martes, 1 de septiembre de 2015

PALABRA DE POLI CALLEJERO

Os presento un artículo de Pepe Moreno, un policía que sabe de lo que habla y que solo habla de lo que sabe. Un servidor público que ha luchado, expuestamente, contra el feroz terrorismo de la ETA de los ochenta. Años de plomo, no solo en el Norte. Un funcionario que funciona. Un tío que se ha enfrentado mil veces a situaciones que la mayoría de la gente solo ve en la gran pantalla. Un padre temeroso de lo que esta hipócrita sociedad pueda dejar en herencia a sus hijas. Un marido que más de una vez ha estado a punto de no regresar a casa. Un compañero que conoce lo que hay detrás de las cortinas con las que algunos policías hacen toda la campaña, ascenso tras ascenso, muchos de ellos. Un ejemplo. Un espejo en el que poder mirarse las nuevas generaciones de hombres de azul. Un lujo, vamos.

Pepe es un señor al que no todos sus iguales y mandos consideran justamente. ¿Que por qué? Pues muy sencillo, por todo lo antedicho. Esto es España, no lo olviden. Por si no lo había comentado aún, Moreno, que está esperando que la jubilación en breve le alcance por edad, sigue laborando en un coche patrulla. Turno a turno, noche a noche, vela incansablemente por el sueño de los que duermen.

No abundan los azules como Moreno, pero haberlos haylos. Sirvan mis palabras de homenaje a este Pepe y cuantos más existan, aunque no tenga el honor de conocerlos. También hago extensivo estos elogios a quienes con compromiso y por profesionalidad doblan el lomo en todas las profesiones. Ser policía es lo más grande, pero hay quien trabaja el doble de horas que nosotros, por la mitad de sueldo. A veces no sé quiénes son realmente los héroes.

Ernesto Pérez Vera

A tenor de lo recientemente ocurrido en Galicia con un músico en tratamiento psiquiátrico y con una pareja de la Guardia Civil, dice nuestro Pepe Moreno:

Esta película ya la he visto muchas veces.  A ver, ¿cuál era el titulo…? ¡Ah!, ya me acuerdo: "Sospechosos habituales, que siempre hacen las cosas mal y que encima son unos fascistas".

Vamos a dejarnos de pajas mentales. Cada día siento más asco por los expertos que opinan de lo que no saben, pero que van de espléndidos. Estoy hasta los cojones de Disney. De verdad que no, los conejos no bailan con los zorros en el mundo real. Creo que igual en este caso no hay que achacar el resultado de la intervención a la mejor o peor formación en tiro. Un tirador de elite encerrado en una habitación con un pirado armado no lo hubiera hecho mejor. A ver cuándo se van a enterar, de una vez por todas, de que no nos pueden exigir dar en el dedo meñique de la mano desarmada del agresor.

Desde mi punto de vista, el principal error es decir que se ha disparado a partes no vitales. Coño, se ha disparado donde se ha podido, para salvar la vida. Esto no es ilegal, es un derecho reconocido en el ordenamiento jurídico. Vaya por delante mi pésame a la viuda, pero los guardias también tienen mujeres, ¿o acaso son de segunda división humana? Estoy seguro de que no es el caso, pero en otros similares todo el interés estaba motivado por algún leguleyo que le dijo a la doliente familia que esto sonaba al clin-clin del duro metal.  Que el Estado paga bien.

Con respecto a la colaboración con los servicios médicos, es cierto que vamos de apoyo. Pero si la situación se desmadra nos quedamos solitos ¿Sería correcto que nos escondiéramos detrás de los galenos, o lo correcto es apechugar? Todo el mundo hace hincapié en la formación policial para casos de esta índole, mas nadie lo hace respecto a la formación de los sanitarios y sobre su equipamiento material.  En Madrid,  el SAMUR cuenta desde hace años con unidades especializadas para estas movidas. Están equipadas con chalecos antibalas, escudos y cascos. Además, no piensen que van con un ramo de flores.

Trabajo en una ciudad ni chica ni grande. Tenemos un hospital con no menos de seis celadores en la puerta de Urgencias, además de personal de seguridad privada. Ni que decir tiene que también hay psiquiatras. Pues bien, cuando se presenta un cliente violento con enajenación mental nos llaman a nosotros. ¿Por qué? Pues porque somos muy facilones y nunca decimos que no. Nos comemos los marrones por cubos. Por cierto, a los atracos nadie nos acompaña.

Una experta profesora universitaria que da clases a futuros doctores quiere, y así lo ha expresado en un medio de prensa, que seamos especialistas en tiro, en atención a pacientes agresivos, en incendios, en materia penal, etc. Demonios, entonces sobrarían los demás gremios.

Señores expertos, por favor, tengan a bien publicar algún día un listado de sus logros. Ustedes opinan de todo y luego no saben de nada. Profesora, ¿sabría usted decirme si el cartucho de dotación de los agentes era el más adecuado para intervenciones policiales? Ni idea, ¿verdad? Lo imaginaba.

Por cierto, ahora en la Policía Nacional nos van a dotar de espráis de defensa. Me he quedado helado al leer el memorándum de presentación. Dice que es un medio intermedio entre la defensa, o porra, y la pistola. Tremendo. Seguro que también lo ha afirmado un experto.

Señores, buen servicio.

domingo, 30 de agosto de 2015

JUSTICIA SÍ, IGNORANCIA NO

Por, Ernesto Pérez Vera

De nuevo al ataque. Otra vez toca jugar al despelleje de quienes exponen sus vidas para defender las nuestras. Ya solo queda encabezar algún titular de prensa con aquello de “¡a por ellos, que son pocos y sus pistolas tiran agua!”. El disparo que recientemente acabó con la vida de una persona con trastornos de bipolaridad está dando lo suyo, como era de esperar. Nuestra ignorante e hipócrita sociedad no está preparada para casi nada serio. Los hechos sucedieron el 26 de agosto (2015) en el municipio de pontevedrés de Ponteareas, cuando una pareja de la Guardia Civil (GC) fue comisionada por la Central Operativa de Servicio de la Comandancia, al efecto de atender una llamada que alertaba sobre un presunto delito de malos tratos en el ámbito familiar.

Lamentablemente, nadie había informado a la fuerza actuante de que el presunto maltratador era un enfermo que estaba en tratamiento médico por problemas de salud mental, y que pocos días antes había dejado la medicación, o parte de la misma, por indicaciones facultativas. Según el diario El País, del día siguiente, la mujer del finado había sido herida por su marido, logrando zafarse de él con la ayuda de un vecino. En la escena, a la llegada de los guardias, ya había una ambulancia medicalizada. Parece que alguien la había requerido antes que al propio cuerpo policial. Este mismo medio de prensa asegura que en la vivienda permanecía un bebé, y que el padre se había encerrado con él en la casa. El hombre, según señalan todas las partes, se mostraba muy violento.


