ZAPATERO A TUS ZAPATOS

Por, Ernesto Pérez Vera

No voy a pedir perdón, y no lo siento. “El que nace barrigón, buenas ganas que lo fajen”, dice nuestro sabio y rico refranero. Que la cabra siempre tira para el monte es bien sabido por todos. Y sí, yo debo ser una cabra de esas. Pero dado que rondo los 90 kilos de peso, si acaso no los supero, tal vez sea, como algunos me definen, un pedazo de cabrón. Una cabra grande, supongo que querrán decir, del mismo modo que un balón es una bala gorda, y que un pelotón una pelota enorme.

Según me dicen, por ahí dicen que soy problemático. Dicen que se dice en determinados ambientes policiales. Me han dicho que lo están diciendo no pocos mandos de mi cuerpo, amén de otros de otras fuerzas. Que les voy a contar que ya no imaginen ustedes a estas alturas del partido. Este dicente, servidor de ustedes, es problemático para ciertas personas que dicen, como buenos correveilides y directores de dimes y diretes, que soy un policía conflictivo. Menos mal, por fin los profesionales del dislate dicen una verdad con la que estoy de acuerdo.

Efectivamente, podríamos decir que en esta ocasión no mienten del todo. Durante años he sido, o fui, una china en el zapato de bastante gente. Y créanme, he visto muchas hormas, suelas, entresuelas, tacones, etc. He visto zapatos, fíjense qué variedad cromática tan curiosa, con forros azules, verdes, amarillos y hasta celestes. Puede que pese a tanto zapateo no haya aprendido a atarme los cordones de mi propio calzado. Pero es lo que genera estar comprometido con el trabajo y con la producción en aras del bien común, y no con los intereses personales, sindicales y/o políticos. Cambiaría muchas cosas de mi dura travesía policial, pero no cambiaría las botas con las que hice mi singladura.


Pero como veníamos diciendo, sí, soy un “porculero”. Un hijoputa para algunos, y un cabrón para otros. Mala persona, si lo prefieren, aunque curiosamente unos pocos, muy pocos eso sí, piensan todo lo contrario. Cuestión de “feeling” personal, seguramente. Ya lo dijo aquel orondo y puerco concejal: “Ernesto no llegará a nada en la Policía, por muy bueno que digáis que es. No le daremos nada. Le falta talento para llevarse bien con quienes movemos las teclas. ¡Oye, llena aquí a todos, que invito yo otra vez, guapetón!”.

Quienes me conocen bien y de verdad saben, por haber trabajado conmigo el tiempo suficiente, que nunca me gustó ir de servicio con policías, mandos o no, que se hallasen intoxicados por la ingesta de sustancias prohibidas, tanto si éstas eran inhaladas como aspiradas o sorbidas. Porque atención, aunque el agua de fuego sea un producto legal, me refiero a las bebidas alcohólicas, su consumo en horas de trabajo está prohibido para los agentes de la autoridad. Aunque no me tocase compartir patrulla con ellos, siempre repudié a quienes ya venían mamados desde sus casas o directamente llegaban en tal estado desde el puticlub de moda. Qué quieren que les diga…, lo sé, soy muy rarito.

También me enfrenté a quienes miraban para otro lado ante la detección de infracciones, ya fuesen estas penales o administrativas. Y no, no iba tirando ráfagas de multas por doquier, si bien nunca fui manco y denuncié todo lo que en conciencia creí que tenía que denunciar. Esta actitud mía se paga muy caro, principalmente en el seno de la institución que me dio las tres pes: la placa, la porra y la pistola, aunque alguno a lo mejor esté pensando en una puñalada “perrillera” en el pecho. Mira que soy conflictivo, joder, con lo bien que me hubiese ido metiéndome en un bar a beber gratis, admirando de camino los voluptuosos pechos y el escote de la camarera de turno.

Nadar contracorriente es duro y agotador, totalmente autodestructivo, pero no por ello me dejé llevar ni de copas, ni de putas, ni de putos. No recibir más que menosprecio de quienes deben reconocer la calidad de los servicios, es el coste que los idealistas tenemos que pagar. Porque miren una cosa, yo quizá no sea una buena persona. Probablemente fui incluso un mal policía. Quién sabe si hasta muy mal compañero. Puede que en su momento fuese hasta un mal primo por no perdonar infracciones relacionadas con drogas a miembros de mi familia. Pero es que resulta, miren qué extraño soy, que yo creía en lo que era y representaba. Por creer, creo hasta en la Justicia. Toda una temeridad por mi parte, dadas las aguas frías, contaminadas y turbulentas sobre las que nadé una parte importante de mi vida.

