martes, 27 de enero de 2015

ESTÁ PASANDO: DONOSTIA TO DAY

Por, Ernesto Pérez Vera

Quinto Horacio Flaco (65 a.C. - 8 a.C.): “La justicia, aunque anda cojeando, rara vez deja de alcanzar al criminal en su carrera”.


Hoy, después de poco más de dos años, dos hombres enfrentados a vida o muerte se verán de nuevo las caras. Fue un encuentro como los de las películas americanas, solo que aquí la sangre era de verdad y española. De hacerse pública la filmación del suceso se ‘retuitearía’ y compartiría miles de veces en Facebook. Parafraseando a Sergio Leone, la película podría titularse “El bueno, el malo y el muerto”. A esta hora estarán, banquillo con banquillo, los dos primeros. Como indica el título propuesto, el tercero fue pasaportado por la otra justicia, la de la pólvora. En esta ocasión, la banda sonora no la pone mi admirado Ennio Morricone sino la vida misma.

“Vine, vi y vencí”, dijo Julio César ante el Senado romano. “Entré, busqué y encontré”, dijo este muerto ante las mismísimas puertas del infierno.

Amigo, aquella tarde lo bordaste gracias a tu entrenamiento y mentalización, pero también porque la diosa Fortuna te había reservado el puesto 1.841 en el club de los supervivientes.

¡Un abrazo y, nuevamente, gracias por tu colaboración!



lunes, 26 de enero de 2015

EN LA LÍNEA DE AGRADECIMIENTOS

Los autores de "EN LA LÍNEA DE FUEGO” nos sentimos muy orgullosos y satisfechos con el alcance que está teniendo nuestra obra. La segunda edición (AUMENTADA) está empezando a llegar a las tiendas y viene precedida por tres reimpresiones de la primera edición.


Siempre estaremos en deuda con todos los que nos han confiado tan cruciales y vitales experiencias. Todos ellos, desde el anonimato, desean lo mismo que quienes firmamos este documento: ayudar a que otros también puedan contarlo mañana. Se extiende el agradecimiento a quienes supieron reconocer públicamente el mérito y sacrificio de los que regresaron, tras pasar por los peores momentos de sus vidas. También a quienes al final no quisieron responder a nuestro requerimiento. Comprendimos perfectamente sus sentimientos y su postura. Para ellos también va dedicado este trabajo.

Fernando & Ernesto y Ernesto & Fernando

APRENDER PARA ENSEÑAR Y ENSEÑAR APRENDIENDO

Por, Ernesto Pérez Vera


“El objeto más noble que puede ocupar el hombre es ilustrar a sus semejantes”. La cita es del general venezolano Simón Bolívar. Como si acaso sé de algo es de tiro y armas, trasladaré el sentido de la frase a este terreno. Ser instructor de tiro debería ser algo que fuese más allá de ostentar un diploma enmarcado. Queda bien decir que uno es instructor de lo que sea, pero está de moda ser instructor de tiro, aunque a duras penas se distinga un revólver de tres pulgadas de una zambomba. A la peña le gusta impresionar y parece que tener una diana en el diploma obnubila. A mí me ocurría cuando era joven, aunque veo que a algunos también les sucede cuando ven mi título clavado en un testero. Todo esto son bobadas porque conozco a muchos que carecen del ansiado papelito, atesorando más conocimientos y capacidad pedagógica que muchísimos titulados.


Cuanto menos sabemos más impresionables somos. Pero ya no más, a otro perro con ese hueso. Hace años que no creo en los diplomas sino en las personas. Ya no me impresionan los papeles sino los hechos, la lealtad a la coherencia, el sentido común y el compromiso desinteresado. Días atrás me planteé acuñar otra expresión para no tener que presentarme como instructor de tiro. Pensé que tal vez fuese más correcto definirme como aficionado al tiro, estudioso de los asuntos policiales o hasta analizador de enfrentamientos armados. La razón deriva de las conversaciones que recientemente he mantenido con varios compañeros que, como yo, son instructores o monitores de tiro (personalmente estos matices me traen sin cuidado, aunque algunos los esgriman cual porra más larga). Todos ellos ejercen funciones formativas en sus respectivas plantillas, pero ninguno se siente realmente preparado. Hasta hace muy poco tiempo pensaban, según me han confesado, que aquello que estaban enseñando en la galería de tiro era lo correcto. Se trataba, ni más ni menos, de lo que les habían enseñado durante el curso de especialización. Era y es, en definitiva, lo que los programas de perfeccionamiento periódico establecen reglamentariamente en sus instituciones. Si ellos son adiestradores oficiales en sus cuerpos y yo nunca lo fui por estar vetado y porque en mi plantilla jamás se entrenaba, creo que ellos son los verdaderos y yo un mero recorte de papel mojado, de ahí que me plantease no presentarme más como instructor.

