lunes, 27 de octubre de 2014

“EN LA LÍNEA DE FUEGO: LA REALIDAD DE LOS ENFRENTAMIENTOS ARMADOS” se presenta en Bilbao

El próximo jueves 13 de noviembre, en un acto organizado por la Policía Municipal de Bilbao (PMB), ambos autores presentamos el libro en el Centro Cívico de Rekalde, sito en la calle Travesía Altube nº 6 (Bilbao). Coordina y dirige el evento el oficial de la PMB Tomás Carrillo Marín. La presentación del libro se celebrará en el marco de una jornada técnica en horario de 09,00 a 14,00 horas y 16,00 y 20,00 horas.



A las 09,15 horas, Mario Martín, instructor de tiro policial y criminólogo, conferenciará sobre “Medios de Defensa y Armamento Policial”. A las 11,00 horas dará inició la segunda ponencia: Enfrentamiento Armado: mi vivencia personal. Correrá a cargo de un policía que sobrevivió a un tiroteo y que es, además, protagonista de la obra “EN LA LÍNEA DE FUEGO”. Ya por la tarde, a las 16,00 horas, se presentará el libro y se abrirá un debate sobre los enfrentamientos armados. Al finalizar el acto los autores firmarán libros.


No será posible adquirir ejemplares ‘in situ’, pero varias librerías locales aumentarán sus existencias para poder afrontar las potenciales ventas: librería TINTAS (Alameda San Mamés, 40); librería GOMILA  (Ledesma, 22) y librería SANTOS OCHOA (Simón Bolívar, 19).


Inscripción gratuita: 944204534  en  formacion.ssc@ayto.bilbao.net



Plazas: Limitadas

sábado, 25 de octubre de 2014

Presentación de “En la línea de fuego”: Jornada Formativa Policial en Cataluña

Por, LRB

Durante la jornada del jueves 23 de octubre, tres campogibraltareños protagonizaron una Jornada de Formación Policial en Calafell (Tarragona), organizada por  la Internacional Police Association (IPA) de Viladecans. Ernesto Pérez Vera, policía jubilado de la plantilla de La Línea de la Concepción; Asunción Barranco, psicóloga de organizaciones y Luis Romero, periodista, disertaron ante casi dos centenares de policías de toda Cataluña y de otros puntos de España, sobre balística terminal, psicofisiología de los enfrentamientos y comunicación corporativa policial, respectivamente.
El alcalde de Calafell, Joan Olivella Ricart, inauguró la jornada que contó también con la participación, en una mesa de debate, del fiscal Ignacio Abinzano Murillo; del abrogado José María Fuster Fabra y del médico del Servicio de Emergencias Médicas de Cataluña, Valentín Río Solá.

Con el Cabo Vadillo
Las ponencias fueron seguidas de turnos de preguntas por parte de los expertos de la mesa de debate y de los agentes presentes, prolongándose la Jornada desde las 9,30 de la mañana hasta pasadas las 20,30 horas.

Ernesto Pérez, que además de su ponencia presentó su libro, En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados, abordó la importante decisión que deben adoptar todos los cuerpos de seguridad que actúan en entornos urbanos respecto a la munición más conveniente que deberían portar sus agentes, teniendo en cuenta que las sobrepenetraciones en este tipo de escenarios pueden causar lesiones graves a terceras personas. Repasó los distintos tipos de munición potencialmente asequibles y las pruebas realizadas sobre su nivel de transferencia de energía y los distintos niveles de deformación que sufren dependiendo de su composición y diseño.


Asunción Barranco puso de relieve La realidad de nuestra herencia genética como Homo sapiens y los instintos que salen a relucir en los momentos más críticos, entre ellos en los enfrentamientos armados que viven los funcionarios y demás operadores de seguridad. “El policía es un hombre, antes que nada, y su instinto originario ante una situación de peligro es el de huir o protegerse”.  



Iniciando la presentación del libro  

Por eso, añadió, “los policías deben ser conscientes de que esa va a ser su primera intención ante la presencia de una amenaza y que para modularla de acuerdo a su obligación profesional  (legal), deben adiestrarse adecuadamente para controlar ese instinto”.

Luis Romero expuso a los presentes la relevancia de la comunicación corporativa, que se ha convertido en un elemento transversal de su quehacer y que debe estar presente en el planeamiento de las distintas acciones y servicios desde su inicio y no ser algo que solamente se plantea cuando éstos han concluido. Explicó la relevancia de las redes sociales y comentó con detalle la experiencia de éxito que ha supuesto el Twitter del Cuerpo Nacional de Policía, el Twitter de un cuerpo policial más seguido en el mundo, con 1,14 millones de seguidores, por delante del Twitter del FBI, que no llega al millón. También insistió en la necesidad de que los cuerpos policiales, a todos los niveles, cuenten con profesionales de la comunicación para servir mejor sus intereses.

