sábado, 20 de diciembre de 2014

CÓMO ENTRENAR A UN POLICÍA Y NO MORIR EN EL INTENTO

Por, Fermín Caballero Bojart (Licenciado en Derecho y escritor)

Escribir novela requiere documentarse fidedignamente. Sobre todo si van a salir  pistolas. Un disparo produce un proyectil sin control, pero no necesariamente una bala  perdida. Sin embargo un enfrentamiento armado, dependiendo del tipo de narrador, implica conocer muy bien qué le sucede en ese momento al autor del tiro. Más complicado aún resulta meterse en la mente de Harry el sucio o en un duelo al amanecer del lejano oeste. Solo imágenes como la de Clint Eastwood y su plancha de acero bajo el poncho pueden dar una ligera idea de lo difícil que resulta escribir un guión o una escena. En algún sitio leí que las películas policíacas españolas no triunfaban porque los actores españoles no sabían empuñar un arma. Imperdonable resulta que el novelista no sepa resolver un tiroteo de forma subjetiva. Sergio Leone puso exactamente el contrapunto a la falta de control, al letargo, al estrés, en definitiva al baile de la muerte que verdaderamente provoca un cruce de fuego real. Solo los agentes de policía que han superado una experiencia vital, y traumática, de estas características, son verdaderas fuentes de conocimiento que hay que escuchar.

Mi corazón palpitaba tratando de abarcar cada línea explicativa, técnica y clínicamente, de los hechos narrados por cada agente en acto de servicio: atracos, tiroteos y enfrentamientos hostiles desmenuzados con un lenguaje preciso y eficaz. Lo cual ayuda ha comprender con mucha más facilidad lo inverosímil de circunstancias insospechadas y mutadas a auténticas pesadillas profesionales que, perdón por el atrevimiento, a muchos funcionarios en activo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se les escaparían. Sumidos probablemente en un estado de descontrol emocional, fruto del shock, más propio de un extraño figurín añadido a la escena que de un auténtico agente español entrenado.


Ernesto Pérez Vera (instructor) y Fernando Pérez Pacho (psicólogo) dan en el centro de la diana con un ensayo divulgativo: En la línea de fuego. Título sugerente que la editorial Tecnos ha publicado la pasada primavera y con el que me he enfrentado para escribir este artículo. Ambos son coautores de En la línea de fuego. Subtitularon la obra La realidad de los enfrentamientos armados y presentarán el libro próximamente en Madrid.

Fernando, bilbaíno de vocación, psicólogo de nacimiento y viceversa. Treinta años de dedicación a la psicología clínica. Profesor colaborador de la UNED, formador de cuerpos policiales y docente en materia de capacitación para el desarrollo de habilidades personales y relacionales de comunicación y liderazgo en el entorno empresarial. Aborda temas de actualidad en su blog Psicología Social.

Ernesto, de estirpe militar, pasó del Ejército a la escolta privada y acabó su carrera activa como policía local de La Línea de la Concepción. Actualmente es instructor de tiro policial-defensivo, con innumerables clases, conferencias y publicaciones en su haber.  La primera pregunta, llevaba pensándola desde que acudí, en busca de información técnica y fiable, a su blog Tiro defensivo Campo de Gibraltar.

1. ¿Un policía nace o se hace?

Complicada respuesta la que tengo que darte pero, como se suele decir, me alegra que me hagas esta pregunta. Mira, no tengo duda alguna de que en mi caso nací con algo que siempre me condujo hacia esta profesión. Creo que todo el que me conoce desde hace 40 años lo sabe. Pero tengo que decirte que aunque existan policías vocacionales, como ha sido mi caso, estos no son los que tiran de carro para hacerlo circular. Suman, sí, y además puede que con gotas de calidad, pero quienes de verdad hacen que la maquinaria funcione y permanezca engrasada son los policías que conforman la mayoría. Con esto te digo que, desde mi punto de vista, la mayoría no somos vocacionales y que se salve el que pueda. Verás, los mejores policías que conozco y con los que he trabajado no entraron en esto por vocación. Muchos llegaron por probar algo desconocido, aunque atractivo, por lo que además podrían percibir un sueldo de por vida. Insisto, si los vocacionales siempre dan el cien por cien, la realidad es que no son el motor porque son pocos. El motor es la mayoría que sin comprometerse siempre al máximo sin embargo dan lo suficiente. Estos son los que mueven la rueda. Pero luego están los que yo llamo “cucharas”, que ni pinchan ni cortan. Ni sienten ni padecen. No suman, pero probablemente no restan porque son el relleno. Finalmente está la sucia minoría (muy minoría) que resta por omisión de sus funciones, lo que no deja de ser un acto de corrupción. Esta respuesta es visible y palpablemente extrapolable a todas las fuerzas, pero no gusta decirlo. Negarlo u ocultarlo no ayuda a mejorar la situación sino a mantener el sistema en el mismo equilibrio descrito.

