Tiro reactivo defensivo: la naturaleza se impone


Por Luis Romero

Tiro reactivo defensivo. Parece un tecnicismo o un pequeño galimatías. En realidad, es la forma en que se producen el 80 por ciento de los enfrentamientos armados entre agentes del orden y delincuentes. Lo habitual es que el delincuente, el malo según la jerga al uso, sorprenda al agente con su intención de agredirle. Al menos, en la inmensa mayoría de los casos en que un agente es herido o muerto, el ataque ha sido inesperado.

Si esto es así, las prácticas y los adiestramientos que ofrecen las administraciones a sus agentes en el uso de las armas de fuego, no sirven. Eso al menos opinan quienes defienden esta otra manera de enfrentarse a la realidad cotidiana en las calles. No les adiestran en el uso reactivo defensivo de sus instrumentos de trabajo. En situaciones de alto riesgo y, desde luego, sorpresivas, el instinto es el que gana la batalla con mucho. La pregunta clave que se hacen es: ¿se puede adiestrar el instinto?

Los pocos instructores de tiro que en España defienden la formación en tiro reactivo defensivo, opinan que sí, al menos en parte. La reacción fisiológica ante el peligro, fruto de miles de años de evolución de nuestra especie, es la que se va a sobreponer a cualquier otra en el momento de mayor peligro. Unos sentidos se anulan mientras otros se potencian. La sangre y el oxígeno acuden a las zonas que el organismo considera vitales en ese instante, sin que nosotros conscientemente podamos hacer nada para evitarlo. Por eso se convierte en esencial adiestrar a los agentes a reaccionar instintivamente de una determinada manera. Y eso solamente es posible si antes se ha reflexionado sobre ello y, desde luego, si se ha practicado como hacerlo.

El adiestramiento no asegura siempre un buen resultado. Nunca se pueden prever todas las circunstancias que van a producirse en un momento determinado ni todas las variables que un agresor y el entorno nos van a imponer de repente. Pero lo que es seguro es que si no hemos practicado la posición isósceles (la más natural para tiro a dos manos), el disparo con el arma pegada al cuerpo o el enfrentamiento a distancia cero, las posibilidades de salir airoso de una situación como esa son prácticamente nulas. 

Una formación más pegada a la realidad
Cecilio Andrade, Javier Pecci y Ernesto Pérez, son algunos de los pocos en España que, como quien clama en el desierto, defienden a capa y espada una formación en tiro más pegada a lo que es más habitual encontrarse en la calle, donde tienen que apechugar los agentes del orden todos los días. Aunque ya había manifestado cierta inquietud con anterioridad, fue en 2005, tras leer Manual de tiro táctico policial y de defensa, de Javier Pecci, cuando Ernesto se convence y cambia radicalmente su visión y su manera de enfrentarse a las acciones violentas. Un año antes, a través de internet y de su blog, Cecilio Andrade le había abierto los ojos.

Daniel García Alonso, presidente de la Asociación Profesional de Policías, en su Estudio sobre la reacción del policía ante el peligro y los enfrentamientos armados, resume con datos científicos la espontaneidad de las reacciones ante una amenaza real. El catedrático de Fisiología, Carlos Belmonte, opina de forma muy parecida.

Ernesto, que sobrevivió milagrosamente al ataque de un delincuente en plena calle, del que le han quedado graves secuelas, adiestra a policías, guardias civiles, militares y conciencia a miembros de la judicatura siempre que tiene oportunidad, en las técnicas de esta modalidad de tiro y defensa personales. Lo hace por convencimiento y porque a él, quiere creer, le salvó la vida. E intenta convencer a todo el que le quiera oír que en momentos de altísimo estrés y amenaza para la propia vida, es poco inteligente exigir determinadas reacciones contrarias a nuestra base genética, que se centran fundamentalmente en el inconsciente y los instintos. Y, por encima de todo, en sobrevivir al ataque.

Adiestrarse en una determinada manera de reaccionar ante lo imprevisto, además de adquirir una serie de hábitos que disminuyen los tiempos de reacción ante lo inesperado, es lo que Ernesto repite hasta la saciedad a sus compañeros y compañeras cuando le piden que les dedique largas sesiones en el campo. Habla más que dispara, explica y razona, expone y luego, al final, ejemplifica. Su máxima: que sus compañeros y compañeras salgan de sus clases algo más seguros de sí mismos. Y más conscientes de lo que se juegan sino esperan lo inesperado y actúan en consecuencia antes de que pase lo peor.

Ernesto es miembro de la Asociación Española de Instructores de Tiro, trabajó seis años en seguridad privada y es Policía Local desde hace doce años. Ha impartido conferencias y docencia en varios lugares de España. Colaborador habitual de revistas especializadas, es una autoridad en armas cortas y cartuchería. Ha publicado varios libros, uno sobre las policías de Gibraltar (Una mirada desde La “Verja”. Policías en La Roca 1830-2011) que va por su segunda edición y otro en formato digital (Con vocación de servicio) que pretende ser una guía de armas reglamentarias en las distintas organizaciones policiales de todo el mundo. Este último, en colaboración con Pedro Pablo Domínguez.

Comentarios

  1. Compañero Luis, lo que dices en tu articulo es el "EVANGELIO" por mas que los de las poltronas no lo quieran ver.

    Evidentemente un policia de despacho, que es en lo que se convierten la mayoria de los que consiguen ascender en el escalafon, deja muy pronto de interesarse por esas cosas del tiro y de su formacion, ya que empiezan a sonarle como cosas lejanas y que no volvera a necesitar nunca mas.

    Tambien, salvo honrosas excepciones, se olvidan pronto de los que continuan en la calle y se la siguen jugando de cuando en cuando y tienen que recurrir a la ciencia infusa ( lease lo que Dios te da a entender) para solventar determinadas situaciones que serian mas llevaderas de poseer una adecuada formacion en tiro y en tantas otras materias, en las cuales los policias de a pie tenemos la formacion justa para pasar el dia.

    Pero bueno me estoy metiendo en camisa de once varas y no era ese el objeto de mi comentario, solamente queria expresar que profesionales como los que citas en tu articulo, al menos se encargan de abrirnos los ojos a los que pensamos que es posible que esta situacion lamentable en cuanto a la formacion de los compañeros cambie algun dia.

    Por otra parte, considero importantisimo, darte cuenta de tus propias carencias de segun que materias, como por ejemplo el tiro, antes de que te veas envuelto en un suceso que probablemente puede que sea tu primer y ultimo contacto con la realidad de un enfrentamiento armado.

    Un saludo.
    Carlos

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    1. Hola, Carlos.

      Gracias por tu comentario. Luis Romero es un solvente periodista especializado en asuntos geoestrategicos y de defensa, no es companero de la Policia.

      Un saludo.
      Ernesto.

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