No es la primera vez que un profesor de tiro me dice que está empezando a cuestionarse todo lo que sabe o cree saber. Yo también pasé por ello y continuamente evoluciono. Desadormecer es bueno y saludable. El letargo conformista únicamente sirve para que los cavernícolas sigan perpetuándose per saecula saeculorum. Muchos están despertando y quieren sol y luz, pero no están solos. En unos casos son zancadilleados por compañeros de igual escala y en otros por superiores. Desde el cómodo y cobarde inmovilismo de quienes ejercen mando o influencia se frena todo avance hacia la lucidez y el aire fresco y renovador.

Lamentablemente, a miles de profesionales armados se les sigue ordenando a toque de silbato en qué momento tienen que desenfundar, montar y disparar gozando de tres, cuatro y hasta cinco segundos en las prácticas de tiro. Tiempos ilusorios que conducen al engaño mental, lo que sin duda en la calle se traduce en policías derramados a balazos o machetazos. Como si de un concurso de katas se tratara, a estos tiradores se les exige la perfecta ejecución de antinaturales, estilistas y coreografiadas posiciones de tiro. Tiro de salón que se aleja totalmente de la realidad de la calle, fundamentalmente en las distancias de tiro. Aún quedan en activo muchísimos instructores que gritan y centran su atención únicamente en que los pies estén más o menos adelantados, abiertos o cerrados; coincidiendo este perfil con el de quienes aseguran que el sonido producido por el movimiento de la corredera de una pistola frena en seco cualquier intención criminal, aunque esta ya se encuentre en marcha. Me disculpo, no es que esta clase de monitores esté en activo como si de una especie en extinción se tratara, es que la factoría de formadores los sigue produciendo y poniendo en circulación.


La mayoría de los instructores que van espabilando son policías maduros con mucha o suficiente experiencia laboral en la calle. Algunos han adquirido cierta habilidad en manejo de armas gracias al tiro deportivo, pero otros tantos no entrenan nunca, carecen de armas personales y no portan ni han portado jamás un arma fuera de las horas de clase. En voz baja y ante un café, hay quien no oculta que con la realización de este curso solo busca quitarse de los líos de la patrulla, del sueño de las noches, del frío y de la lluvia invernal y del calor del verano. Con semejante interés profesional es fácil obtener una idea aproximada de la calidad que ofrecen determinados formadores. Aunque hay de todo, algo está empezando a moverse. Por desgracia, las alertas terroristas que estamos sufriendo se han convertido en un gran revulsivo. Momento idílico para iniciar la purga y separar a los verdaderos instructores de los listos y caraduras apoltronados.


Pero aquellos que tienen que tomar decisiones progresistas en este terreno suelen contar con rémoras a su alrededor. Personajes que espontánea y rastreramente ejercen de voces refrenadoras no consultadas, cual antagonistas de Pepito Grillo. Unos boicotean las acertadas y razonadas peticiones de aumento de horas lectivas y de cartuchos a consumir en las líneas de tiro. Otros entorpecen el natural curso de las minutas que se elevan a la superioridad aconsejando tomarse en serio el uso diario de las armas largas. Y hay quienes se niegan a admitir que el empleo de proyectiles semiblindados y blindados genera riesgos que podrían ser minimizados con el uso de puntas expansivas. ¡El enemigo está en casa, señores! Sea por mera ignorancia, por envidia, por supino desinterés, por vagancia, por incapacidad profesional o por limitación intelectual, demasiados lerdos y desvergonzados se ocultan detrás de la orla de un curso de Instructor de Tiro.


Me enerva ver como muchos presuntos formadores sostienen que si con tres o cuatro balas no has resuelto un tiroteo mejor darse por muerto, insuflando a sus alumnos, con tal falacia, la idea de que es innecesario llevar un cargador de repuesto en el cinturón. Estos mismos se posicionan en idéntico sentido ante encuentros con delincuentes armados con rifles o escopetas, donde a veces es posible que el policía se vea en desventaja si solamente cuenta con su pistola, pero de donde se puede salir airoso con determinación, entrenamiento y algo de suerte (numerosos casos lo acreditan en España). O si no aquellos que abanderan la idea de que hay que dejarse herir a balazos antes de desenfundar e iniciar una respuesta defensiva. O lo que quizá sea más vergonzoso y preocupante, sentenciar que ante un arma blanca nunca jamás está justificado el fuego de una pistola. Un lastre que causa un gravísimo daño a la sociedad y a la comunidad policial. Esta raza de impreparados atenta contra la verdad y el sentido común. No son pocos los que se apoyan en iletrados zoquetes (mandos en muchas ocasiones) cacareadores de débiles, inveraces, destartalados y tóxicos discursos. Paparruchas.


