SIN DIMES Y DIRETES MIENTRAS SIGUEN MATANDO POLICÍAS
Por Ernesto
Pérez Vera
Sé que lo que voy a decir puede sonar a cómoda y barata
valentía; a pedantería, tal vez; a paparruchas de listillo parapetado en un
burladero. Sé que es muy fácil teorizar desde mi segura mesa camilla. Podría
parecer hasta un cobarde por rodearme de mullidos cojines, de buenos alimentos,
de fieles amigos y de parientes que me quieren, alejándome de los riesgos que
antaño me proporcionaba trabajar en la calle. Pero cuántas veces hemos pasado
ya por esto. No sé si será normal o qué, pero al parecer es legal. A ver, hablo de que en España se
judicializa todo acto en el que una persona hace que otra pierda la vida.
Si conduciendo un vehículo atropellas y matas a alguien, acabarás, sí o sí, en
el juzgado; lo que no siempre implicará ni detención, ni imputación, ni
condena. A partir de ahí, a partir de estar delante de la autoridad judicial,
se verá qué rumbo toma el pertinente procedimiento judicial. Si estas acciones
no son normales, desde luego las hemos normalizado.
Cuando lucimos placa, y yo ya no lo hago, porque ya no soy
policía, nos exponemos a que alguien quiera eliminarnos, como del mismo modo
podríamos hacer nosotros con ese alguien, si es que nos da tiempo y sabemos
hacerlo. Es suerte, casi siempre, buena
o mala, pero suerte. En los últimos tiempos parece que cada vez son más los
policías españoles, de todos los cuerpos, que disparan a quienes consideran un
riesgo grave e inminente para la integridad propia o de terceros.
Los tiros no garantizan la eliminación eficaz de todos los
riesgos, pero muchas veces son la única salida. Si bien el fuego de las armas
es el último recurso, entre el primero y este no suelen existir otros medios a
los que echar mano. Según el caso concreto, meterle plomo a una persona unas
veces parecerá más justificado que otras. De todos modos, tras conocerse los
hechos a través de los medios de comunicación, todos nos aventuramos a dar
públicamente nuestras opiniones. En ocasiones, solo en ocasiones, los datos
publicados y conocidos oficiosamente nos pueden hacer recelar de la
racionalidad de la respuesta policial. Pero estas, afortunadamente, son las
menos veces. Ahora bien, abundan los
pesimistas especializados en sacarle punta a toda intervención ajena. Gusta
poner en la picota a los protagonistas de las intervenciones de este corte.
Esto obedece a una mezcla homogénea de ignorancia, de miedo, de envidia, de
odio y de aburrimiento.
Los ciudadanos de sana sesera e intelectualmente amueblados,
creen, generalmente, que las reacciones de los funcionarios intervinientes en
hechos de esta naturaleza se ajustan a derecho; cosa infinitamente cierta, la
infinita mayoría de las veces. No obstante, aun cuando desde los primeros
instantes se conozcan informaciones con tufillo a que algo no cuadra, que algo
chirría, casi siempre habrá quien piense y manifieste que sí, que al tipo que
huía con la caja registradora bajo el brazo había que pegarle dos tiros,
incluso cuando el arma que portaba era un palo de escoba, que además había
tirado en la puerta del supermercado asaltado, al abandonarlo. Pero no, afortunadamente los policías en
este país no tienen libertad para hacer tal barbaridad, en contra de lo que
consideran muchos ciudadanos legos en temas policiales. Y ojo, que yo he
sido policía y para colmo sé qué se siente al verse uno a punto de morir, por
la salvaje intención de otro Homo sapiens.
