martes, 25 de noviembre de 2014

Cansado de quienes están cansados, no quieren o no saben

Por, Ernesto Pérez Vera

Esta mañana he oído que la Policía busca en Madrid los cadáveres de 2 mujeres, madre e hija de nacionalidad dominicana, de 32 y 9 años de edad. Ya hay una persona detenida por el presunto homicidio, el marido de la desaparecida. Pero a la vez que oía esto, un vecino y amigo de las interfectas ha manifestado ante las cámaras de televisión que la Policía le había dado ciertos capotazos para quitárselo de encima, cuando fue a denunciar la desaparición de ambas personas. Sostiene que en la Oficina de Denuncias de una comisaría le dijeron que esos temas los llevaba la Unidad de Policía Judicial y que, por tanto, los llamara a ellos. Al parecer llamó y llamó, pero nadie descolgó nunca el teléfono. Este hombre estaba indignado con la Policía, concretamente con el todavía llamado Cuerpo Nacional de Policía. Tal vez tenga motivos. Pero lo cierto es que seguramente no debería despotricar contra la institución sino contra los sujetos que, individual y personalmente, no supieron o no quisieron atenderlo con interés, compromiso, seriedad y responsabilidad. No hablo ya de profesionalidad, que tendría que englobar todo lo anterior.


¿Que si hay gente así en las fuerzas de policía? ¡Y tanto que sí! Por desgracia, hay.  La noticia me ha recordado varios episodios vividos por mí en primera persona. Así, de pronto, me asalta el recuerdo de una llamada de radio que alertaba de que un hombre aparentemente borracho estaba agrediendo a una mujer y a un bebé, dentro de un coche extranjero que él mismo conducía. Esto estaba ocurriendo, según la comunicación de la Sala Operativa de Transmisiones, a no más de 500 metros de donde yo me encontraba patrullando a pie, en el recinto ferial durante la celebración de nuestras fiestas estivales (julio). “¡‘Delta-20’ se hace cargo, ‘0-0’!”, comuniqué de inmediato a la Sala. Pero se me dijo que no, que iría otro indicativo con vehículo, que no era de mi unidad. Localización: inmediaciones del recinto aduanero de Gibraltar. Bien, pues pasados unos minutos oí por el radiotransmisor una voz que decía que el tema estaba resulto, que no pasaba nada y que el vehículo reanudaba la marcha camino del Peñón, confirmando la existencia de una mujer y un bebé, que no presentaban signos de violencia. Fantástico, ¿verdad? ¡Pues no, todo era falso! Fue cruzar ese coche la verja que separa España de Gibraltar y la Policía británica vio algo extraño en el interior turismo: procedieron a la detención del conductor por lo que aquí sería un delito contra la seguridad vial, dado el estado etílico que presentaba el individuo. Pero hay más, la mujer estaba esparramada en los asientos del coche en claro estado de drogadicción. El niño, obviamente, era la gran víctima de todo esto, por ello durante la mañana siguiente leí en un periódico comarcal que el bebé había sido entregado, por orden judicial, a Asuntos Sociales de la Roca. Los padres ingresaron en prisión y fueron acusados de varios delitos (también llevaban consigo una pequeña cantidad de estupefacientes).

¡Ahora qué, ¿qué pasa con el que una vez más no vio nada y dejó ir al beodo volante en mano, droga en el bolsillo y niño abandonado a su suerte en el Maxi-Cosi del asiento trasero!


No se trata de la Policía, aunque a veces también por mala gestión de medios y recursos. No es la institución quien falla sino quienes integramos los cuerpos. También, obviamente, quienes estudian y analizan los perfiles psicológicos de quienes accedemos a las plazas de funcionario de policía. No obstante, esta gentuza no es mayoría en el seno de estas organizaciones. Otro día contaré qué otra barbaridad protagonizó el mismo funcionario, una víspera de Navidad, a la vez que reclamaba un ascenso.



Pero la cosa ha empeorado en cuanto a desidia. En el telediario de la tarde, la abuela de la menor, madre a su vez de la adulta finada, ha dicho que ella misma presentó una denuncia en el Juzgado en enero de este mismo año. Esta señora redactó la denuncia de puño y letra, informando en ella a la autoridad judicial de que su hija y nieta estaban sufriendo malos tratos en casa. Ahora, tras conocerse lo sucedido, la Administración de Justicia responde que no investigó el caso porque no entendía la letra de la denunciante (una señora mayor, con una formación básica). Más de lo mismo: en el documento firmado y sellado con entrada en el Registro consta, de modo legible, el número de teléfono móvil de la denunciante. Suma y sigue.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Vivencias bajo el fuego “made in Spain”

Por, Ernesto Pérez Vera

Los chicos de Itepol, policías valencianos de todos los cuerpos, siguen acreditando su compromiso para con la dura y desconocida realidad que supone la confrontación armada policial. En aras de aprender de sucesos reales ocurridos en España, Itepol ha organizado una serie de eventos presenciales en los que mensualmente los protagonistas de conocidos casos de sangre, acero, plomo y pólvora expondrán sus experiencias al público asistente. Como suelo decir, “hay que beber agua fresca: lecciones aprendidas en el asfalto”.