Tras convencer al varón para que liberara al niño, los agentes se entrevistaron con el sujeto, quien, según una nota de prensa hecha pública por la Subdelegación del Gobierno, “los recibió en ropa interior, muy agresivo, muy violento, con cubiertos de cocina en una mano y gritando que iba a cortar a todos en picadillo”. El resultado final es muy triste, porque aunque un guardia civil resultara herido en la cara con un útil de cocina, que pudiera tratarse de un cuchillo, el fallecimiento de quien sufría taras mentales causa mucha pena. Según varias fuentes, de la acción agresora del hostil y de la respuesta defensiva de uno de los agentes, al ver como atentaban contra su compañero, fue testigo el médico de la unidad móvil sanitaria allí destacada.

El letal disparo entró por la región abdominal, sin que por el momento se haya precisado más al respecto. El tiro se dirigió a partes no vitales, según la GC. Ahora hay quien dice, sin haberse visto jamás en nada semejante, que mientras el facultativo decidía cómo afrontar el asunto, ambos guardias debieron dejarse acuchillar. No sería la primera vez que los sanitarios tienen que pirarse por patas para evitar lesiones propias, incluso con presencia policial in situ. Ahora es muy socorrido decir que los intervinientes debieron conducir la situación como expertos psiquiatras. Uno ha dicho que los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado saben de psiquiatría para abordar este tipo de servicios. Sí, lo que están leyendo, que los más o menos 140.000 guardias civiles y policías nacionales saben tela de esto. Un psiquiatra forense explica en Público.es (29 de agosto): “Las Fuerzas del Orden no están entrenadas para este tipo de situaciones, es más, solo deben actuar cuando existe un riesgo muy grande para la vida de las personas. El médico es quien debe tener ayudantes y colaboradores que van a contener al enfermo. La Guardia Civil y la Policía Nacional tienen nociones de psiquiatría pero no tienen por qué saber lo que hay que hacer”. ¡Manda huevos! La culpa es de las cúpulas, quienes a buen seguro se jactan de estas fábulas en las comelonas de gambas, y claro… la peña se lo cree.

Según Público.es, numerosos expertos con los que han consultado se han pronunciado en el mismo sentido: existe desproporción, por tratarse de dos agentes frente a un individuo armado con un cuchillo. Me pregunto a quién carajo le habrán preguntado. Apuesto que no han tocado en la puerta de policías supervivientes a movidas de estas. Tampoco habrán contactado con neurocientíficos especializados en la materia. Posiblemente telefonearon a Don Pimpón, a la Gallina Caponata, o al Monstruo de las Galletas. Pero lo más probable es que el timbre pulsado fuese el de alguien que no tiene ni puta idea de esto, por más jefe que sea del cuerpo que sea, por más instructor que acredite ser, y por más gaitas que toque entre pelotazos cargados de hielo y aliñados con agua de fuego.

Una experta en investigación criminal y profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense, se expresa así en el mismo medio de información antes referido: “Ante una persona fuera de sí que lleva un arma, y en este caso un cuchillo es un arma, es evidente que el agente tiene que defenderse. Pero se supone que un policía o un guardia civil debe saber defenderse para contener a un enfermo en ese estado y, además, no había uno, sino dos. Deberían estar preparados al salir de la academia para enfrentarse a una situación así”.


La clave la tiene la profesora al decir “se supone”. Efectivamente, señora, se suponen muchas cosas, pero las realidades son otras. Se supone que todos los agentes de la autoridad saben usar eficazmente sus pistolas, pero resulta que muchísimos no saben na de na de su arma. Algunos no saben ni desarmarla para limpiarla. Otros, que no son pocos, llevan sus pistolas a mitad carga en aras de una mayor comodidad de porte. Pero hay quienes incluso las llevan sin balas, alegando miedo a que se las quiten para dispararle. Pero claro, se supone que esto que acabo de decir es una mentira muy gorda, que nadie corroborará oficialmente, solo que es verdad y no una suposición. El que en la barra de un bar barato vacila de llevar años sin ir al tiro, es el primero que tira piedras contra quienes abogan por la formación continua verdadera. Es una desvergüenza conocida por todos, amparada por la mayoría. 

Por fin las asociaciones y los sindicatos de los cuerpos estatales no ocultan que el adiestramiento es pésimo. Porque dejen que les diga que saber cómo no volarse un pie en la línea de tiro de la galería, en modo alguno significa que se sepa manejar una pistola. Pero hasta hace muy pocos años, no más de cinco, se despotricaba contra quienes públicamente denunciábamos todo esto.

Esta experta profesora de galenos asegura que “es extraño que la Comandancia de la Guardia Civil diga que el agente disparara al abdomen como zona no vital. El abdomen es una zona vital. Evidentemente, en una pelea es fácil fallar el tiro… para un inexperto. Para mí la pregunta es, ¿salen realmente los agentes de la Guardia Civil o de la Policía preparados para abordar estas situaciones? Lo que hay que hacer es disparar a un brazo o a una pierna, a las extremidades”.

Yo le respondo, señora, ha vuelto a suponer que los agentes que protagonizaron lo de Galicia eran expertos en tiro. No sé si vivo en el país de las suposiciones, o en el de las maravillas de Alicia. A este paso Platero será descendiente directo de Babieca. Por supuesto que no, señora profesora, naturalmente que los policías no salen preparados de las academias. Es muy complicado convertir a un hombre mentalmente sano, en un hombre capaz de disparar rápidamente a otros seres humanos. Tenga en cuenta que el tiro se imparte en un cuarto de hora. Reina el miedo a la extracción del arma, algo que se inculca desde que se dan los primeros pasos en la profesión. En la inoculación participan mandos, instructores e iguales, lo que no quita que existan especímenes capacitados, claro está.

A los policías se nos entrena para aprobar la asignatura apuntando y haciendo buenas puntuaciones deportivas en cachas de tiro asépticas. Aunque se niegue desde las altas instancias, el tiro es aquello a lo que los estudiantes de su facultad llaman “asignatura María”. Se da, se toca, se tiene que hacer, pero todo muy por encima, con miedo y sin mucho interés. Nada de realismo. Cero compromiso. Mejor no le cuento cómo y cuánto se entrena anualmente cuando se abandona el régimen académico, no me creería. Raras son las fuerzas en las que se han tomado medidas, siendo estas dependientes de corporaciones municipales.