Precisamente por todo esto, raro es el día que no nos despertamos con titulares de prensa sobre policías que se vieron encañonados o tiroteados, sin que estos hicieran valer sus armas. Ni que decir tiene que al público le será vendida la siguiente versión: los agentes no dispararon porque su adiestramiento es tan exquisito que desarmaron a sus oponentes con la persuasión del verbo o tirando de cinturón negro de telequinesia. Así es como esta ensalada de disparates alcanza el grado de veracidad entre la población civil, salpicando a grandes porcentajes del sector policial y legal. ¡Ya está bien de bacaladas con tomate! O empezamos reconocer que nuestros policías no recurren a sus armas por miedo al resultado de sus disparos, lo que sin duda alguna está directamente relacionado con el nivel formativo recibido, o es que nos están mintiendo sobre tantos encañonamientos. Por lo general, a los agentes de la autoridad les pesa más la posible repercusión judicial de sus respuestas que el alcance de las lesiones potencialmente producibles en ellos. Todo obedece a lo mismo, a la farsa tan grande que rodea este asunto de los instructores y los programas de tiro. Ya lo dijo el estadista argentino Domingo F. Sarmiento: “Los discípulos son la biografía del maestro”. Parafraseando a Marco Aurelio en la película ‘Gladiator’, durante una conversación con Cómodo: “Tus errores como alumno son mis defectos como instructor”.


Esta misma semana ha corrido como la pólvora una información que da a conocer la lamentable situación que sufre el material táctico de una destacada unidad especial de nuestras fuerzas de seguridad: chalecos de protección balística caducados desde hace lustros y escasez de escudos y cascos antibalas, así como de munición para entrenar. Por otra parte, policías que lucen otras siglas y que forman parte de las noticias diarias a través de los telediarios, solamente disparan treinta cartuchos al año con sus flamantes fusiles de asalto. Nadie con tan reducido hábito de tiro puede ser altamente eficaz, pero sí muy peligroso, máxime sabiendo que la cartuchería de dotación es blindada y apellidada Otan. ¡Por favor, cojamos el toro por los cuernos de una vez y aparquemos los complejos! La siempre libertaria y progresista Francia se ha remangado sin pensar en el que dirán. Tomemos ejemplo antes de que vuelva a ser demasiado tarde.



Como esto se sale de lo normal, merece la pena darlo a conocer. Hace dos meses quedé maravillado al visitar las instalaciones de tiro de cierto cuerpo municipal, en el que no escatiman en nada. Aquellos funcionarios no solamente están obligados a participar en cuatro llamamientos anuales de tiro, que además se cumplen escrupulosamente, sino que cada policía patrullero gasta una media de cincuenta cartuchos por práctica. Lo más destacado no es la cantidad de munición que se invierte en la instrucción de estos agentes, que para ser España es máxima (una orden del Ministerio del Interior impide a los policías locales disparar más de doscientos cartuchos anuales), sino la calidad de los ejercicios que desarrollan. La galería estaba diseñada de tal modo que con módulos panelables se podían recrear situaciones de todo tipo: pasillos, habitaciones, soportales, garajes, etc. Pero no se vayan todavía, que aún hay más: los parabalas se encuentran distribuidos al frente y a ambos flancos, lo que permite simular situaciones de lo más variopintas. Para colmo, con cierto límite y control, la jefatura sufraga el consumo de munición de todos aquellos funcionarios que deseen aumentar el número de sesiones de entrenamiento, incluso empleando sus armas particulares. Tampoco se ponen trabas al uso de la galería si los policías aportan sus propios cartuchos. Con este gesto cobran valor las palabras de la escritora estadounidense Betty B. Anderson: “Cuando eres un educador siempre estás en el lugar apropiado a su debido tiempo. No hay horas malas para aprender”.■

jueves, 22 de enero de 2015

DESDE MI EXPERIENCIA: POLICÍAS

Por, Ernesto Pérez Vera


Mi hijo, cuyas preguntas de niño de nueve años suelen salirse de lo habitual para su edad, me dijo anoche, y cito textualmente: “Papa, ¿todos los policías velan por la seguridad de los ciudadanos?”. No me interpeló en este sentido por mi oficio sino por algo que había leído en un libro del colegio, habiéndole surgido dudas sobre la veracidad de la cita. El adverbio de cantidad (todo) le pareció maravillosamente exagerado. Su privilegiada capacidad mental, sin duda superior a la mía cuando tenía su edad (hoy también), no se conforma con monosílabos. Siempre exige amplias matizaciones.

Me lo puso a huevo. Durante los veinticinco minutos de trayecto en coche que disfrutamos juntos, le respondí algo así como que básicamente he conocido cinco grupos de policías. El primero está compuesto por viciosos del trabajo policial. Gente que vive la Policía como una filosofía de vida y no como un mero trabajo o profesión. Para desgracia de la sociedad y de las propias fuerzas de seguridad, son pocos y encima no suelen coincidir muchos en una misma unidad, plantilla o turno de trabajo. Y para desdicha de ellos mismos, suelen estar mal vistos y criticados en sus entornos laborales. Muchas veces son objeto de persecución y descrédito interno. Rara avis que no se mezclan con todos sino con los que curran y dan el callo, con los serios y comprometidos. Estoy refiriéndome a los que no pierden puntada incluso estando francos de servicio, por lo que si detectan situaciones que requieren de su intervención… intervendrán. Si en ese momento no pueden hacer nada por sí solitos, pedirán apoyo o se pondrán en contacto con quienes seguro meterán mano con garantías de éxito. Siempre se implican hasta las orejas. Conocen las filiaciones y los alias de los delincuentes más habituales de la demarcación, así como sus modos de delinquir y compañías más frecuentes. En cualquier momento podrían dar con el paradero de casi cualquiera. Una lástima que no abunden.