Sí, es como en “En la línea de fuego” de la editorial Tecnos, el libro escrito por Fernando Pérez y un servidor, solo que aquí hay saliva y no tinta. Se pondrá voz al desconcierto, sabor al sufrimiento y olor a la incomprensión de los iguales. Poner blanco sobre negro es el objetivo de esta serie de jornadas. Por todo ello no puedo más que apoyar esta iniciativa. Itepol, al igual que yo, trata de separar la paja del trigo en un mundillo en el que más de uno es capaz de impartir, por 10 euros, un curso de catequesis para la Primera Comunión sin haber visto antes, jamás, una iglesia. Seguro que buscan el símil y me entienden.
 
                                                                                                                                   Contraportada de "EN LA LÍNEA DE FUEGO"
Como estos compañeros reseñan en su página web: “Somos buscadores de la verdad en un mundo lleno de engaños por desconocimiento, o peor aún: por ganar dinero, donde las mentiras pueden costar vidas”.

El 10 de diciembre, en Manises (Valencia), tendrá lugar el primer encuentro. En esta ocasión se analizará, por parte de dos policías locales que allí estuvieron, el atraco  bancario perpetrado el 10 de mayo de 2000 en Vall d’ Uixó (Castellón) en el que falleció un agente municipal. Más datos en el cartel adjunto.




jueves, 20 de noviembre de 2014

Una actitud, dos pelotas y tres pasaportes

Por, Ernesto Pérez Vera


 Leopoldo Fernández Pujals, trinacional cubano, español y norteamericano, me da a mí que sabe organizar y gestionar recursos. Vean, vean. Nacido en Cuba en 1947, con 13 años de edad tuvo que emigrar con su familia a los Estados Unidos, cuando los comunistas se hicieron con el poder en la isla caribeña. En el país de las oportunidades fue número 1 de su promoción en la escuela de oficiales del Cuerpo de Marines (1968). Esto le permitió permanecer en dicho centro de formación como instructor, aunque finalmente combatió en la Guerra de Vietnam. Regresó a casa condecorado y ascendido a capitán, como en las películas. Tras cursar estudios universitarios de Economía, comenzó a trabajar para diversas multinacionales. De la mano de una de estas firmas aterrizó aquí en 1981, de donde eran oriundos sus padres (asturiano él, catalana ella). En 1987 abrió en Madrid una pizzería en la que él mismo elaboraba y amasaba la masa: por las mañanas vestía y ejercía cual ejecutivo de Johnson and Johnson y por las noches lucía mandil harinado. Como en otra película. Así, como el que no quiere la cosa, Leopoldo empezó a repartir pizzas a domicilio llamándole al negocio Pizzaphone primeramente para acabar siendo Telepizza. ¿Les suena? Solamente 6 años más tarde ya sumaba 100 establecimientos abiertos al público en toda España. En 1994, 1 año después, la cadena creció a 150 pizzerías. En 1995 la cifra aumentó a 204. Creo que huelga decir que hoy son muchísimas más (más de 600 en España y casi otras 600 en el resto del mundo).

Pujals parece que sabe mover las fichas del tablero: Telepizza entró en Bolsa y sus dividendos se dispararon. El excapitán seguramente no fue ‘primeraco’ de promoción por casualidad. Adquirió diferentes empresas como la quesería que le suministraba queso para sus restaurantes e incluso algunas inmobiliarias. En verano de 2007 el habanero se hizo con Jazztel, la operadora de telecomunicaciones de banda ancha. ¡Pelotazo! Pero para qué seguir comentado asuntos financieros y empresariales de los que no entiendo nada. Lo mío es lo que es, no esto.

