¿Por qué de tanto porque sí y de tanta porquería?

Por, Ernesto Pérez Vera


Un compañero, que sin embargo todavía es mi amigo, se está preguntando, trasladándome a mí la cuestión (no tengo más respuesta que la que he dado mil veces), que cómo es que un tío de su plantilla ha recibido una cruz al mérito con distintivo blanco, después de que días antes de la imposición tuvieran que retirarlo del servicio, botella en mano, para meterlo en su cama. Sostiene que no lo llevaron al hospital por la vergüenza que supone arrastrar a un borracho uniformado y armado. Dice, muy cabreado, que este año ya lleva dos como esta… que se sepa, pero muchas más a lo largo de su carrera.

Mi amigo recalca que el tipejo en cuestión presume a boca llena de no haber hecho una sola detención en muchos años, pese a trabajar en la calle. No obstante, tan vergonzosas y claras acciones de descompromiso y desinterés han recibido el mismo premio que intervenciones merecedoras de recompensas superiores asquerosa y vilmente negadas.

Esto lo digo yo y no mi enojado y turbado interlocutor: menos mal que algo más del 50% de las condecoraciones impuestas son concedidas con decencia y justicia; porque vaya asquerosa guerra interna se ha declarado entre mandos, políticos y sindicalistas para ver quién prostituye más y mejor, y también antes, los reconocimientos profesionales que penden de las pecheras, los que a veces abren puertas y en otras ocasiones cuentas corrientes.

Comentarios

  1. Cuanto mas jeta hp y chivato seas mejor mirador estas, eso es como los que tienen pensionadas por actos de increíble valor y no han salido ni un puto día a la calle. Que les aprovechen y se las metan por donde les quepan, a mi el saber que he cumplido con mi trabajo es mi recompensa diaria y el no tener que bajar la cabeza al cruzarme con nadie de esa calaña mi mayor merito. Saludos

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    1. Gracias por tu comentario. Un saludo.

      Ernesto.

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  2. Si para tener medallas, hay que ser un " sin valor, sin honor, sin sangre, sin huevos", prefiero quedarme sin medallas.
    Si para tener medallas, hay que tener " unas tragaderas enormes, unas muy buenas rodillas, una gran bocaza, y una legua hábil para poder usarla en donde la espalda pierde sus nombre", prefiero quedarme sin medallas.

    YO ya tengo las medallas que me entregan:

    " La mirada de una madre a la que le devuelves su hijo que estaba perdido, y con voz rota te dice aquello de Dios le Bendiga"

    " El beso de tu hijo, que junto a sus amigos del cole te ven como un héroe cuando visitan tu centro de trabajo, A la vez que tu retoño le dice a sus compañeros Ese es mi Papa. ( pedazo medalla)"

    " El abrazo de tu mujer, y sus caricias cuando regresas de trabajar de noche, y ella un medio dormida te dice, ven descansa que hoy te lo mereces, como siempre."

    "El oír como tu padre con los colegas del bar y mientras juegan una partida comentan una noticia de una intervención que hay en prensa, a la vez que añade mi muchacho estaba ahí, siendo refrendado por uno de los amigos que te conoce de siempre, él cual dice que Huevos que tiene el cabrón de...."

    ESAS SON LAS MEDALLAS QUE LUZCO CON ORGULLO Y ESAS ningún politicucho, ningún jefecillo o sindicalista vende compañero por una embajada me puede robar. por que por muchas que ellos tengan colgadas en su pecho. NO VALEN LA MITAD DE UNA DE LAS MÍAS.

    un amigo

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    1. Estimado amigo, ciertamente esas recompensas humanas tienen un enorme valor. Algunos tenemos varias de ellas y sin lugar a dudas reconfortan. Los que curran de verdad y con interés por el servicio no piensan en las medallas y cruces. Pero lo cierto es que aunque realmente no las pedimos o necesitamos para seguir en la brecha, igualmente es verdad que cuando se la dan a quienes sin duda alguna no las merecen… duele. Tú no la pides, pese a merecerla, pero si a un desgraciado borracho paga muerta se la dan porque ser amigo de un jefe, político o sindicalista, a veces todo a la vez, entonces hay que clamar al Cielo.

      O si no cuando merecidamente se la otorgan a un compañero, a la par que a un despreciable inmerecedor. Ese día la medalla del primero queda minusvalorada. Si por detener a un terrorista te entregan el mismo reconocimiento que a otro tío por denunciar a unos grafiteros… algo falla.

      Un saludo.

      Ernesto.

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  3. Mi mayor recompensa: volver a casa orgulloso de haber realizado una buena intervención y haber cumplido con mi deber para con la sociedad; orgulloso de posar al lado del coche patrulla, junto con mi compañero, y hacer los tres un todo; orgulloso de doblar el uniforme para dirigirme al trabajo, y de estar donde quiero estar; orgulloso de estar deseando la intervención con la misma ilusión que la primera; orgulloso de no perder los valores que tenía cuando opositaba y cuando entré en el Cuerpo.
    No creo que todos los que lucen las medallas una vez al año, se sientan igual de orgulloso que yo de pertenecer a una institución policial. Probablemente, más de uno sienta por dentro que no se la merece, porque ni disfruta con lo que hace, ni cumple con su deber, ya sea porque no está en condiciones de hacerlo normalmente, o ya sea porque el miedo les puede.
    Un saludo.

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    1. Estimado amigo, ciertamente esas recompensas humanas tienen un enorme valor. Algunos tenemos varias de ellas y sin lugar a dudas reconfortan. Los que curran de verdad y con interés por el servicio no piensan en las medallas y cruces. Pero lo cierto es que aunque realmente no las pedimos o necesitamos para seguir en la brecha, igualmente es verdad que cuando se la dan a quienes sin duda alguna no las merecen… duele. Tú no la pides, pese a merecerla, pero si a un desgraciado borracho paga muerta se la dan porque ser amigo de un jefe, político o sindicalista, a veces todo a la vez, entonces hay que clamar al Cielo.

      O si no cuando merecidamente se la otorgan a un compañero, a la par que a un despreciable inmerecedor. Ese día la medalla del primero queda minusvalorada. Si por detener a un terrorista te entregan el mismo reconocimiento que a otro tío por denunciar a unos grafiteros… algo falla.

      Sin lugar a dudas, la mayoría de medallas, placas, cruces, grandes cruces, etc., se conceden con respeto a la norma reguladora. Pero mayoría no es totalidad.

      Un saludo.

      Ernesto.

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