En el segundo grupo están los que de verdad tiran del carro.  Los que hacen mover la maquinaria y la mantienen engrasada y a punto. Son un grupo numeroso, muchísimo más que el anterior y posiblemente el que más funcionarios aglutina. Estos, por lo general, no son tan fatigas como los viciosos anteriormente perfilados, pero se distancian poco, de modo que dado que son un sector bien nutrido se convierten en el verdadero brazo fuerte de las fuerzas de seguridad. Aquí lo mismo te encuentras con vocacionales desde el parto como con gente que ha ido cultivando el amor por el servicio a medida que ha ido creciendo en el cuerpo. Los mejores policías que he conocido y con los que he trabajado encajan perfectamente aquí. Por cierto, no es lo mismo querer a la institución o desear con fuerza ser policía, que ser un policía por los cuatro costados.


Un porcentaje similar al anterior es el que compone el clan de los que solo suman a medio gas o incluso menos. Si estos policías se encuentran rodeados de compañeros de carácter similar se convierten en cucharas que ni pinchan ni cortan, pero si les pones al lado a agentes del primer o segundo grupo pueden funcionar a un nivel superior a lo habitual. Posiblemente aquí es donde más florezcan aquellos que se dedican a malmeter en contra de quienes los ponen continuamente en evidencia. Muy pegados a estos, si acaso no están mezclados, encontramos a quienes no piensan en servir y producir sino en los mensajes de guasaps, en estridentes gafas de sol, en peinados de moda, en Winstrol, en teléfonos de ultimísima generación, en hacerse autofotos con chicos y chicas guapas, etc. Faction victims, vamos. No se mojan en aras del bien común, pero sí lo hacen para ayudar a sus coleguitas del mundo guay, como los empresarios y trabajadores de la noche. Les mola ser vistos por el público como si fueran los polis protagonistas de una teleserie, pero no valen un carajo: no solo no trabajan sino que no diferencian un delito de lesa humanidad de una infracción administrativa. Esta gente es el relleno o desecho de tienta que todas las profesiones tienen pululando por los pasillos, las esquinas, los lavabos y, cómo no, también detrás de una placa. No nos engañemos, se extienden a lo largo de todas las escalas. Muchos carecen de dignidad: por más que les digas que policialmente son unos lerdos, sonríen, les resbalan tus palabras y siguen jugando con el telefonito o charlando el putón verbenero con el que están quedando para el sábado. En muy contadas ocasiones se les podrá aplaudir algún servicio. En muchos casos además de no sumar nada de nada, restan: la propia imagen pública que a veces ofrecen suele generar animadversión dentro y fuera de la propia comunidad policial.


Por último, no le pude ocultar a mi hijo la existencia de un grupito muy minoritario que anida en todas las organizaciones policiales. Un puñado de abyectos e indeseables individuos que nunca suman sino que restan con su mera existencia. Me refiero a los corruptos. Esta escoria aprovecha su condición de agente de la autoridad para beneficiarse en todos los campos, cuando no para favorecer a terceros. Ya sea por gestionar la retirada ilegal de denuncias de tráfico haciendo valer su influencia o mando, o informando sobre cómo, a dónde y cuándo se van a producir operaciones policiales contra el crimen, esta vergonzosa gentuza debe ser discriminada, perseguida y finalmente erradicada. Aquí incluyo a quienes sistemáticamente miran hacia otro lado ante cualquier infracción detectada. También alimentan este escuetísimo pero dañino y vomitivo grupo, los policías que consumen algún tipo de droga, aunque esto lo lleven a cabo fuera de servicio y en sus domicilios. 

Por todo ello, siempre que tuve responsabilidades de mando jugué a combinar perfiles para obtener los mejores resultados de cada dotación. No me parecía inteligente hacer parejas con polos de un mismo signo. Colocar juntos a dos funcionarios de polo negativo era perder un equipo y hacer lo propio con dos de signo positivo era desaprovechar la ocasión de revivir a los negados. Pese a todo, son infinitamente más los que suman que los que no. La institución policial, cromática a parte, está por encima de todos. Hijo, confía siempre en la Policía, fue poco más o menos el final de la conversación.

miércoles, 21 de enero de 2015

EN LA LÍNEA DE FUEGO DEL PAÍS...

