sábado, 19 de abril de 2014

Otro ángel caído...

Por, Ernesto Pérez Vera

Esto pasa en todos los cuerpos de seguridad, pero creo que en unos más que en otros. En los privados también, ¡doy fe! Cuando uno se aleja de la mediocridad, que por cierto suele ser mayoritaria en el entorno, y encima la combate o critica… ¡shungo!, que decimos en mi tierra. Eso de ir contra corriente nunca ha sido fácil, aunque sí valiente, pero poco aconsejable y nada inteligente. La corriente se mueve por las mayorías y si estas son mediocres, como antes apuntaba, shungo de verdad. Estás muerto, solo es cosa de tiempo. ¡Van a por ti! Lo notable no se perdona.


Aunque titulo el texto como Otro ángel caído, la verdad es que no deja de chirriarme. Un ángel caído es, según la unión de varias definiciones, “un ángel expulsado del Cielo por revelarse a los mandatos de Dios”. En este caso los mandatos desobedecidos, caso de que tal irreverencia se hubiese producido, no venían del Cielo sino de abajo, del Infierno. Así es, no puede venir del Cielo quien persigue, acosa, ningunea, injuria y finalmente derriba a quien ha acreditado compromiso y lealtad al trabajo, al principio de legalidad y a aquello que representa, la autoridad judicial.


Ser luciérnaga y brillar con luz propia siempre hizo que los sapos mostraran su sucia cara y mal aliento. Aunque lo cierto es que estos, los sapos, suelen perseguir, acosar, ningunear, injuriar y derribar desde la sobra. También son sujetos, en realidad malas bestias, de cerebro y corazón necrosados y excesivo tejido adiposo asomando por las orejas.

En fin, que lo han conseguido. Le han cortado las alas a un ángel azul. Lo querían descolorido y ya parece que lo han “acelestado”. Una pena. Una lástima de la que  no tendrán conocimiento quienes más van a verse perjudicados por su ausencia: los ciudadanos de su “ventoleada” villa. Siempre se dice que el tiempo pone a cada uno en su sitio, y creo que así es, pero a veces tarda demasiado. Ya es tarde para este desangelado compañero.


Por cierto, esto es cosa de maldad, odio, incompetencia y sobre todo de envidia, pero no escapan los colores políticos a estas inhumanas e injustas fechorías. Lo que los “azules” critican aquí, en mi pueblo, lo hacen allí, en el tuyo. Y con los “rojos” pasa lo mismo. Insisto, no es un asunto de banderas y colores porque todos pecan de lo mismo.

Noticia:

El portavoz de Unión Liberal por Tarifa (ULT), Carlos Núñez León, lamentó ayer que las estafas relacionadas con las inspecciones de gas publicadas en este diario, a través de una nota de prensa del área de Mercado del Consistorio, podrían haberse evitado o al menos haber disminuido de haberse celebrado la conferencia organizada por su partido y a "la que puso veto el Consistorio".

Carlos Núñez apuntó a que, el pasado mes de febrero, su partido organizó una charla que impartida por un policía local, criminólogo y experto en Seguridad Pública pretendía incidir precisamente en prevenir posibles estafas y abusos en la revisión de la instalación de gas butano. Programada por ULT se pretendía para el día 23 de febrero en el Hogar del Pensionista a partir de las 12:30 horas. Sin embargo, el concejal de la oposición apuntó a que el titular de Seguridad Ciudadana, Juan José Medina, "vetó que el agente figurara como policía local en el cartel, frustrando de esta forma la posibilidad de llevar a cabo la jornada".

El presidente del Hogar del Pensionista, José Fuentes, confirmó a este diario que se había organizado la charla pero que finalmente "no se llegó a ofrecer porque al policía que la iba a dar se lo prohibieron".

El agente que pretendía dar la charla de manera altruista, y cuya identidad se ha querido preservar por estar inmerso en acciones legales contra el edil, confirmó estos hechos y apuntó además a que "el concejal de Seguridad Ciudadana le prohibió dar la charla anunciándose como policía local" a lo que el agente se negó argumentando que formaba parte de su currículo y puso los hechos en conocimiento del alcalde, Juan Andrés Gil, solicitándole las razones por las que no podía anunciarse como agente de la Policía Local y que, según señaló, aún no le han sido comunicadas.