Y claro, toda esta puerca imagen que desde la insinceridad proyectan megáfono en mano los detractores, sin que uno mismo a veces pueda evitar autoreflejar su malestar en algunas acciones, cruza hábilmente hasta la acera de quienes calzan botas forradas de otro color, donde a buen seguro pondrán en cuarentena todo lo que le ataña a uno. Es por lo que nunca pude esquivar mil polémicas con quienes me tomaban comparecencias desvirtuando el dictado de mis palabras. Realmente pude evitarlas en alguna ocasión, pero no quise: intenté, no siempre con éxito, que estos individuos no echaran balones fuera cuando mis denuncias afectaban a sus amigos, a sus hermanos o a coleguitas que a todas luces eran enemigos del principio de autoridad que todos los policías representamos (yo ya estoy excluido de esto último).

Menudo estigma sigo padeciendo y arrastrando cual sambenito. ¡Qué malo es uno por meterle el alcotest en el pico, o por sacarle medio gramo del calcetín, al hijo de alguien! Pero peor te pueden llegar a tratar por incautar más droga que otros, con menos medios, con más zancadillas y con más bastardos a tu alrededor que botellines tiene el tugurio de enfrente.

No ascender, ni contar con medallas, ni con felicitaciones públicas, es algo muy extendido entre quienes, como yo mismo quiero recordar que hacía cuando estaba en activo, todos los días cazan reclamados judiciales, ladrones, maltratadores, beodos al volante, traficantes de drogas, etc. El desprecio suele ser, y hablo por propia experiencia y por las que conozco a través de terceras personas fidedignas, la única respuesta de no pocos compañeros, jefes y responsables políticos y sindicales, cuando un policía no afín destaca culminando servicios destacados. Gozar de la simpatía de determinados individuos abre puertas, aunque esta cordialidad haya que pagarla previamente en la barra de un pub o en el reservado de una discoteca de éxito.

Por pensar lo que pensaba respecto a cómo organizar los servicios, y sobre todo por salir a currar y no de paseo, y más aún por decirlo sin tapujos, uno puede verse arropado solamente por un puñado de idiotas que piensan igual o de modo parecido. Por policías que consideran que hay que apuntalar el bienestar general de la sociedad. Por quienes abogan por la imagen, por la dignidad y por la profesionalidad. Por funcionarios que estiman que a los buenos siempre hay que ayudarlos, aunque para ello haya que enfrentarse abiertamente a los malos. Por quienes quieren ser, y no solo aparentar. Por compañeros que cumplen fielmente con sus obligaciones, aunque estas estén detrás de un simple teléfono de atención al ciudadano. En definitiva, que uno se siente apoyado nada más que por quienes con decencia lucen el uniforme que les cubre el pellejo, cuando no también el alma. Por aquellos que creen en lo que hacen y que hacen aquello en lo que creen. Por quienes quieren ser resolutivos. En definitiva, por los eficaces. León Tolstói, filósofo ruso nacido en el siglo XIX, dijo: “El secreto de la felicidad no es hacer siempre lo que se quiere, sino querer siempre lo que se hace”. ¿Otro majareta?

Pues así es, soy muy mala gente, un perro, pero a mi jefe volvería a participarle por escrito que fulano, jefe del turno tal, destruye denuncias administrativas relacionadas con la circulación de vehículos, así como con la tenencia de sustancias estupefacientes prohibidas en lugares públicos. Y lo volvería a hacer pese a saber que no le pasaría nada, como bien alto esputó el interfecto ante numerosos testigos cuando lo descubrí. Eso sí, en mi segunda oportunidad no solo le daría conocimiento a mi jefe de servicio, al jefe del cuerpo y al responsable político de la plantilla, sino que también remitiría el documento a la autoridad judicial, cosa que no hice en su momento porque lo que seguro que sí soy es gilipollasTan verdad era aquello que el sin par sinvergüenza partidor de denuncias y actas vomitó, verdad verdadera, que no solo no le exigieron responsabilidades sino que lo ascendieron varias veces. ¿Les suena…?

Oír que eres mal tío por dar parte de quien hace desaparecer droga y destruye actas, es una pizca del precio que más de uno tiene abonar a lo largo de su carrera profesional. Una injusta y pesada loza por la que todos pasan y que todos pisan, y sobre la que algunos zapatean cual bailaores de flamenco. “Treinta años te quedan aquí dentro, compañero. No debiste haber firmado ese informe interno”, me dijo un policía cuando supo que había denunciado ante la superioridad a su colega de juerga y promoción. Por suerte para él, y quién sabe si también para mí, me pasaportaron en una camilla antes de tiempo. Este hablaba de experiencia policial, confundiendo la sapiencia de la práctica y del estudio con los quinquenios que llevaba arrastrando los pies de una punta a otra de la calle Real. Los años de puta no garantizan una felación de calidad, compañeros.