¿Qué tienen en común la obra ‘EN LA LÍNEA DE FUEGO’ y el multimillonario chino Wang Jianlin, ahora propietario de un veinte por ciento del Atlético de Madrid? En principio parece que nada puede unir a este magnate con el libro escrito por Fernando Pérez Pacho y un servidor. Pero el 26 de junio de 2014 compartimos páginas centrales en el dominical impreso de ‘EL PAÍS’. Wang acababa de adquirir, por 265 millones de euros, el Edificio España de Madrid. Y junto a esta noticia económica estábamos nosotros en un reportaje de Pilar de la Fuente. La periodista, que días antes había cubierto el acto de presentación del libro en Valencia (organizado por José Riera), entrevistó a ambos autores y a varios protagonistas.

Leer aquí la versión ‘on-line’ de ‘EL PAÍS’:
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/06/27/actualidad/1403887325_579764.html

domingo, 18 de enero de 2015

SOBRE POLICÍAS LOCALES FUERA DE SERVICIO: ARMA REGLAMENTARIA

Por, Ernesto Pérez Vera



Una ley autonómica es aquella aprobada por el Parlamento de una comunidad autonómica, para regular una materia en el marco de sus competencias. En el modelo de Estado Constitucional vigente, las Cortes Generales ya no ostentan el monopolio de producción de normas jurídicas con rango de ley, ahora lo comparten con los parlamentos autonómicos.

Por debajo de la Constitución, la norma jurídica de mayor rango en España es la ley orgánica (LO). En su introducción, la LO 2/86 de 13 de marzo, de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, establece que ‹‹las comunidades autónomas tienen entidad  propia  para la coordinación de las policías locales. Según la Sentencia del Tribunal Constitucional de 28 de abril de 1983, la coordinación es un concepto que usa la Constitución como instrumento para la fijación de medios […] a esta consideración general y a los preceptos normativos de las comunidades, el desarrollo del artículo 148.1.22.ª, en cuanto a la coordinación y demás facultades en relación con las policías locales, se desarrollan ampliamente, con gran riqueza de posibilidades de coordinación y con carácter común respecto a todas las comunidades que hayan asumido competencias sobre la materia…››. A lo largo de todo del texto de la LO 2/86 se hacen numerosas referencias a la potestad de los gobiernos regionales, en materia de control de las fuerzas de Policía Local (PL).


Incluso en los casos de servicios de protección de autoridades locales (escoltas de la PL) que tengan que desplazarse fuera de su municipio, la 2/86 recoge que dichos servicios requieren del permiso expreso de la autoridad gubernativa regional, si dicha comunidad cuenta con un cuerpo propio de seguridad (únicamente aplicable en cuatro comunidades); recibiendo dicha actividad la autorización del Ministerio del Interior en el caso contrario. Esto arroja luz respecto a si un agente local que no está de servicio puede o no puede llevarse el arma reglamentaria a su casa (o a donde quiera), si el asunto de la guarda y custodia no se regula autonómicamente. Así las cosas, cuando un policía finaliza su servicio y decide marcharse seguidamente al teatro, al bar o a su casa, no está en funciones de escolta de autoridad local alguna, aunque trasponga de paisano allende las fronteras de su demarcación laboral. Por ello, si no existe obligación interna o autonómica de depositar el arma en un lugar acondicionado y asignado, la deja en el interior de una insegura taquilla de ropa, en el cajón de los folios, entre las carpetas de su oficina o se la lleva consigo.



Un ejemplo de dos vertientes de un mismo asunto puede ser la Ley 4/07, de 20 de abril, de Coordinación de Policías Locales de Galicia, publicada el 3 de mayo de 2007 en el Diario Oficial de Galicia. Título II, capítulo III, artículo 11.5, de la referida norma marco: ‹‹Los ayuntamientos habrán de disponer de lugares adecuados para la custodia del armamento asignado, con las condiciones que prevea la normativa aplicable. Los miembros de los cuerpos de Policía Local, bajo su responsabilidad, podrán custodiar el armamento asignado››. Poco más que añadir, si acaso recordar que los policías locales tienen derecho a adquirir un arma corta particular con la que podrán circular, sin cortapisa alguna, por todo el territorio nacional. Significar que dicha posesión no está sujeta a ninguna medida especial de custodia, como sí sucede con los tiradores civiles deportivos. Se hace necesario destacar, para que cual papilla sea digerido de una vez por todas, que un agente local o autonómico está obligado a intervenir, como policía que es, aun cuando se halle franco de servicio fuera de su demarcación territorial de competencias naturales. Ahí fuera hay personas que no quieren asimilarlo, pero esto es así no solamente porque lo establece la LO 2/86 sino porque existen, también, suficientes sentencias judiciales que lo recuerdan y exigen, so pena de cometerse, en según qué caso, delito de omisión del deber de perseguir delitos o promover su persecución.