Sin embargo, el cruce de comunicaciones escritas con el concejal de Seguridad Ciudadana derivó en un expediente disciplinario por "grave desconsideración hacia mi persona (la del edil)", con una sanción de 20 días de suspensión de empleo y sueldo. "La estafa del gas me ha costado a mí 1.800 euros y una baja, además de que quizás se podrían haber evitado algunas de las otras estafas", apuntó el agente de la Policía Local.

Fuente, Europa Sur:

miércoles, 16 de abril de 2014

Es posible y hay que intentarlo: Fusil contra Pistola

Por, Ernesto Pérez Vera

En este vídeo (ver más abajo) podemos ver cómo se produce el ataque a un agente de policía con un fusil del calibre 7,62 x 51 mm. La agresión se llevó a cabo desde no más de 3 metros de distancia. Decir, para los no expertos, que estamos hablando de un arma larga rayada que dispara cartuchos como los que usa el Cetme modelo C, el de madera como a muchos les gusta llamarle. ¿Por qué pasó todo a esa distancia y sin que el agente tomase medidas especiales de protección? Sencillo, primero porque iba a comprobar lo que parecía una simple infracción de tráfico por mal estacionamiento; segundo porque no había motivos para sospechar nada extraño con respecto al conductor y por último, la distancia era la normal en cualquier intervención policial que requiere de identificar a personas no hostiles. El agente aún no se encontraba frente a una amenaza conocida. Desde mi punto de vista todo es normal.

Los hechos ocurrieron en Maquoketa, Iowa (Estados Unidos), y el superviviente pertenecía al departamento de policía local de dicha localidad. Ver vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=tY2HyYr6GFU

No obstante todo lo anterior, el agente supo y pudo reaccionar a tiempo cuando vio asomar el rifle por la puerta del coche, siendo él quién iniciara el fuego como así admitiría posteriormente, disparando un total de 7 veces con su pistola del calibre .40 SW. El otro consiguió disparar en 19 ocasiones con el fusil. Resultado final: el funcionario resultó herido en un antebrazo y el malo, aunque huyó, fue encontrado sin vida dentro de su vehículo. En el cuerpo del delincuente solamente fue hallada una herida de arma de fuego, pero no fue infligida por el policía sino que suicidó con una escopeta de caza que también portaba en el coche, a la vez que una pistola y abundante munición. Por cierto, todas las armas habían sido legalmente adquiridas por el finado, aunque hay que significar que carecía de licencia para portarlas ocultamente bajo el ropaje. Esto significa que podía portar su arma corta siempre que la hiciera visible cuando se encontrara en vías, lugares u otros espacios públicos.

Moraleja: se puede y debe hacer frente al contrario aunque éste esté dotado de armas con mayor potencia de fuego. He oído decir a demasiada gente que ante un atracador que dispara con un fusil de asalto o una escopeta nada podemos hacer quienes únicamente empuñamos un arma corta. Es falso, porque si bien es cierto que existe una ventaja a favor del malo, esto no implica que los buenos carezcan de opciones defensivas e incluso ofensivas. La cosa se pone más tonta todavía cuando quien divulga estas manidas leyendas urbanas coloca en las manos del bueno un revólver, o sea un arma de escasa capacidad de carga. Pero vamos a ver una cosa, en el caso iowano es cierto que el patrullero no logró abatir a su antagonista pese a que vació medio cargador, pero al menos lo puso en fuga. No solo eso sino que el otro no pudo permanecer impávido mientras el policía le replicaba, lo que sin duda abogó en beneficio del agente para que el hostil errara sus disparos. Más. El agente no se quedó estático allí en medio, se movió. ¿Lo hizo por instinto o porque estaba adiestrado de ese modo? No sabemos lo segundo, pero garantizo que sin duda se impuso lo primero. ¿Hacia dónde se desplazó? Eso sí se sabe con certeza porque el agente lo manifestó tras el suceso: se ocultó en la parte trasera del coche patrulla. Ganó distancia y se parapetó, algo lógico que se hace incluso sin recibir instrucción al respecto, pero que resulta mucho más eficaz si se entrena e interioriza mentalmente. Pero atención, en España también tenemos casos así, aunque la mayoría de la gente no las conozca. Lo ven, no solo de tiroteos en atracos vive la crónica negra policial.

martes, 15 de abril de 2014

Homicidios en EE.UU.: cifras de interés

Por, Ernesto Pérez Vera

Datos sobre Estados Unidos. Según el FBI, esa agencia federal con sabor a película holibudiense, durante 2012 perdieron la vida por apuñalamiento 1.589 ciudadanos. Usando las manos desnudas o desprovistas de armas 678 personas pasaron por la morgue. Por golpes propinados con herramientas domésticas u otros útiles cotidianos como martillos, llaves inglesas, bates, etc., perecieron 518 seres de nuestra especie. Y sorpresa, solamente fueron mortalmente abatidas por disparos de armas de fuego 322 personas. Lo sé, 322 no es una cifra baladí, pero también sé que todos esperábamos números más elevados en este segmento.



