Orígenes…
El texto que hoy vengo a publicar
no es un artículo al uso. Se trata de lo que estaba destinado a ser la introducción
de un compendio de mis artículos más destacados. Tenía previsto editarlo cuando
Pedro, mi amigo y colaborador, me sugirió otro proyecto: Con vocación de servicio: Armas
cortas reglamentarias, el e-book
que ambos editamos en octubre de este
mismo año (2011).
Como quiera que me sobraba un texto preparado —aquella introducción que
no se usó—, hoy quiero compartirlo con ustedes.
Ernesto Pérez Vera
Orígenes…

Con el tiempo llegué a crear
incluso mi propio blog en Internet: Tiro Defensivo Reactivo Campo de Gibraltar.
En el blog se han ido colgando, con cierta
periodicidad, los artículos que
escribía para los medios antes referidos e incluso algunos ex professo para él. En mi espacio cibernético también he dado
sitio a un buen número de artículos firmados por amigos, compañeros y
colaboradores. Destaca, entre estos, Pedro Pablo Domínguez Prieto, licenciado
en Criminología, detective privado y buen conocedor de todo lo que circunda el
mundillo del tiro y las armas. Un imparable entusiasta. Cuando por motivos de
trabajo yo no puedo dedicar tiempo a redactar artículos para nutrir el blog, él
siempre se presta a poner su buen hacer y criterio, también capacidad
literaria, al servicio de mi rincón. Pedro ha publicado destacadísimos
trabajos.
También fue Pedro Pablo quien me
sugiriera, creo que con total acierto, el título de esta obra-compendio, En la línea de tiro y en la de fuego: Vivencias de un
policía. Lo acepté tan pronto me lo propuso. El título
recuerda, y mucho, al de la obra escrita por el desaparecido Pepe Cabrera,
comisario del Cuerpo Nacional de Policía (CNP). El libro de Cabrera, Vivencias de un policía: Tráfico de drogas en la Costa del
Sol, es, para mí, un referente profesional. Es el cuaderno de bitácora de un policía que ha hecho
historia en nuestras fuerzas de seguridad. Pero hay más, yo ejerzo como funcionario
de policía en el Cuerpo de Policía Local de La Línea de la Concepción, ciudad de la que también soy natural. El
título, por tanto, se presta al juego verbal y literario.
Entre los artículos firmados por
mí hay algunos a los que les tengo espacial cariño. Es el caso de aquel
titulado Fisiología en el enfrentamiento armado,
pues fue mi primer trabajo expuesto en un medio impreso, concretamente en la
revista Todo Seguridad número 14 (octubre de 2008). También me causó cierta alegría, llenándome de
orgullo, Legalidad de la punta hueca en España,
que fue la primera portada que un trabajo mío ocupó (periódico Armas.es, de diciembre de 2008).
Lo cierto es que esta no es la
primera vez que varios de mis trabajos se aglutinan en un mismo archivo o
documento. En julio de 2011 fui requerido por la Asociación Española de
Tácticas Defensivas a fin de redactar un temario para un curso on-line diseñado e impartido por la
Universidad de Las Palmas de Gran Canarias (Aula de Extensión Universitaria).
El temario del curso estaba compuesto, en su totalidad, por un buen número de
artículos propios, siendo el nombre del programa Uso y proporcionalidad del arma.
Gran satisfacción me proporcionó aquella experiencia, pues fueron más de 125
alumnos los que concurrieron. Para este documento, todos los artículos que lo conformaron
fueron revisados y algunos ampliados.