El problema es de amplio espectro. Atañe al poli de la calle, al instructor de la plantilla, al jefe de la unidad, al programa de formación de alumnos, al programa de reciclaje, al plan de estudio de los instructores, a los mandos superiores, a los sindicatos y a los políticos. Por cierto, hay cuerpos que carecen de planes de adiestramiento anual. Y aquellos que cuentan con ellos no siempre los cumplen, y cuando lo hacen… no siempre los ejecutan al cien por cien de la manera reglamentada. Como dije anteriormente, esto sigue siendo una María, pero mimetizada.


No la he tomado con ella, de verdad, pero es que esta mujer ha dicho tanto a lo que se le puede sacar punta, que no voy a perder la ocasión. Obviamente, no es experta en temas relacionados con armas, tiros y balazos, aunque sin duda sabrá mucho de medicina aplicable a un paciente tiroteado, si es que es facultativa, porque este extremo no se aclara en la prensa referida. Confunde términos como disparar, apuntar e impactar. Aunque sostiene que “cuando disparas influyen muchas variables”, y es cierto, luego añade: “Las extremidades serían zonas no vitales, pero si disparas a una persona al hombro y le das en una arteria, se desangra en nada. Lo mejor sería el antebrazo, o en las piernas, pero también habría que evitar la zona de la cadera y un poco más hacia abajo, porque ahí tenemos la arteria femoral”. ¡A ver, por Dios!, ¿a qué zona se puede disparar para que el malo no muera por un balazo, mientras quien dispara se expone a fallecer? El buenismo nos está dejando majaretas.

A quienes piensan de este modo tengo que decirles que una cosa es disparar a un sitio, se apunte o no se apunte, cosa que cuando la acción es sorpresiva y a corta distancia no suele dar tiempo, y otra cosa es acertar allí donde queríamos acertar. Supongamos que disfruto de dos o tres segundos para apuntar correctamente hacía un pie de quien avanza con un cuchillo en dirección a mí desde, por ejemplo, siete metros: cuando haga sonar mi arma es muy probable que si permanezco impertérrito, cosa improbable por efecto del estrés de supervivencia y de la psicofisilogía, el proyectil alcance ya la zona tibial, el muslo, o incluso la cadera. Todo dependerá de la velocidad a la que el atacante avance, siempre que yo, la parte que debe defenderse, me haya quedado quito como Manolete ante los astados. ¡Pero saben algo!, si permanecemos en bipedestación estática cuando un tío corre machete en mano hacia nuestra posición…, es que estamos mentalmente bloqueados, o es que padecemos alguna alteración psicológica. El miedo es sano y no siempre controlable. No tener miedo a una puñalada no es valentía, como en las películas de Chuck Norris, es psicopatía. Carecer de miedo es una patología. Esto no es una alabanza a los agonías del canguelo, que también conozco a un buen puñado.


El remate lo pone un líder sindical de un cuerpo del Estado, que no ve adecuado formar a los 140.000 agentes de la autoridad que dependen del Ministerio del Interior, para que sean tiradores de élite. Pues es cierto, yo tampoco lo veo necesario. Pero saber manejar la pistola con seguridad real, amén de disparar mínimamente bien, no es ser un tirador de élite sino lo mínimo que se espera de una persona que trabaja con una pipa en la cintura.

No hay que consumir miles de cartuchos por funcionario y año, como hacen en las unidades especiales de asalto antiterrorista. Voy a pronunciarme a la baja: doscientos cincuenta tiros anuales pueden ser suficientes, aunque lo ideal sería el doble, no llegando a cien el máximo de la media actual. No hay que gastar munición haciendo las chorradas insulsas que marcan los planes de reciclaje, sino disparar con conocimiento de cómo se producen los encuentros armados y de cómo reaccionamos los seres humanos, policías o no policías, cuando advertimos un peligro cierto y vital. También cuando el riesgo no es tan vital, aun cuando así sea percibido por los sentidos que informan al cerebro para que este adopte respuestas. Ya toca hacer las cosas bien y con seriedad. Como Dios manda. Desde mi punto de vista, se están diciendo muchas paparruchas en la prensa. Menudo daño se le está causando al bien común.

Ahora sí levantan la mano desde algunas instituciones para pedir pistolas de impulsos eléctricos para los suyos. Pero hace un rato, ayer como aquel que dice, se rajaba de aquellos agentes de la autoridad que ya contaban con estos medios. Bastantes cuerpos locales llevan años trabajando con Taser, aunque algunos compañeros de otras fuerzas negaran su necesidad, su eficacia y hasta su legalidad. Ahora no, ahora ya es bueno, imprescindible y lícito. Hasta que no nos parten los cristales de casa no sabemos cuánto frió puede entrar por un agujero.

viernes, 28 de agosto de 2015

EL CINE ESPAÑOL Y LAS PISTOLAS MARCA 'ACME'

Por,  Ernesto Pérez Vera


No sé si será por la edad, por mi natural carácter agrio (aunque yo creo que soy un ‘cashondo’), o qué, pero tengo que volver a despotricar contra nuestro cine patrio. Solo soy un simple aficionado. Para nada me considero cinéfilo. Ojalá supiera del séptimo arte tanto como algunos amigos que me rodean, pero es que siempre que veo una película española en la que aparecen policías, militares y/o armas, me guste o no la trama y las interpretaciones, detecto errores imperdonables. Tomaduras de pelo. Fantasías que la peña traga, rumia y luego pone en circulación como si de hechos ciertos y reales se trataran. Si pasa con lo que viene desde la otra parte del charco, cómo no iba a suceder con lo autóctono.

Sí, lo sé, los fallos que a continuación voy a mencionar son indetectables por la inmensísima mayoría de espectadores. Me consta que la gente paga una butaca para otras cosas, yo también, pero es que tengo la manía de reparar en estos detalles. También sé que esto no es Hollywood, donde los presupuestos de maquillaje de una sola peli superan los costes totales de tres de las nuestras; pero con solamente cien pavitos podrían disimularse muchas cositas.


Hoy ha sido “Fuego” (2014), dirigida por Luis Marías y protagonizada por José Coronado, Aida Folch y Leire Berrocal, entre otros. Que conste que el novelesco guión me ha encantado. También los exteriores me han parecido fantásticos y me han recordado a mi amigo de Bilbao, recientemente desaparecido, Tomás Carrillo, con quien paseé, en unión otros dos compañeros, por zonas vizcaínas muy similares a las vistas en este largometraje. Pero joder, al único arma que sale en toda película, un revólver, se le ve en una escena un claro fresado en el cañón, lo que sin duda lo convierte en un arma inutilizada. Pienso que se puede tratar de un Colt Python, un maravilloso hierro con el que tuve la suerte de disparar bastantes cartuchos en los años ochenta, pero que desde entonces no he vuelto a catar.