Me pregunto, ¿qué datos arrojaría España en caso de que estas cosas se estudiaran y analizaran aquí con ahínco? Personalmente creo que iríamos muy a la par con los yanquis, solo que con números más reducidos teniendo en cuenta que aquel país tiene una extensión de 9.826.675 kilómetros cuadrados frente a los 504.645 nuestros y que tenemos 47.000.000 habitantes cuando ellos suman 316.017.000. Si miramos las crónicas negras de los periódicos españoles veremos que diariamente se comenten homicidios en nuestra ibérica tierra, muchos de ellos con dolo o sea con ánimo de matar. Esta misma semana se ha cometido uno en mi comarca (en el municipio contiguo al de mi residencia), habiendo sido el arma homicida, según parece, la fuerza animal de 4 malnacidos: patadas y puñetazos. Solo el año pasado (2013) fueron asesinadas aquí a manos de sus compañeros o excompañeros sentimentales 48 mujeres. Para mayor dolor, 5 niños se suman a las mismas causas de las referidas exorizadas.  Aunque algunas de estas víctimas llegaron a ello por disparos de armas de fuego, fueron las menos al igual que en Estados Unidos.

sábado, 12 de abril de 2014

Vocación, ¿sí o no?

Por, Ernesto Pérez Vera


Soy de los que cree en lo que hace. Pienso que sin la entrega y el convencimiento total ninguna empresa puede culminarse con la máxima eficacia. Estoy seguro de que todo lo que hice en mi labor profesional estaba argumentado y dirigido a propiciar un aumento del bien común de la mayoría. La acción represiva de la Policía, siempre ejercida contra una minoría infractora, beneficia a la mayoría de los integrantes de la sociedad aun cuando se trate, por ejemplo, de imponer sencillas denuncias de tráfico. Con esta idea pasé de la infancia a la pubertad, a la juventud y más tarde a engrosar las filas de las fuerzas de seguridad. Pensar de este modo es, desde mi punto de vista, una secuela de la vocación profesional. Es creer en lo que se es y representa. Seamos policías, bomberos, médicos, jueces o carteros, algo falla si no estamos convencidos de que nuestra mera presencia bajo el uniforme, la bata o la toga es en todo momento un motivo de satisfacción y de ayuda al prójimo.


Hay quien hace de su profesión un estilo de vida, una filosofía. Algo difícil de entender por según qué perfiles humanos y profesionales. Yo soy de esos rara avis que es policía cuando habla, respira, huele e incluso cuando duerme; mientras que otros solamente trabajan de policía o en la Policía. Prometo que ahora, con tiempo y lágrimas de por medio, me hubiera gustado ser de otro modo porque creer en estas cosas te lo pone todo más difícil. Llegan masivamente a la meta quienes no creen ni en ellos mismos. Considero que quienes responden que no se sienten policías, sino que trabajan de ello, son personas que están de paso. Turistas. Paracaidistas que han caído aquí porque no encontraron mejor sitio en el que esperar la edad del jubileo. Pero los hay aún peores, como los que dicen que trabajan en la Policía (ni siquiera como policías), algo que de algún  modo denota menos compromiso. Trabajar en algo sin sentirse ese algo deja al descubierto cierta connotación chirriantemente negativa.


Algunos somos bichos raros, idealistas. Ilusos para muchos. Filósofos como Platón, Berkeley y Kant son representantes de las teorías idealistas que defienden que para poder conocer las cosas se debe tomar en cuenta la conciencia, las ideas, al sujeto y el pensamiento. Majaretas, vamos, que dirán algunos.

