NO ES COSA DE MODAS: LAS CIRCUNSTANCIAS QUE ENVUELVEN EL ENCUENTRO ARMADO SIGUEN SIENDO LAS MISMAS DE SIEMPRE

Por Ernesto Pérez Vera

¿Quién no ha oído hablar alguna vez de Wild Bill Hickok(1)? Hickok es, sin duda alguna, uno de los personajes más famosos de la era del Salvaje Oeste Americano. Nuestro protagonista de hoy se hizo famoso por ser agente de la ley en varias localidades, aunque en la profesión adquirió mayor celebridad cuando obtuvo el puesto de comisario en Abilene (Kansas). También se hizo muy popular a nivel social. Como todos los territorios de la Frontera, el Estado de Kansas resultaba un área geográfica muy peligrosa por aquel entonces.

Wild Bill también atesoró reconocimientos a través de otros oficios. Colaboró en el show internacional de Buffalo Bill(2), que en el siglo XIX estaba considerado el mayor espectáculo del mundo. El show consistía en realizar exhibiciones públicas que mostraban el estilo de vida del Salvaje Oeste. Así pues, de forma espectacular eran escenificados, por parte de nativos norteamericanos, los modos y las formas de montar a caballo y de lanzar cuchillos, lanzas y flechas. Disparos muy rápidos y precisos con armas de fuego, a pie firme y a caballo, también eran parte importante del espectáculo; así como las demostraciones de desenfundes de revólveres y demás habilidades con el arma en la mano. En fin, todo lo que ya sabemos que configuraba aquel modelo de vida.

Hickok conoció, en esa etapa de su vida, a Juanita Calamidad con la que al parecer tuvo un afer. Algunos autores sostienen que ella, desde entonces, siempre vivió enamorada de nuestro personaje, pese a que contrajo matrimonio con otro varón. Juanita era una excelente y afamada tiradora de exhibición con todo tipo de armas de fuego. Por cierto, aunque falleció en el siglo XX, su cuerpo descansa en una tumba cercana a la de W. B. Hichok (después veremos cuándo, dónde y cómo murió él).

Conductor de diligencias, cazador y explorador del Ejército, son otros empleos desarrollados por Bill. También fue un gran aficionado al juego y a los duelos, actividades en las que cosechó sonados triunfos y con las que obtuvo gran popularidad. Precisamente fue un duelo en Springfield (Missouri), el 21 de julio de 1865, donde con total seguridad nació la leyenda de Hickok. El mortal encuentro se produjo contra Davis K. Tutt. Vamos a conocer este caso de un modo muy sucinto. Pero merece la pena. El motivo del letal encontronazo fue una deuda económica, si bien Tutt llevaba tiempo ofendiendo públicamente a Hickok. Cabe destacar que W. Bill aún no era agente de la ley, por lo que vivía de lo que ganaba como jugador de cartas. Finalmente las ofensas de Tutt lo sacaron de sí y se produjo un clásico duelo.

Ambos contrincantes se situaron uno frente al otro en la plaza principal de Springfield, a una distancia de aproximadamente sesentaicinco metros. Según testigos presenciales y referenciales, solamente se oyó un disparo. Todos coincidieron en que antes de producirse el estampido, Hickok y Tutt ya habían desenfundado sus revólveres. La cuestión es que Tutt recibió un tiro en el pecho y que Bill no fue alcanzado por proyectil alguno. Aun habiendo sido sensorialmente percibida una única detonación, el revólver de Tutt tenía una recámara vacía, una vaina disparada. Davis Tutt erró el disparo. Tomen nota: Tutt gozaba de gran fama como tirador de precisión. Se sabe que Hickok colocó el cañón de su Colt Navy 1851, del calibre .36, sobre el antebrazo del miembro de apoyo, consiguiendo lo que esperaba, un disparo preciso, a una interesante distancia. También es sabido que por aquella época a veces utilizaba un revólver Colt Dragon, del calibre .44, y un S&W nº2, del calibre .32. 

