MITOS, NO; PUNTAS EXPANSIVAS, SÍ

Por Ernesto Pérez Vera

Por enésima vez tengo que decirlo, y estén seguros de que no será la última: las puntas expansivas, entre las que se encuentran las huecas, no es que no atraviesen los cuerpos humanos, sino que reducen las posibilidades de que ello ocurra. Dicho de otro modo: las puntas huecas pueden atravesar los cuerpos humanos, solo que este riesgo normalmente queda minimizado. Lo diré incluso más claramente: las puntas huecas disparadas con armas cortas generalmente no abandonan el cuerpo impactado, pero esto es algo no garantizable al 100%. Y cuando esto se produce, porque en ocasiones ocurre que la bala sale del cuerpo aun siendo expansiva, lo hace —abandona el organismo— con bastante menos energía que las puntas convencionales.

Así pues, y en base a lo anteriormente expuesto, es muy posible que un tercero resulte levemente herido o herido de menor consideración, si es alcanzado por una bala hueca procedente del orificio de salida hecho en el pellejo de otro animal humano o no humano. Insisto, esto es probable, pero tampoco es asegurable al 100%.

Sí, lectores, las puntas huecas también pueden atravesar y rebotar, pero la ciencia física demuestra, como igualmente lo acredita la ciencia empírica, que esto sucede pocas veces y, además, con menor posibilidad lesiva que la ofrecida por los proyectiles comúnmente utilizados por nuestros agentes de seguridad. En esto tiene mucho que decir, como es natural, el objetivo alcanzado. Desde el punto de vista de la balística terminal, un proyectil hueco no se comporta igual entrando y saliendo por un hombro de un adulto con 80 kilos de peso, que entrando por una axila y saliendo por la otra, aunque el adulto sea el mismo de antes.  
Cuáles son las puntas convencionales, se preguntarán algunos. Pues muy sencillo, son aquellas que, de modo general, todos empleamos para entrenar: las blindadas, las semiblindadas y las de plomo. Y toma ya, estas coinciden con las que mayoritariamente montan los cartuchos de nuestros policías, guardias civiles, agentes de vigilancia aduanera, vigilantes de seguridad, escoltas privados y ciudadanos particulares titulares de la licencia de armas tipo B. Los militares también usan munición blindada durante la realización de sus servicios de armas, cuando realmente podrían utilizar puntas expansivas, frangibles u otras; porque, según la legislación internacional, únicamente están forzados a llevar esta clase de cartuchos cuando se hallen inmersos en acciones de guerra contra tropas regulares enemigas, pertenecientes a estados con quienes se encuentren en guerra declarada y reconocida por los pertinentes organismos internacionales con carta en la materia.

Sobre las puntas expansivas también se dice que causan heridas de muchísima consideración. De mucha, mucha, mucha gravedad. Esto, en realidad, solo es cierto en parte, sobre todo cuando se trata de cartuchos disparados por armas cortas, porque esta clase de proyectiles no siempre expanden, por lo que de no hacerlo se comportarían como las balas normales y corrientes. ¿Que qué factores determinan la expansión de una bala hueca? Amplia es la respuesta, porque muchos son los factores que pueden intervenir en ello. Por ejemplo, la vestimenta del objetivo: no es lo mismo pegarle en el pecho a un atracador que luce una simple camiseta, que pegarle cuando va ataviado con la misma camiseta, con un jersey y con una gruesa cazadora de piel. El proyectil se comportaría, casi con total seguridad, de un modo muy diferente en cada caso. Siempre digo que en Huesca no portaría en mi pistola la misma munición que en Tenerife. Ahí lo dejo.

Tampoco es lo mismo tirar frente a frente, sin barreras de por medio, que tirar al mismo blanco interponiendo, por ejemplo, la luna delantera de un coche. Por último, y para no enumerar todas las posibles variantes sino solamente una más: la velocidad. Nada tiene que ver, en cuanto al resultado terminal se refiere, un proyectil hueco que alcanza a un humano desde una distancia límpida de cinco metros, disparado con un arma corta, que darle desde cien metros, aunque el recorrido espacial también se encuentre limpio de obstáculos. La velocidad remanente de impacto es un importantísimo dirimidor de resultados. Un dato: la munición de 9mm Parabellum que anteayer recomendé a un compañero arroja una velocidad inicial de, aproximadamente, 347 m/s, conservando unos 313 m/s tras recorrer cincuenta metros y sobre 290 m/s llegando a los cien metros.

Proyectil SeCa: uno expandido en un cuerpo blando,
y otro recuperado tras pasar por la luna de un coche
Para terminar, decir que los efectos balísticos terminales de las puntas expansivas disparadas con pistolas y revólveres a veces están sobre valorados. Pero dicho esto, que a nadie le quepa duda alguna de que en el ámbito policial y defensivo son muchísimas las ventajas que ofrecen. Efectivamente, los funcionarios españoles encargados de hacer cumplir la ley deberían utilizar cartuchos con balas huecas o similares, como hacen ya, desde mucho tiempo atrás, los agentes de los países más avanzados social y económicamente (aquí solo las emplean algunos cuerpos locales, algunas unidades especiales estatales y autonómicas y, en general, todos los integrantes del cuerpo autonómico catalán). En el plano contrario se encuentran las aquí denominadas puntas convencionales que, como ya se ha dicho, suelen atravesar tan fácilmente los cuerpos humanos y el mobiliario ligero doméstico y urbano, que pueden generar un plus de riesgo para la integridad física de las personas que deambulen o se hallen a cientos de metros de donde se pueda estar produciendo un tiroteo. Por ello, a ver cuándo se deslegañan quienes toman las decisiones a la hora de adquirir el equipamiento policial: la munición blindada y semiblindada debería utilizarse exclusivamente durante las prácticas de tiro.  

Ahora bien, lo que realmente incapacita es la afectación de órganos internos concretos, las heridas localizadas en puntos importantes dentro del mapa anatómico, o sea, los daños en las estructuras vitales; por lo que de no colocarse bien los disparos no se podrá obtener venta alguna, se utilice la munición que se utilice. Y hablando de colocar adecuadamente los tiros: si las balas que entran y salen comportan peligros claros e indiscutibles para terceros actores, huelga decir que las balas perdidas procedentes de tiros fallidos son, todavía, mucho más peligrosas. Y esto es así porque no puede ser de otro modo, por más que algunos jefes de policía e instructores lo ignoren o nieguen en unos casos y lo oculten o silencien en otros. Esta es la eterna batalla que presenta el interés de los ignorantes, a la objetividad de los especialistas.

Comentarios

  1. clarinete clarinete , al hilo del articulo, esas camisetas que existen anti punzon etc ,son en cierta medidad si no salva vidas quizas si salva grandes heridas , claro todo dentro de una logica fisica nada de milagros

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  2. Muy buen artículo que me hubiese venido muy bien hoy para entablar combate dialéctico con un señor que yo me sé.

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  3. Como siempre remar remar y remar en el propósito de promulgar la verdad, buen artículo, sin exagerar las posibilidades de lo que debería ser la munición policial o defensiva idonea para portar, porque aunque parece que casi todo está dicho sobre este tipo de puntas los recordatorios hacen su función. No no son la solución final, ojalá algun dia esa solucion aparezca. Aún así no está de más que se desmitifiquen los terribles efectos devastadores que leyendas urbanas e incluso academicas les han otorgado y por ende las ventajas que si ofrecen frente a la fmj convencional. Ya saben las verdades absolutas no existen las mentiras tampoco. Saludos.

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