Dicho todo lo anterior, me pregunto: ¿puede un jefe de policía decir que no se siente policía? Parece que sí, uno lo ha dicho y otros muchos se suben al tren de la insinceridad. Un tren que lleva los vagones repletos. Leyendo una noticia en un blog de temas policiales, un jefe de Policía Local, recién ingresado en el cuerpo con la segunda máxima categoría posible y 38 años de edad, así lo dijo ante una pregunta relacionada con su vocación: ‹‹Yo no soy policía. Yo trabajo de policía. […] No aspiro a jubilarme haciendo esto. Podría hacer muchas cosas interesantes y útiles además de ser policía. Tuve la suerte de que mi familia pudo costearme unos estudios fuera de casa. Estudié empresariales››. A la pregunta de por qué abandonó su trabajo anterior, manifestó: ‹‹Tenía la sensación de que se ganaba poco y echaba muchas horas al día…››. Me surge una nueva duda, ¿da a entender que no le parece útil lo que hace ahora? ¿Es jefe de policía (más de 220 subordinados) para trabajar poco o menos que antes?



Admito que me repatea el estómago la idea de que la gente que se dedica a lo mismo que yo no sienta esta profesión como otros sí lo hacemos. También me crea dudas el hecho de que alguien que nunca ha regulado el tráfico, menos aún bajo la lluvia y/o el frío, ni detenido a personas, ni recibido improperios, patadas, escupitajos, amenazas, etc., pueda dar órdenes sobre adónde, por dónde, cómo y cuándo hacer o evitar todo eso. El libro no lo es todo, aunque nunca hay que olvidarlo ni guardarlo. Pero cuidado, a este hombre hay que reconocerle algo que también valoro mucho, la sinceridad. Este señor al menos ha tenido la decencia de decir la verdad, que pasaba por aquí cual viajero y decidió quedarse. Sin duda alguna ahora gana más dinero que antes, toda vez que durante la entrevista expuso que esa fue una de las causas que lo empujaron a cambiar de frente laboral. Y valoro esta franqueza porque bajo el sello de la vocación se esconde mucho intruso que miente con descaro o bien confunde el deseo de vestir un uniforme con el compromiso, interés y entrega que debe poner sobre la mesa quien está investido del carácter de agente de la autoridad cada vez que sale a trabajar. Por cierto, matiz importante que en otros artículos ya he recalcado: no es lo mismo ir al trabajo que ir a trabajar. El primero va y no rinde, el segundo está y produce.

domingo, 6 de abril de 2014

PUNTA HUECAS: Aumentan las ventas para los cuerpos de Policía Local

Por, Ernesto Pérez Vera


No, no me llevo comisión de nadie. Nunca me he llevado prebenda alguna por informar, aconsejar o asesorar sobre qué marca y tipo de proyectil considero más apropiado para uso policial. Ya quisiera yo. Hoy he recibido dos correos electrónicos en los que me preguntan dos amigos si estoy detrás de que determinada marca de munición esté surtiendo, cada día más, de cartuchería de punta hueca a cuerpos locales. La respuesta es esa, que no. Si bien es verdad que promuevo  ideas favorables al empleo de cartuchos montados con proyectiles expansivos, sean huecos o no, nada más que el presupuesto de mis interlocutores y la seguridad del suministro hacen que me decline por una punta u otra a la hora de señalarla con el dedo.


A ver, digamos que entre los cuatro o cinco tipos de proyectiles que más me convencen, siempre propongo aquellos que en virtud de la capacidad monetaria del adquiridor más se ajustan al número de cartuchos que conforman el pedido. En algún caso descarto tal o cual punta porque el distribuidor de la marca asegura, de antemano, que no la importa hasta nuestras fronteras. Pero en cualquier caso no me declino por marca o distribuidor alguno más que a tenor de la objetiva disponibilidad del material y de su coste en relación al potencial encargo. Precisamente uno de los cartuchos que más me gusta no suele ser adquirido dado su elevado precio, amén de las trabas burocráticas que actualmente está sufriendo el vendedor. Pero por suerte para todos, para el que busca y para el que vende, sí se están adquiriendo muchos miles de cartuchos de expansión forzada o controlada y de punta hueca. Todos son, en cualquier caso, más ventajosos que los blindados y semiblindados que tan ampliamente se adjudican en los cuerpos estatales, autonómicos y locales. Aunque no integran las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, los funcionarios de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria, agentes de la autoridad también, emplean puntas convencionales de tipo semiblindado o punta suave. 