Semanas después de la celebración del juicio en el que derivó el resultado del duelo, porque Hickok fue detenido y procesado, aunque declarado inocente gracias a la aplicación de la eximente de legítima defensa, el coronel y articulista George Ward Nichols inició una serie de entrevistas que fueron publicadas semanalmente en el noticiero “Harper”. Ahí nació el mito.

Según se cuenta, como duelista obtuvo grandes éxitos y causó bastantes bajas. Parece que no solía ser el primero en desenfundar. Era muy astuto. Hickok confiaba tanto en la velocidad de su desenfunde y en la certeza de su tiro, que esperaba a que sus adversarios extrajeran primero el arma. A veces incluso dejaba que sus antagonistas efectuaran el primer disparo. Con ello conseguía que los siempre curiosos ciudadanos fuesen testigos fieles y ocasionales de que él disparaba en defensa propia. Con este estratégico modo de actuar eludía las posibles responsabilidades judiciales que pudieran dimanarse. Siempre gozó de muchísima suerte: sus contrincantes, incluso siendo estos los primeros en abrir fuego, fallaban los tiros quién sabe si por saberse delante de tan idealizado pistolero. Y antes de que ellos mismos se diesen cuenta, ya habían sido abatidos por las armas de Hickok. Merece la pena reseñar que Wild Bill casi siempre portaba dos revólveres. Tomen nota, nuevamente.

Acumuló un buen número de historias tras de sí que le otorgaban numerosas bajas en combate contra los indios y mexicanos, mientras trabajó para el Ejército. Pero hoy se sabe que no todas las bajas de tan mítica leyenda fueron contrastadas, aunque desde luego muchos de los datos son reales, según las versiones ofrecidas por varios historiadores.

Pues bien. Este personaje tan habituado a las armas en una época en la que aquel que no fuese el mejor moría, fue comisario en Abilene, como ya vimos al principio. Solamente ocupó el cargo durante ocho meses, matando en ese periplo a muy pocas personas. Cuando finalizó su contrato como jefe de policía tan solo había abatido a cinco contrarios. Debido a su demostrada habilidad en el manejo del revólver y a la velocidad de su encañonamiento, su reputación y fama ganaban al número de muertes que realmente había causado. La leyenda se retroalimentaba.

Él presumía de haber mandado al infierno a más de cien hombres a lo largo de su vida. Pero en la actualidad, con estudios muy detallados como fuentes, se cree que no llegó ni a treinta finados confirmados. La Prensa y los novelistas del momento alimentaban la imaginación de sus lectores, atribuyendo a Hickok, y a otros ases como él, cientos de muertes. Tanto es así que todavía a nuestros días llegan conceptos equivocados y exagerados de lo que de verdad ocurría en las calles de aquellas violentas urbes. No obstante, Hickok aparece como uno de los protagonistas de la obra literaria “Los hombres más mortíferos de la Historia”.

El último malhechor con el que acabó mientras todavía era agente de la ley, se le enfrentó a solamente tres metros de distancia. El 5 de octubre de 1871, según consta, el comisario le ordenó a un vaquero que tirara sus revólveres al suelo en cumplimiento de una ordenanza municipal que prohibía portar armas de fuego en la ciudad. Pero el infractor, lejos de obedecer la legítima orden policial, le disparó dos veces. El primero de sus disparos alcanzó el faldón del abrigo de Bill, no causándole heridas; impactando el segundo tiro en el suelo, justo entre los pies del funcionario municipal. Antes de que se disipara en el aire el eco de la última detonación, Hickok alcanzó dos veces el vientre de su atacante, provocándole graves heridas. El lesionado falleció pocos días después por obra de la infección, causa que por aquella época originaba más muertes que las propias balas.