Firma de ejemplares
La expectación provocada por esta Jornada se puso de manifiesto, además de por la presencia de dos centenares de personas, por la larga cola de asistentes que se formó cuando Ernesto Pérez se ofreció a firmar ejemplares de su libro, en el que junto al psicólogo clínico Fernando Pérez Pacho, narra 22 enfrentamientos armados de 27 policías de todos los cuerpos españoles, sacando las enseñanzas oportunas de cada uno de esos casos.

lunes, 13 de octubre de 2014

A veces la verdad queda grabada, ¡aprendamos de ella!

Por, Ernesto Pérez Vera

Gracias al blog “Vídeos de Interés Policial” he conocido la filmación que enlazo en esta entrada. ¡Gracias, Mario!

Aquellos que dicen que eso de levantar las manos ante una acción hostil sorpresiva a corta distancia es un cuento chino, espero que vean este vídeo sin legañas cerebrales. Como la grabación nos llega con acento norteamericano, tal vez ahora sí admitan que esas cosas no son milongas para rellenas párrafos. Que ganar distancia con pasos hacia retaguardia es otra acción no meditada que surge porque no se suele poder ir contra ella, también queda de manifiesto en el caso que propongo visionar. Nada de lo que vamos a ver es nuevo. A todos nos duelen los ojos de verlo en enfrentamientos reales. A ver si los especialistas en tácticas de colocación de pisapapeles sobre la mesa dicen algo nuevo esta vez. No hace falta llevar cartucho en la recámara, ¿verdad, listos? Los Wyatt Earp de pacotilla que dicen que siempre es mejor montar el arma ante el agresor, ¿qué dirán hoy? ¿Seguirán balbuceando que siempre da tiempo a quitar 3 seguros de la funda, extraer el arma, quitarle el seguro manual, montarla, apuntar, disparar y encima acertar con eficacia…? ¡Sí, muchos de ellos lo dirán… pero cada vez menos! ¡Qué decir de eso que tanto postulo del tiro súbito a una mano a estas distancias…! Cuando los agentes reaccionan y se reponen al lógico y natural sobresalto, disparan con una sola mano. ¿Daba tiempo a algo más…?

Insisto, hay mil vídeos de casos reales en los que ver la verdad, pero este vídeo aglutina tantas cosas que merece la pena ser devorado desde el punto de vista analítico. Ver vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=RiBM4d6-HP8#t=19

Por favor, lean estos 2 párrafos y luego regresen al visionado y comentario del vídeo que da vida a este hilo. Lo que seguidamente van a leer está extraído del artículo “Dummies I. Neurología Táctica para Dummies”, del doctor Cecilio Andrade (soldado español de Infantería).

El 25 % de las conexiones nerviosas de nuestro cuerpo son exclusivamente para las manos y el 15 % para los brazos, quedando el 65 % restante a repartir por el resto del organismo. Ese 25 % controla la gran habilidad, capacidad y respuesta que tienen nuestras manos ante tantos eventos que el ser humano ejecuta a lo largo de su evolución en el planeta. Junto con ese 15 % de los brazos empezamos a comprender por qué el ser humano es un ser gesticulante. Hablamos y expresamos más con las manos y brazos que con los labios. Estas mismas habilidades actúan a una velocidad aparentemente inhumana ante situaciones de estrés y supervivencia.

¿Cuál es el gesto innato? El que comentamos con el caso del “susto”: brazos al frente. Para golpear, frenar, agarrar o, en el peor de los casos, que el extinto tigre dientes de sable me muerda el brazo dándome tiempo  a defenderme o recibir ayuda y salvar la vida… aun a costa del miembro superior. Es por ello que la instrucción con armas de fuego debe ser tan esmerada, continua, diaria, actualizada y sobre todo realista. Ante un ataque sorpresivo no es natural bajar la mano (para desenfundar). No es instintivo ni lo programado, pero si es lo que debemos grabar a base de repeticiones correctas, diarias y continuas, hasta que podamos realmente reaccionar así. Pero cuidado, lo grabado en nuestros genes, instintos innatos, siempre prevalecerá sobre lo aprendido. (…) Volveremos a actuar de un modo similar de un cromañón.

viernes, 10 de octubre de 2014

¡Zapatero, a tus zapatos!