Todos los textos que componen
este compendio están basados en mi propia experiencia como profesional armado
de la seguridad e instructor de tiro. Cuando expreso mis opiniones sobre los
programas formativos de las instituciones armadas del país, siempre lo hago de
un modo muy crítico. Algunos detractores dicen que lo hago de modo
catastrofista. ¿Y saben qué? Puede que tengan razón. Por más que alguno quiera
seguir diciendo que la formación recibida por los integrantes de las diferentes
categorías/especialidades profesionales del sector privado (vigilante de
seguridad y escolta) y de los policías es sobresaliente, no es así. ¡No dicen
verdad! Desde mi punto de vista, mienten o ignoran la realidad. Esa instrucción
es, siendo generoso: escueta, ínfima y casi siempre desacertada. Esa es la
verdad de la formación en tiro y armamento que se recibe en los periodos
básicos de instrucción en todas las instituciones armadas españolas.
Muy escasos son los centros de
formación que desde el periodo de reclutamiento instruyen adecuadamente en
estas lides a sus alumnos. En dos casos que me llegan a la mente, un aspirante
dispara más cartuchos que otros en toda su vida profesional. En las unidades
finales de destino la cosa no va a mejor, en la mayoría de los casos la
instrucción periódica es nimia casi siempre e inexistente otras veces. En
muchos sitios se carece de planes anuales de instrucción y en otros, aun
existiendo en papeles, no se suelen cumplir.
Ya lo referí antes, aquellos que
lo niegan mienten por interés, desinterés, ignorancia o desinformación. Aunque
también es posible que algunos, muy pocos, posean la deseada formación que reclamo
para la totalidad de la comunidad profesional. De hecho, es así. Pero que unos
pocos disfruten de un adiestramiento de calidad, no es motivo para negar la
mayor.
Con mis artículos pretendo dar a
conocer mis opiniones, experiencias y también conocimientos nacidos, a veces,
del estudio de grandes maestros nacionales y extranjeros. En España existen,
sin duda alguna, muchos instructores más cualificados que yo. Algunos de ellos
fueron maestros míos y hoy amigos. Varios incluso han publicado artículos y
libros de un altísimo valor técnico-profesional. Estos son, entre otros, Javier
Pecci, Francisco Herrero y Cecilio Andrade. A los tres, mucho tiempo antes de
conocerlos en persona, ya los seguía a través de sus fantásticos aportes
literarios. Pero antes de todo esto ya leía artículos que no siempre acertaba a
comprender. Con pocos años de vida, menos de diez (nací en 1970), ya leía la
revista Policía Armada, la cual traía
mi padre a casa todos los meses. Aunque repasaba toda la publicación, me
centraba en aquellos vetustos y rudos artículos sobre armamento, casi siempre relacionados
con las armas reglamentarias en el Cuerpo. Mi padre ingresó en el actual CNP en 1969, entrando, por tanto, cuando
se denominaba Policía Armada (PA).
En aquella veterana publicación
de la PA siempre aparecían textos relativos a las armas y equipos de dotación,
así como sobre competiciones deportivas de tiro celebradas en el seno de la
institución (tiro de precisión, siempre). Durante años me pregunté por qué una
operación aritmética daba nombre a un cartucho o calibre de arma, el 7,62 x 51
mm. No comprendía el sentido de la “x”. Yo era casi párvulo. Esto lo leía y
releía en un artículo sobre el fusil de asalto Cetme modelo C, de aquel
calibre. Durante muchos años me conformé con ese soporte y con fascículos
semanales como Cuerpos de élite, Comando, Aviación
de combate, Guerras del siglo
XX y poco más. Fue en 1985 cuando se me abrieron los ojos y las
puertas al mayor conocimiento y entendimiento de muchas de las cosas hasta
entonces incomprendidas. El Especial II de
la revista Armas se convirtió en mi
particular Mesías. Traía un amplio artículo sobre cartuchería y aunque versaba
especialmente sobre nomenclatura, a mí me abrió los sentidos para poder seguir
aprendiendo. Más bien para empezar a aprender. Conocí la existencia de la
publicación por casualidad, cuando el profesor de Dibujo del instituto exigió
un trabajo al que tuve que hacerle una fotocopia. La divina providencia, así lo
entendí yo aquella mañana, quiso que ese día acudiera a una fotocopistería que
vendía prensa y revistas. Allí me esperaba aquel maravilloso Especial II de Armas.