Mientras se estaba desarrollando este enfrentamiento con aroma a azufre, en el lugar se congregó un buen número de amigos del problemático cowboy, los cuales amenazaban, insultaban y gritaban al comisario. Parece que esto no le hizo perder la concentración durante el tiroteo. Pero entre la escasa iluminación existente en la escena y el consiguiente estrés posterior en el que sin duda se vio sumido, Hickok no identificó la sombra de la persona que, revólver en mano, se le aproximaba por uno de sus flancos. Quien produjera aquella sombra fue derribado por otros dos rapidísimos y certeros disparos de Bill. Lamentablemente, la imagen oscura y reflejada pertenecía a uno de los mejores amigos y compañeros del jefe de policía, a Mike Willians. Este colega solamente trataba de llegar hasta Hickok para apoyarlo y darle protección y seguridad, mientras abandonaba el escenario del encuentro armado. Parece ser que Hickok nunca volvió a ser el mismo desde aquella noche.

Wild Bill Hickok no fue el que pasaportó a más contrincantes al otro barrio. Tampoco fue el que más enfrentamientos sostuvo en su tiempo. Él solamente fue uno de muchos, uno más. Pero lo he usado como ejemplo porque es un personaje conocido por todos no solamente por ser un hombre de armas y un agente del orden, sino por sus otras facetas profesionales, sobre todo por su colaboración con el espectáculo más conocido del momento. Hickok, además, se salía del clásico perfil de sheriff montaraz, tosco y duro. Era educado al hablar, moderado al gesticular y cortés con los ciudadanos, a veces hasta con los propios delincuentes.

Es sabido que el comisario era una persona odiada por unos y envidiada por otros,  pero también admirada por muchos más que todos los anteriores juntos. Sufrió continuas amenazas de muerte. Merece la pena destacar que en una ocasión los periódicos le dieron por muerto, siendo el propio personaje quien contactara con los redactores de la noticia para decirles que todavía caminaba sobre la faz de la tierra.

Hickok siempre tomaba precauciones para con su seguridad. Nunca se sentaba dándole la espalda a los accesos de los lugares en los que se encontraba. Siempre iba armado, ocultando a veces un revólver bajo el abrigo. Por cierto, en una ocasión recortó el cañón de una de sus armas y modificó su abrigo, para poder dispararlo desde debajo de la prenda. Temía a las emboscadas: nunca accedía a zonas oscuras o poco iluminadas y tampoco era amigo de penetrar en callejones. En fin, ponía en práctica medidas de autoprotección y se mantenía alerta. Pese a todo ello, finalmente murió por un disparo en la nuca. La muerte le llegó mientras jugaba a las cartas, dándole la espalda a la entrada del establecimiento en el que se hallaba. Quién sabe si no fue la primera vez que rompió tan básica norma de seguridad.

Su asesino le disparó con un revólver Colt del calibre .45, lo que hizo casi desde el umbral de la puerta del salón de juegos en el que se desarrollaron los hechos. Cuando Hickok se desplomó y cayó sobre la mesa en la que estaba jugando, en sus manos sostenía las cartas de la que había sido su última partida de póquer: dos pares de ases y ochos negros. Desde ese día, y hasta hoy, a tal jugada se le llama la Mano del Muerto.

En los juzgados del Condado de Deadwood (Dakota del Sur) apareció durante una reforma arquitectónica, en la década de los años cuarenta del siglo XX, una carta que escribió el mismísimo Hickok. La referida epístola jamás llegó a su destino: nuestro personaje fue eliminado antes de pasar por la oficina de Correos para remitirla. La misiva contenía la respuesta de Hickok a un admirador y seguidor de sus acciones, el cual le había preguntado, entre otras cosas: ¿Cómo llegó usted a matar a tantos hombres y qué técnicas de tiro empleó?”. Esta es la respuesta textual: “Levanto mi mano a la altura de los ojos como si estuviera apuntando con el dedo… y así disparo”. La carta estaba guardada entre su ropaje cuando falleció, de ahí que como pertenencia fuese depositada y custodiada en sede judicial tras instruirse las oportunas diligencias.