Por, Ernesto Pérez Vera

El presidente de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores Daniel Bernabéu, médico en ejercicio, ha arremetido verbalmente contra el consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, también facultativo de carrera… pero no en ejercicio. En “Herrera en la Onda”, el programa que Carlos Herrera dirige en Onda Cero (radio), Bernabéu ha venido a decir esta mañana algo así como que Rodríguez está informando a los medios de comunicación, como político y médico, sobre qué está pasando con el ébola en su comunidad, cuando es más lo primero que lo segundo porque lleva muchísimos años sin ejercer la medicina. O sea que está diciendo, amparado en el diploma, qué hacer y cómo, cuando la verdad es que no ve un termómetro desde que Colón partió de Palos.

No entiendo de medicina, ojalá, pero me preocupa lo del ébola. Pero bueno, vamos a donde yo quería llegar. Lo que Bernabéu ha manifestado me ha recordado a algo que sucedió hace pocos días en una conferencia. Yo no estaba allí, pero varios amigos presentes me lo han comentado. Según parece, un fiscal que hace varias décadas fue inspector de policía en un cuerpo ya extinto, disertó sobre qué sí y qué no podía y debía hacer un policía cuando un semejante se tira encima y empieza a darle puñaladas. Para el expolicía parece que era fácil, de boquilla naturalmente, desarmar al criminal, reducirlo y engrilletarlo sin pegarle un solo tiro. En fin, que él no veía ajustado a Derecho el empleo del fuego contra el filo. Creo que el paralelismo es bueno: un tío que no ha visto los pasillos de un hospital en décadas cree saber qué hay que hacer con enfermedades que no llegó ni a estudiar, y un policía preconstitucional defiende que sabe de procedimientos y medios policiales del siglo XXI. 

Lo más lamentable y vergonzoso es que cuando el fiscal acabó su ponencia se levantó y se fue sin oír a los expertos en instrucción policial, amén de a un médico especializado en Psicofisiología del Estrés, que seguidamente iban a tomar la palabra.Tampoco se quedó para escuchar lo que tenía que decir al respecto un juez de instrucción. Sea como fuere, aquel expolicía no llegó a enterarse, porque no quería bajarse del burro, de que tres expertos en diferentes campos tiraron por tierra sus ilusorias teorías. Un trasnochado que se había tragado el sapo años atrás y que lo había reforzado viendo teleseries baratas. Es malo para él, pues no aprendió, pero también es malo para la sociedad en general. Tipos como este no hacen más que seguir echando leña en la máquina del pavor y la mentira. Por cosas como estas leemos atestados e informes internos en los que 6 agentes declaran que el malo salió pegando tiros y encañonando a todos los presentes, pero que ninguno de los policías actuantes se atrevió a dispararle. Por suerte para todos no solamente los policías fallan sus disparos…, y sálvese el que pueda. Ya es hora de que muchos se quiten las orejeras y las gafas de madera. Por suerte, el reloj de la verdad va sumando minutos en la dirección correcta, pero a veces parece que es de arena.

domingo, 5 de octubre de 2014

Con acento yanqui

Por, Ernesto Pérez Vera

Ahora todo parece más verdad porque lo dicen con acento gringo. Ya publiqué un artículo que hablaba de ello: http://www.armas.es/articulos/906-policial/31909-si-lo-dicen-ellos-suena-mejor-el-fbi-entrena-a-no-mas-de-7-metros.html?hitcount=0.
 
Gracias a mi amigo el doctor Cecilio Andrade he accedido a este interesante artículo norteamericano, en el que el FBI publica un estudio sobre varias circunstancias y factores intervinientes y determinantes en el encuentro armado. Nunca descubrí nada nuevo con mi artículo, pero sí me atreví a decirlo en español. Algunos salieron a la palestra para llamarme “vende humo”, porque mi procedencia es andaluza y mi acento inglés inexistente. Hoy, desde allende los mares, nos llegan conclusiones en la misma onda. Ahora, porque suena como en los documentales y grandes producciones cinematográficas, darán más valor, o al menos alguno, a aquello de lo que rajaron por venir de Cádiz y no de Miami: http://loadoutroom.com/12077/fbi-going-9mm-comes-science/


Según nos dice en 2014 el FBI, no era tan descabellado pensar que el calibre 9 mm Parabellum ofrece algunas ventajas sobre sus rivales más actuales (.40 S&W y .45 ACP), especialmente si se utiliza con modernos proyectiles científicamente diseñados. ¡Ah!, también insisten en algo obvio en lo que realmente debemos centrar la atención: lo importante de un proyectil no siempre es su calibre sino el punto del cuerpo en el que impactemos; pero también la capacidad de penetración con la que el proyectil cuente para poder alcanzar órganos internos importantes.