Ahora toca el porqué de que yo, un policía retirado, hable de este señor. Es sencillo, me gusta la gente que sabe jugar en el tablero de la vida con las fichas que el repartidor pone sobre el tapete. Esta semana tuve la oportunidad de oír casi entera la entrevista que le hicieron en Onda Cero a nuestro personaje. Por problemas de cobertura en la señal de radio no pillé todo lo que Leopoldo decía ante las preguntas del entrevistador, Carlos Herrera por cierto. Pero sí capté la esencia: este hombre es un típico producto made in USA, un hombre hecho a sí mismo. Creador de un imperio no heredado. Un currante que además piensa y ejecuta. Aunque pensando yo ahora un poco (no mucho), el cubano tal vez tuvo un golpe de suerte. Seguro que sí, pero como dice mi querido amigo y compañero Fali: “La suerte hay que buscarla”.

Pero miren, ante la pregunta del locutor de radio sobre qué encontró en Jazztel cuando la hizo suya, Fernández Pujals dijo algo así: “La empresa tenía un potencial increíble, pero sus números no eran todo lo buenos que podían ser. La gente estaba acomodada. Vivían bien haciendo poco o lo justo. Entre las bases de la empresa había personas muy capacitadas que estaban aparcadas. Eran como muebles, no tenidas en cuenta. Pero entre los jefes y ejecutivos había desánimo. Pasividad. Esa era la causa del bajo rendimiento general. Lo tuve claro: cambié a todo el personal de los órganos directivos y ascendí a quienes creí oportuno. ¡Ahí están los resultados!”.

Amigos, amigos, amigos, ¡he ahí la madre del cordero! Nuestro español por ius sanguinis tiene la clave para arreglar lo que pasa en tantos y tantos cuerpos de policía, y ahora sí sé de lo que estoy hablando. Me estoy refiriendo a esos cuerpos que tienen policías de base que son pisoteados, ninguneados, obviados y arrojados al ostracismo por hacer las cosas que hay que hacer y, sobre todo, por hacerlas como hay que hacerlas. Sí, hablo de plantillas en las que muchos de quienes son ascendidos toman decisiones desfavorables de cara a la eficacia del servicio que prestan al ciudadano y a la Administración de Justicia, cuando no también antijurídicos por ignorancia y/o vagancia. Esto, poco a poco, a veces incluso muy rápidamente, desemboca en problemas de desgana e indisciplina más que motivada en el seno de los cuerpos. Es cuando la desmotivación se convierte en metástasis con el paso de los años, al ver los de abajo que los de arriba son unos ineptos, chupópteros y pagas muertas que se sirven del cargo hasta para que sus familias vayan gratis a los toros y al fútbol. La puerta de la corrupción se abre solita ante este caldo de cultivo…

La última que he presenciado es para quitarle al tío la gorra y darle con ella en la cara 30 veces. Un mando de la Escala Ejecutiva ha recriminado a un patrullero que retirara de la vía pública un vehículo sustraído, sobre el que constaba denuncia, porque creyó que era mejor dejarlo donde estaba para no consumir recursos (la grúa municipal) y tiempo. Su idea, secundada por el conclave de los de su casta, se sostenía en que si los del otro cuerpo de policía con competencia en la demarcación no se lo llevaron… ¡por qué ellos sí! No queda ahí la cosa. Antes de la intervención del agente cuestionado fue alabado otro funcionario que decidió dejar la motocicleta donde estaba, porque la grúa judicial tardaba mucho tiempo en acudir y el escenario de la actuación era un barrio marginal (creo que a esa misma hora televisaban un partido de fútbol de la Roja). El mundo al revés: el gandul aplaudido y el currante fustigado y estigmatizado por el camarlengo que jamás puso una triste denuncia de tráfico sin faltas de ortografía. 


En esa plantilla, al igual que en esta, en aquella, en la otra, en esa de más allá y en muchas más, hace falta un Leopoldo Fernández Pujals. No porque ser excombatiente en Vietnam. Tampoco por ser oficial o marine. Simplemente porque sabe detectar los problemas e identificar a las cucarachas. Y ahí es nada, sabe que sin eliminar a los tóxicos no podrá flotar y mucho menos volar. Pero no solamente sabe cuál es el problema y quiénes son  sus responsables sino que conoce el remedio y lo aplica sin paños calientes. ¡Zas, a tomar aire fresco y a refrescar con sangre nueva!

lunes, 17 de noviembre de 2014

Bilbao and "En la línea de fuego"

 Por, Ernesto Pérez Vera

Tras finalizar la presentación de “En la línea de fuego: la realidad de los enfrentamientos armados” en Bilbao el jueves 13 de noviembre, vamos a por Cádiz el 17 de diciembre (en unos días ampliaremos más información).