Te hablo desde mi experiencia personal como policía e hijo, nieto y sobrino de policías. Pero también desde la amplia visión que me ha dado el poder instruir a agentes de todas las fuerzas, incluso desde antes de que yo mismo obtuviese mi plaza de funcionario.

2. ¿Cuál es el punto más importante en tus clases de instrucción?

Lo tengo claro, la Psicofisiología. Baso toda mi instrucción en aquello que la ciencia ha demostrado en las últimas décadas que sucede en el cuerpo y la mente humana en un a vida o muerte. Esto ya se empezó a estudiar, con poco rigor científico, durante las guerras napoleónicas. Siempre digo que si conocemos cómo actuamos por dentro, mejor podremos responder por fuera. Saber que ciertas cosas son imposibles de ejecutar, ante la percepción de un estímulo que a nuestro cerebro le hace creer que podemos morir, nos ayuda a programar ejercicios de entrenamiento que acondicionan mejor al policía.

La mentalización y concienciación son también pilares de mis enseñanzas. El policía no puede creerse las malditas leyendas urbanas que se cuentan en los vestuarios promoción tras promoción y generación tras generación. Eso de que nunca pasa nada es falso. Únicamente lo podrá decir quien todavía no se ha visto ante la parca, lo que no quita que mañana se tope con ella incluso cuando vaya a tomar café vistiendo el uniforme. Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Nos creemos lo fácil porque tenemos miedo a lo desconocido. Damos por bueno cosas que no son ciertas y nuevamente invoco aquello de ¡sálvese quien pueda! ¿Por qué nos tragamos esas mentiras y no hablamos de asuntos tabúes? Porque muchos jefes e instructores son los primeros que se aferran al engaño, aunque ciertamente muchas veces sin saberlo. Mira, la gente no sabe que no sabe, con esto lo resumo todo.

3. ¿Cómo valoras la situación actual, en cuanto a adiestramiento, de los agentes que patrullan nuestras ciudades y pueblo?

Mala. La situación no es buena, pero no hoy o ayer sino que nunca ha sido buena. Falta mucha instrucción. El cambio pasa por la modificación de los programas de adiestramiento en las academias, amén de los de reciclaje o perfeccionamiento anual. Pero para llegar ahí con la calidad y compromiso que la situación merece hay que desterrar los pensamientos que aún arraigan en demasiados instructores. Y, ¡ojo!, de esto no escapa cuerpo alguno de este país. Sin embargo si en un cuerpo sí se ha notado un cambio importante e incluso radical, para bien, es en las fuerzas dependientes de las corporaciones locales. Pero son tantos cuerpos que tampoco se puede generalizar. Mientras que existen dos fuerzas del Estado (Cuerpo Nacional de Policía y Guardia Civil) y cuatro autonómicas (Canarias, Navarra, Cataluña y País Vasco), son sobre 1.700 las locales existentes en todo el territorio nacional. Hay fuerzas con miles y cientos de agentes locales, pero otras que no llegan ni a diez funcionarios.


Parece mentira que algunos cuerpos con exiguas fuerzas humanas puedan estar entrenando con la que yo considero correcta mentalidad y filosofía, mientras que otras con miles de policías siguen anclados en arcaicos métodos que únicamente hacen creer a los agentes que la realidad de la calle es como cuando se compite por ver quién pagará la cerveza cuando el ejercicio finalice. Insisto, hay que cambiar mucho, pero se tiene que empezar por los instructores.

4. ¿De las 22 experiencias tratadas en En la línea de fuego, cual fue la más complicada de trabajar?

Los casos que tuvieron muertos de por medio fueron los más sensibles. Tanto Fernando, coautor de En la línea de fuego, como yo fuimos muy sensibles y sutiles con los policías que finiquitaron vidas. La mayoría lo pasó mal o muy mal. Algunos incluso extremadamente mal. Para estos veintidós capítulos llegamos a entrevistar incluso a más agentes que propiamente capítulos conforman la obra. Ten en cuenta que en el capítulo seis, por ejemplo, nos proporcionan sus pareceres y experiencias hasta tres funcionarios presentes en el suceso, los cuales vieron y sintieron cosas diferentes… por lo que también reaccionaron respondiendo de modo distinto. En total son veintisiete los entrevistados para nutrir los veintidós sucesos. Entre estos hay agentes locales, regionales y estatales. Incluso uno privado, un escolta que recibió un disparo a bocajarro en la cabeza. Cada capítulo expone una situación diferente y con una moraleja clara. Todos son casos reales ocurridos en España en fechas recientes e incluso muy recientes, teniendo en cuanta que el libro se terminó a finales de 2013 (varios casos son de 2012, por ejemplo).