Por cierto, mi querido y apreciado amigo Pedro Pablo Domínguez no está de acuerdo con estas tesis. Respetable. Pero Perico piensa lo que piensa en base a sus teorías y estudios como licenciado en Criminología (es, además, un apasionado de estas cosas), los cuales no pasan por ser de seguimiento de corrientes venidas de fuera, como única posible verdad.

sábado, 4 de octubre de 2014

Chalecos de protección balística: una necesidad, no una moda

Por, Ernesto Pérez Vera

Parece que hablamos de las cosas según las modas y tendencias que nos llegan del otro lado del charco, pero lo cierto es que esto solamente ocurre a veces. De un tiempo a esta parte estamos liados con los chalecos de protección balística, de lo escasos que son en la mayoría de cuerpos de seguridad. Es uno de los actuales debates: llevarlo o no llevarlo, he ahí la cuestión. No es una novedad, pero sí una actualidad. Hace sobre dos meses, en agosto, la Prensa se hizo eco de la adquisición de 1.000 de estas prendas por parte del Ayuntamiento de Madrid, obviamente para asignarlos a los funcionarios de su cuerpo de seguridad. La noticia no era esta sino el elevado coste económico que, según los sindicatos, había supuesto la partida. Sostenían, desde la plataforma defensora de los trabajadores, que pudieron haberse adquirido otros más baratos para así, seguramente, poder aumentar el número de unidades. Ese mismo mes, en la provincia de Alicante, un guardia civil salvó el pellejo gracias al chaleco interior que llevaba bajo el uniforme, el cual había adquirido a título particular. Durante un servicio de orden público en un festival de música (sobre 15.000 personas), el agente fue apuñalado en el abdomen, sin que se produjeran lesiones gracias al empleo de la referida protección pasiva.

En mayo también fue noticia el sorpresivo descubrimiento de unos 100 chalecos, sin asignar a  las unidades territoriales, en la Comisaría Provincial del Cuerpo Nacional de Policía de Málaga. Nada nuevo, en realidad. Aquí lo flagrante y doloroso es que en esa misma ciudad, días antes de esta milagrosa “aparición chalequera”, fue asesinado un agente del referido cuerpo, cuando recibió una cuchillada en el pecho mientras identificada a un indigente. Pero hay más recortes de prensa que sacan a la palestra el asunto de los chalecos: en julio de 2012, un agente de la Ertzaintza, cuerpo de policía dependiente del Gobierno vasco, fue alcanzado por un proyectil de pistola que, afortunadamente, se detuvo en el chaleco que portaba. Ocurrió en el curso de un atraco a una entidad bancaria de San Sebastián. Un año antes, en diciembre y en la misma localidad, otro agente del mismo cuerpo también hacía uso de esta prenda durante una intervención casi rutinaria, una llamada de violencia de género. Pero este funcionario no tuvo tanta fortuna: recibió un impacto de escopeta en una pierna, lo que provocó heridas de tal magnitud que a punto estuvieron de ser mortales.

Podrían ser rescatadas más anécdotas en este orden y sentido, pero hoy no toca. Toca ser crítico, pero no solamente con las administraciones que no se implican en la compra de chalecos antibalas (según qué balas, por lo que esta expresión debería ser desterrada) en la debida cantidad, sino también con aquellos agentes que reclaman la asignación de dichas prendas y que cuando les son entregadas las confinan en el fondo de sus taquillas o en los maleteros de los coches patrulla. Sobre esto último también hay que reflexionar mucho: ¿realmente todos quieren contar con estas protecciones pasivas? Sí, muchos sí, pero otros tantos solamente las exigen para hacerse la foto o cuando el malo avisa de que en 10 minutos va a salir de paseo, a matar policías (ironía). Incluso hay quien saca rédito sindical-promocional de estas reclamaciones, importándole poco o nada la cantidad y calidad del producto (experiencia y padecimiento personal).

Al hilo de todo lo expuesto, surge otra interesante pregunta: ¿es estrictamente necesario cambiar todos los chalecos cada cierto tiempo (5-10 años)? Lo habitual en medios especializados como este es leer sobre las últimas fibras empleadas en la confección de prendas de protección balística. Tecnología puntera. Pero, ¿y los chalecos que se entregaron a los policías años atrás, hay que tirarlos a la basura? ¿Realmente no sirven ya para nada?