El que quiera malentender mis palabras y sacarlas de contexto,
puede hacerlo, pero acreditaría un total desconocimiento sobre mi perfil
humano, social y policial. Esta no es la primera vez que un agente de la
autoridad, en este caso un miembro de la Guardia Civil (GC), es llamado para
declarar como imputado tras dispararle a alguien. Hablo, ahora, de lo
recientemente acaecido en la provincia de Pontevedra. Efectivamente, un miembro de la GC ha disparado contra un hombre. Sí,
el hombre ha muerto como consecuencia del disparo. Y sí, el funcionario tiene
que responder a las preguntas de su señoría, sobre lo qué pasó en el interior
de aquella cocina. Del mismo modo lo harán, si es que no lo han hecho ya,
las demás personas presentes en la escena del suceso. Pero esto no significa,
en modo alguno, que el agente vaya a ir a prisión, que vaya a perder su
condición de funcionario público, ni nada de eso. Estos son los pasos lógicos,
legales y normales que hay que dar, como ya hemos visto mil veces. Confío
plenamente en que se hará justicia.
Claro que no es plato de buen gusto verse ante un juez dando
explicaciones. Pero menos todavía apetece meterle un tiro a alguien, porque esto
siempre supone ser víctima de un atentado grave. Si un policía me dice que
tiene ganas de matar a otras personas, seguramente no merezca ni su plaza ni su
placa. Descerebrados no, gracias. Si no
es por legalidad, que al menos sea por conciencia. Si se tiene que hacer, que
solo y exclusivamente sea por pura y total necesidad racional. En las cafeterías
es muy habitual oír como los estúpidos lenguaraces, leguleyos sin par, matan
todas las noches a cuatro o cinco tíos. Toreros de salón; duelistas del airsoft.
Nosotros somos nuestros peores enemigos. Qué incansables
agoreros que somos. Abanderados del pesimismo colectivo, eso es lo que somos. Trompetistas
del desánimo, y que se salve el que pueda. Solemos hablar, y yo el primero si
ustedes gustan, sin tener repajolera idea. Cada vez que pasa algo como lo ya
dicho de Galicia, celebramos juicio sumarísimo y condenamos en Facebook, foros,
chiringuitos, gimnasios, etc. Somos grandes y rápidos verdugos. Que si se lo
van a follar; que si es mejor no hacer nada y pasar de todo; que si no sé qué;
que si no sé cuánto. Vaya mierda. Pero la verdad es que algunos de los que más
gritan públicamente exigiendo respaldo judicial, son quienes menos saben sobre
la dinámica de los enfrentamientos armados. Suelen ser, qué casualidad, personas que integran las fuerzas de
seguridad, llegando en ocasiones a dirigir plantillas enteras, unidades y hasta
programas de formación. Muchas veces los que más cacarean son los que más deben
de cerrar el pico.
Hace un rato decían, en una red social de cuyo nombre no
quiero acordarme en estos momentos, que la normativa nos impide defendernos a
tiros cuando nos agreden con armas blancas. El zoquete que se pronunciaba en
tales términos, mando e instructor de una fuerza de seguridad, sostenía que, en
todo caso, la ley exige estar gravemente herido para desenfundar y, así como
que bueno vale…, disparar solamente a partes no vitales. Menudo mendrugo; maldito fecundador de desastres. ¡Cuánta
gentuza escondida detrás del sillón!

Manifestaciones con este rango de incoherencia, absurdez e
imprecisión no hacen más que menoscabar el ánimo del colectivo. Si ya de por
sí, y como norma general, no tenemos meridianamente claro cómo y cuándo
defendernos con nuestras armas, porque en el seno de las instituciones policiales
casi todo el mundo se lava las manos a la hora de comprometerse con el
adiestramiento, pronunciarse tan pintoresca y aventureramente confunde más a
“everybody”. No solamente los policías se dan cabezazos para saber qué sí y qué
no es lícito, oportuno y racional, sino que la propia opinión pública escudriña,
en la basura, en busca de sangre mediática. Con estas ineptas actitudes quien
más se desangra es, posiblemente, la propia sociedad.