En Vizcaya, en un acto espléndidamente organizado por el inspector de la Unidad de Tiro y Armamento de la Policía Municipal de Bilbao, nos dimos cita ambos autores del libro, uno de sus protagonistas, un instructor de la Asociación Española de Instructores de Tiro Policial (AEITP) y más de ciento veinte asistentes que acudieron como público, todos los cuales nos reunimos en un fabuloso salón del Frontón Bizkaia, dotado de modernísimos medios técnicos audiovisuales y de personal especializado para su uso. El acto de presentación de la obra estaba enmarcado en un seminario que empezó a las 9 horas con una estupenda conferencia de Mario Martín, policía, criminólogo e instructor de la AEITP. Martín versó sobre diversos materiales policiales como la cartuchería expansiva y los equipos de baja letalidad. Tras el oportuno turno de preguntas al ponente se dio paso a un descanso. Posteriormente un agente de la policía vasca dio a conocer su experiencia personal en el curso de un atraco con armas. Este funcionario verbalizó, de principio a fin, cómo consiguió abatir a su oponente con  dos impactos de bala efectuados con su pistola. A.Y.P., como así se llama este policía, resultó levemente herido gracias a que uno de los proyectiles contra él dirigidos fue detenido por su chaleco de protección balística. Este narrador y superviviente emocionó a los presentes en varias ocasiones. Para él no fue fácil ni el antes, ni el durante ni el después. A esta ponencia siguió el almuerzo.


Por la tarde, a eso de las 16:30 horas y después de que los autores de “En la línea de fuego” fuesen entrevistados por una periodista de “El Correo”, se dio inicio a la presentación de la obra editada por Tecnos (Grupo Anaya). En la mesa de presentación, junto con quienes firmamos el libro, se encontraba Tomás Carrillo, organizador y director del seminario. Tras unas palabras del anfitrión, un servidor abrió el baile describiendo ante los asistentes, por cierto llegados desde diversas provincias vascas y otras ajenas a esta comunidad (Barcelona, Madrid, Burgos, Pamplona, Santander, etc.), la estructura del libro y el porqué del anonimato de sus casi treinta protagonistas. Posteriormente sería Fernando Pérez Pacho quien, como autor y psicólogo clínico, desgranaría las respuestas más frecuentemente registradas a los colaboradores de la obra, quienes mataron o hirieron a sus contrarios… o bien estos últimos produjeron serías lesiones a los propios agentes o a sus compañeros.


Al acabar nuestras exposiciones abrimos un turno de preguntas relacionadas con el contenido del libro y sobre las respuestas emocionales y técnicas que ejecutan, en situaciones extremas, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley y perseguir el crimen. Como en el resto de eventos ya celebrados para dar a conocer la obra (Ávila, Valencia, Zaragoza, Sevilla, La Línea y Calafell), muchas personas del público formularon preguntas con enjundia. Cuestiones altamente preocupantes, para quienes integran las fuerzas de seguridad pública y privada, fueron puestas varias veces sobre el tapete. El acto se dio por concluido cuando los autores firmamos ejemplares a cuantos lectores lo solicitaron, no poniendo ninguno de nosotros objeción alguna a realizarnos fotografías con quienes así lo propusieron. Si bien me siendo muy honrado con la presencia de todos los allí citados, especial emoción sentí al ver entre los oyentes a un protagonista del libro que traspuso desde muy lejos y en cuyo cuerpo aún son muy visibles las secuelas de un grave atentado perpetrado contra su vida.

Pese a que estaba anunciado que la jornada iba a llevarse a término en otro punto de Bilbao, esto no pudo materializarse ante la queja formulada por los integrantes del Grupo Municipal de Bildu en el consistorio bilbaíno. Los ediles dijeron que un puñado de policías suponía un peligro para la sociedad local, si estos departían sobre el modo en que habían sobrevivido los protagonistas de la obra. Menudo despropósito. “En la línea de fuego” es un volumen de vida, de supervivencia. Es una narración cargada de emocionantes relatos de servidores públicos que fueron puestos contra el paredón por una minoría, cuando defendían el libre ejercicio de los derechos y las libertades de una mayoría. Por cumplir con una misión sagrada frente a traficantes unos, terroristas otros, atracadores varios y enajenados mentales otros tantos. En fin, personas que quedaron marcadas para siempre de una u otra forma, por hacer cumplir la ley exponiendo el pellejo, algo que muchas veces no es reconocido ni por las propias instituciones públicas. Todo lo contrario, en más ocasiones de las que todos podemos permitirnos, los policías son doblemente victimizados por sus compañeros, mandos, etc. Como dice Fernando, mi socio editorial en esta empresa, las bajas pasiones humanas encuentran un buen caldo de cultivo tras producirse incidentes serios del perfil de los radiografiados en nuestro libro.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Tiro y realidad en Ceuta