Pese a ser hijo y nieto de
policías, ni mi padre ni mi abuelo me llevaron jamás a tirar con armas. Al
revés, siempre trataron de inculcarme ideas para que abandonara la afición
(pasión, más bien). Por casualidad descubrí el Club de Tiro de La Línea de la
Concepción, que estaba recién inaugurado con el nombre de Sociedad Federada de
Tiro de Precisión Campo de Gibraltar. Aquel Especial II de Armas
refería la existencia de un club de tiro en mi ciudad. Mis primeros tiros los
pegué con quince años recién cumplidos y fue mi amigo Miguel Medina Pérez el
artífice. Miguel tenía sobre treinta años de edad y fue la primera persona a la
que vi en el club, el día que me dio por llamar a su puerta cuando iba camino
de la playa para darme un baño con mis amigos y con mi hermano Víctor. Jamás lo
olvidaré: mi primer disparo lo hice con un revólver Smith and Wesson Masterpice
K38 del .38 Especial. Días después gocé
con una Astra 400 del 9 mm Largo y con una preciosa FN GP-35 Duotone de 9 mm
Parabellum. Así estuve varios años, tirando con todo lo que otros tenían en
propiedad y que osaban poner en mis manos.
Desde aquellas lejanas fechas,
nunca he dejado de intentar mejorar y aumentar mis conocimientos, acercándome
siempre a quienes parecían tener respuesta a mis inquietudes. En muchos casos únicamente
era eso…, parecían, pues a poco que yo iba ganando conocimientos me iba dando
cuenta de que pocos realmente sabían sobre los temas a los que respondían, por
más que fuesen excelentes tiradores de precisión. Entre estos había agentes
pertenecientes a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, pero sobre todo civiles en
posesión de la licencia de armas T, la actual F. Una época fantástica en la que
no perdía la ocasión de quemar pólvora, mucha pólvora.
Con los años, no muchos más,
ingresé en las Fuerzas Armadas, pudiendo disparar casi diariamente durante
mucho tiempo. Pertenecer a la Patrulla de Tiro del Regimiento (competición
militar en la que se conjugan carreras de fondo, velocidad y tiro a 200 metros
de distancia con fusil de asalto, a siluetas que simulan ser combatientes
rodilla en tierra) me proporcionó la experiencia de conocer muy a fondo a la
“gran bestia” que es nuestro sempiterno “chopo”, el Cetme C. Tras abandonar el
Ejército ingresé en la comunidad de la Seguridad Privada, pasando primero por
la ya extinta categoría/especialidad de auxiliar de investigador privado, para
después ser vigilante jurado, hoy vigilante de seguridad, y finalmente ejercer
varios años como escolta privado (siempre en posesión de la licencia de armas C).
Eso sí, durante esos años también fui poseedor de armas guiadas para tiro
deportivo, adquiriendo casi siempre pistolas diseñadas para seguridad y
defensa, como aquella Sig Sauer P-226 que tanto me gustó siempre y que hoy
emplea un experimentado jefe legionario (se la vendí). Siguiendo con la
cronología, en 1999 ingresé en el Cuerpo de Policía Local de La Línea de la
Concepción y con ello llegó el momento de poseer armas a otro nivel de usuario:
licencia A. Recibí mi primer arma de fuego reglamentaria, una pistola HK-USP-C,
como policía en prácticas en 2000.
Durante estos años, en base a
todo lo descrito, he ido acumulando los conocimientos, experiencias y
conclusiones que documentan todo lo que aquí podrá leer. Aspiro a poder aportar
algo positivo a todo el que estudie estas páginas. Mi intención es,
principalmente, que la gente tenga otra visión y perspectiva que le sirva para
resolver dudas y situaciones cotidianas en los entrenamientos u hostilidades
propias del ejercicio de la profesión, llegado el caso.■
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