Pero qué fácil es caer mal en el trabajo, solo hay que hacer lo que hay que hacer. Pero ojo, que como además se haga bien, uno podría quedar atrapado en el vórtice del odio eterno.

Ahora es muy sencillo decirlo, lo sé, pero es que antes tenía miedo de seguir dando pasos por tan movedizas moquetas. Por cierto, nunca dije que fuese valiente. ¿Pude haber hecho más? Seguro que sí, pero tal vez me refrenó mi naturaleza cobarde. Ahora, que estoy fuera del alcance de la metralla de las emboscadas internas, me resulta más cómodo y seguro explotar de rabia. No era fácil abrir la sandía cuando nadie quería probarla, menos aún cuando el cuchillo te lo endiñan clavándotelo en un omoplato.

De esta guisa se escribe la historia de mucha gente que ayuda a la mayoría cumplidora de las normas, fastidiando a la minoría infractora de las mismas. De esta guisa, pero con el zapatero lleno de suelas agujereadas, de cordones roídos y deshilachados, de tacones desgastados y de viejas latas de betún vacías y oxidadas. Zapatos sucios, de baja calidad, malolientes y repugnantes, que sin embargo pasan por ser flamantes Versace, Gucci, Louis Vuitton o simplemente Martinelli, que ya va bien. Mucho hedor y nada de desodorante para los pinreles. ¡Abramos el balcón para que entre aire fresco y puro, por favor!

Importante: cualquier parecido con la realidad es pura desvergüenza, amén de una lamentable casualidad.

Comentarios

  1. Ernesto, lo vuelves a clavar. Ese vacío lo sentimos muchos, por desgracia cada vez menos. Gente que trata de evitarte, incluso gente de la que confiabas y a la que nunca has ofendido, te evitan y saludan fríamente, se extiende un velo de solidaridad entre los que si has ofendido adrede y con todas las consecuencias y los que se solidarizan con estos, tal vez pensando que el próximo es él por no tener la conciencia tranquila.
    Eres polémico por llamar al pan, pan y al vino, vino y lo que más jode es que no te puedan reprochar nada, solo te reprochan que trabajes cuando según ellos no merece la pena y es un asco. Coño pues sal de aquí, a no que fuera hace mucho frio y no te van a regalar el sueldo.
    A modo de ejemplo un “compañero” ante mi critica a unos borrachos puteros, me dijo que eran sus amigos y que cuando yo me vaya casi nadie me va a decir adiós y el sin embargo se ira con un montón de amigos, que él prefiere no ser crítico y tener amigos, en resumen que es como ellos y punto. Mi respuesta fue decirle que amigos como esos prefiero no tenerlos y en todo caso de ser algo, son enemigos.
    En fin, con llegar puntual a mi entierro me toca los cojones cuanta gente acuda.
    Quizás sea verdad que somos polémicos y que la verdad, el compromiso y la entrega son causas de otros tiempos y simplemente nos hemos quedado desfasados. Que se le va a hacer. Un saludo José Moreno

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    1. Moreno, ¿seguro que no hemos trabajado juntos?

      Un abrazo. Gracias por tu comentario.

      Ernesto.

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  2. No lo podrias haber expresado mejor, gran profesional y mejor persona, somos pocos los que actuamos como tu, pero muchos los que sufren el acoso del igual o superior, quizas porque como mas de una ocasion me han dicho " no todos los tenemos cuadrados como tu, entiendeme! ", seguiremos dandoles dolores de cabeza a estos sinverguenzas, que respaldados por mas altos cargos debedores de favores, hacen los que les viene en gana sin temor a castigo alguno, que con la cabeza alta y sin ponerse coloraos se cruzan con quienes saben de la misa la mitad. Un abz, de otro cabron redomado

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    1. Gracias por tus palabras, anónimo.

      Yo seguramente no soy un súper gran policía, pero siempre he tratado de dar el máximo en todo lo que he hecho: incendios, robos, detenciones, identificaciones, e incluso en rescates marítimos. Me he equivocado mil veces. No a todas las personas cacheadas por mí les he encontrado drogas, ni todos mis identificados estaban en requisitoria. Pero han sido tantos miles, que no cientos, que por cojones tenía que fallar algunas veces. Ahora bien, los aciertos no fueron regalos sino parte del juego de la probabilidad: si me quedo viendo el fútbol, o viendo una película pornográfica en la base, seguro seguro seguro que no me equivoco cacheando o identificando.