5. ¿Qué policía es el mejor entrenado?

No necesariamente el mejor entrenado es el que más tiros hace al año, pero sin embargo eso ayuda. El mejor adiestrado es aquel que se ha creído que en cualquier momento puede tener que disparar a otro ser humano. El mentalizado y concienciado tiene un pie por delante del que no ha llegado a ese punto. Si a eso le metemos un buen entrenamiento de manejo de armas ya hay otro importante paso dado en dirección al éxito. Pero lo cierto es que cada vez creo más en el factor suerte, ese que determina el resultado de los acontecimientos.  Ahora bien, esto no quiere decir que haya que dejar que sea la diosa Fortuna quien dirima. Pero sí que es cierto que cuanto más se entrena, menos factor suerte necesitamos de nuestro lado.

El estudio realizado para documentar En la línea de fuego nos ha demostrado algo que yo sobradamente sabía: quienes trabajaban con el arma preparada con un cartucho en la recámara respondieron siempre antes y mejor que quienes no llevaban el arma presta para hacer fuego. Este asunto es, posiblemente, el que me salvó a mí la vida amén de la suerte. Porque yo también soy uno de los protagonistas de los veintidós capítulos. Sin embargo es tabú el asunto de trabajar a recámara alimentada con los mecanismos de disparo en reposo. Muchos instructores de tiro ni se lo plantean porque tienen miedo a lo desconocido: ellos mismos desconocen el verdadero funcionamiento de sus armas. Obviamente no todos, pero sí muchos. Sé lo que digo y también sé que muchos dirán lo contrario, pero cada cual habla de su experiencia y esta es la mía. Y, ¡ojo!, esto ya se dijo con anterioridad, ningún cuerpo escapa a esta quema, el mío el primero.

Conozco a muchísimos instructores que no tienen arma. Gente que jamás entrenó para sí en lustros. Eso sí, también los hay que son todo lo contrario. Me vienen a la cabeza el nombre de varios de ellos, de distintos Cuerpos, que hicieron el Curso de Instructor únicamente para no salir a la calle a trabajar. Es duro, lo sé, pero los hay y yo conozco a demasiados. Pero es normal, entre tanta gente hay de todo. Pero es triste saber de policías muy comprometidos con la formación a los que se les cierra la puerta al curso, en beneficio de terceros nada interesados en instruir sino en beneficiarse del cargo (podemos dar clases privadas remuneradas, algo muy goloso que a veces da hasta prestigio).

6. ¿Dónde adquieren su experiencia atracadores y otros delincuentes armados?

Ellos no necesitan mucha experiencia en manejar armas. No pasan por cursos a no ser que hayan pertenecido a estamentos armados. Los malos no piensan en los daños colaterales, por eso son los malos. Ellos disparan en la dirección del contrario, un policía por ejemplo, y saturan la zona con proyectiles. Alguno dará seguro porque esto es un caso matemático de probabilidades, si tiras quince tiros hacia alguien que está a unos cuantos metros alguno le meterás. Al malo también le afecta el estrés, tanto el bueno como el malo, el que te mantiene el nivel de tensión optima como el que hace que no puedas apuntar porque solo quieres quitarte de en medio sin que te den. Porque eso es lo que prima en un acto sorpresivo, como por otra parte suele suceder, que no quieres tanto dar al otro como que el otro no te dé a ti.

Fallan tantos disparos los policías como los malos. Si una vez unos fallan más o menos no es más que por cuestión de suerte. Estoy hablando de lo general, porque hay casos como los de los capítulos ocho y doce, por ejemplo, donde los agentes acertaron el cien por cien de sus disparos. Pero hay otros, como el siete y el nueve, en los que los protagonistas erraron todos o casi todos sus disparos y son episodios con varios cambios de cargadores.  El policía se piensa las cosas antes de disparar, incluso antes de desenfundar, el delincuente no, él puede permitirse todo. La  existencia  del segundo es la razón de ser del primero.

7. ¿Qué aconsejas a los civiles que se ven envueltos en un previsible escenario repentino de cruce de balas, como puede ser un asalto bancario a mano armada con rehenes?

A mis hermanos y demás personas cercanas siempre les he dicho que jamás realicen actos heroicos. Ante situaciones tensas o peligrosas como la que me planteas siempre ruego que se colabore con los malos. Que no se les haga frente, que para eso está la Policía. Ante un tiroteo lo más sensato es tirarse al suelo o colocarse detrás de algún parapeto que nos haga intuir que podría detener un impacto de bala. Es complicado dar más consejos sin conocer un supuesto concreto con más datos, pero básicamente esto es lo que incluso yo haría si careciera de medios defensivos en ese instante.