En cuanto a si son o no legales, sobran palabras y letras. Estos proyectiles son tan lícitos que solamente quienes no sepan leer podrán decir lo contrario, porque el Reglamento de Armas no deja duda alguna. Las vilipendiadas, desconocidas y criticadas puntas huecas o expansivas podrían ser suministradas a los funcionarios de cualquiera de las instituciones anteriormente referidas. Para quienes defienden la idea de que la Guardia Civil no puede usarlas por ser un cuerpo de naturaleza militar, hay respuesta también. Leamos el último párrafo hasta el final y que cada cual ate sus cabos, sargentos, tenientes o lo que quiera atar.


A instancias del zar de Rusia se adoptó, el 11 de diciembre de 1868, la Declaración de San Petersburgo sobre la Prohibición de Proyectiles Ligeros Explosivos e Incendiarios. Fue firmado por diecisiete países. El propio Gobierno ruso dio un paso atrás después de desarrollar proyectiles ligeros que explosionaban al impacto. El espíritu de la declaración pretendía humanizar el conflicto bélico militar tratando de no causar agravamientos inútiles al sufrimiento de los soldados heridos. Este documento, junto con el Convenio de Ginebra de 1864, marcó el inicio del Derecho Internacional Humanitario. Posteriormente se celebraron en La Haya dos conferencias (1899 y 1907) sobre la regulación de la conducta en las hostilidades. Adicionalmente se firmaron tres declaraciones para prohibir, como medios de combate, el lanzamiento de proyectiles o explosivos desde globos, el empleo de gases asfixiantes y el uso de proyectiles no envueltos completamente por una protección dura o provistos de incisiones (estos últimos dum-dum). Esto, como es de suponer, es de aplicación exclusiva a conflictos bélicos entre ejércitos regulares. Guerra entre países que enfrentan a sus ejércitos oficiales.

viernes, 28 de marzo de 2014

Por mí y por todos mis compañeros del 22M

Ernesto Pérez Vera
Hay días y días. Muchas clases de días. Los que marcan son los principales, los que no se pueden olvidar. En nuestras vidas tenemos días que por la alegría que algo nos reporta no pueden ser olvidados nunca. Los hay que, por el contrario, viven siempre en nuestro recuerdo con pena, tristeza o nostalgia. Y finalmente están los que marcan “un antes y un después” en nuestras existencias. Todos tenemos de los tres.

Desde junio de 2005 mi alegría es diaria: nació mi hijo y son felices todos los segundos que Dios me permite permanecer junto a  él. La pena y el dolor llegaron después, en abril de 2009: sé que siempre estás conmigo, mamá. Pero “mi antes y mi después”, el día que me cambió la vida, se personó en 2007. El destino trazó su plan bajo el sol de agosto. No me cabe duda, cuando me desperté aquella mañana ya estaban las cartas encima de la mesa, aunque yo iniciara la partida definitiva a las cinco de la madrugada del día siguiente. El crupier de mi destino me dio cartas para que matutinamente pudiera correr, actividad físico-deportiva que me acompañó, hasta esa mañana, desde los años ochenta. Por la tarde, al ir ganando la partida, pude practicar natación, actividad en la que llevaba semanas haciendo mis pinitos. Y por la noche, justo antes de ir a levantar las cartas del paño de juego, amé. Parecía una jugada perfecta. Hice todo lo que me gustaba y necesitaba y luego me fui a trabajar, mi adición por aquel entonces.

Pero no, la cosa no había hecho más que empezar. La partida estaba aún en ciernes. La jugada final se iba a desarrollar en el casino de la calle, donde de verdad uno se juega el destino. La mano que me dio el repartidor estaba marcada. Me hicieron trampas. No regresé con los míos en muchos días, pero volví. Eso sí, roto y atornillado. Recompuesto. Transcurrieron muchos meses hasta que volví a nadar y jamás he vuelto a correr. Amar, bueno, lo que me dejan. Pero nada ha sido igual. Nada, en todo. Estas cosas, como la propia vida, nunca salen gratis. Hablo del compromiso desmedido por lo que se es y representa, policía en mi caso. Me refiero a la entrega de la defensa del bien común. Estamos hablando de la protección de los derechos y libertades, de ir contra unos pocos para que unos muchos puedan vivir mejor y más seguros. No nos quieren casi nunca, pero nos necesitan siempre. Hoy me insultan y me tiran piedras, pero mañana, o tal vez antes, esos mismos invocarán el “¡socorro, policía!”. Hay quien incluso desea nuestra eliminación olvidando que somos hijos, padres y maridos, algunos también hermanos. En fin, que pertenezco a la profesión más sacrificada, bonita, pisoteada, criticada y malentendida del mundo. Soy, como ya dije, un servidor público. No me quiera, da igual, pero llámeme si necesita que alguien lo dé todo por usted o por sus derechos. Le recuerdo que soy policía.