      Para acertar hay que equivocarse antes unas cuantas veces. Algunos nunca prueban.

      Un saludo.

      Ernesto.

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  3. Hola amigo. Hay que tener mucho valor, (cojones).No confundir con chulería... Sentido del deber en su más estricto concepto literal de lo que eso significa amen de una capacidad de resilencia para pasar por donde tú has pasado, tu curriculum productivo confirma gran parte de lo dicho, pero queda mucho de esa parte oscura ese gas mostaza en forma de vendeta que se ha vertido sobre el hombre, la persona que ha llevado orgullosamente ese uniforme de policía para ir a trabajar, a servir, y si, me consta que para "joder a muuchoosss malos" Pues bien quizá lo que más me sorprende de este policía, hombre ha sido el hecho de que en más de una ocasión me haya confesado que nunca ha guardado rencor a las personas que por el hecho de estar al otro lado de esa delgada línea azul hayan intentado hacerle un poco de todo..Gajes del oficio se suele decir. Evidentemente no se puede decir lo mismo de los que han traicionado su persona y profesión. Dicho esto, me sorprende lo íntegro y noble que resulta ser esta persona a pesar de la mierda tragada. Un abrazo.

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    1. Ortiz, sin duda me estimas en exceso. No merezco tantos halagos, pero te los agradezco y acepto: todo el mundo los necesita en algún momento. Pero una cosa es bien cierta, no odio al que me intentó matar, y tampoco a quienes todavía me insultan cuando recuerdan que los detuve alguna vez, o muchas veces. Ellos hacen lo propio de su raza, como yo también lo hice por pedigrí. Odio, y mucho, a los policías, corruptos o simplemente hijos de putas, e incluso solo ignorantes, que malmetieron tras mi atentado.

      Un abrazo.

      Ernesto.

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  4. Nadar contracorriente es duro y agotador, totalmente autodestructivo, pero no por ello me dejé llevar de copas, ni de putas, ni de putos. No recibir más que menosprecio de quienes deben reconocer la calidad de los servicios, es el coste que los idealistas tenemos que pagar.

    A veces, me pregunto de dónde saco las fuerzas para seguir con la guerra interna que tenemos mi compañero y yo. Hemos llegado a sufrir más estrés por lo de dentro, que por lo de fuera.
    No es que sólo me haya quedado con este párrafo de toda tu reflexión, que como siempre es acertada, por tu experiencia profesional. Sino que, define concretamente lo que estamos sufriendo turno tras turno muchos de nosotros a diario.

    No puedo más que darte las gracias por hacer que, dentro de la soledad en la que vivimos, nos sintamos un poco más acompañados.

    Un saludo.Ifwin.

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    1. Ifwin, lo siento, pero gracias por tus palabras.

      Un abrazo y mucho ánimo.

      Ernesto.

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  5. una vez mas leo tus palabras y me pregunto, donde estabas tu cuando pase por la academia/centro formación del cuerpo al que pertenezco, que no eras profesor de allí.
    gracias a dios, que mi turno y mi compañero no son como los que describe algún otro comentarista por aquí. aunque si que sufro parte de eso que tu describes y que moreno apostilla.
    Pertenezco a un turno MALO ( POR TRABAJAR), he tenido que oir desde que nos inventamos las intervenciones hasta que los detenidos los hacemos por washapt para que el resto de la malla no escuche a donde se tiene que dirigir. jajajajajajajajajaja.
    Paso de todos esos comermierdas, mascachapas, borrachos putas , putos y puteros. apagaequipos y duermeturnos,
    Me siento orgulloso de pertenecer al cuerpo en el presto servicios . y dar cada turno el 1000% , incluso como hace una horas, lesión por detenido( ¿merece la pena, pues no lo se) según tengo oído el jefe de mi brigada ha dejado caer el "" Y POR QUE SALTA EL MURO Y CORRE TRAS EL TÍO??"".

    añadir solamente una cosa QUE BUENA PARAJE HUBIESEN HECHO VUESTRAS MERCEDES ( ya sabes a quienes me refiero) CUANTO MIEDO Y DOLOR DE CABEZA hubieseis dado a uno y a otro lado de la linea.

    saludos Yy.

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    1. Gracias por tus palabras, Yy.