A propósito, los jueces van a exigir racionalidad en el
empleo de los medios defensivos, siendo la palabra “racional” sumamente
recurrente en las resoluciones judiciales de este palo, y no tan recurrente el
ya más que manido y malentendido vocablo “proporcional”. ¿Pero qué es la
racionalidad? Pues la racionalidad es, ni más ni menos, que la capacidad que
permite pensar, evaluar, entender y actuar de acuerdo a ciertos principios de
optimidad y consistencia, para satisfacer algún objetivo o finalidad. Cualquier construcción mental llevada a
cabo mediante procedimientos racionales, tiene, por tanto, una estructura
lógico-mecánica. En lo que nos toca a este respecto, hay que empatizar con
el actuante poniéndose en su misma situación para saber, o imaginar, hasta qué
punto se puede pensar, evaluar, entender y actuar en tan adversas
circunstancias.
No digamos más, por favor, que por ser llamados a declarar,
como investigados o imputados, vamos a vernos entre barrotes. Esto ocurre las
menos veces. Por cierto, insto a los realmente interesados en esta materia a
que lean y comprendan las resoluciones judiciales condenatorias. ¡Venga,
háganlo! Porque una cosa es lo que percibió la psique del encartado, otra lo
que realmente sucedió, otra su respuesta, otra el resultado de la respuesta y
otra lo que percibieron los testigos, en caso de haberlos. Luego están el resto
de medios de prueba que puedan ser presentados ante la autoridad judicial. Muchas causas no llegan a juicio y se
dilucidan durante la fase de diligencias previas. Pero en cualquier caso, casi
todas finalizan de modo absolutorio o en otro grado de satisfacción para el poli
investigado. Quitar una vida, aun sin que ciertamente se trate de un
accidente, no siempre tiene que ser un delito que lleve aparejada una pena
privativa de libertad (imprudencias leves, por ejemplo). Tela lo que se aprende
leyendo, pero leer no mola, no está de
moda. ¡Qué pena!
De verdad, por favor, dejemos de contaminar la mente de
nuestros iguales. No más mentiras. Hablemos cuando sepamos por lo menos una
pizca, que seguramente no será mi caso. Pero
les aseguro que es rotundamente falso que una persona, policía o lo que sea, no
pueda defenderse a tiros de quien está a un tris de matarlo. ¡Sí se puede,
joder! Y además, para colmo, cada dos por tres conocemos sentencias
absolutorias. También es mentira que siempre se pueda desarmar al contrario con
las manos. No solo no se podrá siempre, sino que rara vez se disfrutará de la ocasión
y de la formación suficiente para ni siquiera intentarlo con garantías de
seguridad. Por supuesto que hay policías muy aguerridos e instruidos que pueden
hacerlo, claro que sí, pero apuesto a que no siempre tendrán ocasión de
lograrlo indemnemente. Y encima son los menos, frente a los más que no sabemos
hacerlo.
¡Ah! Es otra solemne bobada que la pistola de impulsos
eléctrico esté prohibida en nuestro país. Es totalmente legal, repito, ¡no es
ilegal! Y digo más, cada día se reglamenta más. Eso sí, no es la panacea. Un
Taser no se lleva encima para usarlo, a calambrazo limpio, cuando nos estén
matando. El Taser está pensado para las cuestiones previas a la desagradable
coyuntura de vernos a punto de palmarla. No está pensado para todas las
posibles circunstancias y variantes que pueden darse ahí fuera, aunque sí para
muchas.
Todos conocemos movidas de policías y particulares condenados,
en firme, por emplear armas de fuego frente a indeseables seres humanos; también
por utilizar armas blancas, contundentes, los puños y hasta los pies. Pero en
el caso de las armas de fuego y de los policías, fijo que hay más absoluciones
que condenas. Sin embargo, no le damos publicidad. Aireamos lo negativo, sin perder tiempo en la lectura profunda de las
sentencias. Ahí es donde se conocen los pormenores a tener en cuenta y no en
los escuetos y desilusionantes titulares de prensa, que cuando no son
imprecisos son, muchas veces, totalmente falsos. Dicho todo esto, a veces no
hay más remido que comprender la necesidad de la condena, por más daño que nos
pueda causar que se cepillen en el banquillo a uno de los nuestros.