Hoy juego en la vida con cartas nuevas, unas veces gano y casi siempre pierdo. Pero lo bueno es que estoy aquí abajo con los que quiero. También con ustedes, los que me leen, oyen y soportan. Gracias.

viernes, 21 de marzo de 2014

MARCHANDO UN TYPICAL SPANISH

Por, Ernesto Pérez Vera

No me extraña, pero me estriñe. Esto es España y aquello también. Me refiero a San Sebastián, a Donostia. Nos quejamos continuamente de que nadie dimite aunque le encuentren el colchón relleno de billetes de 500 euros. Rajamos del nepotismo descarado y casi amparado. Nos rasgamos las vestiduras porque las medallas no las reciben los que están donde se ganan sino los que están donde se dan. Decimos que esto parece el mundo al revés. ¡Lo es! Este es el mundo del despropósito y de la poca vergüenza.  Al hilo de esto último y antes de entrar a matar y en materia, hace unos días le escribí esto por WhatsApp a un compañero: “Acabo de ver, ahora mismo, a la infamia conduciendo un coche de policía. La señora mentira tiene nombre, apellidos y luce nuevos galones en los hombros, lugar al que jamás echó trabajo”. Una vez más, la vida misma.

Ahora sí. Ahora entro a saco igual que el protagonista de esta inspiración entró en una sucursal bancaria donostiarra el 9 de julio de 2012, durante la perpetración de un atraco a mano armada. Estos párrafos son de indignación, maldición y frustración. Se vuelve a cumplir lo que muchos ya sabemos, la vida misma que dije antes: se niega el mérito a quien lo tiene. Se oculta la verdad. Se hurta el reconocimiento. Se distrae el honor. Se entierra el sacrificio. Se riega la mentira. Se premia la deshora. Se endulza el paladar al asno. Se castiga la entrega. Se quema el compromiso. Se potencia el vagabundeo. Se pisan los sueños. Se defeca en el valor. Se humilla al honrado. Se vapulea la dignidad. Se atenta contra el sentido común. Se destruye el orgullo.

Señoras y señores, esto es España para lo bueno y para lo malo. El país de los complejos. La tierra del eterno temor al qué dirán. Pero para comer jamoncito, pescaito frito, tomar buenos chatos y pillar puentes y fiestas locales, somos los mejores y estamos a la cabeza mundial. Esta es la patria del buenismo que ensalza a quien, con violencia, viola un supermercado para llevarse un carro repleto de mercancía bajo el paraguas de las siglas y de los colores. ¡Tolerancia!, palabra omnipresente en los labios de quien pretende salir en la foto. Más que una verdad manifiesta, casi una moda. Pero somos también, seguramente por todo lo anterior, el país que niega a un policía una medalla por sobrevivir a 2 tiros. No se puede aspirar a más donde rigen y reinan el colegueo y el pasteleo.

Por suerte para la familia de este agente de la autoridad, una bala impactó en el chaleco antibalas y la otra en un componente metálico del cinturón de servicio. Él, por su parte, tuvo la nefasta fortuna de sobrevivir (ironía) para ver como por matar a uno de sus antagonistas y detener al otro le iban a dar una mierda de reconocimiento. Perdonen la soez expresión, pero ahora no me sale otra cosa: ya no estoy estreñido como cuando inicié el artículo. Ahora resulta que en España, por atender una llamada de atraco y defenderse de los atracadores, se castiga el buen hacer y el no recular. Parece que ya no vale aquello de acreditar el valor y la destreza  y  poner los huevos encima de la mesa.