Pues bien, como ya manifesté en otro artículo publicado en este mismo medio, un buen amigo y compañero me ha regalado un chaleco de protección balística de uso externo, de dotación en la Guardia Civil (GC). La prenda, tras 5 años de servicio activo, había sido jubilada. Pero esto, el retiro, se había producido 3 años antes de que yo recibiera tal presente. Por tanto, como muy poco, tendría 8 años de vida y uso. Mi colega lo recuperó de una vieja taquilla de su cuartel, lugar en el que había permanecido olvidado, por tiempo indeterminado, junto a otros equipos y materiales “obsoletos” de su unidad.

El regalo, por el motivo que sea, carecía de etiquetas que pudieran identificar la marca y el modelo. Pero tras realizar varias gestiones personales, puedo afirmar que fue fabricado por la empresa española Induyco, siendo la denominación de este modelo: MGC (IIIA). El chaleco pertenece a una partida de entre 2.000 y 5.000 que se fabricaron para diversas unidades del benemérito instituto, que durante 1991 y 1992 prestaron servicio en los dispositivos de seguridad y protección de las Olimpiadas de Barcelona (1992). Seguramente también fueron destinados al otro evento del año: la Exposición Universal de Sevilla, la Expo 92.

Durante muchos años, Induyco y Fedur, importantes fabricantes españoles, han surtido de chalecos de protección balística y de otros muchos productos al Cuerpo Nacional de Policía (CNP) y a la GC, amén de a otras fuerzas nacionales y extranjeras. A día de hoy, Induyco es el mayor proveedor nacional de prendas de protección general para nuestras Fuerzas Armadas (FAS). Por cierto, muy polémica ha sido la reciente  inversión de 29 millones de euros en 30.000 cascos de combate, por parte de nuestro Ministerio de Defensa. Pero a nivel de chalecos antibalas y material antidisturbios, quizá sea Fedur quien más suministra al Ministerio del Interior (en el pasado reciente, aún más). Por tanto, debemos entender que cada una de estas firmas tiene un cliente predilecto.

La GC somete a pruebas especialmente duras a los chalecos balísticos que participan en los concursos de suministro del Cuerpo. Al igual que el CNP y la Policía Autónoma Vasca, la Benemérita testea los chalecos con, entre otras pruebas, ráfagas de subfusil del calibre 9 mm Parabellum/Luger (proyectil blindado/FMJ), a una distancia de 5 metros.

Volvamos a mi apreciado obsequio. Una vez que recibí el chaleco, nunca se me pasó por la mente usarlo para el trabajo, no solo por su veteranía sino por su color: yo vestía uniforme de color azul y el protagonista de esta crónica es de color verde. Además, era de la talla XXL. Enorme. Precisamente eso, su gran tamaño, amén de aquello que decía en párrafos anteriores, me dio una gran idea: aprovecharlo para efectuar numerosas pruebas de resistencia balística. Con tamaña superficie se podrían efectuar muchísimos disparos, sin que las zonas afectadas por los impactos provocaran contaminación al resto del paquete no alcanzado, lo que permitiría seguir usándolo en posteriores tests de fatiga. La cuestión era: ¿soportará la veterana prenda (casi 20 años) una prueba de fuego? Se comprobó.

La evaluación se efectuó con una pistola Beretta 92fs, del calibre 9 mm Parabellum, desde una distancia de 5 metros. Sí, también de dotación reglamentaria en la GC. El chaleco, mejor dicho, el paquete balístico —para el test se le despojó de la funda exterior—, se colocó delante de un cubo metálico en cuya superficie se había untado plastilina balística, que estaba en contacto con la cara interior del cuerpo de la prenda. La temperatura de la plastilina sería la ambiente (galería de tiro cerrada) y no la que se considera ideal para estos ensayos: no inferior a 20ºC ni superior a 24ºC.

Se dispararon proyectiles de diversas marcas, tipos y composiciones. Proyectiles de los que se esperaba un comportamiento terminal que, en algunos casos, fue diferente al mostrado finalmente. Así pues, el elenco lo compusieron varias puntas huecas, blindadas, de plomo, semiblindadas, perforantes y desintegrables/frangibles. Solamente 3 proyectiles penetraron en la vetusta coraza. De los que se detuvieron en el blindaje tras el impacto, algunos provocaron traumas de cierta magnitud en la plastilina. Otros tatuaron traumas de poca entidad. Las puntas que penetraron el paquete balístico cruzaron por completo el bloque de plastilina, introduciendo en el canal o cavidad permanente de la trayectoria numerosos restos de fibra textil balística.   

Seguidamente se exponen, de un modo muy somero y básico, algunos datos obtenidos en el curso de las pruebas.