Y ahora, como instructor de tiro policial que es un servidor, digo: ¿Hay algo más natural e instintivo que esto? Cualquier humano adulto, e incluso un niño con varios años de edad, controla y coordina, sin entrenamiento específico previo, los movimientos visomotores de sus ojos y de sus dedos índices para señalar (apuntar) con ellos a cualquier objeto. Y todo esto sin demora alguna. Instintivamente, y poco a poco, vamos aprendiendo a hacerlo desde el nacimiento. Siendo bebés no dominamos esta práctica, pero a los pocos meses de vida todos aquellos que no sufrimos problemas psicomotrices y de coordinación somos capaces de ganar habilidades físico-oculares. Nuestra especie ha ido desarrollando estas capacidades a lo largo de miles de años, tras las sucesivas evoluciones y adaptaciones dentro del reino animal.

El arma no es más que una prolongación imaginaria de ese dedo del que W. Bill habla en su carta. Si un tipo como Hickok sobrevivió a duelos, a enfrentamientos como particular y a encuentros armados como agente de la ley en tan turbulenta época, usando algo tan instintivo y natural como lo descrito en el párrafo anterior, es que ello funciona. Todavía no se habían diseñado técnicas de tiro complejas como las que exigen colocar un pie ahí, el otro aquí, este brazo para allá y el otro para acá. Señoras y señores, lo sencillo y natural, y cuanto más sencillo y más natural mejor, es lo que realmente funciona en situaciones de máximo estrés.

Saquemos conclusiones del encuentro narrado:

1º. Los enfrentamientos policiales de esa época, al igual que sucede en el siglo XXI, ya se daban a muy cortas distancias. Anteriormente se ha expuesto un caso muy concreto, pero hay muchos más que pueden ser rescatados de las memorias y biografías de las viejas leyendas del Far West. Otro ejemplo digno de un artículo, que ha dado para infinidad de debates, libros y películas, es el archifamoso suceso del salón OK-Corral, entre los hermanos Earp(3) y unos pistoleros muy conflictivos. Aunque lo de Tombstone (OK-Corral) fue más personal que profesional, no deja de ser un encuentro armado a distancia de escupitajo.

2º. Pese a la escasísima distancia a la que se produjo el tiroteo descrito, se fallaron disparos. El vaquero que abrió fuego contra Hickok tiró muy bajo, y eso que sabemos que en aquella época la gente estaba muy habituada a tirar y a manejar armas. En fin, que las personas tenían cierta destreza y hábito en estas lides. Pero al final, cuando te disparan y de verdad te juegas la vida, las cosas cambian mucho y no siempre se aciertan disparos que parecían imposibles de errarse. De todos modos, el vaquero de este episodio se encontraba beodo, algo que también era muy común y nada sorprendente. 

3º. Incluso este prestigioso y experimentado profesional se vio arrastrado por tan brutal situación de estrés y de descontrol emocional, que sus capacidades sensoriales y cognitivas se vieron seriamente mermadas. Hickok, pese a sus muchas tablas en eso de defenderse a tiro limpio, quedó atrapado por el efecto túnel, por la pérdida de visión periférica.

4º. Hemos visto que Hickok abatió a dos personas de forma muy rápida y eficaz, realizando dos disparos a cada uno. No se limitó a efectuar un tiro, aun cuando seguramente tenía la confianza de poder colocarlo en la zona deseada. El comisario aseguró sus blancos con dos súbitos balazos, que es lo que hoy llamamos doble tap.

5º. Muy ilustrativa y aclaratoria es la misiva hallada en los juzgados con la firma de Bill. Lo sencillo, lo natural y lo de fácil asimilación, es lo que mejor funciona en situaciones de supervivencia. Así de clarito. Creo que no hay más que decir.