El argumento esgrimido hoy para no conceder la condecoración o felicitación pública al policía protagonista de estos 2 tiros, que además tuvo la pericia de colocar 3 disparos en el torso de su particular homicida, sin herir a las personas que impedidas de libertad se encontraban dentro del banco, es: que estaba de servicio. Este es el resumen de varios folios de respuesta remitidos al sindicato solicitante de un reconocimiento público por tan eficaz y valerosa intervención. Dado que estaba de servicio, hizo lo que debía y punto, sostienen sucintamente los instructores del expediente iniciado al efecto. En virtud de tan sencilla regla de tres, uno podría llegar a pensar que quienes han resuelto administrativamente el asunto creen que el agente se merecía los 2 tiros. Lo más lamentable es que a otros policías de la misma fuerza se les ha tratado de igual modo, aun cuando heroicamente culminaron servicios de la misma importancia y naturaleza encontrándose francos de servicio. Esto siempre supone un hándicap que, para algunos, no merece loas.

¡Cómo!, ¿que a qué cuerpo pertenece el funcionario? Eso no importa ahora, estas cosas pasan en todas las familias. Harina de otro costal es que trasciendan y reciban pábulo. Aquí, en definitiva, estamos hablando de dos atracos: el cometido por los pistoleros de ferro en mano y el ejecutado por un jefe de policía que con la tinta de su estilográfica reniega de lo que es y representa y de los suyos. Hace poco más de un año aplaudíamos en el cine Acto de Valor, made in USA, ¿para cuándo Acto de Justicia, made in Spain?

sábado, 15 de marzo de 2014

TITULARES QUE CONFUNDEN: policías desarmados, seguros y recámaras vacías

Por, Ernesto Pérez Vera

Entre el 14 y 15 de marzo de 2014, ayer y hoy, todos los medios de comunicación de España se hicieron eco de esta noticia: la Policía Municipal de Madrid detiene al sujeto que le arrebató la pistola a un agente al que le disparó tres veces, sin que lograra herirlo por tener el seguro puesto.

Estas noticias me preocupan por varias razones. Primero porque parece que alguien se ha apoderado del arma de fuego de un compañero y esto, seguro, no se hace para gastarle una broma al policía. Pero cuando la información salta a la palestra siempre viene acompañada del “por suerte llevaba el seguro puesto” o “menos mal que no llevaba un cartucho en la recámara”. Esto me preocupa muchísimo, de verdad. Titulares de prensa como esos quedan tatuados en las psiques de los policías que, no poseedores en su mayoría de un manejo diestro de las armas, consideran a partir de conocer la noticia que llevar el seguro activado es primordial y no hacerlo es temerario; y que trabajar con la recámara alimentada es de locos y de pistoleros. La eterna polémica.

La segunda preocupación es que pocos se detienen a pensar en cuál es la causa de que se produzcan tantos apoderamientos violentos de armas. Razón: porque los malos son muy malos, violentos y crueles. Sí, claro que sí. Pero no solo de eso vive la noticia, señores. Existen en juego otros factores: ¿todos los policías portan sus armas de fuego en fundas antihurto? ¿Están lo suficientemente familiarizados con ellas quienes sí las usan? ¿Adquieren estas fundas motu proprio los agentes o son entregadas por sus comprometidas e implicadas administraciones? ¿Los funcionarios quieren realmente usar fundas de este tipo o por el contrario prefieren inseguras pero cómodas bolsas porta armas? Y por último, ¿la solución pasa únicamente por meterle uno, dos o tres candados a la pistola que pende de la cintura? A esta pregunta final respondo, que no. La solución no está solamente en la funda, también hay que acudir a la mentalización y al adiestramiento táctico. Hay que plantearse cuatro rápidas cuestiones: adónde, por dónde, cómo y cuándo aproximarse a las personas objeto de la intervención profesional. Esto es básico y elemental en el quehacer diario de todo ser humano sano. Es el ciclo OODA: observar, orientar (organizar lo observado), decidir y actuar.

A todo esto hay que sumar el entrenamiento en el propio manejo de la funda y de su huésped: el arma. De qué sirve llevar una modernísima pistola en una fabulosa funda, si no se sabe desactivar súbitamente su sistema de retención. Y más triste y preocupante todavía: si no se conoce con soltura y seguridad  cómo manejar la pistola no se alcanzará la eficacia. Ante esto, qué más da llevar equipamiento de última generación. Prueba de que no se sabe sacar partido a la pistola por falta de instrucción y concienciación de uso es que siempre leemos y nos cuentan que el delincuente estuvo varios segundos apuntando al agente desarmado, pero nunca el otro policía (siempre se habla de una pareja en estos casos) consiguió disparar contra el agresor de su binomio. En esto no cabe alegar falta de necesidad o proporción de medios, toda vez que si ante un tío violento que apunta con un arma  no se puede disparar, mejor que quien piense así cuelgue las botas en la taquilla y no engañe a nadie más.