Por, Ernesto Pérez Vera

Formación dirigida hacia la verdad. Agentes de la Policía Local de Ceuta realizaron, durante la segunda semana de noviembre, un curso de tiro inspirado en realidades. Se puso en práctica una instrucción real basada en lo que ocurre en la calle. Un adiestramiento alejado de ilusas teorías de barra de bar barato. Vivencias desconocidas por los ‘poltroneros’ que tanto abundan en según qué cuerpos, fueron puestas sobre la mesa de disección. En definitiva, ejercicios que desvirtuaron el tiro anquilosado de salón. Los instructores del evento, además de hacer valer sus conocimientos y experiencias, ilustraron a los alumnos con numerosos casos reales estudiados y analizados en EN LA LÍNEA DE FUEGO: LA REALIDAD DE LOS ENFRENTAMIENTOS ARMADOS, un libro de la editorial Tecnos (Grupo Ana). EN LA LÍNEA DE FUEGO puede enviarse firmado por este autor si se adquiere en: 

Librería BETA de Palmones-Los Barrios (Cádiz), teléfono: 956 678 711.

Librería ARES de La Línea de la Concepción (Cádiz), teléfono: 956 176 780


Librería BELMONTE de Algeciras (Cádiz), teléfono: 956 660 789

sábado, 8 de noviembre de 2014

SIN MIEDO A PERDER LA SILLA

Por, Ernesto Pérez Vera

No sé qué es lo que oí ayer en la radio, pero de repente me acordé de un gesto que tuvo uno de mis exjefes en la Policía. Casi diariamente me acuerdo de otros gestos y jefes, pero en este momento no quiero ser escatológico. En fin, el hombre del que hablaba me dijo que quería crear una plaza de mando intermedio para que la ocupara alguien que no fuese de nuestro cuerpo. O sea, convocarla como oposición interna y poner un examen tan complicado que nadie de dentro lo pudiera superar. Desierta la plaza por no haber sido obtenida, se podría convocar en turno libre para que cualquier español que reuniese el resto de requisitos luchara por ella. Se hace, ¡digo que si se hace! La ley lo permite: plazas a medida que unas veces arrancan aplausos y otras, las más, producen urticarias y vómitos.


Lo sorprendente es que me pidió que le buscara, cual ojeador de fútbol, a varios candidatos. Estos tenían que ser, porque así lo quería él (supongo que en consenso con el político), personas con dotes de mando. Gente que, a ser posible, fuesen jefes intermedios o superiores en otras fuerzas. Por cierto, ser mando no conlleva tener dotes de mando. Sigo. Lo quería con experiencia en Policía Judicial, PJ en nuestro argot, alguien que supiera mucho de Derecho Policial. Un profesional que llevara años trabajando en instrucción de diligencias, viniese del cuerpo que viniese. En definitiva, un hombre muy preparado para escribir y poner en marcha una poderosa oficina de atestados. Llegué hasta varios especímenes con este perfil. Dos estaban en la Guardia Civil: cabo primero (oficial en otros cuerpos) y sargento (subinspector en otras fuerzas). Pillé a otro, a un subinspector del Cuerpo Nacional de Policía. Al fichado se le daría, mediante la propia oposición, una plaza de subinspector. O sea que dos de los candidatos podrían conservar el estatus de mando en caso de ser seleccionados (el que aprobara), solo que con un sueldo notablemente superior. El advenedizo, obviamente, tendría que solicitar la excedencia voluntaria en su fuerza de origen.

La cosa es que el cabo primero y el subinspector exigieron clausulas a lo Neymar o a lo Madonna. No sé qué se imaginaron, pero querían sábanas de seda por las noches y flores frescas todas las mañanas. Un bombón en la almohada, antes de dormir. Querían poco menos que ser los dueños del campo, jugar como equipo local y arbitrar el partido. Y cuidado, no impusieron tales exigencias para que el trato no se firmara y evitar dar un no por respuesta, porque puedo garantizar que los dos se querían venir. Pero leches, exigieron hasta un chófer. El otro ojeado, el sargento de la benemérita, solamente dijo que en caso de aceptar, cosa que iba a meditar porque estaba pendiente de un importante y anhelado cambio de destino, que le podría reportar prestigio y pingues beneficios, quería mantener como poco el estatus de sargento. Modesto, toda vez que desde mi punto de vista era el que más valía profesional tenía de los tres nombres puestos sobre el tapete. Tanto es así, que algunas de las investigaciones en las que había participado fueron portada de tabloides nacionales y extranjeros. Finalmente no se vino ninguno. Los unos por quererlo todo desde la primera vez que abrieron la boca, algo que delataba el perfil humano que se escondía debajo de sus prendas de cabeza. Esta actitud eclipsó sus bagajes profesionales, que tampoco eran feos. Al otro le salió bien aquel plan de cambio de destino y se fue al extranjero. Hoy ha ascendido y pertenece a otra escala. Le va de lujo y disfruta con lo que hace: sigue investigando e instruyendo importantes diligencias.