8. En la línea de fuego nace como fruto de…


La necesidad de contar lo que muchos soportamos en nuestra vida profesional. Como ya referí antes, yo mismo he sobrevivido a tiro limpio. Fue más fácil aquello que lo que vino después en forma de desprecio por parte de muchos compañeros, jefes, políticos y sindicalistas del propio cuerpo (si es que no son también políticos con placa y porra). Nadie quería verle la cara a la muerte, pero sí lo que sospecharon que positivamente podría sobrevenirme en forma de reconocimiento profesional. Las bajas pasiones humanas florecen en estos casos, como casi todos los capítulos dejan al descubierto en algún momento. Incluso desde otros cuerpos de policía trataron de sembrar dudas sobre lo que me pasó y como lo solventé. No es nuevo, lo veo continuamente con otros. Se miente o desinforma por vileza y revanchismo. Perdura por años la leyenda de que se hizo mal esto o aquello, dado que los informes periciales únicamente estarán al alcance de las partes implicadas y no del público general al que se ha desinformado.

El psicólogo Fernando Pérez y yo decidimos poner nuestras experiencias y conocimientos en una batidora y fruto de esto, y de la inestimable confianza de casi treinta víctimas uniformadas, nació este libro del que tan orgulloso nos sentimos. Hemos puesto una pica en Flandes. Nunca nadie había escrito de esto en España de este modo. No en vano Tecnos, la editorial más veterana del Grupo Anaya, nos fichó para publicar con ellos. Existen muchos libros de tiro y de armas, pero el nuestro no va de eso. En la línea de fuego es una obra literaria que está por encima de lo técnico. Es, diría yo, un ensayo con tres partes bien diferenciadas en cada capítulo. La primera es una exposición narrativa del hecho real acaecido. Aquí empleamos un estilo narrativo casi novelesco. Según gente lega en temas policiales, esta parte engancha y es apta para públicos nada versados en asuntos profesionales. Después, en dos partes más, ambos autores damos nuestra visión técnica del caso, yo como policía e instructor y Fernando como expertísimo psicólogo clínico.


9. ¿Cómo fue tu encuentro con la muerte?

Fue silencioso y solitario. Lo recuerdo breve e interminable, oscuro y muy violento. Realmente creo que no fui consciente de lo que había pasado hasta mucho después, creo que en la ambulancia camino del hospital. Me acompañaba un compañero veterano cuya cara estaba desencajada y pálida. Creo que ahí fue cuando empecé a llorar, pero no sé si ya he dejado de hacerlo.

10. Un mensaje a jueces, fiscales y altos mandos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad.

Los policías son Homo sapiens, animales. La naturaleza se impone siempre a todo, en todos los órdenes, también en las situaciones a vida o muerte se sea policía, legionario, cartero o mecánico de bicicletas. Si a un ser de nuestra especie no se le exigiría nunca que volase o  saltara sin carrerilla cinco metros, y esto es algo que no admite discusión, ¿por qué a un policía se le pide que en décimas de segundo negocie, medite, desenfunde el arma si la negociación falla, cargue, desactive seguros, apunte y dé en una mano o pie, cuando está en el peor de los momentos jamás imaginados? Todo eso es imposible de llevarse a término, incluso cuando el policía en realidad no esté lesionado. Esto no lo digo yo, lo dicen profesionales de la talla de mi socio editorial o el doctor Carlos Belmonte, la mayor autoridad neurocientífica del país. Con avales de este calibre, los profesionales de la judicatura deberían ser más sensibles a la hora de valorar según qué cosas.

Cierto es que en la sala de vistas el día de la celebración del juicio podrían ser oídos y valorados los argumentos de profesionales de estos perfiles científico-profesionales, lo que sin duda, en según qué situaciones, inclinaría la balanza a favor de quien por naturaleza pudo errar involuntariamente la ejecución de sus acciones. Pero antes de llegar a ese momento pasarán años con meses de dolor profundo, para los policías que no son creídos muchas veces ni por sus propios compañeros de trabajo. Nos enseñan tan poco y tan mal a estos respectos que somos nuestros peores enemigos, por hablar de lo que no sabemos ante quienes queremos impresionar con verborrea barata e inconexa. Y otra vez: ¡sálvese quien pueda!


martes, 9 de diciembre de 2014

EL SÍNDROME DEL IMPOSTOR

Por, Ernesto Pérez Vera



El ‘síndrome del impostor’, ¡qué buen tema! Sandra Marín, coach, consultora y formadora en Mika de Waart, empresa organizadora de seminarios y conferencias motivacionales, sostiene que «quienes sufren este síndrome se ven a sí mismos como un completo fraude». Son, normalmente, personas que ascienden a puestos para los que no están cualificados y ellos lo saben. Pero el trastorno se acentúa cuando la incapacidad profesional es manifiestamente conocida por el resto de personas del entorno laboral. La primera parte, sentirse abiertamente impreparado para el cargo que se ocupa, está relacionada con la propia autoestima, así lo manifiesta Marín en una entrevista concedida al diario 'ABC'. Debe ser una situación realmente frecuente, pero yo conozco la variante del que siendo un completo, total y absoluto incompetente para el desempeño de sus funciones… se cree el más docto. ¡Algunos desarrollan una autoestima hiperelevada! 