Amparados en el artículo 6 del Real Decreto 768/1981, de 10 de abril, por el que se regula la concesión de licencias y la adopción de medidas de seguridad de las armas que hayan de utilizar los miembros de los cuerpos de policía de las comunidades autónomas y de las corporaciones locales, muchos jefes de policía adquieren armeros de seguridad para sus dependencias: ‹‹Los miembros de los cuerpos de policía a que se refiere el presente real decreto depositarán las armas, siempre que sea posible, en los locales que tengan habilitados, con las debidas garantías de seguridad, las comunidades autonómicas o entidades locales y, en todo caso, siempre que por cualquier otra circunstancia se encuentre fuera de servicio››. Si no existen cajas de seguridad asignadas individualmente, no  es posible cumplir el precepto. No obstante, si la 2/86 ya no se ajusta a la realidad de la sociedad española, mucho menos lo hace esta norma.


En aquellos cuerpos dependientes de entes municipales donde se opte por instalar cajas de seguridad en las dependencias policiales, bien por iniciativa propia (Reglamento Interno) o por imperativo de la Consejería de Gobernación, para el depósito de las armas reglamentarias en horas francas de servicio, no será preciso recurrir a la fiscalización de las intervenciones de armas de la Guardia Civil. Esta innecesidad se sustenta en el artículo 1.4 del vigente Reglamento de Armas: ‹‹Quedan excluidos del ámbito de aplicación de este Reglamento, y se regirán por la normativa especial dictada al efecto, la adquisición, tenencia y uso de armas por las Fuerzas Armadas, las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y Centro Nacional de Inteligencia. Para el desarrollo de sus funciones también quedan excluidos los establecimientos e instalaciones de dichas Fuerzas y Cuerpos y del Centro Nacional de Inteligencia››.


viernes, 16 de enero de 2015

ANÉCDOTAS DEL QUE ESCRIBE

Por, Ernesto Pérez Vera

Durante una de las fases finales de la revisión del manuscrito de “EN LA LÍNEA DE FUEGO: LA REALIDAD DE LOS ENFRENTAMIENTOS ARMADOS”, se me ocurrió añadir unos párrafos nuevos. Quise referir, y así lo hice, un hecho acaecido en un pueblo español en fechas medianamente pasadas. Un suceso en el que un octogenario disparó contra varios miembros de su familia, acabando con sus vidas. Incluso abrió fuego contra las fuerzas policiales cuando estas se personaron en la escena del delito. Ante la magnitud  de los hechos, una unidad especial fue destacada en el lugar. Durante el asalto policial, dos agentes fueron heridos por los disparos de escopeta del hostil, si bien también el tirador fue alcanzado varias veces por impactos de subfusil.


Pero por más que estrujaba mis recuerdos, no era capaz de localizar información sobre aquello. Uno de los funcionarios heridos en la operación es amigo mío, pero ni él tenía claro cómo se llamaba el municipio protagonista del suceso. Solo sabíamos la provincia. Para colmo mi colega no tenía a mano sus archivos personales para saciar mis dudas. Como eran dos localidades las que tenía en mente, me puse manos a la obra y agarré el toro por los cuernos: mandé un correo electrónico al cuerpo de Policía Local de una de las ciudades candidatas. En la misiva, tras identificarme y aclarar el sentido del contacto, interrogaba sobre si fue allí donde años atrás pasó todo lo referido. A veces los astros se alinean positivamente: en menos de un minuto recibí esta respuesta. “Hola, Ernesto. Soy Luciano, el jefe de policía. Dame un número de teléfono y te llamo. Tengo la información que estás buscando”.

Efectivamente, en pocos segundos Luciano y yo estábamos hablando amigablemente. El trágico tiroteo no se produjo en su demarcación, pero sí en una muy cercana. No solo obtuve recortes de prensa sino que el propio jefe de policía fue testigo accidental de parte de lo ocurrido. Él aún no era policía sino vigilante de seguridad y, precisamente, en el hospital al que fueron trasladados los heridos. Pero la mayor de las casualidades quiso que Luciano, ese día y a esa hora, estuviese de servicio en el centro hospitalario. Para aumentar mi satisfacción, manifestó ser seguidor de mis artículos. Nuevamente, gracias.

miércoles, 14 de enero de 2015

POR SI LAS MOSCAS, MEJOR LLEVARLA…

Por, Ernesto Pérez Vera


“Si todos los integrantes de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad (FYCS) estamos regulados por la misma ley orgánica, ¿por qué los funcionarios de los cuerpos del Estado pueden llevarse sus armas cortas de fuego a casa al finalizar el servicio, y los locales no podemos?”. Esta mañana al abrir el ordenador me he encontrado con un correo electrónico que me interpela en este sentido. El email ha sido remitido por un compañero que, en el mismo mensaje, se daba a conocer como miembro de un cuerpo municipal de varias comunidades autónomas más allá de la mía. Lo cierto es que más que preguntarme por el asunto legal, lo que quería era conocer mi opinión personal.


