EL TERRIBLE RUIDO DE LOS SILENCIOSOS

Por, Ernesto Pérez Vera


Imagínense encontrarse en un control de tráfico con un niño de catorce años vestido de policía. Supongan que ven a su vecino octogenario luciendo placa y pistola en la feria del pueblo. Figúrense que el día que se celebra un encuentro futbolístico de máximo riesgo, ponen con una porra en las inmediaciones del estadio a un cobarde declarado, por todos conocido. Piensen por un momento que mientras están comprando en un supermercado se produce un atraco y que cuando llegan las fuerzas de seguridad aparece por la puerta, uniformado, caminando como un pato mareado y con las manos en los bolsillos, aquel compañero de pupitre del que todo el mundo dice que cómo pudo ingresar en la Policía, si no sabe hacer ni la o con un canuto. Sí, lo sé, todo esto que les sugiero supone hacer un enorme esfuerzo mental, pero aunque no lo crean todas las plantillas tienen, como poco, unos cuantos incompetentes con estos perfiles, algunos de los cuales ascienden por obra y gracia del abracadabra, pata de cabra, conquistando la cúspide del triángulo del poder. 


Del mismo modo que algunos tendrán que machacar sus neuronas para elucubrar tanto despropósito, otros, sin embargo, diariamente tienen que sobreponerse al amargo, peligroso y vergonzoso trago que conlleva patrullar con una persona que tiene la mentalidad de un púber, la movilidad de un abuelo, el valor de un polluelo y la listeza y predisposición del lerdo sin sangre que todos tenemos en nuestra nómina de conocidos. Yo he tenido que torearlos, entre las taquillas, cuando iba a trabajar, que no al trabajo. Los hay, y que levante la mano quien no los haya sufrido, con el perfil del niño irresponsable, del viejo cansado, del cobardica patológico y del genéticamente inepto. Pero también conozco, y por Dios que no miento, a mamarrachos creados con un cuarterón de cada uno de estos invalidantes rasgos. Lamentablemente, veo muy pocas manos levantadas.

El gen del vago integral existe, doy fe. No hay que recurrir al microscopio ni al genetista para verificarlo. Solo tenemos que darnos un silencioso paseo por el recuerdo de nuestro bagaje profesional y nos convenceremos de ello. Si apartamos un poco la cortina de nuestra memoria y somos objetivos, aflorarán nombres, lugares y circunstancias que nos harán vomitar rememorando qué dijo y qué no hizo, ante según qué supuestos, fulano, mengano y el primo de ambos. Gente que ahora, siendo funcionaria, no hace más que maldecir su bendita, privilegiada y envidiada situación laboral porque quieren hacer menos, cobrar más y disponer de mayor tiempo y comodidad para vilipendiar a quienes hacen lo que deben, que es, precisamente, aquello que ellos discriminan y  que deberían llevar a cabo, sí o sí, por imperativo ético y legal.  


Estos caraduras son, en la que fue mi mal comprendida profesión, aquellos que siempre dan tres vueltas al pueblo antes de llegar a un accidente, a una reyerta o incluso a un incendio. Tipejos y tipejas que no descienden del coche patrulla ni aunque vean a una anciana en llamas. Asquerosos autoenvenenados contra todo aquello que les recuerde lo mierdas que son. Gandules con tres y hasta con cuatro caras. Delincuentes permanentes por omisión. Traga vapores, come pollas y mamporreros que se arrodillan por los corredores enmoquetados. Envidiosos y zopencos. Andrajosos de alma atormentada. Arruinados moralmente. Náufragos que se agarran a las balsas de otros para a las primeras de cambio, y una vez a salvo, meterle tres navajazos. Cucarachas. Desquiciados del café gratis y obsesos del escote que lo sirve. Diplomados en escaqueo. Despreciables de alma en pena. Farsantes. Zombis disfrazados de honorables. Aislados que se asocian para hacer fuerza en su defensa de la práctica del síndrome de Diógenes. Insuficientes de la honestidad. Desesperados de la zancadilla. Adoradores del fuera de juego. Hurtadores de méritos y reyes del demérito. Garrapatas. Monstruos del despiporre y de la desfachatez. Adictos al “no hago na”.