Un poquito de por favor, hombre, que si esto iba de policías y de ETA… que menos que las armas (una en realidad) no pareciesen de la marca Acme, que es la que emplean en el universo de los dibujitos animados.

Para los pocos planos en los que el arma hace acto de presencia podrían haber comprado, o incluso pedido prestado, un revólver de juguete de esos que disparan bolitas de plástico. Un instrumento de estos hubiese causado mejor impresión, porque el lamentable estado de conservación de la pieza daba asquito y no cuela que un policía retirado, poseedor de la licencia de armas tipo B, se pasee con un trasto así.

Pero no queda ahí la cosa. Al final, ya para terminar, aparecen dos miembros de la policía autonómica vasca. En pantalla, hasta ese momento, únicamente habían aparecido de uniforme tres extras vestidos casi como agentes del Cuerpo Nacional de Policía. Y digo casi porque dado que se supone que están en la actualidad, y que esto se estrenó en 2014, qué menos que hubiesen lucido un uniforme no descatalogado. Pero vuelvo a lo de los agentes autonómicos, quienes precisamente se encontraban realizando una detención: sus fundas pistoleras estaban tan vacías, que al verlo he sangrado por los ojos. Aquí no puedo valorar lo de sus uniformes, porque no los tengo controlados.


Insisto, la película me ha gustado.

Veranear no siempre es estar de vacaciones

Con Javier Galán en Marbella, tras pasar una estupenda tarde de charla a tres bandas, hasta el ocaso, con otro amigo, compañero y colaborador.

Javier, que representa en España a la prestigiosa marca norteamericana de productos policiales y militares 5.11, firma  este artículo sobre la Semana Táctica Solidaria publicado en la revista "Tactical Online" (julio/2015). Haciendo gala de su apellido, el autor del texto tuvo a bien mencionar la obra "En la línea de fuego", libro que ya tiene casi devorado: http://aasias.info/semana-tactica-solidaria-2015/

miércoles, 26 de agosto de 2015

III PARTE de la entrevista publicada por “POLICÍAS ESPAÑA”

11.- Como tienes experiencia en los tres campos, tanto Ejército, como seguridad privada, como FyCS, ¿cuál de los tres es el que está más abierto a realizar cambios en positivo sobre armamento y formas de entrenamiento? ¿Y el que más ha evolucionado?


Del Ejército a día de hoy conozco poco sus entresijos, aunque sí sé que ha evolucionado mucho desde que estuve en un cuartel. Hace ya veinte años de aquello, así que no sé si la comparación merece la pena. En la seguridad privada creo que se ha evolucionado poco o nada, por más que en los papeles todo parezca maravilloso. Y en las fuerzas policiales sí ha habido una evolución destacable: antes estábamos en el fondo de una caverna y ahora estamos asomándonos por una esquina de la salida. Pero indudablemente, en los cuerpos dependientes de las corporaciones locales es donde el salto hacia delante ha sido más destacable. No obstante, hay mucho que hacer todavía. Tenemos sobre mil setecientos cuerpos municipales, por lo que los hay en la vanguardia más puntera y también anclados en el pleistoceno. Todo va en función del mando y éste, como norma general, procede de las bases del propio cuerpo. Como ya he dicho en muchos foros: necesitamos policías que de verdad crean en lo que son  y representan, y jefes que se sientan policías (esto es extrapolable a todas las fuerzas). España no solamente sufre una crisis económica, la de principios y valores es mucho mayor y más antigua y la Policía no escapa a ello. Las fuerzas se nutren de la materia prima humana que la sociedad ofrece (sobran más palabras).


12.- Respecto a los tres libros que has publicado, ¿han ido en una evolución o cada uno es independiente del otro?  ¿Algún nuevo proyecto?

Yo creo que los tres son independientes, si bien el segundo y el tercero sí están relacionados en cuanto a la materia. El primero versaba sobre la Historia de la Policía de Gibraltar, “Una mirada desde la Verja: policías en la Roca”. La obra fue editada por GEU, Grupo Editorial Universitario, y la nutrían catorce entrevistas efectuadas a mandos y policías españoles y gibraltareños. Gente que entró en la Policía en los años cincuenta, sesenta y setenta (siglo XX). Policías que vivieron momentos duros y tiernos entre la diplomacia de ambas partes, pero que siempre (hoy también) mantuvieron muy buenas relaciones personales y profesionales con los compañeros de enfrente. Este libro es ideal para todo aquel que sienta pasión por las historias de policías. La gente no se imagina lo apasionante que resulta su lectura: se han vendido dos ediciones.

El ‘ebook’ “Con vocación de servicio: armas cortas reglamentarias” lo escribí con Pedro Pablo Domínguez Prieto, un buen amigo. Perico es licenciado en Criminología, detective privado y tirador deportivo. Estuvo varios años en el norte de España ejerciendo como escolta privado. Aquí incorporamos varios artículos míos. Y Pedro diseccionó en palabras y comentarios numerosas armas cortas de dotación en los diferentes cuerpos españoles. Para mí el protagonista de este libro es Perico.

El último, “En la línea de fuego”, está siendo un gran éxito de ventas: febrero nos sorprendió con el puesto número uno en ventas de Amazon, a nivel de libros electrónicos en la sección Libertad y Seguridad Política. Fernando y yo estamos muy contentos, pero más aún la editorial Tecnos (la más veterana del Grupo Anaya).

Hemos presentado el libro en Ávila (Escuela del CNP), Tarragona, Bilbao, Valencia, Cádiz, Sevilla, Zaragoza, Burgos y La Línea de la Concepción. Existen numerosos guiños desde diversos puntos de la geografía nacional para que vayamos a presentarlo y dar conferencias. La segunda edición aumentada lleva meses en las tiendas y se está vendiendo igual de bien que la anterior.  Para este libro hemos entrevistado a treinta policías de toda España. Gente que ha sobrevivido a tiro limpio. Funcionarios que mataron o hirieron a sus atacantes. Agentes que en muchos casos resultaron gravemente heridos. Pero también hay quien nos cuenta que no reaccionó y que se bloqueó mentalmente, sin poder defenderse.

Fernando y yo mantenemos abierto un par de nuevos proyectos, pero están muy en ciernes aún. Todavía estamos disfrutando de las mieles de “En la línea de fuego”.


13.- En tu libro "En la línea de fuego" una de las historias es tuya.  ¿El libro surgió de la necesidad de contar tu historia al mundo y de quitarte esa mochila? ¿Te ha servido de desahogo?