Seguiremos cagándola mientras nos ciñamos a creer como verdad
verdadera todo lo que comentamos y publicamos a tenor de lo que unos llevan, de
lo que otros traen, de lo que otras inventa y de lo que entre todos
conjeturamos. La justicia no se sustenta en dimes y diretes, ni en titulares
periodísticos.■
Saludos Ernesto,,total mente de acuerdo,,,,que te imputen no significa que seas doloso, culposo y que el c.Penal no te exima de esas responsabilidad,,,,,pero fastidia mucho ver como empreñan al compañero y ya sabes si estas imputado no hay posibilidad de ciertos cursos o abcensos,,,o por lo menos antes era asi.Y para terminar con mi banal comentario todo mi solidaridad con el compañero ,,que fue acompañado por su teniente comandante de puesto y por su abogado,,,el abogado le pagan por eso al teniente no hecho que tambien le honra.
ResponderEliminarClarooo que jode, Escarceneitor, pero no podemos subvertir lo que parece normal o normalizado. Y lo del teniente es de aplaudir.
EliminarSaludos.
Ernesto, permíteme que te diga que tu artículo es como siempre acertadísimo. Pero no solo eso, sino que es muy oportuno, proporcional y congruente. Si, estas tres palabras manidas que tanto le gustan a los que realizan, ya sea delante del pelotazo de turno o ante una clase de jóvenes cadetes, esos comentarios y doctrinas tan inciertas, desafortunadas y mediocres. Como por ejemplo que el ruido de montar el arma ante el agresor lo disuade y relaja. Seguramente este mentecato nunca leyó nada sobre al exclusión auditiva, entre otras muchas cosas. Estos tiparracos son lo que yo llamo, si son militares "infantes de salón", si son policías "armas letales de salón". Y al que dijo que no está legalmente contemplado el uso del arma de fuego contra un arma blanca le diría que: "UN MOHÓN PA TI", eso será en tu mundo de pelis de Steven Seagal. Y al que dijo que los Taser no son legales en España, que se de una vuelta por Alcocebre, Castellón, y mire que es lo que llevan en la cadera los alumnos en prácticas de la policía local.
EliminarY otra cosa, no estoy de acuerdo contigo en tu modestia. Si tú no sabes de esto, entonces, ¿quién sabe?
En fin, solidaridad con el compañero, pero además, fuerza, apoyo y mucho ánimo. Pues como dijo uno de mis dos autores favoritos en el tema del estrés del enfrentamiento armado: "Puestos a que muera alguien, que sea el que ataca, y no el que se defiende a si mismo, a su compañero o a los ciudadanos.
Un abrazo.
Gracias por tu comentario, Bueno.
EliminarUn saludo.
Ernesto.
Ernesto, me gustó tu articulo y estoy de acuerdo en todo contigo, te diré que no soy entendido en la materia pero es verdad que me da mucha rabia cuando veo en las redes sociales como siempre se esta cuestionando las intervenciones de los agentes del orden, esta pasando a diario en Melilla y no hay día que algún lumbrera salga diciendo algo en contra de algún cuerpo, os estáis jugando la vida cada día para que vengan estos con sus estupideces, quiero darte todo mi apoyo igual que lo hago siempre con todo los cuerpos de La Ley y el Orden. U saludo
ResponderEliminarMuchas gracias por tu comentario, Manu.
EliminarUn saludo.
Ernesto.
Ernesto, los siento llamame "exagerao", que gente que no me conoce piense aquello de pelota, algún interes tendrá, bueno ahí sí... Que no dejes este blog porque estoy seguro de que muuuchos como yo opinan lo mismo. El simple hecho de leerte carga las pilas. En resumen, perfecto artículo del cual dire que como en otras ocasiones no deja de sorprenderme lo asequible y leible que transmites para que entendidos , no entendidos y "hombres comunes" sean capaces de empatizar con la causa. Saludos.
ResponderEliminarUn abrazo, estimado Ortiz. Por cierto, manda unas magdalenas, pisha. Jajaj.
EliminarErnesto.