Supongo que los pingues beneficios económicos que algunos obtienen, amén de las prebendas que les caen en forma de cómodos, holgados y privilegiados horarios laborales, pueden hacer que el manco se crea el mejor haciendo relojes de madera con la punta de la nariz. Este se verá dedos de pianista donde los demás, a excepción de los acólitos, solo ven muñones. La ambición no es mala, todo lo contrario si se conocen los límites, pero por Dios que hay a quien las ansias de gandulería y/o poder le ciegan la vista y le nublan los sentidos. Estos reciben palmaditas en la espalda por parte de sus superiores políticos. Apoyo, al fin y al cabo son los encumbradores. Quienes nepóticamente actúan así desde el poder, no se detienen a preguntar por la eficacia y calidad de los servicios que ofrecen al consumidor final. Lo que sí harán es camuflar o distorsionar los datos. Maquillaje. Como están suponiendo, hablo de la comunidad profesional a la que he pertenecido. Yo, como siempre, con lo mío. 


Me encantaría saber qué opina Sandra Marín de esta subespecie. Sujetos que han ido ascendiendo al amparo de movimientos políticos y sindicales, sin haber trabajado jamás (hay diferencia entre ir al trabajo e ir a trabajar). Individuos que hábilmente hacen creer al público que son puntales en la institución. Tíos que cuando iban en un coche patrulla no se bajaban ni aunque vieran a una abuela en llamas. En definitiva, putas que no saben hacer una paja y que para colmo tampoco quieren aprender. 

¿Qué diría de este proliferante perfil la gente de Mika de Waart? Yo tengo mi propia teoría. Esta gentuza lleva tantos años navegando en mares putrefactos, que se ha mentalizado y autoconvencido de que su modelo es el justo, legal y acertado para todos (sobre todo para ellos y sus palmeros). Esto es normalizar lo que a todas luces no puede ser y además es imposible. Por ello, entre los ‘pagas muertas’ que tanto pululan por los vestuarios y bares afines, aumentan las esperanzas de convertirse en aspirantes a ocupar plazas de mando. Quienes en las nuevas generaciones saben que no valen y que no sirven para nada, también desarrollan deseos naturales de ocupar las poltronas de quienes ya las calientan derrochando idéntica valía y compromiso profesional. «Si fulano ha llegado, yo también tengo derecho», dicen algunos de estos con toda razón ‘normalizada’, aunque valgan la misma mierda que fulano.

Lo curioso y preocupante es que este mismo patrón se repite en muchos sitios. Hable con quién hable, vengan de donde vengan, demasiados me trasladan la misma problemática una y otra vez. No más normalización de lo anormal, por favor.

lunes, 8 de diciembre de 2014

NAVIDAD 2014

Por, Ernesto Pérez y Fernando Pérez



Ya huele a Navidad en todos los hogares, por ello los autores de En la Línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados queremos desear unas felices fiestas a todos los lectores y seguidores de nuestros trabajos. ¡Disfruten y traten de ser muy felices!

Breve descripción del libro:

En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados es un libro conformado por 22 capítulos que exponen, a corazón y mente abierta, qué sintieron 27 agentes de la autoridad de numerosos cuerpos de seguridad españoles en el instante de enfrentarse a los peores momentos de sus carreras profesionales y  de sus vidas. Todos ellos, los 27, sobrevivieron a dramáticas situaciones en las que otras personas trataron de arrebatarles sus vidas. Los autores dedicaron más de 24 meses a entrevistarse con los protagonistas. A lo largo de la obra se constará la angustia que todos ellos sufrieron, sin excepción, al ver que sus antagonistas trataban de poner fin a sus existencias. No todos pudieron reaccionar a tiempo y eficazmente al sentirse en peligro, pero muchos sí que consiguieron responder con sus armas. Algunos mataron a sus particulares homicidas, otros solamente los hirieron y otros, pese a consumir cierta cantidad de munición con sus armas, no lesionaron a sus objetivos. Varios de estos policías resultaron gravemente heridos por disparos de armas largas y cortas, cuchillos y otro tipo de armamento. Otros, por suerte para ellos y sus familias, no sangraron. Pero una cosa es segura, emocionalmente  todos pagaron tributo.