Este libro era una necesidad casi cronológica. Llevaba años hablando de cómo se producen los enfrentamientos armados. Contaba lo que algún superviviente me contaba. Pero una mala madrugada  yo mismo me convertí en superviviente. Aunque tardé años en poner en marcha el libro, siempre tuve en la cabeza la idea de contar mi caso algún día. Al final el mío ha sido uno de los veintidós que narramos en la obra. Para mí ha sido muy terapéutico y varios protagonistas más me han expresado lo mismo (alguno entre lágrimas). Tengo que admitir que la idea de arranque de este proyecto editorial partió de Fernando. Él fue quien tuvo la idea de hacer algo juntos.


14.- ¿Está todo escrito sobre el estrés en los enfrentamientos armados y no se le hace el suficiente caso, o por el contrario aún quedan muchas líneas por escribir a ese respecto?

No creo que todo esté escrito, pero claro yo no soy científico.

Sobre este asunto hay una obra imprescindible que todo el mundo debería leer, comprender y asimilar. Es un libro que aparece reflejado en la bibliografía de “En la línea de fuego”, se trata de “Sobre el combate”, de Davis Grossman. Durante mucho tiempo he tenido que traducir los artículos de este teniente coronel psicólogo de las fuerzas armadas estadounidenses, pero ahora, por fin, tenemos su libro en lengua cervantina. Es difícil imaginar que haya una obra mejor que esta, aunque en Estados Unidos se han editado grandes maravillas al respecto.  


15.- En esto del "tiro táctico" hay mucho "maestrillo". ¿Cuáles han sido las principales personas que han influido positiva o negativamente para que ahora tengas tu propia opinión en estos asuntos?

Bueno, primero debo decir que yo no hago tiro táctico. Yo siempre he sido muy realista y no entreno o aprendo a asaltar buques, trenes, aviones o edificios. Es más, de eso creo que no sé nada. Esas misiones no le corresponden a un policía de la porra, que es lo que yo siempre he sido, por más detenciones que haya efectuado, y droga haya incautado. Yo era consciente de que durante una identificación, o durante la aproximación al lugar de un robo, o en el curso de una riña, podría sufrir un atentado con armas. De hecho, siempre me cuidé especialmente de los potenciales ataques con armas blancas. Eso entrenaba y eso enseñaba. Pero igual que creo saber distinguir entre las necesidades de un policía convencional y de uno de operaciones especiales, pienso que hay gente que a duras penas sabe enseñar a no dispararse en los pies en una línea de tiro deportivo, pero sin pudor cruzan la línea y se dedican a mostrar cómo se asaltan barcos y centrales petroleras.

A mí me han contactado para que diese instrucción con armas largas, pero he rehusado: no es mi campo. Lo mío es el arma corta. Pero deja que diga algo, veo acertado que los policías patrulleros sepan moverse en lugares cerrados. No es que tengan que saber asaltar edificios, pero sí tienen que aprender a moverse tácticamente en ellos. Es habitual que los policías tengan que entrar en viviendas, tiendas y naves industriales en las que se han cometido ilícitos, pudiendo encontrarse los delincuentes en el interior en el momento de la intervención policial. Pero de ahí a jugar a los SWAT va un abismo. Digo lo de jugar porque hay quien invierte su tiempo en asaltar casas en unión de ocho tíos más, fusiles de asalto en ristre, y no saben desarmar sus pistolas, o disparar eficazmente en doble acción.

Los nombres que suelo mencionar como referentes personales son Cecilio Andrade, Javier Pecci y Joaquín Hernández. Aunque he entrenado con Gabe Suárez, el instructor norteamericano, aquello no fue más que eso, entrenar (magnífico entrenamiento, por cierto). Los referentes y las influencias son otra cosa más profunda. Siempre presumo de pertenecer a la misma promoción de instructores de tiro que el insigne Eduardo de Cobos, el agente local tinerfeño que lleva el nombre de España y de su unidad, Unipol, por todo el mundo. ¡Qué lujo!

Continuará…

miércoles, 19 de agosto de 2015

TEST BALÍSTICO ADEREZADO CON UN POCO DE TODO

Por, Ernesto Pérez Vera

Porque no me canso, porque soy un pelmazo y porque me apasiona el tema, paso a contarles en qué ha consistido la última prueba balística que he realizado. Como ya viene siendo habitual, esta evaluación se ha llevado a cabo con métodos totalmente domésticos. Si bien es cierto que los resultados obtenidos no son definitivos ni absolutos, sí que pueden ser muy orientativos para aquellos que quieran o necesiten meditar sobre ellos, por más que algunos necios se obstinen en seguir metiendo palitos entre los radios de la rueda evolutiva.

El test aspiraba a conocer, insisto que caseramente, qué capacidad de perforación tenían 10 proyectiles del calibre 9mm Parabellum. El elenco estaba conformado por: Remington Golden Saber 147gr; Hornady FTX 135+P; Remington Golden Saber 124+P; Fiocchi Gas Check 123gr (plomo); Hornady FTX 115gr; Magtech 115gr Punta Hueca; Fiocchi Black Mamba 100gr; Ruag SeCa 99gr; Fiocchi EMB 92gr y Men QD-PEP-II 91gr.

Como pueden comprobar, los protagonistas de esta función no eran figurantes, quiero decir que no eran cartuchos al uso de esos que normalmente habitan en los cargadores de nuestros policías. No, por una razón: todos sabemos ya, de antemano, que lo comúnmente utilizado se excede en cuanto a penetración se refiere; no queriéndose enterar de ello, ni de los riesgos que esto comporta, quienes deciden qué sí y qué no tienen que disparar los encargados de hacer cumplir la ley. Por ello los proyectiles blindados y semiblindados no fueron convocados al castin. ¡Pa qué!

El Fiocchi de plomo grafiteado (123gr), un producto muy consumido por los tiradores deportivos y, aunque en menor medida, también por numerosos cuerpos locales de policía y por no pocas empresas de seguridad privada, era el más normalito de cuantos cartuchos fueron testados. Una punta que, todo hay que decirlo, no solamente he usado a nivel de dotación policial, sino que incluso sigo utilizando actualmente en el ámbito personal. Tan es verdad que este cartucho concebido para uso deportivo es adquirido por algunas fuerzas de seguridad, que un compañero de promoción de este servidor de ustedes metió uno de estos proyectiles en el tórax de un atracador, tras haber perforado la luna delantera del coche sustraído en el que huían él y su compinche, a la par que acometían al funcionario con el propio automóvil.

Dejen que siga con la anécdota protagonizada por aquel policía (febrero de 2001). Como quiera que procedía de la Legión española, donde había ejercido durante 8 años, habiendo alcanzado el empleo de cabo primero en su última etapa castrense, algunos periódicos se apresuraron a decir que la munición utilizada era perforante, dado su color negro. Sostuvieron, además, que la bala estaba compuesta de uranio empobrecido y que había sido traída por el legionario desde los Balcanes, en su regreso a España después de haber participado en varias misiones internacionales. Así es, bobos unidos con las manos entrelazadas en aras del despropósito, de la desinformación y del “vamos a echar un poco de mierda, que los atracadores son pobres víctimas del sistema capitalista y fascista representado por los agentes de la autoridad”.