Estamos hablando de los que nunca identifican a sospechosos; de quienes no saben qué es hacer un cacheo y hallar; de quienes han desertado de la vergüenza y del compromiso. Me refiero a esos que dicen que pasan de todo. Seguidores confesos y a ultranza del “no me complico la vida con nada”. Pongamos que hablo de los que quieren ascender para producir menos aún. No tengo que hacer un gran ejercicio de retrospección para darme cuenta de que he compartido frecuencia de radio e indicativo con demasiados indeseables. Coincidentes laborales. Indecentes funcionarios a los que uno no quisiera tener que confiarle ni la seguridad de un jilguero. Impúdicos lamefarolas que influyen en las víctimas de los delitos para que no presenten denuncias. Repugnantes vasallos del desinterés público. Aprovechados del uniforme. Ladrones del orgullo que otros sienten por servir y proteger. Basura que a la chita callando defiende aquello contra lo que debería luchar. Potenciadores de la desgana y minadores del ánimo. Profesionales del ocultismo. Postuladores del “que vayan ellos, que cobran más”, mientras alguien ruega ayuda al otro lado de la línea. Recortes de periódico con nombre, apellido y número de placa. Especialistas del desmarque. Guiñapos. Sujetos que ni saben, ni quieren saber. Tóxicos sin par.

En definitiva, y para ir acabando, puercos que abusan de lo que representan; golfos que no suman; ratas que restan e ineptos que deberían estar en cualquier sitio menos ocupando una plaza de policía. Así es, cancerberos de un chiringuito montado en connivencia con mandos y colegas amparados por siglas. Fenómenos de la desvergüenza. Amargados bajo la gorra. Enarboladores de trapos hechos pasar por dignas banderas. Figurantes de relleno que hacen mucho daño a quienes de verdad sí quieren ser y no solamente parecer. Mosqueados empedernidos. Vinagretas de las tres pes: placa, porra y pistola. Manipuladores de la realidad. Reponedores de cubitos de hielo. Lamelápices. Rompe denuncias y ocultadores de tabaco. Tramposos que lanzan cáscaras de plátano a los pies de quienes corren detrás de los traficantes. Reposavasos con patas. Diarreicos intestinales y mentales. Cazadores de mariposas durante la batalla. Ojeadores de futbolistas mientras los demás doblan el lomo. Adoradores de Baco y dolientes de la botella durante la partida del día a día. Expurgadores de sus más bajos instintos. Proxenetas de la falacia. Violadores de la sinceridad.

Estos indignos, por suerte para todos, son minoría, de lo contrario uno podría llegar a preguntarse en manos de quiénes estamos. Los párrafos precedentes han brotado en mi cabeza con un café en la mano, con un policía de verdad a mi derecha y con el juzgado a unos cincuenta metros, mientras espero a que su señoría me requiera en la sala de vista. Nada, poco cosa, otro juicio por tráfico de drogas, lo normal para quienes trabajan y lo desconocido para quienes rajan y que en cuatro palabras, anteriormente, han quedado mínimamente definidos.

Comentarios

  1. Jejejej cuanta razón llevas menos mal q cada vez quedan menos antes tenían mas peso y encima se permitían el lujo de rajar del q trabaja con los típicos comentarios (el emocionado este ,se cree q va acabar con la delincuencia ,el deja deja ya lo joderan en los juzgados en fin tantos comentarios q todos hemos escuchado ),pero lo peor de todo q este sistema q tenemos en cierta manera lo avalan pq personalmente mas de una vez he salido del juzgado quemado viendo condenas irrisorias después de currarte una buena actuación ,o q te toque el típico abogado q te acribilla como si uno fuera el delincuente ,no digo nada de cuestiones politicas ...pero bueno a mi es el efecto gaseosa salgo rajando con el ya paso solo voy a lo q me avisen pero al segundo servicio ya empieza el vamos a identificar a ese , y termina uno currando jejjee primero pq me gusta segundo se pasa el servicio antes xd creo q a mas de uno nos habrá pasado esto y espero q sea como a mi efecto gaseosa fuerte al principio pero se va rápido .sin mas saludos de Oscar