ALGUNOS PUNTOS DE VENTA:

Librería ARES en La Línea de la Concepción: teléfono 956176780




Centro de Formación DyM:  Teléfono, 938151044




domingo, 7 de diciembre de 2014

LAS COMPARACIONES SON ODIOSAS

Por, Ernesto Pérez Vera

Parece ser que Islandia es el país más seguro del mundo. ¡Olé por ellos, qué envidia! Johann Karl Torisson, un jefe de la Policía de Reikiavik, la capital, ha manifestado a la revista ‘Esquire' que en sus 21 años de servicio solamente ha utilizado el aerosol de pimienta en 3 ocasiones y la defensa (porra) no más de 5 veces.

Yo me pregunto, ¿he sido durante 14 años policía donde lo he sido o estoy desorientado y saqué mi plaza en Islandia? Aunque no todas las privaciones de libertad que realizan los agentes de la autoridad llevan implícito el uso de la legítima acción coercitiva, los datos que nos brinda Karl Torisson nos llevan a pensar que como poco ha podido materializar 8 detenciones o arrestos a lo largo de su carrera profesional. Estas cifras, nimias, ridículas y casi de broma para muchos de nosotros, son sin embargo inalcanzables por algunos de los que hoy mandan en el que fue mi cuerpo de policía. Muchos de los que allí lucen galones, calientan sillones y comen gambas gratis no han sacado la porra a pasear jamás porque no tienen porra, porque no han salido nunca a la calle y porque cuando se han visto en la obligación de hacer algo más que tomar café con churros escondidos debajo de la gorra… han tirado por otra calle.

Así que mire usted, Torisson, aquella ciudad mía es todo lo contrario a la suya en cuanto a orden público, pero sepa que es usted un campeón. Muchos de estos aprovechados, aparentados y estratagémicos navegantes no han puesto en su vida una simple denuncia por consumo de hachís. Algo harto complicado por estas latitudes. A ver si lo entiende, Karl, es como si usted me dice que patrullando nunca ha visto a los niños haciendo muñecos de nieve o jugando con los trineos. Es imposible, ¿verdad? Pues ese es el símil. Efectivamente, amigo al norte, estos son unos piltrafillas. Sí, así es, los que tengo en mente no saben qué es ir a un juicio por robo, tráfico de drogas ni pollas en vinagre. Bueno, alguno de ellos sí sabe de esto último, tanto de vino agriado como de lo otro…, ya me entiende.

Bueno, Johann Karl Torisson, reciba un caluroso abrazo desde el sur del sur.


viernes, 5 de diciembre de 2014

Papel mojado: mentiras institucionalizadas

Por, Ernesto Pérez Vera

Aunque su nombre siempre me recuerda a las magdalenas que comía de niño, este Ortiz consume algo más que repostería. Con sumo gusto invierte su tiempo libre en verificar extremos que lee en artículos o libros, amén de los que oye en conversaciones con otros aficionados, pocas veces compañeros de profesión. Manolo, que fue legionario y que hoy es policía y músico, es también un avezado experimentador de cosas relacionadas con el tiro encaminado a salir lo más airosamente posible de un encuentro armado. No es manco, tiene una pistola Sig Sauer P-228 (9 mm Parabellum), un revólver Smith and Wesson 586 de cuatro pulgadas (.357 Magnum) y el arma que posteriormente será mencionada.

Mirando de reojo hacia aquellos artículos escritos por mí, llamados Test balístico casero (parte I) y Balística casera (parte II), este compañero, pero sin embargo amigo, ha realizado un test tan rustico o más que los que yo llevé a cabo: ha disparado sobre periódicos mojados, que estuvieron empaquetados y sumergidos en agua durante cuarentaiocho horas. Hablamos de un objetivo que presenta un fondo de ochenta centímetros de profundidad, compuesto por papel con un gramaje medio de cincuentaidós gramos por metro cuadro.
Desde una distancia de cinco metros del blanco y usando una pistola Smith and Wesson 910, Ortiz fue realizando diversos disparos con cartuchos de 9 mm Parabellum montados con varios tipos de proyectiles. A saber: Remington Golden Saber 147gr, Remington Golden Saber 124gr, Geco blindada/FMJ 124gr, Fiocchi plomo grafiteado 124gr, Santa Bárbara blindada/FMJ 115gr y Fiocchi Black Mamba 100gr, Fiocchi EMB 92gr. Como ven, mucho de lo que nos podemos encontrar en la cintura de casi todos los agentes de seguridad públicos y privados de este país.

Antes de conocer el resultado de este ‘estudio’, seguro que muchos harán sus cábalas recordando las lecciones erróneamente aprendidas cuando eran  policías alumnos. Lo de mal aprendido no lo dirijo contra quienes ocuparon tal rol sino que va por los redactares de aquellos infames y nefastos temarios, atentatorios contra la realidad balística terminal.