6º. Tras darle muerte a este vaquero, Hickok recibió muchas amenazas contra su vida, por ello modificó y adaptó su equipo. Buscó la máxima eficacia. Recortó el cañón de una de sus armas y diseñó un sistema de sujeción para poder usarla desde dentro del abrigo. En pocas palabras, adoptó nuevas técnicas y tácticas para sobrevivir y se adaptó a ellas.

7º. El estado de alerta permanente le mantuvo vivo más tiempo, aunque finalmente la muerte le llegara por descuidar la retaguardia durante aquella fatídica partida de cartas. Siempre hay que estar alerta, pero no atemorizado. Vista larga, paso corto y mala leche.

(1) James Butler Hickok (Troy Grove, Illinois, 27 de mayo 1837. Deadwood, Dakota del Sur, 2 de agosto de 1876). Se le apodó Wild Bill (Bill el Salvaje). En una ocasión, cuando trabajaba como conductor de diligencias, y mientras dormía a la luz de la luna (no era amigo de comodidades), se enfrentó al oso que atacó a los pasajeros que dormían en su carruaje. Hickok hizo frente al plantígrado hiriéndolo con su machete, pero también él resultó con lesiones de cierta consideración.

Su cobarde asesino estaba resentido por una partida de póquer que Hickock le había ganado tiempo atrás. Jack McCall era el nombre del cobarde criminal.

(2) William Frederick Cody es el verdadero nombre de Buffalo Bill (26 de febrero de 1845-10 de enero de 1917). El apodo de Buffalo le fue puesto por su habilidad como cazador de búfalos, con cuya carne se alimentaban los trabajadores de los ferrocarriles. Lo de Bill viene porque a un afamado cazador, así llamado, Cody le ganó una competición de caza de búfalos. Le ganó la partida y también el apodo.

Durante la Guerra Civil fue soldado explorador del 7º Regimiento de Caballería. Años más tarde volvería a la misma ocupación, pero encuadrado en el 3º Regimiento de Caballería. Esta unidad lo contrató por su enorme experiencia cabalgando por los territorios indios, solo que esta vez su estatus era de civil asalariado. Durante esta segunda época (1872) fue condecorado con la Medalla de Honor del Congreso, pero justo después de su muerte, en 1917, le fue retirado tal reconocimiento. Tras unas modificaciones reglamentarias, no se le podía conceder dicha distinción a un civil. En 1989 la medalla le fue restituida, a título póstumo.

Gracias a Cody, el Salvaje Oeste y el estilo de vida fronterizo fue conocido en el mundo entero. Montó una compañía de estilo circense. Con este espectáculo recorrió todo el país y parte de Europa, llegando a ser considerado el mayor espectáculo del mundo. Destacaban en sus circuitos artísticos los espectáculos con caballos salvajes de todos los orígenes: americanos, españoles, árabes, argentinos, rusos, etc. Su habilidad con las armas de fuego era también una gran atracción para el público, realizando exhibiciones de tiro a naipes y monedas.

Contrató al jefe indio Toro Sentado y a otros nativos americanos, para que aparecieran en sus números artísticos. Era especialmente aplaudida la representación de la última batalla de Custer (Little Big Horn), cuyo protagonismo asumía el propio Cody.

(3) Wyatt Berry Stapp Earp (19 de marzo 1848-13 de enero 1929) es el más famoso de todos los hermanos Earp, Virgil y Morgan, los cuales le acompañaban el día del más estudiado tiroteo del Oeste: el duelo de OK-Corral en Tombstone (Arizona). En el referido incidente también estaba presente su gran amigo, y desde aquel día conocido pistolero, Doc Holliday.