Cartuchos que consiguieron traspasar el chaleco:
Winchester KTW (perforante)
Remington Disintegrator Plated 101 gr (+P)
Remington Disintegrator Jacketed 101 gr (+P)

Cartuchos que, sin penetrar, provocaron  traumas de importancia en la plastilina:
Remington Disintegrator CTF (Copper Tin Frangible) 124 gr
Fiocchi EMB (Expanding Monobloc Bullet) 92 gr
Remington FMJ 124 gr

Cartucho que, sin penetrar, provocó trauma “medio/alto” en la plastilina:
Remington Golden Saber 147 gr

Cartuchos que, sin penetrar, provocaron traumas “medianos” en la plastilina:
RWS Semiblindado  
Magtec Punta Hueca 115 gr
Fiocchi Black Mamba 100 gr

Cartuchos que, sin penetrar, provocaron traumas “leves” en la plastilina:
DAG Troncocónico Semiblindado
RUAG Punta Hueca 147 gr

Cartuchos que no penetraron ni provocaron traumas apreciables sobre la plastilina:
Greenshield  Simunition  Frangible 82 gr
QD-2 MEN 88 gr

Cabe destacar que, como era de esperar, el chaleco no soportó las embestidas de las armas blancas. El paquete balístico, casi sin esfuerzo, fue atravesado por 2 navajas tácticas. Cuando la prenda fue fabricada a principios de la década de los 90 del siglo pasado, no se usaban habitualmente componentes textiles que detuviesen pinchazos y cuchilladas.

Hay que significar que los proyectiles Disintegrator de la marca Remington suelen penetrar incluso chalecos de moderna manufacturación, si el paquete balístico no posee un extra añadido de protección por encima del clásico nivel IIIA. Estos proyectiles, como todos los frangibles, están diseñados para que al impacto en superficies o cuerpos duros se descompongan en polvo o pequeños fragmentos. Aun así, los Remington Disintegrator se están comportando de un modo sorprendente y, en principio, de una forma no deseada cuando se prueban contra blindajes personales del referido nivel de seguridad. Huelga decir que la punta KTW, como era de esperar, perforó limpiamente el chaleco… pero además ambas caras (pecho y espalda). Está concebido para tal fin. Para colmo, el proyectil fue recuperado intacto (solo las estrías del cañón deformaron la bala). Por todo ello, personalmente considero que este viejo ejemplar de Induyco ha pasado sobradamente el examen. Pese a los muchos años que hace que nuestro esparrin salió de fábrica (1991­), ha soportado las embestidas de numerosísimos proyectiles de uso habitual y extendido en el ámbito policial y criminal (ni los KTW ni los Disintegrator son fáciles de adquirir legal o ilegalmente).

Tras conocer los resultados de la evaluación, me puse en contacto con la empresa fabricante del chaleco, la cual, en la persona de uno de sus representantes, don Eduardo Vélez, me atendió de forma muy cortés. Al señor Vélez no le resultó extraño que el producto, pese a su longevidad, soportará las muchas descargas recibidas con proyectiles blindados. Una de las frases que mi interlocutor pronunció durante nuestra conversación fue: “Sabemos lo que fabricamos”.

En consecuencia, podríamos sacar la conclusión de que la antigüedad de un chaleco no es la causa principal que puede llevar al usuario a cambiar de prenda. El mal uso y conservación provoca el deterioro de los materiales de fabricación, pudiendo perder así sus propiedades. Ergo, la edad no debería ser la única razón para deshacerse de un chaleco. El Instituto Nacional de Justicia de Estados Unidos (NIJ) así lo determinó, en 1986, tras efectuar numerosas pruebas y estudios.

Una vez finalizado el test sobre el veterano Induyco, un amigo presente en el lugar ofreció la oportunidad de probar el comportamiento y resistencia de una plancha balística de refuerzo de la marca Active Armour, RPS Klass-C, construida al 100% con Dyneema. La plancha fue colocada sobre la misma plastilina balística del test anterior, eso sí, debidamente aplanada (la plastilina). Se usó la misma pistola y se disparó desde la misma distancia, 5 metros.

La placa, que estaba confeccionada con numerosas capas compactadas de Dyneema, absorbió la energía de todos los proyectiles empleados. Los impactos causaron un trauma importante en la plastilina, pero en ningún caso existió penetración. Recordemos que estamos hablando de una plancha de refuerzo, para ser colocada sobre el chaleco a través de bolsillos internos o externos.