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    1. A mí me ha acribillado un despreciable ser que ahora es abogado y que fue también, alcalde con Franco, el último alcalde del régimen en su pueblo. Luego, en democracia, en los años 80, pasó por prisión por delitos de guante blanco y allí obtuvo la licenciatura en Derecho. Tiene más años que Carracuca, pero ejerce como defensor de traficantes de drogas y asesinos confesos. Pero cuando tiene ante sí a un policía, local principalmente, lo acribilla con temas políticos en el estrado: “¡¿No es más cierto que su alcalde es un fascista que le ordena masacrar a personas del perfil de mi cliente?! Un verdadero hijo de la gran puta.

      Saludos.

      Ernesto.

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  2. Buena descripción del gran elenco de perfiles del personal más entrañable que habita por los cuerpos policiales. Es lo que tenemos, personalmente discrepo en su cantidad y calidad de bestialismo. En el ámbito que más conozco, el de las PPLL, es tremendo los personajes que se ven de figuras desgarbadas, de tristes figuras y muy contrahechos, pero lo más lascerante es cuando los escuchas hablar o desproticar, una auténtica oda a la rufianería más grotesca de los seres más adyectos que se pueden imaginar de las películas de Tim Burton. En varias veces he entrado en combate dialéctico con estas bestias del averno, privilegiados e intocables; SÍ, de esos sindicalistos que llevan 20 añitos liberados y encima te miran por encima del hombro, que al menor desaire o contradicción, te lanzan a su cohorte de guardia pretoriana de aspirantes a oficiales, escoltas u otro puesto privilegiado o intocable, para que seas reconducido a la disciplina de borrego fiel y no vuelvas a desentonar del rebaño. Es la mafia tejida en sentido descendente, que se ramifica por todas las escalas. Cuanto más grande es la plantilla, más panzaburras hay en ella. Hay que elegir muy bien con el compañero que vamos a la calle y con quién escribimos los atestados y las diligencias. El problema es que, cuánto mejor policía y más independiente eres, más envidias despiertas y más enemigos internos te creas por no dejarte hipotecar. Ojalá volviéramos a la Ordalía, ya veríamos a más de uno delante de un florete para borrarle su sonrisa fatua de la cara.
    Un saludo, que nunca te dejes quebrar tu voluntad, pues entonces empiezas a formar parte de sus marionetas del guiñol.

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    1. Maravilloso comentario, a la par que desolador.

      Gracias.

      Un saludo.

      Ernesto

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  3. En cierta ocasión alguien me dijo que en toda plantilla policial hay un 10% que suma, otro 10% que resta y un 80% que fluctúa entre unos y otros como la marea. Seguramente, como en aquello de que hay siete mujeres por hombre y alguno tiene las mías y las de todos mis compañeros, debe de haber por ahí alguna plantilla que se ha quedado con parte del diez por ciento positivo de la mía. Yo cada día tengo un poco menos de esperanza y es que entre los veteranos de mí plantilla cada vez reinan más los cálculos de la jubilación sin sobresaltos, entre los que ya llevamos un tiempo, la búsqueda del agujero que van dejando libre los que se jubilan, y entre los recién llegados, todos ellos máquinas de gimnasio con múltiples lesiones que les impiden hacer algo más que seguir lesionándose en el gimnasio, enganchados al guasap, y que se han tomado muy en serio lo de aprender del veterano, a ser posible de aquel que menos haga, cada día pierde un poco más de sentido el termino "ardor guerrero".

