COSAS QUE PUEDEN PASAR Y QUE DE HECHO PASAN

Por, Ernesto Pérez Vera

Brent Gleeson, exmiembro de la Navy Seal de la Marina de Estados Unidos, en un artículo publicado por El Confidencial del 11 de abril de 2014, confiesa: “Una vez, cuando mi pelotón se estaba preparando para una misión en uno de nuestros campos de tiro en Iraq, me olvidé de recargar una de mis pistolas después de la operación de la noche anterior”.

Aquí, en España, tenemos policías que en los inicios de una acción armada han olvidado montar sus pistolas. Otros no recordaron que ya las llevaban montadas, consumiendo tiempo vital en hacerlo nuevamente. Y otros, aunque no se lo crean y les parezca mentira, no se dieron cuenta de que tenían que desactivar el seguro manual de sus armas. Esto es, casi siempre, abonar el camino de la sangre propia, ponérselo facilito al contrario. Una oferta que, a mal seguro, no desaprovechará la otra parte.

Cosas elementales se le pueden olvidar a cualquiera, incluso a un operador altamente cualificado, como nos cuenta este veterano combatiente norteamericano. Gleeson dice que lo suyo no fue un despiste por pérdida de capacidad cognitiva en el fragor de un enfrentamiento, algo que sería comprensible, lógico y que ciertamente es muy habitual. Pero insisto, aún hay miles de policías, compañeros míos, que cacareando aseguran que siempre tendrán tiempo para reaccionar cuando ya estén siendo atacados. Agentes que sostienen que podrán desenfundar con suficiente celeridad y que mantendrán la calma para recordar que tienen que alimentar la recámara y quitar el seguro de aleta. Muchos afirman, con vehemencia, que además colocarán los proyectiles en una mano, o en una rodilla, si el agresor blande un cuchillo o una catana; pero que los meterán en el entrecejo si lo que sostiene el delincuente es un arma de fuego.

No solamente es cosa de tiempo, que también y mucho, sino de control emocional bajo el enorme deterioro que sufre la capacidad mental ante un “a vida o muerte”. Una merma que, sin duda, afectará a la hora de discernir qué hacer y cómo hacerlo. Luego está lo otro, acertar los disparos en caso de seguir todavía con vida. A veces no he tenido claro si estaba oyendo a un inocente desconocedor de la verdad, a un enorme fantasma, o a un majadero profundamente perdido en la inmensidad de su estéril cerebro.  

En En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados”, de la editorial Tecnos (Grupo Anaya), un libro escrito por un servidor y por el psicólogo clínico Fernando Pérez Pacho, podrás comprobar que todas estas cosas suceden en nuestro país con más frecuencia de la deseada, aunque más gente de la cuenta no lo quiera contar. La obra describe, al detalle, cómo se produjeron 22 casos reales protagonizados por funcionarios policiales de sendos cuerpos del Estado, de varios cuerpos autonómicos y de numerosas fuerzas locales, amén de un incidente en el que se vio implicado un agente de seguridad privada (escolta). Se trata de 30 entrevistas al desnudo y a corazón abierto, ampliamente analizadas desde el punto de vista técnico y táctico de un instructor de tiro y desde la perspectiva científica de un psicólogo.

Un encuentro armado al uso, un tiroteo, es una experiencia única que marca y que cambia a las personas. Para quienes pasan por ello, estos acontecimientos no suelen salir gratis ni socialmente, ni psicológicamente, ni profesionalmente, ni judicialmente aun cuando, como realmente pasa en la mayoría de las ocasiones, la Justicia exonere al policía por el resultado de sus acciones defensivas.

¡No te lo pierdas! Puedes pedir tu ejemplar de En la línea de fuego” aquí mismo: http://www.mildot.es/en-la-linea-de-fuego-la-realidad-de-los-enfrentamientos-armados.html 


Comentarios

  1. Te leo, haciendo la noche y justo después de tener una conversación con el compañero que me han puesto hoy sobre condiciones de porte del arma. Me dice que el la lleva sin montar por si se la quitan y incide en el efecto psicológico de montar el arma. Le pongo el video del policía del taser y le digo venga dime como montas, no tiene respuesta le planteo que pudiera ser que de entrada en una agresión quede inutilizado de uno de los dos brazos que como lo solucionaria y que me diga como montar el arma con una mano tampoco obtengo respuesta miento me dice imposible. Confiesa este compañero que le gusta el tiro y que tiramos poco o sea no es de los que lo temen.La situación es que el a pesar de decir que tiene interés se ha quedado con la enseñanza oficial sin explorar otras fuentes culpa suya,.pero la gran culpa es de la institución que le tiene en la calle con ese nivel de instrucción. Respecto a lo de los olvidos me ha pasado más de una vez poner seguro por una reyerta y acabada esta olvidarme totalmente de haberlo puesto grave error. Un saludo José Moreno

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  2. Hola, Pepe. Esa conversación la he tenido cientos de veces, obteniendo casi siempre la misma respuesta que te han dado a ti.

    Un abrazo.

    Ernesto.

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  3. El efecto psicológico de montar el arma, le puede valer a un choricillo, pero a un malo de verdad no le va a impresionar. Es mi opinión.
    Un saludo. Ifwin

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    Respuestas
    1. Yo parto de la base de que no sé qué nivel criminal tiene el que está delante, excepto los ya muy conocidos del trabajo diario. ¿Pero y los trastornados mentales? No suelen ser delincuentes, pero sí muy peligrosos y violentos llegados el caso. De todos modos puedes ir con cartuchos en la recámara y usar el "ruidito" sacrificando un cartucho, si realmente todo parece indicar que el suceso puede ganarse así.

      Saludos, Ifwin,

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  4. Ya que nos estamos sincerando… a mi también me han pasado cosas que no tendrían que haberme pasado, pero en la galería de tiro, por eso, lo que le digo a los “compis” después de que tengan un acerrojamiento incompleto, un fallo de inserción del cargador, un fallo de expulsión, una doble alimentación, no recarguen tras agotar la munición, se les olvide quitar el seguro, no monten antes de hacer fuego, intenten meter la navaja en el alojamiento del cargador tras cogerla por error del cinturón, no puedan bajar la corredera con el dedo gordo por estar sudando, nerviosos o se equivoquen de palanca para hacerlo, pierdan tiempo buscando los cargadores porque no saben dónde lo llevan, y cuando lo inserten lo hagan al revés y con la fuerza se les quede atorado y ya no salga sin hacerle mucha fuerza, etc… que de haber sido en un enfrentamiento real, la cosa hubiera cambiado, y que es bueno que nos pasen esas cosas entrenando para solucionarlas en un “plis”.

    José Moreno, el movimiento se demuestra andando ;) Tras esa conversación sólo queda preguntarle una cosa ¿Nos ponemos uno frente al otro con pistolas de “airsoft, paintball, ram o simunition” yo cargada y tu con seguro y sin municionar a ver cuan rápido puedes llegar a ser?

    Recordad siempre una cosa: “Las leonas siempre van a elegir a la presa más fácil, moribunda, vieja o coja”

    --
    ”Ante ferit quam flamma micet”

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    1. Magnífica recopilación de incidencias vividas por todos, alguna vez o muchas veces, en la galería de tiro; pero son circunstancias vividas también por unos pocos en medio de un "a vida o muerte".

      Gracias, Josma.

      Saludos.

      Ernesto.

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