Los cartuchos utilizados en este test fueron los que siguen:
-          Remington Disintegrator  Jacketed, Plated y CTF (101, 101 y 124 gr)
-          Fiocchi  EMB 92 gr
-          FMJ Hirtenberg (provocó muy poco trauma)
-          Remington Golden Saber 147gr


La patente de fabricación está en manos de Royal DSM NV, quien en su página Web afirma: DSM Dyneema es el inventor y fabricante de Dyneema®™, la fibra más fuerte del mundo. Dyneema® es una fibra de polietileno superfuerte, que ofrece la máxima resistencia combinada con el mínimo peso. Es hasta 15 veces más fuerte que el acero de calidad y hasta un 40% más resistente que las fibras de aramida. Dyneema® flota en el agua y es extremadamente perdurable y resistente a la humedad, a la luz UV y a los productos químicos. Dyneema®TM se fabrica como un componente importante en las cuerdas, cables y redes de pesca, todo lo relacionado con la navegación y el mar. La Dyneema® también se usa en los guantes de seguridad para la industria metalúrgica y mecánica y en hilos finos para aplicaciones en artículos deportivos  y del sector médico. Además, Dyneema® también se utiliza en la fabricación de chalecos resistentes a las balas y demás ropas y materiales para la Policía y personal militar.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Furilo and Company: azules de Hill Street

Por, Ernesto Pérez Vera

Especialmente dirigido a quienes tengan en estos momentos más de 35 años, pero el resto no se abstengan, por favor. Nos gustasen más, menos o incluso nada de nada los temas policiales, ¿quién no recuerda la serie de televisión Canción triste de Hill Street, que pudimos ver en los años 80? Por lo menos su banda sonora les debe sonar. Con aquel título la conocimos en España, pero Hill Street Blues era su nombre original en los Estados Unidos. En Latinoamérica se le llamó El precio del deber.

Si la película Serpico marcó mi vida, confesión que plasmo en un artículo enlazado más abajo, Canción triste de Hill Street va a la zaga. La primera la vi siendo muy niño, aunque luego, de joven y adulto, la he visto unas 10 veces más, pero la otra, repartida en capítulos nocturnos dominicales, la disfruté en mi época de estudiante de instituto. Parece que me estoy viendo en imágenes retrospectivas. Los lunes, camino del insti, siempre iba repasando en mi cabeza el capítulo de la noche anterior. Desde la calle Andalucía, que era donde yo vivía, tiraba hacia Pedreras y bajaba por Crespo. Luego buscaba Aurora, Isabel la Católica, Sol, Constitución y por fin llegaba Banqueta, la avenida en la que se hallaba mi instituto y el Cuartel del Guardia Civil (una compañía). Como mis padres no me dejaban ir en bicicleta, me tocaba patear. Yo no iba solo, iba con Víctor, mi hermano pequeño. Paso a paso, calle a calle, mentalmente rememoraba las escenas vistas en el capítulo de la noche anterior, pero lo hacía en silencio: a tito Víctor, como le llamo ahora, por aquel entonces solamente le interesaba la liga de baloncesto y la NBA.

Los 146 capítulos, repartidos en 7 temporadas, dieron para mucho a gente como este humilde servidor. Mis personajes favoritos eran, por lo que aún recuerdo: el capitán Frank Furilo, jefe de la comisaría; el teniente Hunter, responsable del SWAT; el agente Renko, un avezado  patrullero y los detectives Belcker y LaRue que respectivamente eran, si no me equivoco, el que mordía a los detenidos vacilones y el alcohólico exdrogadicto. Si alguien me dice que no recuerda la serie o su banda sonora, seguro que no podrá decir lo mismo de la famosa cita “¡tened cuidado ahí fuera!”, que era pronunciada por el sargento Phil, siempre que repartía el servicio y mandaba a sus chicos a patrullar.



Aunque la serie se filmó en Los Ángeles (California), las emulaciones y los decorados estaban inspirados en ambientes de ciudades del norte del país. Algunos exteriores fueron filmados en Chicago (Illinois), al igual que la propia comisaría. Hoy, en el siglo XXI, muchas teleseries norteamericanas del mismo género están claramente inspiradas en Hill Street Blues. Como tantas y tantas otras series y películas de aquella época, esta obra estaba escrita y producida por el inagotable Steven Bochco. ¡Qué tiempos más felices y cuánta inocencia portaba uno aún en la mochila! ¡Cuánta miseria y maldad estaba todavía por llegar a nuestras pupilas! Todos éramos muy jóvenes.

Por todo lo anterior, no es casualidad que la banda sonora de Canción triste de Hill Street suene al inicio y al final de la producción audiovisual que Álex Yague ha hecho con la entrevista que radio COPE Cataluña nos realizo a sendos autores de En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados (libro), y que puede verse y oírse en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=kWLPAK0mkc4.