Pero saben qué, y esto es muy lamentable y preocupante, que la retorcida falacia partió de los labios de un instructor de la Policía que, a su vez, la comentó con otro compañero quien, también a su vez, se la contó a otro y así sucesivamente hasta que la absurda información recaló en la redacción de aquellos noticieros. Que a nadie le queda duda: los políticos de la oposición local entraron de cabeza en el túnel de la mentira con ánimo de rascar titulares de prensa, de balbucear más minutos en la radio afín y de pasear abultadas bolsas de basura con las siglas de algunos sindicatos policiales.

Yo mismo fui preguntado en su momento por la veracidad del origen de aquel cartucho de plomo. Manifesté, siempre que fui interpelado, que aquella cromática luctuosa, porque la bala efectivamente era negra, procedía del revestimiento de grafito proporcionado en fábrica. Tuve que aclarar que el grafito es un lubricante natural derivado del carbón y que de ahí aquel tono zaino. Pero mis palabras no interesaron: en esta profesión mía, en la que la agonía y la envidia dominan todos rincones y lubrican los resortes de las poltronas, perro sí come perro. Por cierto, y ya finiquito este asunto, el malo no falleció por las heridas infligidas. El proyectil, tras recorrer un importante tramo de su cuerpo, quedó alojado en su interior, después de haber descrito una trayectoria descendente desde la zona pectoral hacia la región lumbar. Aunque estos mismos cartuchos también pueden suministrarse impregnados con teflón, esto ni mucho menos brinda a la bala propiedades perforantes, como algunos vociferan.

Seguimos hablando de los demás actores que dan vida a este texto. Dijérase de ellos que eran cartuchos casi exóticos. Por más que poco a poco se estén imponiendo entre los integrantes de nuestros cuerpos de seguridad pública, las puntas expansivas siguen siendo muy desconocidas. Esto eran en su mayoría los demás miembros del reparto del día, proyectiles expansivos, aunque no todos fuesen huecos. Se contó con la excepcional participación del liviano Black Mamba (100gr), el cual no deja de ser un mero proyectil blindado, de atractivo nombre y suculento aspecto.

El blanco, algo tan importante como los propios proyectiles contra él dirigidos, era lo que muy reducida y básicamente somos los seres humanos, agua contenida, protegida y vestida; contenida celular y extracelularmente, protegida por la piel, el órgano más grande de nuestro cuerpo, y vestida con prendas textiles. No olvidemos que el agua es el principal componente del cuerpo humano: un 75% al nacer y un 10% menos en la edad adulta. 

He tirado, a lo largo de varias jornadas, contra garrafas de agua potable comercial. Los contenedores, de 5 litros de capacidad, fueron dispuestos en vertical unos pegados a los otros. Significar que el espesor o profundidad de cada botella era de 15 centímetros. La primera de ellas, la garrafa que debía recibir el primer envite, fue vestida con una capa de tejido textil 100% algodón. Por tratarse de un experimento completamente casero, hasta días antes la tela había formado parte de un pantalón tipo “chino” usado y unas cuantas veces lavado a máquina. Importante: el arma utilizada fue una Glock 26 y la distancia de fuego 3 metros.

Si de un proyectil de arma corta destinado a misiones policiales se espera que no sobrepenetre el cuerpo impactado, ¿cuál de los aquí presentados se detuvo en la segunda garrafa, o sea tras cruzar 30 centímetros de tejido plástico y acuoso, sin perforar la tercera botella (potencial baja colateral)? Según estudios publicados por el FBI, agencia norteamericana de seguridad que no necesita presentación, un proyectil de defensa debería contar con capacidad para penetrar un cuerpo humano entre 28 y 35 centímetros. Hay que tener en cuenta que en el curso de los enfrentamientos armados los tiros no siempre se colocan frontalmente en sus destinatarios, como por otra parte sí ocurre en las siluetas de papel empleadas en los campos de tiro convencionales. En la vida real la gente tiene miedo y se mueve ante la posibilidad de ser “tocada”, tanto si en el pecho luce una placa como si asoma una jeringuilla tatuada. Todos quieren acertar, sin ser acertados, por lo que las balas pueden describir extrañas trayectorias lesivas. Ahí fuera el sudor huele diferente, a no ser que estemos hablando de psicópatas. En la calle se sangra, por lo que todo es distinto a como sucede en las asépticas galerías.

Para que se hagan una idea, mi hijo de 10 años de edad cuenta con una distancia de brazo a brazo de 40 centímetros, medidos en posición de firme. Y yo, que le llevo 35 años, y miles de tortillas de patatas de ventaja, sumo 52 centímetros. Por tanto, y según el FBI, una buena bala expansiva debería quedarse en el interior de mi caja torácica si esta penetrase perfectamente alineada de brazo a brazo, a la altura del paquete muscular.

Voy a exponer, creo que sin muchas más dilaciones ni matizaciones, los datos arrojados en las pruebas realizadas. Quiero reconocer que lo ideal hubiese sido efectuar 5 disparos con cada tipo de cartucho, para posteriormente calcular las medias. Pero siendo la prueba tan casera como las natillas que hacía mi madre, hasta aquí puedo llegar con el único apoyo, que no es poco, de mis ganas y de unos cuantos amigos. Básico como el instinto de supervivencia que es uno, hasta que algún benefactor me ofrezca medios. O mejor aún sería que yo no tuviera que contar qué hago y cómo lo hago, porque este tipo de asuntos se encontraran ya superados por investigaciones oficiales autóctonas. Informes públicos, sin complejos. Que dejen ya de contarnos milongas y que la Administración se moje de una vez por todas. Fundemos el club de la verdad y clausuremos los chiringuitos enmoquetados que algunos han convertido negocios presididos por sus bastones de mando.
El FBI, obviamente, lleva a término este tipo de pruebas con métodos y materiales mucho más sofisticados y científicos. Emplea gelatina balística 250-A, rebajada al 10%, con la que construye bloques de 25x25x50 centímetros que, mantenidos a una temperatura de 4ºC, ofrecen una textura similar a la media de un cuerpo humano, incluyendo la densidad de todos los órganos. Está claro que no es la panacea, pero por el momento es, posiblemente, el mejor material disponible para experimentar en este campo.