Empezaremos por los cartuchos más extensamente empleados en nuestro país, los blindados y de plomo (en este caso no se probó ningún semiblindado). Nada nuevo arroja esta prueba sobre lo dicho ya mil veces en este mismo espacio por un servidor: lo atraviesan todo. Sí, el parabalas de papel prensado y mojado, de casi un metro de fondo, fue cruzado de lado a lado por las puntas blindadas y la de plomo bañado con ese derivado del carbón llamado grafito, que le da a la bala tan llamativo color negro (el grafito es un lubricante que reduce el emplome del ánima del arma). Insisto, ambos tipos de proyectiles abandonaron el cuerpo celuloso y prosiguieron su vuelo con capacidad lesiva. El Mamba, igual, más de lo mismo: se comporta como un blindado convencional.

Las puntas expansivas referidas en el párrafo de presentación se comportaron como se esperaba de ellas: quedaron alojadas dentro del objetivo. En este caso no se hubieran producido riesgos a terceros, de haberse tratado de una situación real producida en la plaza del pueblo o en el aparcamiento de un centro comercial. Pero si esto es importante, que lo es, para este autor también tiene valor conocer en qué momento se detuvieron las trayectorias (cavidades permanentes). Pues bien, de este elenco la bala que más penetró fue, como era de esperar, la más pesada: la Golden Saber de 147gr. Física pura. Le siguió su hermana de 124gr, la cual se detuvo catorce centímetros por detrás (a cuarentaitrés [43]). De Golden Saber nada más que fue probado un cartucho de cada peso, pero de EMB (92gr) se tiraron tres.

Vamos a entrar en más detalles. Detrás del bloque de periódicos fue situada una garrafa de plástico que contenía veinticinco litros de agua. Hasta el recipiente llegaron todos aquellos proyectiles que atravesaron el mamotreto, perforándolo únicamente la punta Santa Bárbara que a punto estuvo de atravesarlo. El resto tan solo abolló la pared plástica del contenedor.

Pero la sustancia está en aquí: una de las puntas EMB expandió completamente, creando una cavidad permanente de  treintaiséis (36) centímetros. Las otras dos del mismo modelo no se desplegaron lo bastante y alcanzaron tres centímetros más de profundidad (33). Como quedó expuesto en el párrafo anterior, la Golden Saber de 147gr se detuvo a los cincuentaisiete (57) centímetros de recorrido. Ni que decir tiene que una vez recuperados todos los proyectiles, el de plomo, los blindados y el Black Mamba no revelaron deformación alguna. Estaban intactos, lo que les permitió ser más perforantes y minimizar la transferencia de energía.

¿Científicamente qué prueba todo esto? Nada, no prueba nada. Esto no ha sido más que una prueba realizada con muy buenas intenciones, pero sin aparataje de laboratorio. Ahora bien, ¿acaso las conclusiones finales no coinciden con las obtenidas mediante el empleo de medios técnicos de precisión? Sí, coinciden.

Una vez más se demuestra, en el patio trasero de casa, que las puntas convencionales consumidas por la Policía penetran en exceso, generando riesgos para las personas ajenas a las intervenciones policiales. Por otra parte, aquellos proyectiles diseñados para deformarse al impactar en cuerpos blandos penetran mucho menos. Tanto es así que incluso la Cruz Roja Internacional los aconseja para uso policial urbano, en armas cortas. Pero aquí no, aquí, palurdos y acomplejados, le ponemos la zancadilla a quien postula estos principios y usos.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Vigo: 28N

Por, Ernesto Pérez Vera

Algunos amigos me insisten para que escriba sobre lo acaecido en Vigo el pasado viernes 28 de noviembre. Ya saben, donde a balazos nos mataron a una compañera del Cuerpo Nacional de Policía, a la vez que destrozaban a un subinspector de la misma fuerza. En varias entradas de Facebook he dejado claro que no hay nada claro. La información que nos facilitan los medios de comunicación es invalorable porque no procede de fuentes oficiales (al menos no la sustanciosa). Posiblemente nunca sabremos todo lo sucedido y cuando sepamos algo cargado de datos sustanciosos habrá pasado mucho tiempo. Está todo muy fresco y hay mucho dolor y rabia en los coches patrulla y miedo en los pasillos que conducen a las poltronas. A lo más que he llegado es a referir el suceso en algunos comentarios y a trasladar mi apoyo a la familia de la finada y al propio herido, en un artículo emitido por Onda Cero Algeciras el 1 de este último mes del año.