Dedicado a todos los policías que lo son y a quienes sin serlo... también lo son. Hay muchos celestones, que no merecen estar.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Respeto: todos somos policías

Por, Ernesto Pérez Vera

Magnifico servicio el de la detención del pederasta de Ciudad Lineal (Madrid). Importante investigación. Pero me sorprende cómo los periodistas y ciudadanos valoran la detención física del sujeto, el arresto. El “¡ven para acá, cabrón, que ya te tenemos!”. Dicen estos legos, vanagloriándose por ser los primeros en mostrar las imágenes en la televisión, que “dada la enorme corpulencia física del individuo, que es luchador de artes marciales y culturista, han debido ser agentes especiales del GEO los que, por sorpresa, entraran en su casa a las siete de la mañana, para evitar males mayores”. Siguen diciendo: “Han tenido que ser cuatro o cinco geos quienes inmovilizaran y redujeran al pedófilo, pues se ha resistido con energía a la actuación de los funcionarios”.


Bien, hasta ahí todo perfecto. Todo se ha hecho como se tiene que hacer cuando se puede planificar detalladamente una intervención. Pero me indigno cuando en las pantallas y en los micrófonos se despelleja a los agentes convencionales que se emplean a fondo contra sujetos que, como poco, se resisten igual que el cerdo este. Hablamos de esos vídeos en los que aparecen polis que no son geos y que van de dos en dos sin mayores medios, información ni instrucción específica. ¿Por qué se ve con buenos ojos que cinco compañeros de operaciones especiales (esto implica máxima formación) se tiren encima de un malo, y con malos ojos que lo hagan cinco patrulleros normales y corrientes? ¿Qué hace pensar a nadie que los guardias de la porra cuentan con adiestramiento, medios materiales especiales y apoyos humanos inmediatos, amén de información sobre el momento oportuno para realizar la captura? Esto no es así nunca, cuando hablamos de funcionarios pateadores de aceras. El policía que ahora mismo está poniendo una multa en la esquina de tu casa (de la tuya), dentro de un rato podría estar, solito o con otro compañero, entrando en una casa en llamas. Pero también podría estar, y esto es muy pero que muy frecuente, tratando de detener a un hombre que le dobla en envergadura y mala leche. Un drogado puesto de cocaína hasta las cejas, ¿te suena? Este funcionario, el de la multa, ni es del GEO, ni entrena diariamente, ni lleva una cámara que filme la actuación para cubrirse de cara a la opinión pública y ante el de la toga, ni ha estado una semana planeando cómo, cuándo, cuántos y adónde ejecutar el arresto. No quito méritos a nadie, pero el peso más jodido en esta  guerra contra el mal lo llevan sobre sus hombros hombres y mujeres normales como los que podemos ver ahora mismo por la ventana.

Ruego un poco de más respeto y objetividad cuando nos pronunciemos sobre esos policías que van en moto, a pie o en coches patrulla. Esos que ves todos los días en las inmediaciones de los colegios y mercados. Sí, esa amplia y extendida especie animal uniformada a la que tantos escupen antes y después de que nos hayan ayudado en accidentes, riñas, robos, incendios, inundaciones, etc. Esos señores, también señoras, quieren irse a casa con los deberes hechos y sin nada pendiente. Son currantes que, aunque no quieras verlo (va por ti), te van a ayudar pese a que les provocas asco. Levanta la mano, pide ayuda… y allí estarán aunque no tengan ganas de verte el careto. ¡Prueba, verás! Pues ese que ayer te puso una multa, y del que dijiste que era un chulo aunque te pillara con el coche mal estacionado y fumándote un porro, podría estar en estos momentos tirado en el suelo luchando con un gigante de 130 kilos. No es de operaciones especiales y va ‘solipé’ en una moto, tal vez con otro policía más en el asiento contiguo. Hace cinco minutos desconocía que tendría que lidiar un toro bípedo. No lleva una grabadora para ser usada como soporte de prueba ante nadie. No va al gimnasio todas las mañanas, porque la ley no se lo exige. Pero si no puede controlar al bestia de más de cien kilos lo tildarás de mierda. Y si pide apoyo a otros como él, actuando en grupo de cuatro como los del GEO, lo definirás como agresivo y violento. También como inútil por no conseguir él solito la reducción y el engrilletamiento. Pero como quienes rajáis sois supinos ignorantes, os ilustraré: no hace falta ser grande y fuerte para poner difícil la detención a cinco policías, aunque estos sí sean corpulentos. Las películas son solo eso, películas, pero por desgracia entre los nuestros hay mucho peliculero que cree que podrá hacer eso que en realidad nunca ha hecho.