Mi respuesta reconoce que no estoy al tanto de todas las normas-marco que regulan a todos los cuerpos locales españoles. Se estima que tenemos sobre 1700 fuerzas municipales en las 17 comunidades autónomas, Ceuta y Melilla. Esto supone la existencia de 19 leyes de coordinación de policías locales, a las que habría que sumar los decretos que cada consejería de Gobernación dicta, oportunamente, sobre materias policiales. Me consta que en algunas comunidades se aconseja, mediante decretos, órdenes u otras disposiciones administrativas emanadas del Gobierno regional, que los cuerpos dependientes de las corporaciones locales de la propia comunidad deberían contar con armeros individuales, asignados a todos los funcionarios que cuenten con un revólver o pistola reglamentaria. Sin embargo, en otros puntos del país se impone la obligatoriedad de que los ayuntamientos doten de estas medidas de seguridad a todos sus funcionarios armados, lo que exige que cada policía local tenga que depositar su arma al finalizar el servicio.


Allí donde no existe regulación autonómica con estos fines, muchas plantillas han tomado la decisión de incluir esta medida de protección en el articulado de sus propios reglamentos internos. Pero también es cierto que existen muchos cuerpos que adolecen, todavía, de este texto tan primario, por lo que si nadie dota de un armero a los agentes, estos no solo podrán sino que tendrán que llevarse consigo sus armas reglamentarias. Se da la paradoja de que algunos jefes de cuerpo han tomado la decisión, motu proprio, de invertir en armeros o cajas fuertes individuales, amparando en decretos de alcaldía la obligación de su empleo una vez finalizada la jornada laboral. También es verdad existen dependencias en las que no hay tantos armeros de seguridad como policías armados.


¿Bastaría tal vez con dejar depositadas las pistolas y revólveres en las taquillas convencionales destinadas a la indumentaria? Hombre, cualquiera diría que sí, toda vez que los vestuarios se encuentran insertos en instalaciones policiales cerradas y vigiladas. Pero la verdad es que no son pocas las armas que han sido sustraídas tras vencer candados o sencillos bombines. Esto, de hecho, ocurre o ha ocurrido en comisarías y cuarteles de todos los cuerpos (supongo que no será necesario rememorar sonados casos que afectan a casi todos).

Es sabido que los funcionarios que integran el Cuerpo Nacional de Policía (CNP) y la Guardia Civil (GC) carecen de armeros asignados individualmente. Ello motiva que estos policías y guardias se vean en la necesidad de guardar sus pistolas en taquillas o cajones no homologados para tales fines, o que incluso se las tengan que llevar a casa, donde lógicamente ninguna norma les exige tener instalada una caja fuerte homologada como armero. De modo general, con sus compañeros de la Policía Local sucede todo lo contrario: estos, en gran medida, sí suelen disponer de tales medios de protección. La pregunta es, ¿el hecho de que los municipales depositen en sus instalaciones las armas al acabar la jornada, obedece a una discriminación o por el contrario hay que considerar este hecho como algo sensato y digno de elogio y halago?


Es de sentido común que un ayuntamiento del que dependen varias decenas o centenas de agentes (muy pocos tienen miles), no tiene que hacer un desembolso económico tan enrome como tendría que llevar a cabo el Ministerio del Interior para adquirir más de ciento cincuenta mil armeros, para sus guardias civiles y policías nacionales.  La pela es la pela para esto, para los chalecos de protección balística, etc. Opino que ahí está la madre del borrego. No es que unos policías tengan los ojos más azules o verdes que otros. La cosa no va por ahí. Yo al menos no me lo creo. Los tiros van por otro sitio. Y otra cosa, es relativamente fácil controlar y fiscalizar, a nivel de instituciones locales, el uso eficaz y obligatorio de estos armeros. No en vano los cambios de destino y comisiones de servicio se suelen producir, normalmente, dentro de las mismas plantillas (grandes plantillas). Pero sin embargo no sucede igual en la GC y en el CNP, donde sin abandonar el cuerpo el personal cambia de comisaría, cuartel, ciudad, provincia y comunidad autónoma, por muchísimas razones: ascensos, cambios de especialidad, etc. El control logístico de los armeros y de sus llaves se me antoja algo más complicado en estas fuerzas.

Es cierto que algunos esgrimen el manido argumento de que están las veinticuatro horas de servicio y que por ello pueden llevarse el arma a cuesta. Pero no, nanai de la China. No solo no están todo ese tiempo de servicio sino que cualquier funcionario de las FYCS, sin distinción de la placa que luzca, está obligado en todo tiempo y lugar a intervenir en defensa de la ley y de la seguridad ciudadana. O están todos o ninguno. Y la opción correcta y verdadera es la segunda. Quien piense cosa distinta demostraría ser un iluso, alguien que entró por la puerta de atrás o un paracaidista que no sabe por qué y cómo ha terminado aquí.