Pero lo que me sorprendió de todo esto es que mi jefe no temió que el fichaje estrella le comiera terreno. No en vano se iba a traer a una persona con capacidad bastante como para ascender y moverle la silla. Quitarle el puesto. Algo muy frecuente en cuerpos como el mío, donde en cada esquina se conspira por una migaja más de pan. Aquí la gente se da mordiscos por una hora extra, imaginen por un galón, una silla más confortable, un teléfono gratis o por un coche oficial. Este superior demostró grandeza y seriedad. Compromiso. Honestidad para con el servicio. Quería reforzar el equipo con buenos goleadores. ¿Por qué este perfil de mando no abunda, por qué? ¿Por qué sí hay tanto nepotismo, colegueo, pasteleo y pisoteo, por qué? Espero que a nadie se le escape que detrás de todo esto está siempre la manu sindicale, la política al final del camino.

Esto último es, precisamente, lo que hace que en los cuerpos locales (son los que mejor conozco) se pisotee con demasiada frecuencia al subordinado que destaca. Al que estudia y trabaja.  Y cuando digo lo de estudiar lo hago pensando en quienes cursan estudios superiores para tener opciones de promocionarse internamente, pero también pienso en quienes hincan los codos para ser eficaces y resolutivos durante las intervenciones, sin tener que andar mendigando soluciones a terceros o lo que es peor: echando balones fuera y pecando de omisión por ignorancia. A estos, a los que tienen ganas, currículum laboral (no académico únicamente), capacidad demostrada e interés en hacer más desde arriba, se les suele pinchar la bicicleta para que no puedan llegar ni a la esquina. Se les meten palitos en los radios de las ruedas. Se les aflojan los sillines y pedales para que tarden en llegar o para que se caigan por el camino. Seguro que saben de qué estoy hablando, del sabotaje a la imagen, a la labor realizada y al buen nombre. Muchos estiran la situación hasta llegar al dolor. Algunos incluso hasta el escarnio. No se trata de dañar porque sí sino para que los comprometidos no alcancen a la meta, lo que implicaría dejar con el culo al aire a los comparsistas que mueven los hilos.

Pero lo cierto y verdad es que la historia comprimida en estos párrafos es real únicamente en parte. He unido hechos vividos y protagonizados por mí, a otros que un compañero de otra plantilla me ha traslado con lujo de detalles. Obviamente ambos van en la misma línea y por ello han casado perfectamente. La mierda no es la misma en todas partes porque cada una obedece a un nombre y/o a unas siglas, pero oler sí que huele igual aquí y allí.

jueves, 6 de noviembre de 2014

El pan nuestro de cada día (si eres de los que trabajas y no de los que va al trabajo)

Por, Ernesto Pérez Vera

No es momento de criticar a los actuantes de este vídeo (final del artículo). No seré yo quien lo haga después de haberme visto así unas tres mil veces, incluso cuando en ocasiones he extremado al máximo las medidas de seguridad. Si el toro embiste, el toro termina corneando, pero comprendo que muchos no sepan de qué estoy hablando, aunque en la cartera lleven una placa. Es momento de que esto, aunque ocurrido en  el Reino Unido, sea visto y analizado por esa caterva de jefes que muchas veces nos cuelan con calzador en algunos cuerpos policiales, sin que nunca hayan visto estas situaciones más que en vídeos. O los que son peores, aquellos que ascienden desde abajo por el cómodo número de años que llevan chupando y lamiendo lápices…


Es hora de que quienes  hacen juicios de valor desde la mullida poltrona que las hombreras les regalan, vean qué pasa cuando una persona no se deja detener. Sí, hablo de los que mirando para abajo teorizan sobre asuntos que les son totalmente desconocidos. Y aquí no vale invocar eso del “a enemigo que huye puente de plata”, como me dijo uno que recientemente se ha jubilado como comisario. Y no vale por dos cosas, la primera porque yo soy policía (no sé él, pese a su empleo) y la segunda porque podría ser delito dejar ir a quien pretende huir de la Policía; lo que me llevaría a esgrimir nuevamente mi primera respuesta: yo soy policía.