DATOS:

1.- Fiocchi Gas Check 123gr: se detuvo en el interior de la séptima garrafa (105cm). El proyectil fue recuperado con su correspondiente tapa latón (gas-check) engarzada en la base, sin deformación alguna y, por tanto, sin apreciable pérdida de masa.

2.- Fiocchi Black Mamba 100gr: perforó cuatro garrafas (60cm), fracturó la quinta y rebotó hacia la derecha de la línea de blancos. El proyectil fue recuperado sin deformación alguna (expansión cero), a casi dos metros de la última garrafa.

3.- Hornady FTX 135+P: perforó cuatro garrafas (60cm), recuperándose el proyectil en el interior esta última. La punta alcanzó una bella y homogénea expansión de 14 milímetros, sin apreciable pérdida de masa. También fue hallado, con visibles lesiones, el tapón de goma (rojo) que cerraba la ojiva. Repetida la prueba una vez más, la bala no pudo ser localizada tras atravesar la cuarta garrafa de modo tangencial, debido a una trayectoria lateral descrita por el proyectil.

4.- Ruag SeCa 99gr: realizada la prueba en dos ocasiones, los proyectiles penetraron hasta la cuarta garrafa (60cm). No se produjo aparente pérdida de masa, ofreciendo las balas una expansión uniforme de 11 milímetros, que era lo que aproximadamente se esperaba.

5.- Remington Golden Saber 147gr: perforó tres garrafas (45cm) y aboyó la pared de salida de esta última. El proyectil fue recuperado sin apreciable pérdida de masa, presentado una bonita expansión de 14 milímetros.

6.- Remington Golden Saber 124+P: perforó hasta la tercera garrafa (45cm). El proyectil fue recuperado en dos partes, núcleo y envuelta, alcanzando 12 y 16 milímetros de expansión respectivamente. No se produjo apreciable pérdida de masa.

7.- Men QD-PEP-II 91gr: perforó tres garrafas (45cm), recuperándose el proyectil sin apreciable pérdida de masa. La deformación presentada fue mínima, 10 milímetros, lo que realmente se esperaba. La caperuza de plástico (azul) que sellaba la ojiva fue hallada junto al proyectil, desprendida de este.

8.- Magtech Punta Hueca (JHP) 115gr: el proyectil se descompuso en varios trozos. Quedaron claramente identificadas dos lascas de la envuelta (una de mayor tamaño que la otra), que fueron recuperadas en la segunda garrafa, y el núcleo expandido hasta 13 milímetros, que fue hallado en el interior de la tercera.

9.- Hornady FTX 115gr: perforó dos garrafas (30cm). El proyectil fue recuperado completamente abierto, alcanzando 20 brutales milímetros de expansión. Visualmente no fue detectada pérdida de masa. También fue hallado, con visibles lesiones, el tapón de goma (rojo) que cerraba la ojiva.

10.- Fiocchi EMB 92gr: perforó dos garrafas (30cm). El proyectil fue recuperado con 17 impresionantes milímetros de expansión uniforme, sin apreciable pérdida de masa.

Este texto concluye ampliando la exposición hecha en el primer párrafo: la información aquí vertida no es absoluta, ni mucho menos definitiva. Para alcanzar un veredicto objetivo habría que observar qué comportamiento arrojaron estos mismos proyectiles frente a, por ejemplo, arcilla, lunas de vehículos no blindados, prendas balísticas, varias capas de tejido textil convencional, etc.

Ahora, amigos lectores, piensen detenidamente qué clase de cartuchos utilizan durante el servicio, si son profesionales armados, o para defensa personal, si son civiles no inermes. Parece que determinados proyectiles, en virtud de su peso, carga de proyección y configuración o diseño, pueden penetrar suficientes centímetros como para herir a un hostil, atravesarlo y luego, por mano del diablo, lesionar a terceras personas. Pero insisto, las tropecientas garrafas reventadas en aras de obtener estos datos no contenían ni huesos ni carne, y además únicamente estaban arropadas por una sola capa de tela. Para colmo, ningún enser doméstico urbano, como un mueble de salón, un cristal, o una puerta de madera, se interpuso en la trayectoria de estos proyectiles. Sin embargo, en la vida real esto sí suele ocurrir, pudiendo desvirtuarse cualquier teoría preconcebida.

lunes, 17 de agosto de 2015

Si lo dicen ellos suena mejor y más alto

Por, Ernesto Pérez Vera


Interesantísima noticia la publicada el 7 de enero 2013 en el USA Today, el periódico de mayor tirada y seguimiento de Estados Unidos (2,25 millones de ejemplares diarios). Aunque ha trascurrido un año, en aquel momento ya quedó reflejada en mi muro de Facebook. El periodista Kevin Johnson se hizo eco de la mutación filosófica del Federal Bureau of Investigation (FBI), en lo referente al entrenamiento con armas de fuego. Aunque esta agencia dependiente del Departamento de Justicia estudia los enfrentamientos armados en los que se ven envueltos los agentes de la autoridad (informes anuales Leoka, sobre los que he escrito durante varios años), ha tardado décadas en ponerse las pilas y en aplicarse aquellas conclusiones que los cuerpos locales ya venían teniendo en cuenta para el adiestramiento de sus miembros. El sistema de formación del FBI llevaba 30 años sin ser modificado.


El FBI ha hecho público que en los últimos 17 años sus agentes se han visto implicados en 200 tiroteos y que el 75% de ellos se produjeron a no más de 3 yardas de distancia (menos de 3 metros). Esto coincide con los datos finales que la propia agencia federal exterioriza anualmente, cada vez que informa sobre los encuentros armados que protagonizan los agentes del orden de aquel país. Por cierto, 2011 cerró su programa estadístico con 63 policías asesinados, y 2012 con 48. Bud Colonna, jefe de la Unidad de Capacitación de Tiro del FBI, dijo que las circunstancias relacionadas con aquellas muertes habían agregado ‘mucho peso’ a los cambios implementados ahora en la propia oficina federal. También confirmó, respecto a los 63 homicidios referidos, que se produjeron en el curso de actuaciones policiales de lo más cotidianas.

Hasta la fecha de la noticia, los federales pasaban trimestralmente por la galería tiro. En cada convocatoria efectuaban 50 disparos, ejecutando más de la mitad a distancias de entre 15 y 25 metros. El nuevo programa de entrenamiento aumenta el consumo de cartuchos hasta 60, realizándose 40 disparos a distancias de entre 3 y 7 metros. Esto se llama evolución, pero no puedo ocultar mi extrañeza al saber que esta gente ha tardado tanto tiempo en equipararse a los cuerpos metropolitanos o locales. Aunque parezca mentira, hasta estos momentos los ejercicios de tiro del FBI se hacían con fundas no cubiertas por prendas de vestir, cuando ellos siempre trabajan de paisano y abusando de las chaquetas, americanas y de los blazers (es casi una seña de identidad para ellos). Entre las variaciones estudiadas está practicar con ropas que cubran la pistolera. Esto obliga a los tiradores a aprender cómo apartar la prenda para posteriormente desenfundar, empuñar y encarar o presentar el arma. El propio director de la agencia, Robert Muelle, ha supervisado personalmente los protocolos del nuevo sistema de programación de los entrenamientos. Bajó a la Tierra y cumplió, como uno más, con el nuevo plan anual de tiro.