A todos los policías integrantes de las FYCS, amén de a otros funcionarios armados, les queda la posibilidad de hacerse con un arma personal (privada) para usarla en horas francas de servicio. El propio carné profesional cumple la función de licencia de armas tipo A. Los motivos por los que un agente puede decidir armarse en su vida privada son muchos. Aunque desde fuera pueda parecer que únicamente la portan para defenderse de posibles ataques vengativos, esta no es más que una de las muchas razones y para algunos no es la principal. Aún hay quien cree en lo que es, representa y juró. Si el ordenamiento jurídico establece la obligación de intervenir ante cualquier caso que pudiera requerirlo, siempre será mejor llevarla y no necesitarla… que necesitarla y no llevarla. Y es ahí, precisamente, cuando el que está de paseo con su familia deja de ser un mero particular para convertirse, desde el mismo instante en el que se identifica como policía, en un agente de la autoridad investido a todos los efectos de tal carácter de protección jurídica. Eso, como pueden calcular, no es estar las veinticuatro horas de servicio.

martes, 13 de enero de 2015

HOMENAJE A LOS POLICÍAS CAÍDOS EN ACTO DE SERVICIO

Por, Ernesto Pérez Vera

El texto que seguidamente van leer es mi artículo de enero de 2015 para Onda Cero Algeciras. Mensualmente aporto unos párrafos en el ‘Balcón del Estrecho’, la sección de opinión integrada en el magacín que a diario dirige María Quirós. Como en más de una ocasión ya ha ocurrido, he dedicado mis palabras a los policías. A la cabra le cuesta trabajo no tirar para el monte. Ha vuelto a ocurrir. Este mes me ha tocado un día comprendido en la primera quincena del año. O sea el periodo en el que se celebra el Día de Homenaje a los fallecidos en acto de servicio en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FYCSE). Aplaudo esta medida acordada por el Consejo de Ministros el 7 de diciembre de 2008, siendo presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero. Pero me pregunto una cosa: ¿por qué solamente se rinde tributo a los guardias civiles y policías nacionales?

Los funcionarios que integran los cuerpos dependientes de las comunidades autónomas y las corporaciones locales son tan policías como sus hermanos estatales, sin embargo en estos actos no se contempla oficialmente el recuerdo a los mismos. No olvidemos que en virtud de la Ley Orgánica 2/86, únicamente son FYCSE el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil. Los demás, 4 cuerpos autonómicos y sobre unos 1700 locales, no dependen de la Administración Central, por lo que sus agentes no conforman las FYCSE sino que genéricamente son Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, a secas.  ¿Debe cada administración regular sus eventos de recuerdo para sus propios policías caídos o debemos homenajear unidos a nivel nacional?


Para ONDA CERO Algeciras (13 de enero de 2015):
Martes 13, valiente día me ha tocado en suerte para mi primer Balcón del Estrecho de 2015. Pese a que soy supersticioso… he aceptado el envite. No, no soy un valiente, ¡ojalá! Valientes son los que diariamente asumen la enorme y vital responsabilidad de entrar en un quirófano para, tras rajar el pellejo de sus pacientes, tratar de reducir sus padeceres de salud. Valientes son quienes corren hacia las llamas cuando la gente huye de ellas. Y valientes son también, y ahí me duele más porque son mis hermanos, quienes se enfrentan a los criminales cumpliendo una sagrada y constitucional misión. Sí, ahora hablo de los integrantes de los cuerpos policiales, de todos sin distinción, porque todas las fuerzas de seguridad están obligadas a proteger el libre ejercicio de los derechos y libertades y a garantizar la seguridad ciudadana.

Ahora la sociedad se conduele por las trágicas pérdidas policiales de las últimas fechas y estrecha las manos de quienes lucen o hemos lucido placa, porra y pistola. Hoy los crespones negros y los minutos de silencio están muy bien, pero son falsos en demasiadas ocasiones. Muchos de quienes hoy aplauden al paso del féretro de un agente asesinado mientras defendía el Estado de Derecho, ayer lo criticaron exactamente por lo mismo. Ya lo he dicho muchas veces desde este mismo palco que mensualmente me presta Onda Cero: aparquemos la hipocresía y respetemos, siempre y de verdad, a estos servidores públicos.

El mismo que ahora le está poniendo la para usted siempre injusta multa, dentro de 5 minutos podría estar batiéndose el cobre con un atracador en el banco donde trabaja su hija de usted. O incluso podría estar corriendo escaleras arriba por el edificio en llamas en el que su madre, también de usted, podría verse atrapada. Algunos de estos héroes mueren ahogados tratando de rescatar a personas incautas e inconscientes que se lanzan al mar cual boyas de plomo.

Señores oyentes, les ruego que cuando se crucen por la calle con un policía lo miren con respeto, porque aunque usted no lo sepa, porque nunca lo sabrá todo, seguro que alguna vez habrá realizado hechos destacables dignos no solo de respeto sino de admiración. Hágalo con los de verde, con los de azul y con los de amarillo, porque ellos no mirarán de qué color es su carné o  su piel cuando grite socorro y pida ayuda.


No es necesario que un servidor público se derrame en una calle cualquiera para que nos acordemos de que los policías tienen padre y padre y a veces hermanos e hijos. Estos seres humanos son como usted, solo que ellos están a su servicio.