Por otra parte, aunque sea verdad que a veces nos arrebatan alguna pistola, porque verdad sí que es, ¿siempre se produce este acto cuando el arma descansa en su pistolera? No, siempre no. Todos hemos visto alguna vez el arma de un compañero tirada en el suelo durante carreras, saltos y trepas de muros y vallas. ¿A que sí? Esto ocurre, como norma general, porque se utiliza una funda muy inadecuada o una adecuada, mal empleada. Más. ¿Nos quitan el arma de las manos alguna vez? Sí, también. Existen sonadísimos casos made in Spain de policías a los que de sus propias manos les fueron arrebatadas las pistolas. ¿Por qué puede suceder esta modalidad? Seguramente porque a veces se desenfunda sin excesiva razón o motivación (de haberla en esos casos, ¿por qué no disparó el agente?) y porque se presenta el arma de forma poco o nada segura ante el sospechoso. Aunque esto puede pasarle a cualquiera, incluso estando bien adiestrado, es más que probable que le suceda a quien menos mentalización e instrucción posee. Aquí no vale la idea “táctica” que más de una vez le he oído a algunos y que además practican: “si no me bajo del coche y paso de todo, nada me ocurrirá”. ¡Falso! Lo primero que les ocurrirá es que yo los llamaré mierdas y asquerosos, seguro que muchos de ustedes también lo harán (tildarlos así). Y lo segundo es que se engañan ellos solitos. Estas cosas no suelen producirse en intervenciones policiales delicadas de las que uno pueda esperar cualquier cosa. Estas situaciones se suelen presentar, como todas las que acaban siendo complicadas, en los servicios más rutinarios y aparentemente nimios: entregar citaciones y notificaciones, requerimientos por ruidos vecinales molestos, etc.

Un detalle, ¿se puede accionar en la pistola HK-USP-C (pistola de la Policía Municipal de Madrid) el disparador cuando el seguro manual está activado? Creo que no. Podrá tocarse, acariciarse y presionarse, pero no apretarse. Entiendo por apretar, en este asunto, que se tira de él (disparador) en su total recorrido. No sé, seguramente es una mala interpretación periodista la empleada por la Prensa. Una anécdota: hace años, cuando yo era novato en la Policía (2000), un compañero me dijo que una vez le quitaron la pistola durante una intervención. Era de otro cuerpo. Creo que fue en un cacheo, durante un control de carretera. Me dijo que él y varios más se tiraron encima del malo para reducirlo antes de que disparara, porque el tío estaba apretando el continuamente el gatillo. Manifestó que aún recordaba el sonido que hizo el martillo al caer tres veces en vacío, sin que saliera el disparo por estar el seguro puesto.

Como yo siempre quise saber más de todo esto, le pregunté cuál fue la primera reacción del choro cuando se apoderó de su Star BM. Respondió que el fulano empezó a apretar el disparador posesamente, que lo hizo al menos tres veces: clap, clap, clap. O sea que el malo pilló la pipa y, sin más manipulación, tiró tres veces en vació. ¡Era falso! Naturalmente se lo dije, pocas veces me callo. Es imposible que con esa pistola de simple acción pueda suceder eso. El agente, por descontado, no llevaba cartucho en la recámara. Se lo expliqué razonada y mecánicamente, pero él insistía en que sí, que él oyó el martillo caer hasta tres veces. Incluso creo que sostuvo que lo visualizó. No sé si mentía deliberadamente, si estaba muy confuso o si su pistola era una BM especialmente diseñada o modificada para él. Puede incluso, y tal vez sea esto lo que pasó, que el descontrol emocional del momento le hiciera ver, oír y elucubrar fantasías. Si fue así, no fantaseó porque quiso sino porque no pudo evitar que su cerebro buscara respuestas y cuando no las encontró… las inventó.

Esto abre y alarga el debate: ¿es tiempo o no de meditar sobre el back-up, o arma de respaldo? ¿Es realmente una locura permitir y en su caso potenciar la idea de portar un segundo arma oculta a la vista de terceros? Si los agentes de unidades especiales llevan hasta tres armas, una siempre en la mano, ¿por qué el patrullero de la porra solo puede llevar una y con miedo a usarla?