Wyatt fue uno de los más famosos y temidos agentes de la ley. Era implacable y duro ante los malhechores y tenía fama de incorruptible. Se hizo popular por su habilidad en el manejo del revólver y por su sangre fría ante los tiroteos. A veces ponía fuera de combate a sus rivales con un fuerte golpe en la cabeza. Para ello usaba el cañón de su revólver, el cual desenfundaba tan rápidamente que el golpeado ni se percataba de lo ocurrido. Quizá podamos decir que aquello era lo que hoy llamamos un arma de letalidad reducida. Tal vez se trataba de la defensa ASP del momento.

Dentro de las fuerzas del orden ocupó varios cargos en diversas ciudades, llegando a tener a sus hermanos como compañeros de armas y placa.

Comentarios

  1. Muy buen articulo Ernesto,
    Buena documentación un buen trabajo, no era menos de esperar. No viene mal conocer los inicios de los enfrentamientos armados, en los que estaban involucrados Agentes de la Ley.
    Como tu bien dices era capaz de controlar el estrés producido en los enfrentamientos, seguramente debido a su entrenamiento continuado, unido a la técnica simple y de respuesta automática que empleaba, lo que le permitiría confiar plenamente en sus posibilidades estando en el momento crítico algo más calmado que su contrincante (más bajo de pulsaciones).....
    Un saludo amigo, esperando la segunda parte.
    Paco.

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  2. Hola Paco. Te agradezco la lectura y el comentario. En breve espacio de tiempo leerás una "segunda" parte.

    Veritas Vincit

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  3. ¡Qué bueno, Ernesto! Has recreado la historia a la perfección, me ha parecido estar viéndola por momentos.

    Gran trabajo técnico - histórico.

    Nono.

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  4. Un muy buen artículo y mejor recopilación de información histórica.
    De todo lo expuesto, lo que más me ha llamado la atención, ha sido la forma en que asesinaron a Wild Bill Hickok, pues en la Academia, mi profesor de Táctica Policial nos comentaría, que siempre que estuviésemos en lugares o establecimientos públicos, procuráramos sentarnos, o si estábamos de pie, de forma que no diéramos la espalda a la puerta o escaparate del local.
    En un principio lo pudimos ver como una situación de hipervigilancia, o que aquel señor mayor exageraba un poco, debido a nuestro desconocimiento por completo de la profesión, pero lo que no alcanzaríamos a suponer es que 10 años después, hoy día lo sigo haciendo y además de auto protegerme, tengo mejor visión del entorno, por lo que a nuestro protagonista le hubiese venido pero que muy bien haber estado sentado en la esquina del local y de cara a la puerta.

    "Ante ferit quam flamma micet"

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  5. ¿Ese viejo profesor es del CNP? ¿eres del CNP?

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  6. ¿Ese viejo profesor es del CNP? ¿eres del CNP?

    No, me dio clases en el IVASP, el Instituto Valenciano de Seguridad Publica, por lo que soy Policía Local, pero por lo que veo, me agrada ver que hay gente que se preocupa por nosotros y por nuestro trabajo en todos los "gremios", ya que si lo refieres es porque algún mando del CNP piensa igual que este profesor mio.

    "Ante ferit quam flamma micet"

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  7. Un gran articulo Ernesto P.V, una vez más con tu articulo nos trasladas al viejo Oeste, y como haces ver a través de dicha narración, ya entonces se daban muchísimos puntos en comun a lo que hoy se da en los enfrentamientos armados.
    Respecto a lo de un Profesor con cierta edad ya y del CNP el cual esta en el IVASPE, yo he tenido la suerte de conocer a uno que es ese tipo de personas que cuando le conoces lo consideras un padre en todos los aspectos, con un corazón que no le cabe en el pecho, y que tambien vivio epocas duras por el norte.
    Ademas posee gran sabiduría sobre la cartucheria y las armas de fuego, y es de esas personas que te saben trasladar consejos de la vieja escuela que siempre vienen bien recordarlos.

    Un abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario, A09. ¿El viejo profesor del que hablas es Toribio del CNP?

      Un saludo.

      Ernesto.

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