Pero hoy, muy temprano, un vecino ha pedido mi opinión sobre este caso. Este señor no tiene vínculo alguno con la Policía ni con nada que tenga que ver con el mundo del Derecho. De los que llevan placa y porra no sabe más que dos cosas, que hay que respetarlos porque representan a la autoridad y que si los llamas, para lo que sea, acuden en tu socorro. Así las cosas, me dijo: “Buenos días, Ernesto, ¿por qué ha sucedido lo de esa chica gallega?”. El pobre hombre no sabía que acababa de destapar una caja llena de respuestas sobre las que luego tendría que meditar. Yo no doy contestaciones escuetas, ya me conocéis. Mi amigo Ian, de la Policía de Gibraltar, me teme por ello.


Mi respuesta fue que sucedió porque un hijo de puta quería matar. Porque el susodicho infame disparó. Porque los disparos dieron en sendos funcionarios. Porque además de dar, los proyectiles alcanzaron zonas corporales en las que había órganos importantes para la vida humana. Pero sobre todo ocurrió porque estos policías acudieron allí adonde fueron requeridos. No estaban detrás de una mesa con la radio apagada. Tampoco en la barra de un bar tomándose cuatro cervezas. Estaban en el lugar en el que tenían que estar y como se esperaba de ellos: alerta para responder. Les pasó a ellos porque estaban allí y no en un boquete. Hicieron lo que todos esperábamos de ellos, que dieran la cara sin demora. Cumplían con lo que para muchos es una misión sagrada, aunque incluso desde dentro algunos se mofen de quienes así piensan y actúan. Creían en lo que hacían y representaban. Creían en un mandato constitucional. Estos dos policías no eran de esos que dan la vuelta a la ciudad para llegar tarde o no llegar. No se trataba de una dotación de las que echa balones fuera en los últimos momentos del servicio. Eran todo lo contrario a quienes únicamente aceleran cuando hay café o copa gratis. Les pasó a ellos porque eran policías de verdad y no de los que trabajan en la Policía.


Pero cuando nos marchábamos del rellano en el que hemos coincidido y conversado, este señor me ha dicho, antes de despedirnos, que se le habían puesto los pelos de punta y que no sabía que hubiera agentes que pasaran del trabajo. Le he prometido otra parrafada la próxima vez que nos veamos. Intuyo que no volverá a buscarme la palabra en mucho tiempo, porque menuda paliza le he dado en tres minutos…

miércoles, 3 de diciembre de 2014

LA AUTOLESIONANTE IGNORANCIA

Por, Ernesto Pérez Vera

“El enemigo en casa” o “Durmiendo con su enemigo” serían buenos títulos para hacer una película sobre la realidad que acontece ahí fuera, cuando eres policía o incluso un mero particular que debe defender su integridad física o la vida (también la de terceros).

Una vez más, una nueva cagada. Los sindicalistas que están tomando el micrófono para hablar de cosas que no saben, la cagan desvirtuando la verdad hasta el punto de que cuando las cosas sí se hagan (o salgan) bien parecerá que están mal hechas.


Esto dice otro portavoz de un sindicato de la Policía, y digo otro porque ya no sé cuántos van en cinco días: La pregunta es si resulta habitual que un policía, al que le dan un arma que SOLO puede usar frente a otra arma semejante, trabaje sin chaleco antibalas”. Señor ignorante, salga a la calle a aprender y si no puede, por lo que sea, estudie. Beba de las fuentes que vierten agua fresca y no de los estanques de agua putrefacta. A los policías no se nos exige judicialmente responder con un arma igual, semejante dice usted, a la que es empleada contra nosotros. No mienta. Tal vez no lo haga a propósito, pero si no sabe de esto mejor será para la justicia, la sociedad, el cuerpo y los agentes que no se manifieste al respecto. Esto que usted ha dicho es meter en la cabeza de la opinión pública que cuando a un compañero le ataquen con un cuchillo no podrá hacer uso de su pistola. Si lo desconoce, yo se lo aclaro: se puede y se debe disparar plomo frente al acero del cuchillo. Solo hay que estar a cada caso y estudiar y analizar pormenorizadamente las circunstancias del momento concreto. ¿Acaso si un individuo nos apuntara desde quinientos metros con una pistola, usted sí vería ajustado a derecho el uso del fuego policial? Yo no lo vería proporcionado sino temerario. Distancia, amigo, distancia. Circunstancia.

Lo curioso es que quienes hoy se manifiestan así mañana dirán lo contrario, cuando tengan que defender el uso del fuego frente a un hacha, machete o destornillador. Y sí, en este caso la manifestación sería correcta, pero los pronunciamientos han de hacerse siempre con la objetividad que da el conocimiento.

Y por cierto, seamos serios de verdad y no únicamente durante el rato que nos regalan delante de la cámara o ante la esponja del micro. Si piden con convencimiento la entrega de chalecos para todos los agentes de la autoridad, luchen con fuerza para que su empleo sea obligatorio, so pena de cometer infracción interno-disciplinaria.