    Pero si la falta de ese interés es palpable, lo peor es que cada vez están apareciendo más vagos vestidos de currelas protestones, expertos buhoneros, que cual licor de serpiente curatodo están vendiendo la imagen de que los demás no trabajan y que ellos no pueden hacerlo porque o no les dejan o nadie les apoya. Cuando los oyes, se te saltan las lagrimas al ver que no estas solo, que alguien más piensa como tu, te acercas, les das un abrazo, los coges del hombro y les dices "vamos a patrullar alma gemela", y es cuando cual Bruto te dicen: "bien, pero vamos a quedar a tomar café con estas tres patrullas, después tengo que ir a recoger la compra, si no te importa he quedado con mí novia para tomarme otro café con ella, y luego me he bajado un par de películas al móvil que ¡no veas como se ven!", aturdido le dices "¿y lo de pillar a los que trapichean y todo eso?", y su respuesta "pero si nadie nos apoya, no lo vamos hacer todo tu y yo, pero tranquilo que ahí seguirán mañana y hay más días que longanizas". Luego pasa el jefe a tu lado y te dice aquello "¿hoy no te podrás quejar de compañero? ¡no me deis mucha guerra!" y encima te palmea el hombro. Si de puta casualidad pillas algo ese día será gracias a tu compañero y si no será que como él trabaja con más cabeza que tu, y tu ves charlys todo el día según los más vagos del lugar, tu compi cual Sancho Panza ha frenado tu quijotesca imaginación, ¡pero mira que eres friky!

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    1. Estimado amigo anónimo, ¡tu comentario es de premio! Te ruego que me dejes usarlo en mi muro de Facebook, por favor. Pondré que es lo que siente un policía abandonado a su suerte y al minutero del reloj del que le acompaña.

      Un abrazo.

      Ernesto.

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  4. Creó q te refieres a los vendemotos q también abundan en esta profesión ,pero creo q se calan rápido pq por mucho q vendas si no se le ven resultados y solo habla en pasado con el típico yo cogí,yo detuve .... Pero bueno al cabo del tiempo ya le dices tu eres una vieja gloria pq ya haces poco jejeje peor son los q se apuntan los servicios de los demás y encima lo venden como suyos pq tienen eso si ,una labia envidiable pero en fin es algo con lo q lidiamos día día solo es cuestión de espabilar y cortarlo cuando los oiga vender xd .saludos Oscar

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  5. Bravo por tu artículo Ernesto!!!!����������
    No he oído tanta verdad junta en la vida, entre el artículo y los comentarios posteriores.
    Yo personalmente comparto servicio con individuos del calibre descrito, y por desgracia en mi caso, son mayoría. He tenido que escuchar en multitud de ocasiones: "el que trabaja se equivoca". Y todo ello, como bien habéis dicho para ver sí consiguen reclutarte para pertenecer a su espacie, dentro de la batalla diaria que encarnan a fin de ser mayoría en la plantilla y estar agusto revolcándose en su pocilga particular de bares y gestiones personales, dejando el servicio a los demás como lo último en su lista de prioridades.
    Ante este escaparate de gandules y vividores, cabeza alta, responsabilidad, profesionalidad y desprecio hacia ellos, siguiendo el consejo de un compañero con 35 años de servicio a sus espaldas y muchos tiros pegados, una raza en extinción. Un compañero, que cuando pasa por delante de nosotros, nos enorgullecemos de decir: HAY VA UN POLICÍA.
    Todo esto, como bien dicen los compañeros en los comentarios, despiertan todo tipo de envidias en los gandules, porque por una razón u otra, no han sido capaces de ser policías en su vida, lo cual les frustra aún más y provoca que estorben aún más.
    Sigo diciendo, ante este tipo de gente, orgullo y dignidad por ser policías de verdad.
    Un saludo.
    Ifwin.

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    1. ¡Qué pena me da que me tengas que dar la razón en este asunto!

      Un saludo.

      Ernesto.

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  6. Cada uno de nosotros elije donde quiere estar, en que bando quiere luchar, que alianzas buscarse y sobre todo, como quiere ser recordado. Todo lo que hagas hoy, te lo podrán hacer recordar mañana, para bien o para mal, y desde luego, al que le importa una poca m esta profesión y las consecuencias que acarrean sus actos, tampoco le importa que pensaran de él en el futuro.

    Ovejas negras hay en todos los rebaños, independientemente de a que se dediquen, así que no nos cataloguen a todos por igual, por favor, no dejemos que nuestra profesión se vea tergiversada y no se le de la consideración que se merece.

    Un saludo a tod@s l@s compañer@s de armas.

    --
    "Ante ferit quam flamma micet"

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