No hay diferencia operativa o táctica alguna entre lo sucedido en esa calle británica y lo que pasa a diario, infinidad de veces, en vías públicas ibéricas con agentes autóctonos de todos los cuerpos.


sábado, 1 de noviembre de 2014

¡¿Por qué, por qué!? Dime la verdad

Este artículo fue publicado en otro blog en 2010. Nunca en este.


Por, Ernesto Pérez Vera

A través de la Prensa hemos sabido que, en tu ciudad, agentes uniformados de un cuerpo policial del Estado han sido víctima del ataque de varios sujetos. Según parece, los funcionarios trataban de mediar en una riña familiar en la que se estaba haciendo ostentación de armas blancas y otros objetos peligrosos. Los policías fueron recibidos a pedradas y alguno incluso fue amenazado con un arma punzante. Como resultado de lo descrito, un par de agentes recibieron golpes que les produjeron lesiones y los cristales de un coche oficial fueron fracturados.


Y digo yo: vaya, un acto incívico y delictivo contra unos funcionarios públicos que no escurrieron el bulto cuando el deber lo demandó. Me alegro de que todavía existan policías como estos. Espero que ya estén detenidos e imputados todos los participantes en la algarada. En este caso ha sido una patrulla estatal la que ha tenido que sufrir el envite de unos seres despreciables, que sobran en la sociedad. Según se rumorea, los policías llegaron a hacer ostentación de armas largas. Lo veo proporcionado, lógico y normal. Pero estos hechos, por desgracia, se repiten con cierta frecuencia en tu ciudad. En la misma urbe en la que se han perpetrado ahora. La cosa es que no siempre son tristes protagonistas los funcionarios dependientes del Gobierno de Central.

Verás. Contra la Policía Local (PL) de tu ciudad se consumieron litros de tinta destructiva durante años. También saliva envenenada. Todo comenzó cuando los locales empezaron a cumplir con sus obligaciones derrochando ganas, interés y autoridad. Algo que nunca habían hecho antes. Por ende, el cuerpo municipal hizo cumplir la ley (sentido amplio del término), tanto en temas graves como en asuntos leves. Algo tan sencillo como no escurrir el bulto derivó en infinitos incidentes como el expresado en los párrafos que dan inicio a este artículo. Desde aquellas fechas, y hasta hace poco tiempo, han estado presente, con compromiso, allá donde el delito exigía su presencia. De un tiempo a esta parte otros son los ánimos de gran parte de la plantilla, y en algún caso existe justificación. De aquellos incidentes se derivaron muchas detenciones y lesiones propias e impropias.

Quienes criticaron con saña las intervenciones de la PL, ignorantes unos e interesados otros, decían que los municipales no sabían hacer su trabajo. ¡Qué rápidos de pluma y lengua fueron algunos!

En tu ciudad jamás se utilizó, por ejemplo, el casco de protección en los vehículos de dos ruedas, ¡y lo sabes! Miles de ciudadanos conducían careciendo de permiso de conducción y/o de seguro obligatorio de automóvil. ¿Te acuerdas? Sé que sí. Eso pasó a la Historia, ¿a que sí? Ahora las incidencias de esta índole son muy bajas, en cualquier caso están por debajo de la media de cualquier ciudad española. Para que aquello quedara en el pasado, muchos "palos" dieron (uso legítimo de la fuerza) y recibieron los agentes de la PL tu ciudad. Nunca fueron gratis para ninguna de las partes.

Por interponer una sencilla denuncia administrativa en materia de tráfico o incluso de limpieza (amparada esta última en la ordenanza municipal), familias enteras tuvieron que ser detenidas. Muchos padres impedían, a la fuerza y con violencia, que sus hijos fuesen denunciados. Cuando no eran los progenitores, otros grados de parentesco se incorporaban a la trifulca comportándose de modo antijurídico, impidiendo las legítimas acciones policiales contra sus parientes, a veces solo amigos o compinches. Pero de los cuerpos de PL no solamente se debe y puede esperar, también demandar, actuaciones profesionales en asuntos de tráfico y circulación. Servicios en orden a la seguridad ciudadana también son exigibles, por ley, a los funcionarios municipales. ¡Exígelo, si no los ves intervenir ante temas de orden público, por ejemplo! Incluso te insto a que los denuncies si tiran balones fuera (esto hazlo con todos los policías, sean del color que sean).

