además de darle la pertinente copia del acta, con sorna le digo lo que pienso de su asquerosa doble moral escondida tras su camisa de marca.

 
Ernesto Pérez Vera, indignado.

Comentarios

  1. . Al traficante pobrecito él, la última reforma del Código Penal, colada a escondidas junto a la ley antitabaco les reduce las penas por que entiende el legislador que las condenas eran muy duras. Al consumidor se le considera un enfermo y como tal impune en la legislación penal, cuando para mí es el inductor del delito ya que nadie le ha puesto una pistola en el pecho para que se drogue, al revés, la mayoría han empezado por un cierto elitismo se sienten bien por no cumplir ni las leyes, ni la moralidad. Nadie le hace responsable de la cadena de violencia y destrucción que genera su consumo, véase como países enteros están en guerra por ver quien se hace con la mejor parte del negocio. Le ponen anuncios en televisión donde una orugita se le mete por la nariz, donde se le advierte del daño que a él le hace su consumo, pero no se le dice mire ayer en Méjico asesinaron a cincuenta personas o en Colombia han asesinado a tantos o más cerca en España también se matan por el negocio que usted genera. Para nuestra desgracia en las generaciones que vienen el consumo es algo aceptado por la mayoría y estos serán los votantes del futuro. . No sé si tenéis hijos adultos pero es penoso ver como si no hacen botellón y fuman canutos se cierran casi todas las puertas para formar parte del grupo. Por lo tanto sé que me meto en un lio por lo que voy a decir, pero para estar como estamos, que lo legalicen y que paguen sus impuestos y a tomar por el culo el poder de los traficantes, esto o de verdad vamos a por ellos subimos las condenas a los traficantes como lo que son escoria y les zumbamos penalmente a los consumidores, aquí no valen las medias tintas en ellas estamos y no conseguimos nada. Como ejemplo pongo que en tiendas agrícolas se vendan semillas y todo tipo de productos para el cultivo de marihuana, cuando aplicando la ley debería de ser ilegal. Lo de la doble moral es entendible, si se hiciese una campaña para de forma voluntaria mear en un botecito cuantos de los que están en la cumbre de la pirámide merarían, hay estaría la respuesta. Ernesto no somos de este siglo. Un saludo José Moreno.

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  2. Gracias por el comentario Moreno. Yo creo que suscribo todos los puntos.

    Ernesto.

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  3. Hace apenas unos días he enterrado a un amigo que no llegó a los 36 por culpa del camino hacia la tumba que inició con el porrito, al que siguió con el "speed", despues, cuando sacó lo suficiente trapicheando con esa droga "barata", vinieron las pastillitas de colores, apareció la cocaína y por ultimo la heroina, delitos menores, condenas en suspenso por ser "un enfermo", ordenes de busqueda e ingreso en prisión por no pasar los controles médicos y por ultimo, exclusión social y hasta familiar. Y todavía en su funeral tuve que oir a sus compañeros de "viaje" decir que es que "no controlaba", que era debil, y a su familia referirse a sus adicciones como "aquellas experiencias que le hicieron más fuerte".

    ¿Pero en qué sociedad vivimos, donde al caer en las redes de la droga se le llama "controlar" o "fortalecerse"?.

    ¿Como puede ser que cojas a un camello haciendo una entrega a sus distribuidores con más de un kilo de hachis, antecedentes penales por trafico de droga, conduciendo un coche sin carné y su señoría le imponga solo una condena de 12 meses de prisión, que no cumplirá, porqué el hachis es una droga blanda o menos nociva para la salud?

    ¿Como puede ser que pilles a otro con 60 gr. de cocaina distribuidos en bolsita, y su señoría lo ponga en libertad a la espera de un juicio que un año despues todavía no ha salido?

    Si no se aprecia castigo alguno inmediato por una conducta delictiva ¿que te va hacer pensar que alguna vez te van a castigar si la sigues realizando?. Si los propios legisladores y jueces ven el trapicheo como una "chiquillería", propio de adolescentes para sacarse una pelas, de rebeldes que ya se aburguesaran algun día, ¿que va a impedir que los psiquiatricos se llenen de jovenes, que las fechas de las lapidas de los cementerios cada vez sean más próximas entre si en el tiempo, que la cultura del "gang" pase de los viodeoclips a la realidad y que un buen día una bala perdida nos ponga ante un feretro lacado en blanco?.

    Lo dicho, cada vez se ven mejor las drogas, pero aumenta más la miopia de sus consecuencias.

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  4. Gracias por tu comentario sin nombre.

    Ernesto

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  5. Buenas tardes, deacuerdo contigo Ernesto pero despues de 50 años de politica represora que solo nos ha llevado a donde estamos es decir a mas estupefacientes y cada vez mas barato es hora de que la sociedad se plantee otro tipo de soluciones como por ejemplo la legalización.

    Un saludo de Rafael Arenas

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  6. Gracias por tu comentario Rafael.

    Ernesto.

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