También se está poniendo un énfasis especial en la formación dirigida a resolver situaciones de enfrentamiento en lugares cerrados. Esto es algo generalizado a lo largo de todo el país y en todas las instituciones armadas, después de los últimos sucesos luctuosos conocidos de tiradores activos en centros educativos (colegios, institutos y universidades) y lúdicos (cines, restaurantes y centro comerciales).

Desde febrero de 2013, en Quantico, Virginia (sede de la Academia del FBI), se entrena también con un simulador virtual de tiro Motion Reality. El sistema se emplea para que los funcionarios aprendan cómo despejar debidamente los espacios cerrados (habitaciones y edificios completos). Puede albergar hasta 6 agentes a la vez y todo lo realizado queda debidamente filmado para que, posteriormente, los instructores lleven a cabo los pertinentes análisis y las correcciones oportunas sobre los actuantes. EL HRT, Hostage Rescue Team (Equipo de Rescate de Rehenes), también ha probado el simulador. Sus integrantes manifiestan que ofrece infinitas posibilidades, lo que va a permitir abandonar el actual sistema de construcción física, total o parcial, de los escenarios objeto de asaltos reales. Tom McLaughlin, que es el director comercial de Motion Reality, presentó el sistema asegurando que no existe otro con ese nivel de posibilidades. McLaughlin, dijo: “El cerebro cree que esto es real”. Motion Reality tiene su sede en Georgia (Estados Unidos) y en 2005 ganó un premio por sus logros en la animación de personajes y por su tecnología para la captura de movimientos. Por cierto, la unidad de entrenamiento con armas de fuego y la de escenarios virtuales son independientes.


Algunos cuerpos de seguridad españoles, como la Policía Municipal de Madrid, León, Valladolid y el Cuerpo Nacional de Policía (Academia de Ávila), entre otros, ya han experimentado con simuladores virtuales Indra, cuyo fabricante radica en León (España). A nivel castrense empleamos, en según qué fase del adiestramiento y dependiendo de la unidad, diversos medios virtuales de tiro, tanto de combate como de precisión. Pero esto no es un invento del siglo XXI, en 1930 la Policía de Alemania ya lo usaba: http://blog.modernmechanix.com/trained-to-get-their-man-on-the-run/


Para los neófitos puede parecer que las conclusiones arriba reflejadas, respecto a los enfrentamientos a cortas distancias, son algo novedoso que tenemos que copiar y aplicar en España. Nada de eso. Somos muchos, aunque no tantos como debiéramos ser, los instructores españoles que basamos nuestras enseñanzas en esa misma línea o filosofía. Quienes entrenan conmigo, o siguen mis artículos, saben que soy muy reiterativo en ello. Solo así se puede avanzar en la dirección correcta para cambiar y evolucionar.

viernes, 14 de agosto de 2015

EL SILENCIO DEL MIEDO

Por, Ernesto Pérez Vera
 
Mi abuelo Justo Pérez Montero, excombatiente de
nuestra  guerra fratricida 

«Hubo un golpe de mano ruso y me pegaron un tiro en la cabeza. Al principio no me di cuenta, seguí a lo mío. Al rato perdí el conocimiento. […] El miedo es el silencio. Cuando hay un tiroteo no se piensa en nada, pero el silencio de las trincheras es terrible porque te da opción a pensar y pensar es el mayor enemigo. Pensar da miedo. Un ruso se me coló en la trinchera por detrás sin que lo viera. Pudo haberme matado fácilmente, pero me pidió pasarse al lado alemán. […] En la oscuridad del frente se ve, puedes ver un cigarrillo a dos kilómetros de distancia».

Estas palabras forman parte de la entrevista realizada por P. Ingelmo y R. Navas a José González Rodríguez, para Europa Sur (30 de enero de 2011). José González, natural de Cádiz, luchó en Rusia con la División Azul. Tenía ochentainueve años cuando se sometió a los periodistas. Hay quien con menos de la mitad de años que él, y sin haber pegado más de cuatro tiros jugando a los soldaditos en el campo de maniobras, niega que pueda ser verdad cada línea manifestada por este excombatiente. El guerrillero engaritado en su despacho, a la sazón lamedor botas y sin par abrillantador de bayonetas y de ratones de ordenador, sostiene que el miedo es un invento que cuatro majaretas han inventado, o hemos inventado, esta misma mañana.

¡Te quieres ir ya por ahí, mamarracho!

DE INTERÉS POLICIAL Y SOCIAL

Por, Ernesto Pérez Vera

Seguidamente podrán leer un fantástico artículo que para nada tiene reflejo en nuestra comunidad policial (la española). Eso sí, da que pensar: allí los jefes se cierran en banda para no variar sus programas de entrenamiento, de cara a descender en cuanto a los niveles de fuerza; mientras que aquí  también urge abandonar los actuales programas de entrenamiento, pero de cara a aumentar el nivel general de los policías. En España los niveles de fuerza no están definidos, ni los propios medios materiales de uso diario dejan muchas variantes a la hora de responder. Los protocolos y las prácticas periódicas de tiro, si es que acaso existen en muchas plantillas y cuando sí existen si es que acaso se cumplen, son escuetas, ridículas, seudodeportivas, prehistóricas e infecundas. Los ejercicios de tiro son una broma o un chiste de mal gusto en demasiadas unidades y cuerpos. Son meros trámites burocráticos y administrativos que normalmente, si es que se llevan a cabo, no cumplen con lo decretado. Son, de forma alarmantemente mayoritaria, una mentira disfrazada para engañar a los funcionarios y a la sociedad. Una autoemboscada, vamos.


La mentalidad de la mayoría de nuestros instructores y mandos es, sobre esta materia, como un páramo incendiado, ya yermo y estéril. Nuestra mentalidad es la completamente opuesta a la de los gringos. Pienso que el punto intermedio entre ambas ideas es el punto justo y coherente del equilibrio seguridad-policial y garantía ciudadana.

Lee aquí el artículo al que se hace referencia y que está traducido al español por Fernando Pérez Pacho, psicólogo clínico y coautor de “En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados: http://psipolicial.blogspot.com.es/2015/08/el-entrenamiento-del-policia-contribuye.html