      Me presenté tres veces a las oposiciones a tu cuerpo, pero me quedé fuera siempre por muy poco. El último año que fui a las pruebas, que fue el que menos había estudiado, me quedé más en puertas que nunca. Me llegué a buscar un padrino, ya me entiendes, pero no me dio resultado, pese a que según todos los indicios anualmente apadrinaba a un par de personas, como así me dijeron este señor y varios de sus ahijados. Pero ni así. Pero de haber aprobado…, no creo que en mis planes hubiese estado ser profe, menos aún en esa época. Me gusta tanto la calle, y además vestido de uniforme, que no sé…

      Un abrazo, amigo.

      Ernesto.

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  6. quería decir QUE BUENA PAREJA HUBIESEN HECHOS VUESTRAS MERCEDES.

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  7. Compañero... ¡¡¡Y ME QUITASTE LA MANTA!!! :) Es algo que decimos mucho por aquí, y a buen entendedor...

    Todos estamos en el mismo barco, pero amigos, si zozobramos y no hay botes para todos: "Sálvese quien pueda". Hay quienes no dudarían en tirarte al suelo, chafarte la cabeza y salvarse el primero, y ese es el símil aplicable en nuestro trabajo y en la frase referida. Nos vestimos igual, pero no trabajamos en los mismo, que sería otra frase de aplicación rutinaria.

    Sabéis lo peor de todo. Que lo aquí descrito se repite en muchos cuerpos, y "por ende" se nos tacha a tod@s por igual. Se generalizan conductas impropias achacables a unos pocos al Cuerpo en general, y como dice Ernesto, si replicas te repudian y te exilian al barrio más marginal, sólo, y si eso, pide ayuda, que ya iremos cuando podamos :(

    Pero sabéis otra cosa, que a la larga, las gentes del pueblo, de la ciudad, se dan cuenta de quien es cada uno, y nos ponen motes de acuerdo con la actividad que cada uno lleva a cabo en la calle, y que a cada cerdo le llega su San Martín, más pronto... más tarde.

    Saludos, y barbilla arriba, cual Legionario ¡¡¡ VIVA LA LEGIÓN ESPAÑOLA!!!

    --
    "Ante ferit quam flamma micet"

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    1. Me encanta eso que dices, de "nos vestimos igual, pero no trabajamos en lo mismo". Si me das permiso, te parafrasearé.

      Por cierto, entre los malos de mi demarcación sé que estaba apodado. Que me llamaran cabrón o hijoputa era normal, tanto entre los policías como los de enfrente. Pero que los shungos con papeles me denominaran "el tocahuevos" no hacía referencia a mí pesadez e interés en joderlos, sino a que en los cacheos solían encontrar ahí, en las pelotas, de todo de todo, y en grandes cantidades. Al parecer, según mis propios clientes me manifestaron, todos los policías no comprueban si en semejante región corporal porta la gente objetos o sustancias ilegales. ¡Manda huevos!

      Saludos, Josma.

      Ernesto.

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    2. Me encanta eso que dices, de "nos vestimos igual, pero no trabajamos en lo mismo". Si me das permiso, te parafrasearé.

      Por cierto, entre los malos de mi demarcación sé que estaba apodado. Que me llamaran cabrón o hijoputa era normal, tanto entre los policías como los de enfrente. Pero que los shungos con papeles me denominaran "el tocahuevos" no hacía referencia a mí pesadez e interés en joderlos, sino a que en los cacheos solían encontrar ahí, en las pelotas, de todo de todo, y en grandes cantidades. Al parecer, según mis propios clientes me manifestaron, todos los policías no comprueban si en semejante región corporal porta la gente objetos o sustancias ilegales. ¡Manda huevos!

      Saludos, Josma.

      Ernesto.

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    3. Me encanta eso que dices, de "nos vestimos igual, pero no trabajamos en lo mismo". Si me das permiso, te parafrasearé.

      Por cierto, entre los malos de mi demarcación sé que estaba apodado. Que me llamaran cabrón o hijoputa era normal, tanto entre los policías como los de enfrente. Pero que los shungos con papeles me denominaran "el tocahuevos" no hacía referencia a mí pesadez e interés en joderlos, sino a que en los cacheos solían encontrar ahí, en las pelotas, de todo de todo, y en grandes cantidades. Al parecer, según mis propios clientes me manifestaron, todos los policías no comprueban si en semejante región corporal porta la gente objetos o sustancias ilegales. ¡Manda huevos!

      Saludos, Josma.

      Ernesto.

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  8. Por cierto si bien es cierto que te aprecio... ME RATIFICO EN LO DICHO. Saludos.

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