Todavía recuerdo la entrevista mantenida en tu ciudad, allá por 2003, con quien mandaba en un cuerpo estatal en la demarcación. El encuentro se produjo con motivo de que agentes de la PL procedieran a la detención de varios miembros de un clan familiar dedicado, durante décadas, al tráfico de heroína y cocaína. Aquel gerifalte, algo estirado por cierto, no valoró positivamente que los funcionarios locales sorprendieran una venta de varias papelinas de cocaína, incluso vistiendo uniforme, con la dificultad que ello entraña. No vio con buenos ojos que consiguieran identificar al comprador e incautar la sustancia intercambiada. Que va, eso le pareció aberrante. Dijo que “esto es cosa de nuestras unidades especializadas en la persecución de tales ilícitos”. Vamos, que tácitamente dijo que los locales debieron (debimos) dejar que la droga corriera por las calles y por sus rostros (el mío entre ellos), sin perseguirla, incluso cuando nadie estaba investigando o vigilando al clan en cuestión. Tampoco aplaudió que a la vendedora detenida le fuera hallado, entre sus ropas, un monedero con otras 16 papelinas monodosis de cocaína. ¡Para mear y no echar gota o para mandarlo a tocar… por ahí!


Lo único que le preocupaba a este señor era la alteración del orden que sucedió a la detención. Por haberse sorprendido el delito in fraganti en la puerta de acceso a la vivienda de los traficantes, muchos familiares de la detenida trataron de impedir la legítima acción policial. Como fruto de todo, vecinos y familiares apedrearon y agredieron a los funcionarios municipales. Lógico, si son seres despreciables que venden drogas de todo tipo, no iban a dejar que se llevasen a uno de los suyos. Es el pan nuestro de cada día para quienes llevan porra.

De aquel ataque se derivaron lesiones y daños por ambas partes. Algún cristal fue fracturado en un vehículo policial y lesiones leves fueron producidas a dos agentes. En la parte de los delincuentes también se sufrieron lesiones. Ese era el problema, según el jefe del otro cuerpo: como los locales no saben (sabemos) actuar, cincuenta personas exaltadas les rompieron un coche a los cuatro intervinientes primeros. Seguramente él, con otros tres de los suyos, hubiera controlado tranquilamente la situación, hubiera detenido e incautado la mercancía y nadie hubiera sufrido lesiones ni daños. ¡Un genio!

Tremendos comentarios tuvimos que oír en aquella entrevista (yo no estaba solo). Este señor proponía que los integrantes de la PL, incluso siendo agentes de la autoridad, como claramente establece la LO 2/86, no intervinieran nunca en asuntos de drogas. Hombre, eso sería lógico y normal si ya estuviesen actuando miembros de otra unidad o cuerpo y, sobre todo, si los que ya están en ello son de una unidad especializada. Pero si nadie más está en el lugar y es detectado el delito, ¿deberían los municipales no intervenir? Pues sí, eso proponía él. Quería que los policías locales  cometieran delito de Omisión del Deber de Perseguir Delitos. ¡Ahí es nada! Llegó a insinuar que el atestado contenía falsedades o imprecisiones, pues dijo no constarle, a nadie, que esa familia tuviese conexiones con las drogas. ¡Cuánta maldad para tapar su incompetencia! Porque no veo otro motivo para decir lo que dijo.

¿Qué le molestó de verdad a este señor? ¿Qué le picaba tanto? ¿Sería que los suyos, hasta ese momento, nunca habían pillado a ese clan y menos todavía in fraganti y vistiendo uniforme? Tal vez, no lo sé. Pero bueno, todo está por llegar. Todos los detenidos fueron condenados a penas de prisión por aquella intervención, unos por delito Contra la Salud Pública y otros por delitos de Resistencia y/o Atentado.

Es curioso y cosa del tiempo: años después, las mismas personas encartadas en la acción de la PL fueron imputadas por los mismos delitos, y esta vez sí fueron lo “chicos” de este jefe quienes los detuvieron. Eso sí, no fue nada in fraganti sino un buen trabajo de muchos meses de vigilancia, escuchas y seguimientos. Una investigación. Pero en evitación de lo que a los otros les había ocurrido tiempo atrás (disturbios), fueron a realizar los arrestos al menos veinte funcionarios pertrechados con todo tipo de medios. Yo aplaudí abiertamente aquella actuación, pero me voy a permitir valorar, como más difícil y exitosa (también más barata) aquella intervención in fraganti que realizó la PL tu pueblo. Los municipales, con únicamente dos coches patrulla, hicieron un trabajo exitoso sin medios, sin apoyos y vistiendo uniforme. Todos los malos pasaron por prisión en los dos casos, solo que la segunda vez estuvieron un ratito más gracias a la aplicación de la reincidencia que propiciaron los munipas.

En fin. Quizá el que no sabía trabajar, al menos en esos lugares, era el que tanta punta sacaba al lápiz ajeno.